Di María-Paredes, un "partido paralelo" en el Central-Boca y una situación inédita
Los dos campeones con la Selección y amigos íntimos, se reencontrarán para generar un hecho sin precedentes.

EL FÚTBOL ARGENTINO se dio un lujo en este 2025: el concurso de dos campeones del mundo que lograron la idolatría en la Selección Argentina y que tenían muchas ganas de concretar un sueño: vestir otra vez la casaca de sus amores.
Así, Leandro Paredes, después de una operación intrincada, dejó Roma para recalar en Boca, aún con hilo en el carretel para continuar su camino en Europa, pero seducido por vivir en carne propia aquello que dejó cuando se marchó al Viejo Continente hace más de una década.
Por su parte,Ángel Di María, también luego de varios intentos truncos, materializó el esperado retorno a Rosario Central, la entidad a la que le proclamó su amor en cada uno de los rincones que recorrió a lo largo de su asombrosa carrera en equipos de primer orden a nivel mundial y que a los 37 años le abrió las puertas para que le ponga un broche de oro a su historia mágica.
Este domingo los dos coincidirán en el Gigante de Arroyito, cuando el Canalla reciba al Xeneize en un partido que esperan no solo los hinchas de ambos equipos sino todos los amantes del fútbol.

Será algo más que un cruce de paladines de la Albiceleste. Tendrá el cariz de un encuentro de amigos íntimos que por esas cosas de la profesión nunca se enfrentaron en la cancha, sino que fueron compañeros en la Selección, PSG y Juventus, ámbitos en los que cultivaron una relación muy fuerte.

Es tan sólido el vínculo que, por ejemplo, en enero pasado Paredes había revelado que cuando se retire se convertirá en ayudante de campo de Fideo, que ya lo apalabró para cuando se dedique a la dirección técnica.
El rosarino señaló esta semana que "enfrentarme a Lea es especial, porque es más que un amigo, es como un hermano. Es una persona muy especial para mí y mi familia, por la relación que tenemos, que es muy linda. No va a ser fácil y sé que alguna que otra patadita me va a dar, porque él lo hace y le gustan esas cosas", bromeó.
Antes de esa patadita habrá un abrazo profundo, sin dudas, que dejará de lado colores de camisetas y los fundirá en el celeste y blanco que tantas veces defendieron juntos y que fue la base de una amistad férrea que ningún resultado futbolístico podrá opacar.





































