Las Entrevistas de El Gráfico

1996. O rei de Flamengo

Por Redacción EG · 03 de enero de 2020

Alejandro Mancuso triunfaba en Brasil con la misma camiseta que usaron Zico y Junior. Una idolatría sorprendente y fuera de lo común que lleva a los hinchas a delirar por él.

¡Ahá, ahá, ahá... Mancuso raza Fla! El Maracaná arde. Noventa mil personas se desgarran en gritos capaces de aturdir a un sordo. Las gradas, las plateas y hasta los palcos están teñidos de rojo y negro. Nadie es neutral, todos deliran. Las favelas quedaron vacías. Flamengo, "El equipo del pueblo", juega en Río y la ciudad se paraliza.

Abajo, en ese campo enorme e histórico, aparecen once camisetas que desatan un estallido popular casi increíble. Vuelan los cohetes, se agitan las palmas, las bengalas multicolores convierten la noche en día...

En medio de ese tornado de emociones, un argentino flaco, desgarbado, con la número 5 en su espalda, es prácticamente obligado a levantar los brazos en señal de saludo.

"iAhá, ahá, ahá... Mancuso raza Fla!", gritan los noventa mil torcedores destacando que el volante argentino tiene la estirpe del club. Son dos minutos -cronometrados- de intenso delirio. De repente, el canto cambia: "iAhá, ahá, ahá... Mancuso es nacional!", atrona, mientras miles de palmas se levantan por las cabezas acompañando el ritmo.

El argentino que concentra semejante devoción se llama Alejandro Víctor Mancuso. Cuando levanta las manos para agradecer, el Maracaná revienta nuevamente y las explosiones parecen duplicarse. Recién después llegan las dedicatorias para Romario o Savio...

Mancu en Río de Janeiro, los hinchas del Flamengo lo quieren mucho y le hacen sentir eso en las calles.

Mancu en Río de Janeiro, los hinchas del Flamengo lo quieren mucho y le hacen sentir eso en las calles.

-Esto es una bendición de la vida. ¿Viste cómo me quiere esta gente? No se puede creer...

-¿Es más fuerte que lo de Boca?

-Y... son cosas distintas. Allá era uno más, acá no. La pasión es la misma, la diferencia es que Flamengo tiene cuarenta millones de hinchas, más que la cantidad de habitantes que existe en la Argentina. Esto es una locura...

Contado por Mancuso, todo parece una exageración. Pero apenas uno camina por la calle con él, se advierte la veracidad de sus frases; es ídolo total en Flamengo, que es lo mismo que decir Río. Apenas se detiene en la luz roja de un semáforo, decenas de garotinhos se abalanzan sobre la ventanilla de su Fiat Tempra para pedirle autógrafos.

-Más allá de mi rendimiento futbolístico, hubo un antecedente que influyó para ser tan querido acá: la imagen que dejó el Loco Doval. Estos tipos lo adoraban. Si hasta lo recuerdan los chicos que no lo vieron jugar...

-Está bien. Pero te lo ganaste en la cancha, más allá de Doval...

-Seguro. Y la verdad es que ando muy bien. Confiado, con seguridad, agrandado con la pelota. Juego bien de cinco, adelante de la defensa y con toda la libertad del técnico -Joel Santana- para irme al ataque cuando quiera. ¿Sabés cuál es el secreto para triunfar en Brasil? La precisión. Si uno se equivoca en tres o cuatro pases, muere. A mí me pasó al principio en Palmeiras, el año pasado. Le daba dos o tres pelotas a los rivales y en el entretiempo el técnico me lo remarcaba delante de todos. Me sentía sapo de otro pozo. Pero después me adapté...

-En Palmeiras fuiste compañero de Edmundo. ¿Es tan insoportable como dicen?

-Bastante. Conmigo terminó bien, pero al principio fue de terror. Jugaba para él, gritaba sólo sus goles. Si eran de otro, el tipo ni se mosqueaba. Una vez, en Ecuador, él estaba festejando un gol y yo me acerqué para abrazarlo. "iSalí, salí!, no quiero saludos", me dijo. Lo mandé a la m... Todos mis compañeros me felicitaron, y a los tres días vino a pedirme perdón. Desde ese problema, en Brasil me respetan un montón. Dicen que el jugador argentino tiene mucha personalidad. Imaginate si viniera un Schurrer, un Trotta, un Gabrich...

-¿Y técnicamente? ¿Cómo nos tienen?

-Es increíble, pero sacando a Caniggia, Batistuta y Maradona, no conocen a nadie. Todos los días les hablo a Savio, Zé María o Valber de lo que juegan Asad, lbagaza, Ortega, Crespo, Márcico... Pero se olvidan, no retienen los nombres. Eso sí: nos respetan muchísimo, saben que contra nosotros tranquilamente pueden perder.

Mancuso y Goycochea, quien atajaba en el Inter de Porto Alegre.

Mancuso y Goycochea, quien atajaba en el Inter de Porto Alegre.

Vive en un departamento en pleno barrio de Ipanema, cuyo alquiler cuesta 5.000 dólares mensuales (la mitad lo abona Flamengo). Sus ventanales le regalan una vista envidiable: morros, mar, ciudad... Si Angela, su esposa, o Chiara, su hija de un año, quieren darse un chapuzón en las tibias aguas del Atlántico, sólo tienen que cruzar la avenida Veira Souto para llegar a la playa.

-Más allá de la popularidad, la vida que llevo acá es espectacular. Cuando no me entreno, descanso, voy a la playa o hago un sauna en el último piso del edificio. Además, nadie me molesta. Allá, en Buenos Aires, uno tiene que ir de un lado a otro para cumplir con compromisos sociales.

-En Brasil, los compromisos son los partidos.

-Jugamos tres partidos por semana: martes y jueves por el Campeonato Regional y el domingo por la Copa de Brasil.

-i¿Cómo?! En Argentina todavía estarías llorando por semejante ritmo...

-Es cierto. Yo pensé que no iba a aguantar, pero no tuve otra que adaptarme.

-¿Y dónde está el secreto para que los brasileños puedan y nosotros no?

-En la rutina. Acá es obligatorio descansar y alimentarse bien. En Buenos Aires, por ejemplo, era muy raro que durmiera una siesta. En Río, en cambio, la hago todos los días.

-¿Y en la cancha? ¿Es muy distinto el fútbol brasileño?

-Bastante. Acá no se marca tanto, no están tan pendientes ni obsesionados por los rivales. Además, como la mayoría tiene buena técnica, todos quieren jugar con la pelota. Por eso decía lo de la precisión, uno no se puede equivocar en los pases. Claro, también hay más espacios.

 

Sale a la cancha junto a Romario, una gloria del fútbol brasilero.

Sale a la cancha junto a Romario, una gloria del fútbol brasilero.

 

-Por la falta de marca...

-No sólo por eso, también está la inmensidad de las canchas brasileñas. Todas son enormes. Y ni te cuento el Maracaná. Cuando debuté en Flamengo, tenía un embale bárbaro. En los primeros quince minutos, me mandé tres corridas para presionar a la defensa rival bien arriba. En eso me agarró Ronaldao y me dijo: "Así no, porque te fundís enseguida. Andá una vez cada quince minutos, graduate". Cuando terminó el primer tiempo, no podía más, me pesaba treinta kilos cada pierna. Ese mismo día aprendí a cuidar las energías. Por eso ahora voy dos o tres veces por partido a apretar arriba. Las otras que llego son con la pelota al pie...

Su nivel lo transformó en un referente de Flamengo. En Río sólo se habla de Romario, de la vuelta de Bebeto -que será en junio- y de... Mancuso. Claro, una cosa atrae a la otra: la imagen que forjó el volante argentino también le redituó muchísimos beneficios fuera de la cancha. Su pase está valuado en 4.000.000 de dólares, cobra casi 70.000 por mes -entre prima prorrateada y sueldo- y Penalty le paga otros 5.000 mensuales por usar sus botines. Como si esto fuera poco, el mejor restaurante de Río le abona 1.000 dólares cada treinta días y la cena gratis -la cantidad de veces que quiera por aparecer en alguna nota con una gorrita con el nombre del local.

-En enero me compró Flamengo por casi tres millones de dólares. Cuando llegué, había mal ambiente: en el '95 se conmemoró el centenario de la fundación del club y el equipo no ganó nada. Es más: casi se va al descenso. Cuestionaban a Romario, criticaban a todos los jugadores, Edmundo anduvo muy mal, no acertaban con los técnicos, perdieron la final de la Supercopa con Independiente... Pero ahora cambió todo. Vamos primeros en el Regional y llegamos a la semifinal de la Copa de Brasil. Cuando los resultados se dan, la gente se enloquece. Vamos al norte, a jugar en Maceió, y capaz que nos acompañan veinticinco mil torcedores. En el Maracaná, no bajamos de setenta mil por partido...

-¿Y de la Argentina? ¿Tenés contactos con ex compañeros?

- Hace poco hablé con Maradona para invitarlo al partí do de regreso de Bebeto. Me dijo que iba a venir. También hablo con Márcico, Mac Allister, Almandoz, el Turu Flores... No te imaginás cómo trascendió acá el 6-0 de Gimnasia a Boca. En todos los diarios le dieron espacio a ese resultado. Y a mí me dolió, por supuesto. Pienso en cómo habrán quedado los muchachos y me desespero. Pero estoy seguro de que Boca va a pelear el campeonato hasta el final. Claro, junto con Vélez y Gimnasia...

-¿Tenés ilusiones con la Selección?

-No muchas. Antes capaz que me hacía el bocho, pero entiendo que Passarella se juegue por su gente. A Astrada y Almeyda los conoce desde hace años y es lógico que los lleve. Si fuera por rendimiento, creo que debería estar. Pero también hay que pensar en las pretensiones del técnico. - ¿Y volver a jugar a nuestro país?

-Seguro, pero después de los 30 años. ¿Adónde? Y.. a Boca. Sería lindo volver a La Bombonera. Ahora, con 27, me siento muy bien acá. Además, estoy a dos horas de avión de mi casa. Siempre que tengo un día libre, viajo. NOOO, si yo estoy muy bien...

En el fútbol de Brasil había jugado en Palmeiras, llegó a Flamengo en 1996 para luego ser transferido a Santa Cruz del mismo país.

En el fútbol de Brasil había jugado en Palmeiras, llegó a Flamengo en 1996 para luego ser transferido a Santa Cruz del mismo país.

El Maracaná arde. Noventa mil personas ya tomaron por rutina estallar en el grito que retumba en todo Río. Las palmas se agitan, las camisetas negras y rojas vuelan por el aire, los cohetes parecen multiplicarse...

Abajo, un flaco desgarbado, de pelo oscuro y tez blanca, con la número cinco en su espalda, levanta sus brazos. Alejandro Víctor Mancuso, el Avi de Liniers, es el profeta argentino en tierras brasileñas.

"iAhá, ahá, ahá... Mancuso raza Flá!"

 

 

Por MIGUEL ANGEL RUBIO (1996).

Fotos: GERARDO HOROVITZ.

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