A SCALONI LE LLEGÓ LA HORA
A esta altura ya resulta reiterativo, y hasta inútil, recurrir al pecado original de su desembarco, desprolijo y sin antecedentes, para hablar de sus carencias. Tan reiterativo, e inútil, como mencionar la renovación, que en muchos casos era inevitable e inexorable, para hablar de sus virtudes. Como entrenador de la selección argentina, Lionel Scaloni puede ser menos o más que eso, según se vea. Según se analice, sin prejuicios.

Cerrada la zona de grupos de la Copa América de Brasil, Scaloni tiene una estadística que bien puede ser la envidia de varios en un puesto que en los últimos tiempos, lamentablemente, tuvo cambios impropios: con sus 31 partidos superó a Martino (29) y apunta a Sabella (41); es el octavo en una lista que encabezan Stabile (123), Bilardo (79), Menotti (78), Basile (76), Bielsa (68) y Passarella (52). Claro que todos tenían, cuando asumieron el máximo cargo, unos pergaminos que contrastan brutalmente con el 0 redondo de Scaloni.
Tan cierto como eso, siempre con duros números a mano, es que sus estadísticas son muy positivas, al punto de haber llegado a un podio histórico. Con el reciente triunfo sobre Bolivia se ubicó tercero en la tabla de rachas invictas de los seleccionados con 17 partidos, igual que el ciclo de Stábile (1956 / 1957), sólo por debajo de Basile (31 partidos, 1991 / 1993) y Bielsa (18 partidos, 2000 / 2002). Otra vez, a los números hay que ponerlos en contexto y bien vale decir que la última derrota fue contra… Brasil (hace casi dos años, en la pasada Copa América) y el único rival europeo en esa racha fue Alemania, con varios juveniles en su formación.

En este tiempo, desde aquel debut contra Guatemala y Colombia en septiembre de 2018, utilizó 79 futbolistas y es a partir de esta cifra donde se puede ir pasando de los números a los nombres, que es una forma de hurgar más en el concepto y en el estilo. “En este equipo hay un solo titular y todo el mundo sabe quien és; el resto, debe pelear para ganarse un puesto”, declaró Scaloni en los últimos tiempos, justo cuando ha hecho un culto de la rotación, de la que se salvó Messi por decisión propia pero de la que no zafó ni siquiera Paredes, el jugador fetiche del entrenador. Sea búsqueda o sea indecisión, a esa dinámica parece haberle llegado su hora.
Aún cuando en la nueva era de los seleccionados -ya no puntualmente de esta selección- los lugares asignados no son definitivos: por citar sólo un par de ejemplos, el sitio que ocupaban Armani y Martinez Quarta en la convocatoria inmediatamente anterior, hoy es indiscutiblemente de Emiliano Martinez y Romero. Con esos nombres, justamente, es posible dar inicio a un Juego de la Silla (del puesto, en este caso) que puede ser coyuntural, es cierto, pero también sentar bases más definitivas para la que queda de la Copa América y, más importante aún y eliminatorias mediante, para Qatar 2022.
Mucho se ha hablado de la potencialidad de la nueva generación en relación con que se fue y sus inmediatas antecesoras: sería temerario, e inexacto, afirmar que ahora hay más recursos que antes, pero justo es reconocer que se está mejor de lo que podía en su momento suponerse. De ningún modo es el páramo que mal se auguraba y hasta se puede hablar de dos jugadores por puesto, al menos para este juego que se propone, con el partido contra Ecuador, por los cuartos de final de la Copa América, como punto de partida.
¿Emiliano Martinez o Armani? Nadie puede afirmar que el arquero de River perdió su lugar por falta de respuestas, pero si se puede afirmar que el arquero del Aston Villa se lo ganó por la seguridad que transmite incluso -cosa extraña- cuando al equipo no le llega. La respuesta es Martínez.

¿Montiel o Molina? Si el lateral de River cedió terreno no fue por la presión de algún delantero rival sino por la del Covid; sea por eso o por el estilo del equipo, en las últimas apariciones en la selección se lo vio más contenido que en el club. Un partido más que aceptable y, dicen que dicen, una muy buena impresión en los entrenamientos es el aval que tiene el defensor del Udinese para quedarse, hoy, con el lugar.
¿Romero o Pezzella? Si no estuviera de por medio esa maldita rodilla, aquí no habría siquiera espacio para el debate: dos partidos y medio le bastaron a Cuti para provocar lamentos por su ausencia y repetir, en la selección, lo que se ganó en el calcio. En condiciones físicas normales, Romero.
¿Otamendi o Martínez Quarta? Aquel central de River era el que había llegado para quedarse con el puesto en la selección, pero este de Fiorentina dejó tantas dudas que, en medio del revoleo de Scaloni, un día terminó sentado en la platea, ni siquiera en el banco. Otamendi se subió con el último ticket al vuelo de los sobrevivientes generacionales –“Leo, Kun, Fide y Nico”, según la particular denominación de De Paul- y recién en uno de sus últimos partidos logró una altura medianamente crucero. Para muchos, en un efecto que normalmente es inverso, mejorado por el inexperto Romero. Aunque sería bueno ver más a un central zurdo como Lisandro Martínez o incluso a uno que ni siquiera está como Senesi, Otamendi parece haber ganado terreno.
¿Tagliafico o Acuña? Resulta difícil encontrar un partido malo en la selección del ¿defensor, mediocampista? del Sevilla. Seguramente aquella vez, en Uruguay, cuando Sampaoli lo puso por la derecha. Así como es “jugador de selección” también es socio de quien se acerque a su zona. Parece exagerado, pero es una elección que define parte del estilo del equipo, a qué quiere que juegue. Es cierto que, para el DT, también depende contra quien. Acuña.

¿Paredes o Guido Rodriguez? Si la elección del lateral izquierdo influye en la intención, la del famoso mediocentro ni hablar. De juego, de corte, posicional. Ha sido el debate de 31 partidos. El que pedía al mediocampista del Betis (y del club de los que pueden caminar por la calle Florida sin ser reconocido), que tire la primera piedra. Algunas de las que fueron lanzadas al mediocampista del PSG, por lo menos, fueron muchas. Dos partidos hicieron tambalear todas las convicciones, al punto de llegar a este momento del juego con la duda instalada. El que jugó casi siempre o el que le dio al equipo algo que no tenía. ¿Y si juegan los dos? No como una compensación sino como un cambio, con Paredes en otro rol. Por lo visto últimamente, por eso, Rodriguez.
¿De Paul o Palacios? El de Udinese, que será del Atlético de Madrid, ha sido el escolta del abanderado Paredes en esta selección. Pero, curiosamente, fue mejorado por el ingreso del reemplazante de su socio. Para Scaloni, no parece haber opciones con él: juega siempre y sale poco. Incluso no es opción quien aparece en este juego, Palacios, que en cambio cuenta con la ventaja de ser opción de varios y se encaminaba a una titularidad segura cuando se cruzó en su camino -a sus espaldas, en realidad- el paraguayo Romero. Ahora y en el futuro, jugará en algún sitio. Pero en este, De Paul.

¿Lo Celso o Papu Gómez? Los dos pueden ser, y de hecho han sido, socios de Messi. Un rol vital. Más cerebral y con equilibrio el de Tottenham, más explosivo y con gol el de Sevilla. Otra elección que inclina el estilo, por no decir la cancha. Otra elección que viene enganchada con las anteriores: si juega Paredez y no Rodriguez, Lo Celso; si juega Guido, Papu; y si juegan Guido y Paredes, ninguno de los dos.

¿Nico González o Di Maria? Uno de los elegidos del entrenador vs. uno de los que tuvo que convencer al entrenador, un renovador vs. un histórico, uno que siempre le ha cumplido ante cada oportunidad que le dieron vs. uno que se rebeló contra la adversidad en la última oportunidad que tuvo. También, es cierto, una trayectoria por delante vs. una trayectoria por detrás. y han sabido jugar los dos, de extremo a extremo. Además, ambos tienen alternativas, como Angel Correa. Metiéndose en la cabeza del DT, y si estuviera ya pleno físicamente, el elegido sería Nico González.

¿Martínez o Agüero? Son curiosos los números de Kun: acaba de sumarse al selecto Club de los 100 en la selección, pero como titular arrancó en 62 y sólo en 11 completó los 90 minutos. Siempre tuvo que pelear con algo o con alguien para ganarse su lugar y el ciclo Scaloni no es la excepción. Es más, tuvo que llamarlo él mismo para ser tenido en cuenta. Y su competidor, encima, es el segundo escolta en los actos de Selección Nacional: detrás del abanderado Paredes y del primer escolta De Paul, siempre aparece -ha aparecido, hasta aquí- Lautaro. “¡Buena, pescador!”, le celebró Agüero el otro día, cuando Martinez, de rebote, la embocó, por fin y apenas entró. A menos que vuelva a ponerlos juntos, que no parece, como lo hizo justamente en otra Copa América y en Brasil, todo indica que el 9 será, es, Lautaro Martínez.

¿Messi? Messi, sí. ¿El mejor Messi en el seleccionado? Tal vez, por qué no. Y nada tiene que ver la tontería del Himno cantado, por favor. Tampoco que ahora sí está bien rodeado. O mejor rodeado. El está, parece estar, mejor. Como si se hubiera sacado la presión sin dejar de querer ganar ese título esquivo. Como si jugara más allá de eso.

Dicen que la Copa América empieza ahora. Es tiempo de que se vea el equipo. A Scaloni le llegó la hora.
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