Las Fotos de El Gráfico

A 35 años del gol más gritado de la Selección Argentina: la secuencia fotográfica de El Gráfico

Después del tanto más hermoso de los Mundiales a cargo de Maradona en México '86, llegó el que acaso sea el más celebrado: el de Caniggia contra Brasil en Italia '90. Paso a paso, la epopeya captada por la lente de la revista.

Por Adrián Wowczuk ·

24 de junio de 2025

EL 24 DE JUNIO DE 1990, Lionel Messi cumplía 3 años y seguramente ya garabateaba destellos de luz con una pelota, y Juan Román Riquelme llegaba a 12, y tal vez lo celebraba con sus flamantes compañeritos de fútbol en el club Parque. Ese día se produjo además el que tal vez sea el gol argentino más gritado de todos los tiempos.

El zurdazo en forma de estilete fue un puñal de muerte para el arquero Taffarel y para todo el equipo de un Brasil que durante los 81 minutos anteriores había cascoteado un rancho argentino que aguantó estoico los embates a la espera del guiño del destino que finalmente llegó.

Este martes se conmemoran exactamente 35 años de ese momento glorioso que destrozó las gargantas de más de 30 millones de compatriotas y que apenas fue un puñito al aire y una amplia sonrisa por parte de su autor: Claudio Paul Caniggia, el Pájaro encargado de hacer volar bien alto una ilusión que segundos antes tenía forma de resignación.

La ironía deldeporte más lindo de todos y de "el más hijo de p..." como también se lo suele catalogar, no marcará solamente que el bombardeo Verdeamerelo sobre la trinchera Albiceleste no surtió efecto, sino también que el pase mágico del Dios Diego fue de derecha y no partió de esa zurda hecha una bola por la hinchazón de un tobillo castigado con saña.

Después llegó la corrida del Hijo del Viento de cara al gol, el toque de derecha para eludir al arquero y la definición de izquierda que infló la red para toda la eternidad y depositó a la Argentina de Bilardo en los cuartos de final del Mundial de Italia '90.

¿Quién no recuerda ese exacto instante y cómo dio rienda suelta a su propia locura? Este cronista salió impulsado hacia la ventana del living del departamento paterno en medio de lo que parecía una suerte de convulsión, con el afán de desgañitarse a causa de ese acto futbolístico que le alegró tanto la vida como ningún otro gol lo había hecho antes. Después siguió la arriesgada maniobra de sacar medio cuerpo afuera de la ventana del piso 14 y comunicarse con otros dementes que lanzaban idénticos gritos enloquecidos al viento, en una convención de alaridos tan fuertes como incapaces de describir en plenitud el sentimiento único de dicha que generó ese momento.

Aquí está la secuencia fotográfica cosechada por la cobertura de El Gráfico en el lugar de los hechos: los aires piamonteses del Stadio delle Alpi, escenario de un momento que desató una euforia incontenible e inolvidable.

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