Challenger

El heredero del temple: Román Burruchaga, el gran campeón en Buenos Aires

El hijo de Jorge, ídolo con la Selección Argentina de fútbol en México '86, ganó el segundo Challenger de su carrera en el certamen que marcó un antes y un después para figuras del tenis nacional.

Por Constanza Vanzini ·

28 de septiembre de 2025

ROMÁN BURRUCHAGA  camina por el polvo de ladrillo con la calma de quien sabe que lo importante no es solo ganar, sino hacerlo en el momento y lugar oportunos. El argentino se consagró campeón del Challenger de Buenos Aires, un torneo que en la última década se volvió sinónimo de despegue para muchos tenistas albicelestes y él, con apenas 23 años, parece listo para escribir su propia historia.

Hijo de Jorge Burruchaga, campeón del mundo con la Selección Argentina en México 1986, Román nació con una carga simbólica en el apellido. Sin embargo, su camino no fue el del fútbol. Prefirió una raqueta a la pelota número cinco y así eligió abrirse paso por un sendero que, si bien paralelo y con las exigencias de todo deporte, fue distinto al de su padre: el del tenis profesional, un deporte solitario, más mental y tantas veces ingrato, en especial con los sudamericanos.

 

Imagen El festejo del campeón
El festejo del campeón
 

Burru o Romi, como le gritó su familia y amigos desde la tribuna, levantó su segundo trofeo a nivel Challenger - el primero fue en Piracicaba, Brasil, en enero de este año - y lo logró en Buenos Aires, el mismo certamen que antes sirvió de trampolín para nombres como Diego Schwartzman, Francisco Cerúndolo o Sebastián Báez. Una vidriera con historia. Un semillero que no suele fallar.

La final argentina y su remontada ante un amigo de la misma generación

La fortaleza de Burruchaga está en su cabeza. En su temple. En saber cuándo acelerar y cuándo resistir. Su tenis es una mezcla equilibrada entre un juego agresivo desde el fondo de la cancha y una defensa sólida, con buenas variantes tácticas. Con su potencia, sabe imponer ritmo. Y sobre todo, no se rinde.

 

Imagen Burruchaga y Barrena, finalistas y amigos
Burruchaga y Barrena, finalistas y amigos
 

Durante todo el Challenger, el argentino derribó rivales con contundencia y solidez y no perdió ningún set. En la final, se impuso por 7-6 (4) y 6-3 ante Álex Barrena en un cruce cien por ciento celeste y blanco entre compañeros de generación, ya que ambos tienen la misma edad y son amigos desde chicos. Tras un inicio adverso con un 0-4, Burruchaga lo dio vuelta y volvió a demostrar su madurez para sellar la victoria y el título. "Empecé nervioso, pero supe revertirlo a tiempo y sacar ese set adelante", reconoció post partido.

Burruchaga, el heredero

Román aprendió a convivir con el peso de su apellido sin dejar que lo ahogue. Nunca renegó de su herencia, pero tampoco la usó como escudo. “Mi papá fue campeón del mundo, pero mi historia es otra. Él siempre me apoya como padre, no como un ídolo", contó durante el torneo.

“Hablo todos los días con él. Estuvo en un viaje de trabajo y ahora llegando a Buenos Aires, así que no pudo venir hoy. No sé adónde voy a poner este trofeo, la Copa del mundo de mi papá está en una vitrina y es lo máximo. No voy a compararlo, pero Yo estoy contento y él también, se que se pone muy feliz por mí por ganar acá", le dijo Burru a El Gráfico en la conferencia de prensa tras su victoria.

 

Imagen Román junto a Jorge, su papá
Román junto a Jorge, su papá
 

Un antes y un despúes

Este título en Buenos Aires, su ciudad y su casa, puede marcar un antes y un después. Y no es solo una copa que levanta. Es una declaración de intenciones con la meta de intentar en el futuro cercano empezar a mirar hacia el ATP Tour. Burruchaga es el séptimo campeón argentino y escalará al 130° en el ranking, a solo 13 puestos de su mejor ranking histórico.

Román no es solo el hijo de una leyenda. Es, por mérito propio, una figura en construcción. Y si sigue escribiendo su historia con el mismo temple con el que jugó esta semana en Buenos Aires, el apellido Burruchaga puede darle más alegrías al deporte argentino. Esta vez, con una raqueta en la mano.

 

Imagen El temple de Burruchaga, la clave
El temple de Burruchaga, la clave
 

Fotos: Prensa Challenger BA