Las Entrevistas de El Gráfico

2006. Babington 100x100

Por Redacción EG · 23 de agosto de 2019

Fiel a su estilo, Carlos Babington responde las 100 preguntas de El Gráfico. Polémico, amigo de sus amigos y enemistado con varias personas, el Inglés repasa su vida ligada al fútbol. Huracán, la Selección y mucho más.

1 Jue­ga Ar­gen­ti­na en River y la gen­te can­ta “el que no sal­ta es un in­glés”. ¿Te sen­tís aludido? No, yo soy bien por­te­ño, ¿qué te pa­sa?

2 ¿Cuán­do na­ce el apo­do? De pi­be me de­cían La­van­di­na, por­que era ru­bio blan­co. Y en al­gún mo­men­to apa­re­ció el “In­glés”, por­que mi abue­lo na­ció en Lon­dres, pe­ro no re­cuer­do ni quién ni cuán­do me lo pu­sie­ron.

3 ¿Por qué te pe­leas­te con Brin­di­si? Te­mas per­so­na­les, na­da que ver con el fút­bol. Desde 1981 no nos hablamos. Ni quie­ro ha­cer­lo.

Con Brindisi armaron una gran sociedad y fueron campeones. Están peleados desde 1981.

Con Brindisi armaron una gran sociedad y fueron campeones. Están peleados desde 1981.

4 ¿La de­sig­na­ción de Ba­si­le re­va­lo­ri­za a los téc­ni­cos “va­gos”? Si sien­to or­gu­llo de per­te­ne­cer a es­te clan es por eso, por­que son to­das men­ti­ras. Ten­dría­mos que ver qué es tra­ba­jar en el fút­bol. Cuan­do ju­ga­ba en Co­lom­bia, el téc­ni­co Ochoa Uri­be es­ta­ba se­pa­ra­do y se que­da­ba a vi­vir en el club, ha­cía to­do do­ble tur­no. Les da­ba una pe­lo­ta a los ju­ga­do­res y los te­nía bo­lu­dean­do ocho ho­ras y co­men­ta­ban: “Mi­rá có­mo la­bu­ra es­te ti­po”. De­cían que La­bru­na no tra­ba­ja­ba y fue un ge­nio pa­ra ele­gir ju­ga­do­res. ¿Qué es lo más im­por­tan­te de un téc­ni­co? Sa­ber ele­gir los ju­ga­do­res y sa­car­les el ma­yor pro­ve­cho. A no­so­tros nos til­da­ron de va­gos, por las an­ti­no­mias Me­not­ti-Bi­lar­do. Que bo­li­chea­mos mien­tras el otro es­tu­dia con la com­pu­ta­do­ra. Es­to po­ne un po­co las co­sas en su lu­gar. No só­lo a Ba­si­le, por­que yo no me pue­do que­jar: de los 20 años co­mo téc­ni­co, si pa­sé 5 sin tra­ba­jar, es mu­cho. Di­ri­gí Ri­ver, Ra­cing dos ve­ces, Hu­ra­cán cua­tro.

5 ¿Es ver­dad o mi­to que se la pa­san to­man­do ca­fé y whisky? Whisky yo no to­mo. Aho­ra, que nos gus­ta sa­lir y ha­cer so­bre­me­sa, nin­gu­na du­da. La so­bre­me­sa de fút­bol de La Ra­ya es de to­da la vi­da. Yo me ca­sé muy jo­ven, y mis pri­me­ras pe­leas de ma­tri­mo­nio fue­ron por­que me que­da­ba en La Ra­ya es­cu­chan­do em­bo­ba­do a Pi­po Ros­si, Adol­fo Pe­der­ne­ra, Al­fre­do Di Sté­fa­no y al Ne­ne Rial has­ta las cin­co de la ma­ña­na. Yo era un pi­be de 20 años y pa­ra mí eso era la Bi­blia, es­cu­char a los dio­ses del fút­bol. A ve­ces la ron­da em­pe­za­ba en el al­muer­zo y se ex­ten­día has­ta la ce­na, ha­cía­mos do­ble tur­no. Somos bo­he­mios, el fút­bol tie­ne esas raí­ces.

6 Si se que­da­ban has­ta la ma­dru­ga­da, no prac­ti­ca­ban a la ma­ña­na. Esas son exa­ge­ra­cio­nes, nun­ca fue así. A Co­co le ti­ra­ban los cu­bi­tos del whisky y pa­só a ser el rey de la his­to­ria.

7 Los ju­ga­do­res le de­jan gui­ta a los téc­ni­cos pa­ra ju­gar: ver­da­de­ro o fal­so. Ha­ce unos años me de­sa­yu­né que un ju­ga­dor ha­bía fir­ma­do un con­tra­to por 60 mil dó­la­res y le da­ban 40, por­que el técnico le di­jo que si no le de­ja­ba 20 no lo llevaba. ¿Sa­bés quién era el téc­ni­co? Yo. Me en­te­ré por­que des­pués hi­ce amis­tad con ese ju­ga­dor. ¿A cuán­tos ju­ga­do­res les dirán lo mis­mo y el DT no es­tá en­te­ra­do? En­ton­ces, ¿sa­bés lo que hay que te­ner en es­te am­bien­te? La fren­te al­ta y sa­ber que te com­por­tás bien, por­que se­gu­ro de­be ha­ber ju­ga­do­res que les dan a los téc­ni­cos y téc­ni­cos que les dan a di­ri­gen­tes. Tam­bién hay gen­te de­cen­te. Ten­go el or­gu­llo de haber dirigido siem­pre por de­re­cha. Y nun­ca le di na­da a na­die pa­ra que me lle­va­ran a nin­gún la­do.

8 Hu­ra­cán ga­nó una en­cues­ta co­mo el sex­to gran­de, ¿qué pues­to ocu­pa hoy? Cuan­do los ju­ga­do­res ve­nían al club, yo co­mo DT, les de­cía: “De Hu­ra­cán pa­ra arri­ba hay cin­co equi­pos; pa­ra aba­jo, mil”. Hoy, hay un po­co más de cin­co, reconozco que nos han pa­sa­do unos cuan­tos. Ten­dre­mos que dar­les al­can­ce otra vez.

9 ¿Por qué creés que te eli­gie­ron en Ri­ver co­mo DT? No fue ca­sua­li­dad. Ga­né el as­cen­so con Hu­ra­cán en el 90, hi­ci­mos un cam­pa­ñón en el 91, gané el as­cen­so en el 92 con Ban­field, ter­mi­né se­gun­do del Aper­tu­ra 93 con Ra­cing y eso me ca­ta­pul­tó a Ri­ver, más allá de que Piz­za­rot­ti ha­bla­ra bien de mí o que te­nía un ami­go en co­mún con el di­ri­gen­te Tra­ver­so­ne.

10 ¿Y por qué creés que te echa­ron? No me echa­ron, me fui. De ca­len­tón, por­que si la pi­lo­tea­ba, me hu­bie­ra que­da­do. Ha­bía­mos de­ci­di­do en con­jun­to ti­rar­nos a la Li­ber­ta­do­res por­que Pas­sa­re­lla re­cién asu­mía en la Se­lec­ción y se nos lle­va­ba nue­ve ju­ga­do­res. Y en la Li­ber­ta­do­res es­tá­ba­mos en cuar­tos de fi­nal. Un día me jun­to con los di­ri­gen­tes pa­ra de­fi­nir los re­fuer­zos, en­tre los que es­ta­ba Ra­món Díaz pa­ra ini­ciar su ter­ce­ra eta­pa co­mo ju­ga­dor, y me di­cen que ha­bía cier­to ma­les­tar por la de­rro­ta con­tra Bo­ca. En­ton­ces les plan­teé, de ca­len­tón: “Si no me quie­ren, me voy”. Y me fui. A mí me hi­zo dos go­les Tcha­mi, me ten­go que ma­tar...

11 ¿Por qué que­rían que te fue­ras? Yo ve­nía de reem­pla­zar a Ga­lle­go, y Da­vic­ce le di­jo que te­nía las puer­tas abier­tas del club. Era tan así que va­rias ve­ces vi­no a co­mer a la con­cen­tra­ción con no­so­tros. Y cuan­do se abu­rrió de la Se­lec­ción, fue y le pidió a Da­vic­ce que lo lle­va­ra a Ri­ver de vuel­ta. Da­vic­ce apro­ve­chó mi de­rro­ta con Bo­ca y lo qui­so traer. Pe­ro en el ín­te­rin, Pas­sa­re­lla lo aga­rró a Ga­lle­go: “¿A dón­de te creés que vas? Vos te quedás conmigo”. Y aga­rra­ron a Ra­món Díaz, que ya es­ta­ba arre­gla­do pa­ra ju­gar, y lo me­tie­ron como DT. Y al fi­nal es Ra­món el que le ter­mi­na ca­gan­do la vi­da a Ga­lle­go. El destino.

12 ¿Quién te fa­lló? Da­vic­ce y Ga­lle­go, los dos. Por eso les gri­té el gol cuan­do le ca­ga­mos el cam­peo­na­to en nues­tra can­cha. Sería un ta­ra­do si no re­co­noz­co la ca­pa­ci­dad de Ga­lle­go co­mo DT, pe­ro los úni­cos dos tor­neos que per­dió, se los sa­qué yo. Los dos con Hu­ra­cán, con go­les de Der­lis So­to. Otra vez el des­ti­no.

13 ¿Los ju­ga­do­res pue­den vol­tear a un DT? To­do pue­de pa­sar en el fút­bol, pe­ro siem­pre me jacté de tener un bue­n vínculo con los plan­te­les. Te­nía una re­la­ción es­pec­ta­cu­lar con Fran­ces­co­li, Al­mey­da, con casi to­dos. Esa ver­sión de que me vol­tea­ron los ju­ga­do­res la di­vul­gó al­gu­no pa­ra des­viar lo otro.

14 ¿Ese ma­za­zo de Ri­ver te cor­tó una ca­rre­ra as­cen­den­te como DT? Fue un click. Yo tu­ve dos clicks. El otro fue en el 2001: tras el epi­so­dio en Ri­ver, vol­ví a as­cen­der a Hu­ra­cán, hi­ce un cam­pa­ñón en la “A” y me lla­ma­ron del Ma­llor­ca, que es­ta­ba pa­ra ju­ga­r la Cham­pions. Me lle­vó Caa­ma­ño, el re­pre­sen­tan­te de Cú­per. Me tu­vo una se­ma­na en un ho­tel con otro nom­bre, y so­bre la ho­ra ca­yo un tal Krauss y se que­dó con el lu­gar. Fue el otro click, cuan­do es­ta­ba a pun­to de cum­plir el sue­ño de di­ri­gir en Eu­ro­pa.

15 ¿Qué es lo que más te sor­pren­dió de lo que vis­te aho­ra en Hu­ra­cán? La de­ja­dez de la can­cha, la se­de y La Que­mi­ta. En la se­de hay agu­je­ros en los te­chos, ro­ña acu­mu­la­da has­ta en los tro­feos de la pre­si­den­cia, in­di­gen­tes dur­mien­do en el con­tor­no de la can­cha. Y La Que­mi­ta es Si­be­ria, no tie­ne ni gas.

16 ¿Cuál es la cla­ve pa­ra ha­cer una bue­na pre­si­den­cia? Si Hu­ra­cán no tu­vie­ra la deu­da que tie­ne, de 10 mi­llo­nes de dó­la­res, es un club ma­ne­ja­ble. El pro­ble­ma es el arras­tre: to­do de­be pa­sar por el juz­ga­do de la con­vo­ca­to­ria. Hoy ven­di­mos a Gri­mi en 600 mil dó­la­res, pe­ro esa pla­ta ni la vi­mos: se la lle­vó el juez y 200 mil van pa­ra le­van­tar in­hi­bi­cio­nes. Acá hay que po­ner el ino­do­ro en el ba­ño y la me­sa­da en la co­ci­na, co­mo de­cía el Fla­co. Es­to era tie­rra de na­die, ca­da uno ha­cía lo que que­ría y na­die da­ba cuen­ta de na­da. Hoy, Hu­ra­cán tie­ne la ne­ce­si­dad im­pe­rio­sa de ven­der ju­ga­do­res: es el úni­co re­cur­so pa­ra pa­gar sus deu­das. Siem­pre, des­de Brin­di­si y Ba­bing­ton pa­ra ade­lan­te, vi­vió de los ju­ga­do­res del club. Es­pe­re­mos que es­ta co­rrien­te si­ga.

El inglés, en su nuevo despacho como presidente, con la camiseta histórica del 73 y la foto del equipo.

El inglés, en su nuevo despacho como presidente, con la camiseta histórica del 73 y la foto del equipo.

17 ¿Có­mo fue el click pa­ra pa­sar de DT a di­ri­gen­te? Por es­tar un tiem­po lar­go sin tra­ba­jar, por­que veía co­sas en el club que no me gus­ta­ban, por­que te­nía una ma­la re­la­ción con la Co­mi­sión Di­rec­ti­va. Y por­que la idea siem­pre es­tu­vo. En Hu­ra­cán pa­sé de hin­cha a ju­ga­dor, de ju­ga­dor a téc­ni­co, y de téc­ni­co era ló­gi­co que pa­sa­ra a di­ri­gen­te. No sé si eran és­tos los tiem­pos, pe­ro iba a pa­sar. Hu­ra­cán res­pi­ra fút­bol y yo creo sa­ber un po­co más de fút­bol que al­gu­nos que hi­cie­ron desastres: des­de ha­cer ju­gar al equi­po con ca­mi­se­ta ne­gra y te­la ad­he­si­va en la es­pal­da has­ta men­tir­les a los ju­ga­do­res. De fút­bol en­ten­de­mos to­dos, pe­ro no sa­ben to­dos.

18 ¿Cuál es la di­fe­ren­cia? Un hin­cha pue­de en­ten­der si el dos ju­gó mal o si fue offsi­de; aho­ra, sa­ber lo que hay que ha­cer con un equi­po, có­mo ma­ne­jar­lo, eso no lo sa­ben to­dos, es pro­pio de la pro­fe­sión. Yo pue­do en­ten­der qué es ser pe­rio­dis­ta, pe­ro no sé re­sol­ver en el día a día.

19 ¿Te vol­cas­te a la po­lí­ti­ca por­que no re­ci­bías ofer­tas co­mo DT? Tu­ve ofer­tas, pe­ro uno de­be ele­gir el ca­mi­no. Y sen­tía que no po­día pa­sar de Ri­ver a un re­gio­nal. Me lla­ma­ron del Na­cio­nal B, y cuan­do me ha­bla­ron de Atlé­ti­co de Tu­cu­mán, del re­gio­nal, con to­do el res­pe­to por Atlé­ti­co, me aga­rró una co­sa... En el Na­cio­nal B só­lo po­día di­ri­gir Hu­ra­cán y co­mo no me iban a lla­mar, di­je: “Lar­go, y lo que te­nía pa­ra más ade­lan­te lo ha­go aho­ra”. Mi pos­tu­la­ción era ine­vi­ta­ble. Pe­ro es cier­to: di­ri­gien­do no me vol­caba aho­ra a es­to, la lu­ce­ci­ta del téc­ni­co no se apa­gó.

20 ¿Un ami­go co­mo DT no es pe­li­gro­so? Si la pa­la­bra ami­go es real, tie­ne que ser to­do pa­ra bien. Yo ten­go que sa­ber ubi­car­me y Chi­che (So­sa) me da mar­gen pa­ra char­lar de fút­bol.

21 ¿Có­mo es un día en tu vi­da co­mo pre­si­den­te? Des­de que de­jé de di­ri­gir, en 2003 con Cha­ca­ri­ta, ha­cía de­por­tes to­dos los días: ju­ga­ba al te­nis, pá­del y gim­na­sia aé­ro­bi­ca. Es lo que más ex­tra­ño. Des­de que asu­mí, vi­vo pa­ra Hu­ra­cán, pe­ro me ten­go que or­ga­ni­zar. Por­que si no cui­do mi sa­lud, no voy a po­der. Hoy arran­qué a las 9, a las 10 es­ta­ba en la can­cha por­que ju­gá­ba­mos un amis­to­so, a las 11 fui al ban­co pa­ra ce­rrar la ven­ta de Gri­mi, es­tu­vi­mos has­ta las 3, de ahí fui a ver a un em­pre­sa­rio por un ju­ga­dor, a las 4 en­tré al club y me que­do has­ta las 11. La idea es que pue­da li­be­rar la ma­ña­na, ha­cer un al­to pa­ra co­mer con mi vie­ja, y es­tar en el club de 3 a 11.

22 Siem­pre fuis­te un ti­po fron­tal, ¿aho­ra te­nés que ser más po­lí­ti­co? Así di­cen. No en­tré a Hu­ra­cán por la po­lí­ti­ca, ni me da or­gu­llo ser po­lí­ti­co, pe­ro debo ar­mo­ni­zar. Cuan­do sos DT, de úl­ti­ma ju­gás la tu­ya y los úni­cos que te tie­nen que res­pon­der son los ju­ga­do­res. Acá de­bo res­pon­der­les a los más de mil que me vo­ta­ron.

23 Co­mo DT ha­brás vis­to gran­des de­sas­tres di­ri­gen­cia­les, ¿qué fue lo peor? Yo vi­ví una eta­pa glo­rio­sa en ven­ta de ju­ga­do­res y bo­chor­no­sa en la pla­ta que in­gre­só al club. Dirigí des­de Ba­rij­ho a Lu­cho Gon­zá­lez, pa­san­do por Sixto Pe­ral­ta, Mon­te­ne­gro, Ca­sas y Ca­lan­dria. Fue­ron 20 mi­llo­nes de dó­la­res que por el club ni pa­sa­ron. Eso tam­bién me lle­vó a par­ti­ci­par.

24 ¿La caí­da de Hu­ra­cán sim­bo­li­za la de­ca­den­cia de un barrio? Co­rren a la par, lo que no di­lu­ci­dé es quién levantará a quién. Tra­ta­ré de que Hu­ra­cán le­van­te al ba­rrio.

25 De los úl­ti­mos 20 años, Hu­ra­cán es­tu­vo ca­si la mi­tad en la B. ¿Se trans­for­mó en un club del as­cen­so? Pa­ra na­da, Hu­ra­cán tie­ne es­truc­tu­ra y con­vo­ca­to­ria de la “A” y por eso no pue­de so­bre­vi­vir en la “B” con lo que re­cau­da. Tie­ne la ne­ce­si­dad im­pe­rio­sa de as­cen­der, pe­ro de gua­pos no va­mos a su­bir, lo va­mos a ha­cer ju­gan­do. La his­to­ria es la his­to­ria, no se com­pra. Y Hu­ra­cán es un equi­po gran­de en la his­to­ria del fút­bol. Un grande de­va­lua­do.

26 Pe­ro se acos­tum­bró a ju­gar en la “B”. Por eso la gen­te no se ban­ca más: no aguan­ta más la ca­te­go­ría, no aguan­ta más la car­ga­da, no aguan­ta más ju­gar con De­fen­sa y Jus­ti­cia, con res­pe­to lo di­go. Tie­ne un es­ta­dio, un ba­rrio y una his­to­ria que lo ava­la.

27 ¿Cuán­to re­cau­da Hu­ra­cán en la “B”? Por te­le­vi­sión, 350 mil pe­sos por año, y en la “A” es­ta­ría co­bran­do 4 mi­llo­nes. Por la ca­mi­se­ta, 250 mil pe­sos y en Pri­me­ra sa­ca­ría­mos 800 mil. Son di­fe­ren­cias abismales.

28 ¿Cuán­to co­bra de pri­ma un ju­ga­dor de Hu­ra­cán? ¡¿Qué pri­mas?! No exis­ten. Salvo primer contrato, los suel­dos os­ci­lan en­tre 2 mil y 15 mil.  La ma­yo­ría es­tá en los 5 o 6 mil pe­sos por mes. Y pre­mios, só­lo por as­cen­der.

29 ¿Quién te en­se­ñó el jue­go de me­ter­te el fa­so pren­di­do en la bo­ca? En el se­cun­da­rio, con 13 años, jo­día­mos con esas bo­lu­de­ces: apa­gá­ba­mos el ci­ga­rri­llo con la len­gua, cuan­do que­da­ba chi­qui­to lo tra­gá­ba­mos y lo sa­cá­ba­mos. En la te­le me aga­rra­ron en un par­ti­do y no lo hi­ce más,  me dio ver­güen­za. Es in­creí­ble, pe­ro to­da­vía hoy mu­cha gen­te se acuer­da de esa imagen.

30 ¿Fumabas siendo ju­ga­dor? Em­pe­cé a los 14 años, a es­con­di­das de mi vie­jo, y de­jé ha­ce tres, cuan­do me em­pe­cé a sen­tir tan mal que di­je: de­bo te­ner fuer­za de vo­lun­tad. Y aho­ra me pa­sa to­do lo con­tra­rio: no pue­do ver un ce­ni­ce­ro con ci­ga­rri­llos, los ti­ro a la ba­su­ra.

31 ¿Te es­con­días de los téc­ni­cos pa­ra fa­sear? Fu­ma­ba de­lan­te de los téc­ni­cos, pe­ro cuan­do co­rres­pon­día, co­mo des­pués de una ce­na. Eran otras épo­cas, hoy es ca­si im­po­si­ble.

32 Si co­mo DT veías a un ju­ga­dor fu­man­do, ¿qué ha­cías? No los veía, por­que hoy se cui­dan más. Una vez, bus­ca­ba en la con­cen­tra­ción a Cú­per pa­ra de­cir­le al­go y en­tré de gol­pe a su ha­bi­ta­ción. Yo soy muy cui­da­do­so de eso: fui ju­ga­dor y sé que a los ju­ga­do­res a ve­ces hay que de­jar­los so­los. En­tré, Cú­per ati­nó a guar­dar el fa­so aba­jo y em­pe­zó a sa­lir hu­mo. Le di­je: “Héc­tor, no te ha­gás pro­ble­mas, yo no me eno­jo”.

33 ¿Por qué los jugadores tie­nen que que­dar­se so­los a veces? En oca­sio­nes uno de­be to­mar dis­tan­cia, por ahí se quie­ren reu­nir pa­ra ha­blar co­sas de ellos, o pa­ra fu­mar, por ejem­plo. Por eso nun­ca hay que en­trar de gol­pe.

34 ¿Ju­gar el as­cen­so es más fá­cil o más di­fí­cil que en la “A”? Cuan­do vas ba­jan­do de ca­te­go­ría se da la ló­gi­ca, to­do es me­nor: el es­ta­dio no es de Pri­me­ra, el cés­ped no es de Pri­me­ra, el ár­bi­tro, los ac­ce­sos, y el fút­bol tam­bién. Por eso creo que con ju­ga­do­res de Pri­me­ra en pues­tos cla­ves, se pue­de ga­nar el as­cen­so. Yo uti­li­cé esa re­ce­ta y lo­gré tres as­cen­sos. En el pri­me­ro con Hu­ra­cán 90, tra­je a Cú­per y a Ga­rré, y los me­ché con pi­bes co­mo Mo­ha­med y Qui­roz. En Ban­field, hi­ce lo mis­mo, con el Ne­gro He­rre­ro, Puen­te­du­ra, Sta­fu­za e Hi­guaín. En el se­gun­do del Glo­bo tra­je a Fa­bián Ca­rri­zo y Mo­ner y con Lu­cho Gon­zá­lez y Ca­sas fue muy pa­re­ci­do.

35 ¿Aho­ra apun­tas­te a lo mis­mo? Sí, por eso tra­ji­mos a Ube­da, Cris­tian y Leo Díaz, ti­pos con ex­pe­rien­cia pa­ra que ma­ne­jen la si­tua­ción desde el fondo y que arri­ba jue­guen los pi­bes.

36 El ju­ga­dor más pa­re­ci­do a vos que vis­te. Go­ro­si­to. Lo me­jor que te­nía yo era la pe­ga­da. Pi­po tam­bién, pe­ro con derecha.

37 ¿Cuál es la cla­ve de una bue­na pe­ga­da? Vie­ne de na­ci­mien­to, a mí na­die me en­se­ñó a pa­tear. Al con­tra­rio: 20 téc­ni­cos me qui­sie­ron en­se­ñar a pa­tear con la de­re­cha y nun­ca pu­de apren­der. Me te­nían pa­tean­do con­tra el fron­tón y me ter­mi­na­ba fas­ti­dian­do por­que le pe­ga­ba muy mal.

38 ¿Có­mo era Ba­si­le de com­pa­ñe­ro? En el fa­mo­so Hu­ra­cán del 73, Co­co ve­nía atrás de mu­chos en téc­ni­ca, pe­ro era el lí­der le­jos. Sa­bía ma­ne­jar el ca­rác­ter y el tiem­po de ca­da uno. A mí me pu­tea­ba por­que sa­bía que yo reac­cio­na­ba; a Ava­llay, en cam­bio, lo tra­ta­ba co­mo una ni­ña por­que sa­bía que si lo pu­tea­ba, se caía.

39 ¿Có­mo demostraba su li­de­raz­go? Es una per­so­na­li­dad co­mo la de aho­ra, ava­sa­llan­te. Ate­mo­ri­za­ba a los con­tra­rios y era ca­paz de pe­lear­se por un com­pa­ñe­ro. El día que sa­li­mos cam­peo­nes, Ri­ve­ro, un uru­gua­yo de Gim­na­sia, le di­jo al­go y a la no­che, en vez de ir a fes­te­jar el pri­mer tí­tu­lo en la his­to­ria del club, fue a bus­car al Ne­gro a un bo­li­che. Co­co trans­mi­tía mu­cho, y cuan­do las co­sas ve­nían mal, im­po­nía su res­pe­to.

40 ¿Ima­gi­na­bas ha­ce dos años que Ba­si­le po­día vol­ver a la Se­lec­ción? Co­co tie­ne una ca­pa­ci­dad co­mo po­cos y es un ti­po muy po­pu­lar en cuan­to a su for­ma de ser, es­tá iden­ti­fi­ca­do con el fút­bol de la gen­te, con el ar­gen­ti­no. Y jus­to aho­ra, cuan­do ha­ce un par de años se que­ría ir a la mier­da, cuan­do no es­ta­ba con­ven­ci­do de aga­rrar Bo­ca, al fi­nal le vie­nen to­dos los re­co­no­ci­mien­tos. Así es la vi­da: en 30 años co­mo DT no ganó ni un tor­neo lo­cal, y aho­ra arra­só con to­dos. Es­to es el bro­che de oro de su tra­yec­to­ria. En el Mun­dial 94 el equi­po era una má­qui­na, to­dos sa­be­mos lo que pa­só, y el Co­co nun­ca abrió la bo­ca, se la co­mió y es­pe­ró es­to.

41 ¿Que­ría de­jar to­do? Sí, y va­rios ami­gos, en­tre los que me in­clu­yo, lo con­ven­ci­mos de se­guir.

42 ¿Có­mo na­ció la amis­tad? Co­co vi­no a Hu­ra­cán en el 70, pe­ro ya éra­mos com­pin­ches de sa­li­da de an­tes, cuan­do pa­rá­ba­mos en el Bow­ling de Ca­se­ros y Rio­ja. Se hi­cie­ron ami­gas las fa­mi­lias, sa­lía­mos siem­pre jun­tos y cuan­do na­ce mi hi­jo, Mar­ce­lo, en Ale­ma­nia, le pe­dí si que­ría ser el pa­dri­no. Hoy, Mar­ce­lo es muy com­pin­che del hi­jo del Co­co.

 

Basile, gran amigo y padrino de su hijo.

Basile, gran amigo y padrino de su hijo.

 

43 ¿Qué apren­dis­te de él? Nun­ca tra­té de co­piar, si­no de ab­sor­ber lo que veía. Y siem­pre qui­se te­ner la ca­pa­ci­dad del Co­co pa­ra lle­gar al ju­ga­dor. Es fron­tal y sim­ple. ­Que no ha­ya ga­na­do un tí­tu­lo lo­cal has­ta el año pa­sa­do es una con­tin­gen­cia. Yo tu­ve téc­ni­cos que eran unos fe­nó­me­nos y no ga­na­ron na­da y otros ma­ma­rra­chos, que te­nían suer­te y mo­ja­ban un tí­tu­lo.

44 ¿Los fe­nó­me­nos? Un téc­ni­co al que nun­ca en­ten­dí por qué no le iba bien en nin­gún la­do, un tipo con una ca­pa­ci­dad bár­ba­ra, es Ca­ye­ta­no Ro­drí­guez. Sa­be un mon­tón, pe­ro no só­lo que no ga­nó un tí­tu­lo si­no que le fue muy mal en ca­si to­dos la­dos. No lo en­tien­do.

45 ¿Ma­ma­rra­chos? Y... pre­fie­ro no nom­brar­los, por­que voy a que­dar mal gra­tis, pe­ro que hay ma­ma­rra­chos que sa­lie­ron cam­peo­nes sin me­re­cer­lo y que no te de­ja­ron na­da, no ten­go nin­gu­na du­da de que exis­ten unos cuan­tos.

46 Co­co te dio em­pu­jón pa­ra em­pe­zar co­mo DT, ¿no? Sí: fue en 1984, Mar­chet­ta se le ha­bía ido a Cór­do­ba y me ofre­ció en­trar co­mo su ayu­dan­te. Em­pe­za­mos en Vé­lez, don­de per­di­mos la fi­nal del Na­cio­nal con­tra Ar­gen­ti­nos, y des­pués as­cen­di­mos con Ra­cing. En el 86 ya me lar­gué so­lo. Y en el 90 me lla­mó pa­ra que di­ri­gie­ra las se­lec­cio­nes ju­ve­ni­les, pe­ro ve­nía de as­cen­der a Hu­ra­cán y te­nía un com­pro­mi­so con la gen­te del club. Al fi­nal fue Mos­ta­za.

47 ¿Qué te su­gie­re el nom­bre “Car­los Gar­del Fút­bol Club”? ¡Qué le­jos va­mos! Pa­lo­mi­no, un de­le­ga­do de Ri­ver, me sa­có de acá en­fren­te, del Par­que Pa­tri­cios, y me lle­vó a Ri­ver. Me ro­bó, por­que es­ta­ba por fi­char pa­ra Hu­ra­cán. Y te­nía es­e equi­po de baby que ju­ga­ba en el Lu­na Park, te­le­vi­sa­do por Ca­nal 7. Jugaba con Ghi­so, con Da­niel La­bru­na, el hi­jo de An­gel ya fa­lle­ci­do que fue muy ami­go mío, An­zar­da y Mer­lo.

48 ¿Có­mo pa­sas­te de Ri­ver a Hu­ra­cán? Me di­je­ron que era muy fla­qui­to y no me po­nían. Co­mo yo que­ría ju­gar, y que­dé li­bre por no ju­gar un año, me fui. Es­ta­ba en la Oc­ta­va.

49 Tu de­but en Pri­me­ra. Fue en 1968, con­tra el Te­ne­ri­fe, en una gi­ra por Eu­ro­pa. Me hi­zo en­trar Pi­po Ros­si en el se­gun­do tiem­po. Es­ta­ba tan ner­vio­so, que las pri­me­ras tres pe­lo­tas me pa­sa­ron al la­do y no las pu­de aga­rrar. Pi­po gri­ta­ba: “Ne­ne, ¿vos cal­zás 32?”

50 De­bu­tas­te en el 68 pe­ro el que te dio con­ti­nui­dad fue Me­not­ti en el 71. To­dos los téc­ni­cos de­cían que ju­ga­ba bár­ba­ro, pe­ro no me po­nía nin­gu­no y es­ta­ba por ra­jar­me. La­rro­sa me consigue una ofer­ta pa­ra ir a Gua­te­ma­la, y justo cae Me­not­ti. Me dijo que me co­no­cía y que iba a ser el con­duc­tor. Me pi­dió que me pu­sie­ra bien fí­si­ca­men­te. Y que me iba a poner.

Producción clásica de El Gráfico de fines de los 60. El Inglés recién aparecía en El Globo.

Producción clásica de El Gráfico de fines de los 60. El Inglés recién aparecía en El Globo.

51 En ese pri­mer par­ti­do la ha­brás des­co­si­do. Me die­ron diez fe­chas. Ca­sa­youz era el juez, no me lo ol­vi­do más. Hi­ce la del bo­lu­do que de­bu­ta: pro­tes­tas, tu­mul­to, le ti­ra­ron una pa­ta­da de atrás al juez y echó al pri­me­ro que te­nía ade­lan­te. Ni lo ha­bía to­ca­do. Por suerte, a la vuel­ta, Me­not­ti me pu­so de nue­vo.

52 Te pi­dió que te pu­sie­ras bien fí­si­ca­men­te por­que te gus­ta­ba mu­cho sa­lir de no­che, ¿no? Me gus­ta­ba sa­lir; mu­cho, no. Sa­lía, pe­ro has­ta los jue­ves. Fui un buen pro­fe­sio­nal. Iba­mos a un bo­li­che tra­di­cio­nal, El Es­ta­blo, don­de no ha­bía ca­ba­llos, pre­ci­sa­men­te, si­no ye­guas (ri­sas). Ve­nían to­dos los ju­ga­do­res, era un bo­li­che de ca­fé, co­pas, reu­nio­nes y chi­cas. Hoy creo que no exis­te un bo­li­che así, con tan­ta on­da.

53 ¿Qué re­cor­dás del pri­mer con­tac­to con Me­not­ti? Des­de el 67, Hu­ra­cán tu­vo a Re­na­to Ce­sa­ri­ni, Pi­po Ros­si, Pe­der­ne­ra, Zu­bel­día y Fa­rao­ne. Y de­trás de es­tos cin­co mons­truos vi­no Cé­sar Luis Me­not­ti, un ti­po de 33 años que no exis­tía, del que de­cían que venía por un ne­go­cia­do. Só­lo se sa­bía que era ayu­dan­te del Gi­ta­no Juá­rez. Los ju­ga­do­res es­tá­ba­mos en guar­dia, pero de a po­co El Fla­co fue te­jien­do, el se­gun­do año tra­jo un par de re­fuer­zos y en el 73 pu­so la fru­ti­lla del pos­tre con el Lo­co.

54 De­fi­ní a Hu­ra­cán 73. El equi­po que más se acer­có al gus­to po­pu­lar de los ar­gen­ti­nos. Sin­to­ni­za­ba la on­da que le gus­ta a la gen­te: gam­be­ta, to­que, ca­ño, som­bre­ro, pa­red, des­bor­de. Al fi­nal del tor­neo se fue­ron Brin­di­si, Hou­se­man y Ava­llay a la Se­lec­ción, y cuan­do fal­ta­ron los tres que la me­tían, se nos com­pli­có. Lle­ga­mos con la so­ga al cue­llo y fui­mos cam­peo­nes por­que Bo­ca, nues­tro per­se­gui­dor, per­dió.

55 ¿Quién es el ma­yor ído­lo en la his­to­ria de Hu­ra­cán? De los que yo vi, Hou­se­man. De lo que di­ce la his­to­ria, Ma­san­to­nio.

56 ¿Hou­se­man ju­ga­ba bo­rra­cho o tam­bién es mi­to? El Lo­co ha ju­ga­do en pe­do, sí, pe­ro no hay que mul­ti­pli­car por diez. Lo hi­zo en el oca­so de su ca­rre­ra, con al­gu­nos di­ri­gen­tes que se im­po­nían so­bre el mé­di­co, que no que­ría fir­mar la planilla. El se es­ca­pa­ba a la vi­lla y vol­vía en pe­do, lo me­tían de­ba­jo de la du­cha, y a la can­cha. Un ac­to cri­mi­nal. Un día me re­be­lé, y les plan­teé a los di­ri­gen­tes que si po­nían al Lo­co así, yo me iba. Al ra­to me fue­ron a bus­car, porque ha­bían cam­bia­do de opi­nión. Ese día, con­tra Bo­ca, ter­mi­nó de­bu­tan­do el Tur­co Gar­cía. El Lo­co fue lo más gran­de que vi, me­jor que Ma­ra­do­na.

57 ¿Por qué Ar­gen­ti­na no fue cam­peón en 2006? Na­die ju­gó me­jor que Ar­gen­ti­na, pe­ro es­te Mun­dial fue ra­ro, sa­lió cam­peón un equi­po que, del pe­lo­tón de can­di­da­tos, era el úl­ti­mo. En es­tas copas, si no jugás co­mo Bra­sil en el 70, es­tás su­pe­di­ta­do a un pe­nal a fa­vor o un pe­nal en con­tra. Y fui­mos in­fe­rio­res en los pe­na­les.

58 ¿Pu­dis­te ha­blar con Mo­ha­med lue­go de su ac­ci­den­te? Ha­blé con la se­ño­ra, y coin­ci­di­mos en que al Tony le han lle­na­do la ca­be­za con­mi­go. Yo lo tu­ve de ju­ga­dor, éramos ami­gos, pe­ro se ofen­dió por­que no lo tra­je en el 2002. Ha­bló mal de mí, pero son co­sas que pue­do en­ten­der. Nos vimos el otro día y nos me­re­ce­mos una char­la, pe­ro aho­ra hay que de­jar pa­sar es­to. Pen­sar lo que le to­có vi­vir en Ale­ma­nia me ate­rra.

59 ¿Qué vas a ha­cer con la ba­rra? Apre­ta­ron feo a va­rios ju­ga­do­res. Si son hin­chas de ver­dad, ten­drán que co­la­bo­rar, por­que el club es­tá en una si­tua­ción com­pli­ca­da. Es­toy dis­pues­to a sen­tar­me a ha­blar con ellos. No sé, su­pon­go que no es­ta­rá bien que lo ha­ga, pe­ro lo haré.

60 ¿Vos fuis­te ba­rra de Hu­ra­cán, no? Sí, pero otra co­sa. Nos jun­tá­ba­mos los días de par­ti­do, yo to­ca­ba el bom­bo. Dis­fru­ta­ba y por ahí nos pe­leá­ba­mos con al­gu­nos a trom­pa­das. No pa­sa­ba de eso. De vi­si­tan­te íba­mos en los ca­mio­nes pla­ye­ros, que no te­nías de dón­de aga­rrar­te. Me cor­ta­ron dos co­sas: el he­cho de em­pe­zar a ju­gar en la Ter­ce­ra y la muer­te del chi­co Héc­tor Sou­to, la pri­me­ra en el fút­bol, en 1967.

61 ¿Es­tu­vis­te en la can­cha ese día? Justo ese día te­nía que ju­gar un campeonato en Pichincha y lle­gué tar­de a la cancha. No es­ta­ba la ba­rra, y me di­je­ron: “Ra­já pa­ra Lu­na que hu­bo qui­lom­bo”. Des­pués me en­te­ré có­mo fue. En esa épo­ca las dos hin­cha­das en­tra­ban por Lu­na, los vi­si­tan­tes pa­sa­ban por de­ba­jo de la hin­cha­da de Hu­ra­cán e iban pa­ra el otro la­do. Pa­re­ce que es­te chi­co de Ra­cing car­gó, le die­ron una pa­ta­da en la bo­ca del es­tó­ma­go y mu­rió as­fi­xia­do. El úni­co que ca­yó fue un com­pa­ñe­ro de mi di­vi­sión, que no ha­bía ido a ju­gar y aca­ba­ba de cum­plir 18 años. Se co­mió tres años en De­vo­to. Lo te­nían en bue­nas con­di­cio­nes, pe­ro se co­mió tres años.

62 ¿Eran de apre­tar a los ju­ga­do­res? Ni te­nía­mos con­tac­to con los ju­ga­do­res. No sé bien cuán­do em­pe­zó eso de la ba­rra me­tién­do­se con los ju­ga­do­res. Cuan­do me fui a Ale­ma­nia, en el 74, no exis­tía; cuan­do vol­ví, en el 78, sí.

63 ¿Quién era tu ído­lo? El pe­rua­no Mi­guel Loay­za. Y ter­mi­né ju­gan­do con él.

64 ¿Por qué re­nun­cias­te en Pla­ten­se, tu pri­mer club co­mo DT? Siem­pre fui muy ca­len­tón. Y cuan­do ter­mi­nó un par­ti­do, la ba­rra hi­zo una em­bos­ca­da y le pe­gó mal a No­va­ri­ni, un de­fen­sor. Lo que más me in­dig­nó fue que un di­ri­gen­te ce­rró una puer­ti­ta pa­ra que no pu­die­ra en­trar la po­li­cía a socorrerlo. Me fui a la mier­da.

65 ¿Nun­ca tu­vis­te mie­do por las ame­na­zas que re­ci­bis­te en Hu­ra­cán? No. Me preo­cu­pa­ba por mi vie­ja, que vi­ve en Pa­tri­cios y le pin­ta­ban la ca­sa po­nien­do “trai­dor” cuan­do me fui a Ra­cing. Pe­ro, pa­ra mí, es­to es fol­clo­re, no creo que na­die ma­te a na­die.

66 ¿Su­fris­te apre­ta­das jo­di­das? Co­mo ju­ga­dor una vez vi­nie­ron a co­par la pa­ra­da en la can­cha, hu­bo un par de ma­no­ta­zos al ai­re y se aca­bó. Co­mo téc­ni­co, una vez la pa­sé muy fea en Ra­cing. Las cir­cuns­tan­cias de la vi­da. Se me ha­bía muer­to un pe­rro, y le ha­bía pro­me­ti­do a Me­mé, mi hi­ja, que le iba a com­prar otro. Me di­je­ron que com­pre en lu­ga­res abier­tos y ha­bía uno por Pas­te­le­ros, don­de nos en­tre­ná­ba­mos. Le di­je: “Ve­ní con­mi­go a la prác­ti­ca y des­pués lo com­pra­mos”. Era la épo­ca de La­lín con­tra Des­té­fa­no. ¡Ma­mi­ta! Es­ta­ba sa­lien­do del pre­dio y se me me­tió un ba­rra aden­tro del au­to. Con chum­bo, una apre­ta­da mal: que te va­mos a ma­tar, que la con­cha de tu ma­dre. Me asus­té por mi hi­ja... Des­pués fui­mos a com­prar el pe­rro.

67 ¿Por qué du­ras­te cin­co par­ti­dos en Cha­ca­ri­ta, en 2003? Me di­je­ron que te­nía que po­ner a un ju­ga­dor que ha­bía com­pra­do Ba­rrio­nue­vo. Re­nun­cié, cla­ro.

68 ¿Te aga­rras­te a pi­ñas con com­pa­ñe­ros? Con varios, siempre por al­gu­na pa­ta­da en las prác­ti­cas: Candedo, Galván...

69 ¿Y con di­ri­gi­dos? No, por­que ten­go otro rol. Por ahí te dan ga­nas, pe­ro no po­dés. A Vi­lla­rreal lo me­tí en una pie­za y le di­je: “No te veo bien con el te­ma de la ro­di­lla, no te voy a te­ner en cuen­ta, pe­ro de acá pa­ra afue­ra di­go lo que vos quie­ras”. Me agra­de­ció y ape­nas me fui, sa­lió a ma­tar­me. Un trai­dor.

70 Los ju­ga­do­res que más te ayu­da­ron. Fa­bián Ca­rri­zo y Cú­per, muy buena gente.

71 ¿Por qué per­dis­te el Aper­tu­ra 93/94 con Ra­cing por un pun­to? Fue un error di­ri­gen­cial. De Vi­cen­te era la fi­gu­ra, su prés­ta­mo ven­cía el 31 de di­ciem­bre, y las úl­ti­mas cua­tro fe­chas fue­ron a fe­bre­ro del 94. El club fran­cés se avi­vó y pi­dió un fan­go­te pa­ra re­no­var el prés­ta­mo, jus­to ha­bía apa­re­ci­do Ki­ki Ga­lar­za, y Des­té­fa­no di­jo que nos que­dá­ra­mos con Ga­lar­za. Yo le de­jé en cla­ro que eran dos co­sas dis­tin­tas. Es­toy se­gu­ro que con De Vi­cen­te éra­mos cam­peo­nes.

72 ¿Y to­da­vía pu­teás a Da­lla Lí­be­ra por ha­ber­se he­cho ex­pul­sar con­tra Fe­rro? Fue una chi­qui­li­na­da. Me­ti­mos el 2-0 y se pu­so a re­vo­lear la ca­mi­se­ta en el me­dio del cam­po. La­mo­li­na le sa­có la se­gun­da ama­ri­lla, nos des­con­ta­ron, se des­ga­rró Qui­roz y se vi­no to­do aba­jo. Nos em­pa­ta­ron 2-2 y per­di­mos la pun­ta. Con el tiem­po, La­mo­li­na me pi­dió per­dón. El juez de­be pen­sar en el es­pí­ri­tu del re­gla­men­to, no en la re­gla fi­ja, y el Lo­co  ja­más quiso sa­car ven­ta­ja.

73 ¿Te fuis­te de Ra­cing por gri­tar un gol de Hu­ra­cán? No gri­té un gol, pe­ro fue una de mis bo­lu­de­ces. Por eso di­go que Hu­ra­cán me dio más do­lo­res de ca­be­za que sa­tis­fac­cio­nes. Yo era DT de Ra­cing, y unos ami­gos míos me pi­die­ron ir a ver Es­pa­ñol-Hu­ra­cán a Es­pa­ñol. Cuan­do Hu­ra­cán em­pa­tó, uno de mis ami­gos gri­tó un gol, pe­ro lo gri­tó bien, tran­qui­lo. De atrás em­pe­za­ron: “Ba­bing­ton, la con­cha de tu ma­dre…”. Ba­ta­lla cam­pal, había que de­fen­derse o co­brar. Me sa­ca­ron en pa­tru­lle­ro, y cuan­do sa­lía, vi­no Ríos Seoa­ne a los gri­tos pi­dien­do que me lle­ven de­te­ni­do. Me me­tie­ron en la co­mi­sa­ría has­ta las 11 de la no­che. A las diez me lla­mó Des­té­fa­no, los hin­chas de Ra­cing es­ta­ban ha­cien­do qui­lom­bo en la se­de por­que se ha­bían en­te­ra­do. “Tran­qui­lo, Juan –le con­tes­té– es­te ga­rrón me lo co­mo yo, avi­sá que re­nun­cio”. Y me fui.

74 ¿Por qué no te re­no­va­ron co­mo DT de Hu­ra­cán des­pués del cam­pa­ñón del 2000/01? Fue un te­ma per­so­nal con Ba­tet. Yo te­nía gran­des chan­ces de di­ri­gir al Ma­llor­ca y me fui con su con­sen­ti­mien­to a Eu­ro­pa, me de­mo­ré unos días y nom­bró a Piaz­za. Des­pués de as­cen­der al equi­po y de ha­cer una gran cam­pa­ña en la pri­me­ra tem­po­ra­da, no ha­bía mo­ti­vos pa­ra no re­no­va­r. El sa­bía que le po­día dar re­sul­ta­dos, pe­ro por ahí pa­ra otras co­sas no le ser­vía.

Segundo ascenso con el Globito, en el 2000. Como DT, también lo había subido en 1990.

Segundo ascenso con el Globito, en el 2000. Como DT, también lo había subido en 1990.

75 ¿Te equi­vo­cas­te en aga­rrar la úl­ti­ma vez Hu­ra­cán, en 2002? No. Aga­rré un equi­po de­te­rio­ra­do, in­ten­té pro­bar con los pi­bes, y des­pués Bue­na­ga me echó a los dos par­ti­dos.

76 ¿Cuál as­cen­so de Hu­ra­cán go­zas­te más? El primero era me­jor equi­po, con Mo­ha­med, Del­ga­di­to, Qui­roz y Cú­per. El se­gun­do fue un equi­po de hom­bres, con Mo­ner, Er­bín, Ca­rri­zo, el pa­ra­gua­yo Cá­ce­res.

77 ¿Qué destacás del as­cen­so con Ban­field? La pri­me­ra rue­da de Ban­field fue lo me­jor que me pa­só co­mo téc­ni­co en cuan­to a la in­ter­pre­ta­ción de lo que yo que­ría. Con Puen­te­du­ra, Sta­fu­za, Hi­guaín, San­gui­net­ti, Len­gui­ta, el Ne­gro He­rre­ro, el san­tia­gue­ño Rol­dán (un mons­truo), Wen­sel y Del­fi­no.

78 ¿Tu vie­ja si­gue yen­do a la can­cha? Des­de que de­jé de ju­gar, no va más. Me pi­de que no me ha­ga ma­la san­gre. Tie­ne 76 años.

79 ¿Ca­si ju­gás en In­gla­te­rra? Me que­ría el Sto­ke City, del le­gen­da­rio Gor­don Banks. Fui allá, me en­tre­né, me que­rían sí o sí, pe­ro nun­ca apa­re­cie­ron los pa­pe­les de mis abue­los. Fui­mos al fa­mo­so Fo­reign Of­fi­ce y na­da. Me que­da­ba pa­teán­do­le a Banks, y co­mo vio que le pe­ga­ba bien, me in­vi­tó va­rias ve­ces a co­mer a su ca­sa.

80 ¿Cuán­ta pla­ta te ofre­cían? Ehhh, creo que mil dó­la­res de suel­do y dos mil por el pa­se. (N. de R: da­to co­rrec­to).

81 ¿No te da bron­ca la fá­cil que la tie­nen al­gu­nos chi­cos pa­ra ir­se a Eu­ro­pa? ¿Sa­bés que con­tes­to a eso? Que Tu­cho Mén­dez mu­rió en un ge­riá­tri­co y fue diez ve­ces más que to­dos no­so­tros. Así es la vi­da. Hoy val­dría mu­cho más pla­ta que en­tonces, pe­ro no me pue­do que­jar.

82 ¿Y qué re­cor­dás de tu ex­pe­rien­cia en Ale­ma­nia? Ju­gué cua­tro años en el Wa­tes­cheid 09, un equi­po se­mi­pro­fe­sio­nal que no exis­te más. El pre­si­den­te ejer­cía un po­der muy gran­de so­bre los ju­ga­do­res y los ha­cía tra­ba­jar en la fá­bri­ca; a mí nun­ca me pu­do con­ven­cer.

83 ¿Có­mo fue lle­gar al Mun­dial 74 sobre la hora? Se le­sio­nó Ava­llay en la gi­ra pre­via y via­jé  al final. Lle­gué a la con­cen­tra­ción pa­ra ce­nar. Des­pués de la co­mi­da Cap dio el equi­po pa­ra el de­but y me pu­so co­mo ti­tu­lar. Eso mar­ca el des­con­trol.

84 ¿Igual ju­gas­te pa­ra Hu­ra­cán las fi­na­les con­tra Bo­ca y Cen­tral? Fue una de­ci­sión muy per­so­nal. Jus­to me ha­bían con­vo­ca­do y Me­not­ti me di­jo que lo del Mun­dial era de­ma­sia­do im­por­tan­te co­mo pa­ra arries­gar, pe­ro ha­bía­mos he­cho un es­fuer­zo gran­de, yo soy de Hu­ra­cán, así que arries­gué y por suer­te no me le­sio­né.

85 ¿Es­pe­ra­bas ju­gar el Mun­dial 78, sien­do Me­not­ti el DT? Cla­ro, pe­ro se por­ta­ron co­mo ale­ma­nes que son: lo que se fir­ma, se cum­ple. Me­not­ti via­jó y me di­jo que si ve­nía a ju­gar a Ar­gen­ti­na, iba a te­ner la chan­ce, por­que de afue­ra só­lo iba a traer a Kem­pes. Me que­da­ba un año de con­tra­to y no me qui­sie­ron dar a prés­ta­mo.

Grito celeste y blanco, en Boca, por las eliminatorias 74. En Alemania anduvo bien.

Grito celeste y blanco, en Boca, por las eliminatorias 74. En Alemania anduvo bien.

86 ¿Quié­nes son los ami­gos que te dio el fút­bol? Ba­si­le pri­me­ro, Ca­rras­co­sa, Car­li­tos Leo­ne, Er­bín, Fa­bián Ca­rri­zo, Cú­per…

87 ¿A Bo­na­ve­na lo co­no­cis­te? Era­mos com­pin­ches, sa­lía­mos a bo­li­chear con él y el Coco.

88 ¿Sos pro­mo­tor de bo­xeo? No, re­pre­sen­to con unos ami­gos a un bo­xea­dor, Ju­lio Do­mín­guez, pe­ro es un pi­be. Lo ban­ca­mos y te­ne­mos un por­cen­ta­je de la bol­sa que co­bra.

89 ¿Bo­xeo, bu­rros o fút­bol? Siem­pre el fút­bol.

90 ¿Có­mo son las me­sas en Rond Point y en La Ra­ya? Las me­sas de La Ra­ya son eter­nas. Es una me­sa fut­bo­le­ra por­que es un bo­li­che fut­bo­le­ro de to­da la vi­da. Apar­te, hay un gru­po que ha­ce el pre­li­mi­nar en Rond Point pa­ra to­mar al­go. Es una me­sa de ami­gos: Chi­che, Mer­lo, Daul­te, Ba­si­le, Pis­to­la Vás­quez, a ve­ces voy yo.

91 ¿Coin­ci­dís con Mer­lo en que se pue­de te­ner se­xo só­lo has­ta el lu­nes? Un ti­po ca­sa­do no tiene pro­ble­mas si lo ha­ce el vier­nes. Aho­ra, si se tra­ta de una aven­tu­ra con una pi­ba, que no es so­lo en­ca­mar­se, si­no to­mar, sa­lir y acos­tar­se tar­de, hasta lu­nes, mar­tes y por ahí an­da­mos.

92 ¿Los di­ri­gen­tes eli­gen a los téc­ni­cos só­lo por lo que sa­ben o im­por­tan otras co­sas? Deberé co­rro­bo­rar con ac­cio­nes lo que pen­sa­ba cuan­do era téc­ni­co y te­nía di­ri­gen­tes bue­nos y ma­los. Uno de los me­jo­res fue Des­té­fa­no: no me pre­gun­ta­ba có­mo for­ma­ba el equi­po, y cuan­do ve­nía la ma­la, me de­fen­día. Ese es el di­ri­gen­te que yo quie­ro ser con el téc­ni­co. Oja­lá lo lo­gre.

93 ¿Qué son los có­di­gos del fút­bol? Si yo man­do a un ju­ga­dor a mar­car el se­gun­do pa­lo y el ti­po va al pri­me­ro y nos me­ten un gol por el se­gun­do, si no tu­vie­ra có­di­gos lo man­do en ca­na pú­bli­ca­men­te y di­go que la cul­pa la tu­vo Fu­la­ni­to. Los có­di­gos no me per­mi­ten ha­cer­lo, me la ten­go que co­mer, des­pués lo aga­rro so­lo y lo ma­to. Los có­di­gos de­ben exis­tir.

94 De­fi­ní a Re­na­to Ce­sa­ri­ni. Un maes­tro al que aga­rré de chi­co. Un ti­po de otro tiem­po. Se vol­vía lo­co cuan­do le pe­ga­bas mal a la pe­lo­ta, ve­nía con unos za­pa­tos de mil dó­la­res y te en­se­ña­ba dán­do­le a la pe­lo­ta o se po­nía a ha­cer ab­do­mi­na­les con un tra­je ita­lia­no.

95 Pas­sa­re­lla. Un ti­po de­re­cho, con­mi­go se por­tó bien. Des­pués nos de­ja­mos de fre­cuen­tar.

96 Gron­do­na. Tie­ne un bra­zo po­lí­ti­co in­creí­ble. Ca­si no lo ha­bía tra­ta­do, re­cién aho­ra tu­ve dos reu­nio­nes y me fe­li­ci­tó por­que era la pri­me­ra vez que un ti­po de fút­bol lle­ga­ba a pre­si­den­te, tu­vo una pre­dis­po­si­ción bár­ba­ra con­mi­go.

97 ¿Te arre­pen­tís de ha­ber­le de­ja­do en ban­de­ja un tí­tu­lo a San Lo­ren­zo, cuan­do le ga­na­ron 3-2 a Ri­ver? Me da mu­cha bron­ca, pe­ro ten­go las co­sas cla­ras: soy un pro­fe­sio­nal del fút­bol y los ju­ga­do­res no son hin­chas, eran pro­fe­sio­na­les que ju­ga­ban pa­ra Hu­ra­cán.

98 ¿Y vos có­mo se­pa­raste al hin­cha del pro­fe­sio­nal? Pri­me­ro, es im­po­si­ble de­cir­le a un equi­po que sal­ga a per­der. Se­gun­do, ése era un gru­po bár­ba­ro, que es­ta­ba a un pa­so de cla­si­fi­car pa­ra la Mer­co­sur por pri­me­ra vez en la his­to­ria. Ha­bía un in­cen­ti­vo. No po­dés ha­cer na­da, por ahí re­zás pa­ra que te ga­nen, pe­ro los ju­ga­do­res no pien­san así.

99 ¿Vos in­te­rior­men­te no que­rías que ga­na­ran? Por su­pues­to: un ver­da­de­ro hin­cha de Hu­ra­cán no pue­de que­rer que San Lo­ren­zo sea cam­peón, pe­ro pro­fe­sio­nal­men­te de­bía ac­tuar dis­tin­to. Los ju­ga­do­res sa­bían to­do, y es­ta­ban ex­pec­tan­tes de lo que les po­día de­cir.

100 ¿Có­mo se en­tien­de que ha­yas te­ni­do pro­ble­mas en Hu­ra­cán, don­de fuis­te pro­ta­go­nis­ta de las tres vuel­tas olím­pi­cas del club en el pro­fe­sio­na­lis­mo? El úni­co ti­po que es­tá in­dem­ne de to­do en Hu­ra­cán es Hou­se­man, por­que nun­ca par­ti­ci­pó de na­da. En la en­tra­da a la can­cha, hay cua­tro fo­tos: Brin­di­si, Ba­bing­ton, Qui­roz y Mo­ha­med, co­mo cua­tro símbolos de pi­bes del club que lle­ga­ron a sa­car­lo cam­peón. Dos en Pri­me­ra y dos en el as­cen­so. Y los cua­tro fui­mos pu­tea­dos. Qui­zás por es­tar tan ex­pues­tos.

 

 

Por Diego Borinsky (2006).

Fotos: Jorge Dominelli y Archivo El Gráfico.

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