Conmebol Libertadores

El día después del Maracanazo: Estudiantes y la Copa de las revanchas

El Pincha eliminó a Flamengo y jugará la final después de 17 años de espera con vencidos vencedores como protagonistas.

Por Pedro Basla ·

23 de octubre de 2026

“Blandiendo los escudos o sobre ellos”, dijo alguna vez Juan Sebastián Verón antes de salir a jugar con Barcelona en el Mundial de Clubes 2009. Si aquella vez los hinchas y los jugadores no temían y confiaban en que podía dar el golpe, ¿por qué no contra Flamengo? El último campeón de América, que gastó casi 50 millones de dólares en Lucas Paquetá en verano, va sobrado de calidad, pero a la hora de embarrarse, juega incómodo.

El Pincha persistió. En 2025 estuvo cerca de tumbar al conjunto carioca en una serie que perdía 2-0 antes de los 10 minutos. Descontó sobre el final y en La Plata ganó, pudo pasar directo, pero un offside milimétrico de Gastón Benedetti lo frustró y en los penales quedó al margen.

De no haber sido por una combinación milagrosa de resultados que se dio en la fecha 16 del Clausura 2025, el conjunto albirrojo no habría jugado competiciones internacionales en este año. Sin embargo, se le alinearon los planetas y clasificó octavo.

Después de que Rosario Central reciba el título de Liga por ser el líder de la tabla anual, la desobediencia del León fue castigada con la obligación a rendirle pleitesía. Sin embargo, allí se gestó la primera de las revanchas: el pasillo de espaldas, que le sirvió a los propios como combustible para ganar un partido en el que iba, días antes, como carne de cañón. Posteriormente, dejó en el camino a Central Córdoba y Gimnasia.

La final del Clausura frente a Racing tuvo mucho del Maracanazo del jueves 22 de octubre. Un partido parejo, con dientes apretados, que parecía fuertemente adverso y que terminó en victoria en la definición por penales después de un gol agónico. Guiños del destino: en Santiago del Estero, Facundo Rodríguez remató muy defectuosamente y la pelota ingresó, casi como si quisiera decir algo más.

 

La serie completa de penales entre Estudiantes y Flamengo.
 


El título le valió la clasificación, pero la fase de grupos fue traumática y desde la logística, muy complicada: hasta la fecha 6, apenas le había ganado a Cusco de local con uno menos, con lo justo y necesario. Era a todo o nada contra Independiente Medellín, al que el empate le servía. Después de no jugar bien, encontró el gol del triunfo en el minuto 91, que subió al marcador gracias a la revisión VAR, por un resbalón de Luis Escorcia. Sí, por un resbalón, hoy Estudiantes es finalista. Y también gracias al corazón de Mikel Amondarain, el juvenil que Bologna compró por 10 millones de dólares, que pasó casi una década de crianza en City Bell.

Después de empatar de local con Universidad Católica y Corinthians, se impuso con justicia en la vuelta. En Chile no dejó dudas y en Brasil festejó el penal fallado por Memphis Depay. En todo el siglo XXI, había quedado cuatro veces afuera en la instancia que disputan los ocho mejores, dos por penales y dos en tiempo adicionado, pero esta vez era distinto. Se palpaba que el equipo estaba para cruzar el rubicón.

 

El festejo Pincha en el vestuario del Maracaná.
 

Guido Carrillo y Joaquín Correa casi no compartieron con Marcos Rojo. El defensor salió campeón en 2010 y se marchó a Rusia y los atacantes comenzaron a ser protagonistas con asiduidad en 2012. Podrían no haberle abierto la puerta, tanto referentes como dirigentes, pero ahí radicó otra revancha, en este caso, personal.
 
Porque el ex Boca, que fue el máximo futbolista exponente de Estudiantes entre 2014 y 2020, nunca negó el agradecimiento hacia la institución. Más allá de algún error en Instagram y de su familia, siempre reflejó el cariño y las ganas de retornar a cerrar su carrera donde empezó. El final es en donde partí: ambos se necesitaban.

Debido de la inhabilitación al dos veces mundialista, y con Leandro González Pírez y Tomás Palacios suspendidos, tuvo que saltar a la cancha en la ida Ramiro Funes Mori, ese que estaba marcado por reiterados errores y que tranquilamente podría haber tenido la autoestima baja por la llegada de otro futbolista en su puesto. Sin embargo, tuvo su justa rectificación con el público, que lo aplaudió en el calentamiento desmedidamente y que calló -por una noche- los murmullos.

Con el 0-0 en La Plata, asomaba difícil en Brasil, pero el fútbol da revanchas de las grandes: Fernando Muslera, que llegó al Pincha después de un largo periplo en Turquía, se había convertido entre agosto 2025 y junio de 2026 en uno de los mejores arqueros de América. Por nivel, no había dudas que tenía que ser el golero de Uruguay en el Mundial. En la cita, falló en tres oportunidades clave. “Nunca imaginé que podría sufrir así por el fútbol”, dijo. En su retorno a los entrenamientos, compañeros e hinchas lo abrazaron como si fuera uno de la familia, de toda la vida.

Después de haber vivido cinco Mundiales, la Copa América 2011 en Argentina y su idolatría en Galatasaray, al argentino nacionalizado charrúa le quedaba una bala más: tres penales tapados en el Maracaná, una marca casi inédita. Los hinchas lo ovacionaron en la previa de la tanda y en el post. Un grito que a veces suena a compasión, fue puro aliento.

Nacidos futbolísticamente y criados en el Country, José Sosa, Guido Carrillo y Joaquín Correa no pudieron contener la emoción. Sin embargo, este plantel tiene metido hasta la raíz el ADN, que se ve en los jóvenes como Joaquín Tobio Burgos -llegó al club desde Chascomús casi con edad de reserva-, una de las figuras del partido en su posición no habitual, o de Santiago Nuñez -oriundo de Roque Pérez, recaló después de que Racing lo dejara libre-, que honra la camiseta que porta partido a partido.

Y en lo que supone diferenciar la Libertadores del resto, es imposible no pensar en las similitudes entre Cacique Medina y los hinchas. El uruguayo, apuntado en su llegada por malas campañas recientes, tuvo mil batallas como delantero de Nacional y otras tantas como técnico. A él, más allá de su performance en el plano local, no le van a explicar lo que significa la Copa. A su gente, que copó los 4000 lugares que le dio Flamengo en Río de Janeiro, tampoco. El Pincha no juega la Copa, la protagoniza, dentro y fuera del terreno de juego.