Las Entrevistas de El Gráfico

2004. Jota Jota 100x100

Por Redacción EG · 11 de julio de 2019

Su papá Sócrates siempre dijo que iba a tener un hijo varón, que se iba a llamar Juan José y que jugaría en River. Y se le dio todo, y algo más…. Las imperdibles cien respuestas de J.J. López, un jugadorazo que levantó polémicas.

1 ¿Quién te pu­so Jo­ta Jo­ta? Jo­sé Ma­ría Mu­ñoz, en 1970, cuan­do lle­gué a Pri­me­ra. Hoy na­die me lla­ma por mi nom­bre y has­ta cuan­do ha­blo por te­lé­fo­no me ten­go que pre­sen­tar co­mo Jo­ta Jo­ta.

2 El com­pa­ñe­ro más di­ver­ti­do. El Mo­no Mas, le­jos. En la con­cen­tra­ción se lle­va­ba una ban­de­ja con to­dos los cu­bier­tos y a la me­dia­no­che la ti­ra­ba por el pa­si­llo. Un día, An­gel (por La­bru­na) da­ba la char­la téc­ni­ca y el Mo­no vi­no en­vuel­to en pa­pel hi­gié­ni­co, co­mo la Mo­mia. Só­lo él po­día ha­cer­le eso a An­gel. Y des­pués lo echa­ba. Co­mo que­dó de cá­ba­la, lo em­pe­zó a echar siem­pre.

3 ¿De qué te­nés que cui­dar­te en el fút­bol? De cuan­do los di­ri­gen­tes te res­pal­dan pú­bli­ca­men­te. Cuan­do di­cen “no­so­tros res­pal­da­mos a Ló­pez”,  quie­re de­cir que te que­dan dos par­ti­dos.

4 ¿Al­gu­na vez qui­sis­te bo­xear a tus di­ri­gi­dos? A ju­ga­do­res no, pe­ro a va­rios co­le­gas sí, so­bre to­do cuan­do no tie­nen éti­ca y di­cen que el equi­po que aga­rra­ron es un de­sas­tre fí­si­ca­men­te.

5 ¿Con tu ma­má ha­blás de fút­bol? A ve­ces me pi­de cam­bios, me di­ce que tal an­da mal o que Men­ga­ni­to “no le­van­ta las pa­tas”. Ese es un tér­mi­no muy cor­do­bés. Mis dos vie­jos na­cie­ron en Cór­do­ba. Así que si te pi­de tu vie­ja, te pi­den to­dos.

6 ¿El fut­bo­lis­ta de hoy es más egoís­ta que el de an­tes? En mi épo­ca, pe­leá­ba­mos las pri­mas con los di­ri­gen­tes, las nues­tras y las de los pi­bes, to­da la es­ca­la. Por­que si no­so­tros pe­día­mos 10, a ellos les iban a dar 7, pe­ro si pe­día­mos 5, ellos no lle­ga­ban ni a 3. Hoy to­do es más in­di­vi­dua­lis­ta.

7¿Qué re­cor­dás de tu pa­so co­mo ju­ga­dor de Ta­lle­res? Que gra­cias a An­gel en­con­tré el afec­to que ne­ce­si­ta­ba en un mo­men­to muy ma­lo, 1982, des­pués de que me echa­ran de Ri­ver. Y que an­du­vi­mos muy bien en el Na­cio­nal y per­di­mos la se­mi­fi­nal con el Fe­rro de Gri­guol, que fue el cam­peón.

 

En 1982, con la camiseta de la T contra River.

En 1982, con la camiseta de la T contra River.

 

8 Al­gún par­ti­do en es­pe­cial. Uno con­tra Bo­ca, en Cór­do­ba. An­gel nos lla­mó apar­te a Ar­ti­co, Mo­re­te, Pe­dro Gon­zá­lez, Cou­dan­nes, Rei­nal­di y a mí, to­dos ex Ri­ver. “Mu­cha­chos, es­te par­ti­do pa­ra no­so­tros es apar­te, es Ri­ver-Bo­ca”. En­tra­mos y al mi­nu­to el Pu­ma los em­bo­có. Al fi­nal les ga­na­mos 4-0, con tres de Mo­re­te y uno mío. Fue bár­ba­ro.

9 ¿Có­mo ha­cés pa­ra que los ju­ga­do­res no se la crean con es­ta eu­fo­ria que hay en Cór­do­ba? Hay que ma­ne­jar si­tua­cio­nes pa­ra que no nos su­pe­re el me­dio y ser cons­cien­tes de que lo te­ne­mos a Chi­ca­go y al des­cen­so ahí no­más. Les di­go que sa­len en las no­tas por­que es­ta­mos bien, y que no nos des­cui­de­mos pa­ra que pue­dan se­guir sa­lien­do.

10 ¿Es­tán pa­ra re­pe­tir el cam­pa­ñón del 2000? Fi­nal a fi­nal, sin creér­nos­la. Si man­te­ne­mos el equi­li­brio, el cui­da­do y el ni­vel fut­bo­lís­ti­co de ca­da uno, se pue­de as­pi­rar a ha­cer un buen tor­neo.

11 ¿De quién eras hin­cha de chi­co? De Ri­ver. Só­cra­tes, mi vie­jo, siem­pre di­jo que iba a te­ner un hi­jo va­rón, que se iba a lla­mar Juan Jo­sé y que ju­ga­ría en Ri­ver. Y se le dio to­do, has­ta ju­gué en la mis­ma po­si­ción que su ído­lo, Mo­re­no. Mu­chos pa­dres alien­tan sue­ños con sus hi­jos y no pue­den cum­plir­los, pe­ro mi vie­jo pu­do, aun­que no lle­gó a ver­me cam­peón por­que fa­lle­ció de un aneu­ris­ma en 1974.

12 ¿Te ha­bla­ba mu­cho de Mo­re­no? Y tam­bién de La­bru­na. A mi vie­ja siem­pre le lla­mó la aten­ción có­mo le bri­lla­ban las pier­nas a Mo­re­no y me con­ta­ba que se po­nía va­se­li­na, por­que de no­vios ellos iban a la can­cha. Y yo co­pié el há­bi­to: nun­ca me ma­sa­jeé en Ri­ver, siem­pre me pu­se va­se­li­na. To­dos esos sue­ños de Ri­ver me los trans­mi­tie­ron mis vie­jos, por eso yo cam­bio la Se­lec­ción por Ri­ver. Pa­ra mí, Ri­ver es co­mo di­ri­gir la Se­lec­ción. Y el otro pa­dre que tu­ve, An­gel, pen­sa­ba lo mis­mo: di­ri­gir Ri­ver era lo má­xi­mo. Y me lo in­cul­có.

13 O sea que dis­fru­tas­te las in­fe­rio­res en Ri­ver. No, ¡qué voy a dis­fru­tar! No ju­ga­ba nun­ca, y to­dos los ve­ra­nos me iba con mis ami­gos, a es­pal­das de mi vie­jo, a pro­bar­me a otros clu­bes: Ban­field, Tem­per­ley, La­nús, Ra­cing. Y en to­dos que­da­ba. En esa épo­ca, los de­le­ga­dos ca­mi­na­ban mu­cho, iban a las ca­sas, pe­ro mi vie­jo siem­pre los sa­ca­ba ca­gan­do, por­que yo es­ta­ba fi­cha­do en Ri­ver. Mi vie­jo has­ta tu­vo que ar­mar una li­ga en Guer­ni­ca, mi pue­blo, pa­ra que yo ju­ga­ra los do­min­gos, por­que los sá­ba­dos en Ri­ver era su­plen­te de su­plen­te. En Ri­ver re­cién em­pe­cé a ju­gar a los 17 años, cuan­do el Po­la­co Cap aga­rró la Quin­ta.

14 ¿Có­mo lle­gas­te a ser fut­bo­lis­ta? Yo ha­bía pa­sa­do la prue­ba en Ra­cing, pe­ro Pa­lo­mi­no, el de­le­ga­do de Ri­ver, te­nía una her­ma­na en Guer­ni­ca. Y ella sa­bía de to­do el sue­ño de mi pa­pá. En­ton­ces Pa­lo­mi­no vi­no a mi ca­sa, me pi­dió ha­cer jue­gui­to y me dio la ci­ta­ción. To­da­vía la ten­go bien guar­da­da. 

15 ¿Có­mo era ese via­je dia­rio Guer­ni­ca-Nú­ñez? Muy du­ro: dos ho­ras de ida y dos de vuel­ta. Una ho­ra del tren Guer­ni­ca-Cons­ti­tu­ción, sub­te a Re­ti­ro, tren a Ba­rran­cas y de ahí, si te­nía pla­ta, me to­ma­ba el co­lec­ti­vo al club. Si no, me guar­da­ba las mo­ne­di­tas pa­ra una co­ca y una por­ción de piz­za.

Familia. A poco del debut, El Gráfico lo retrató en Guernica con sus padres y hermana.

Familia. A poco del debut, El Gráfico lo retrató en Guernica con sus padres y hermana.

 

16 ¿Có­mo te de­fi­ni­rías co­mo téc­ni­co? Me gus­ta la sim­ple­za del fút­bol y, so­bre to­do, creo en los ju­ga­do­res. De­pen­de­mos de ellos, por eso los te­ne­mos que pro­te­ger, cui­dar, po­ner­los a pun­to men­tal, fí­si­ca y tác­ti­ca­men­te y no com­pli­car­les la vi­da.

17 Ve­nís de la es­cue­la de La­bru­na, ¿pe­ro tu Ta­lle­res del 2000 no era muy es­pe­cu­la­ti­vo? ¿Porque ha­cía un 4-4-2? El te­ma es si pen­sás o no en el ar­co de en­fren­te, y en mi ca­be­za no ca­be otra al­ter­na­ti­va que ga­nar.

18 ¿Qué te po­ne de mal­hu­mor co­mo DT? Que no ha­ya ac­ti­tud. Si te equi­vo­cás, an­dá a pe­dir­la de nue­vo, no te es­con­das.

19 ¿Al pa­nel de Fox no le fal­ta un mos­que­te­ro? Es­tán Mos­ta­za y el Be­to, fal­tás vos. Niem­bro es el ter­cer mos­que­te­ro... No es lo mío, mi pa­sión es tra­ba­jar con los ju­ga­do­res. Igual, me po­ne fe­liz ver que Mos­ta­za y el Be­to es­tán bien.

20 ¿No fue sui­ci­da vol­ver a Ta­lle­res, con la si­tua­ción en la que se en­con­tra­ba? Al fút­bol lo te­nés que vi­vir, no se pue­de pro­nos­ti­car na­da.

21 ¿Pe­ro no fue una si­tua­ción si­mi­lar a la de Unión, en la que aga­rras­te al equi­po con un pro­me­dio muy ba­jo y te fuis­te al des­cen­so? No. A Unión lo aga­rra­mos a mi­tad del río y con Ta­lle­res hi­ci­mos una pre­tem­po­ra­da. Yo con­fié en aquel plan­tel de Unión, pe­ro no nos ol­vi­de­mos que es­tu­vi­mos 26 días sin en­tre­nar por la inun­da­ción. De­bi­mos prac­ti­car un mes en una can­cha de fút­bol 5; cuan­do se sus­pen­dió el par­ti­do con Cha­ca­ri­ta es­tu­vi­mos 5 días dan­do vuel­tas sin sa­ber qué pa­sa­ba, ha­bía fa­mi­lia­res de los ju­ga­do­res que vi­vían en los te­chos de las ca­sas y ju­ga­do­res, co­mo To­rres y Fer­nán­dez, ais­la­dos, que no po­dían ve­nir.

22 ¿No te preo­cu­pó co­mer­te un se­gun­do des­cen­so? Si re­nun­cia­ba dos fe­chas an­tes del fi­nal, no me co­mía el des­cen­so, pe­ro co­mo soy res­pe­tuo­so de los com­pro­mi­sos, no lo hi­ce. Al ju­ga­dor hay que res­pal­dar­lo en las bue­nas y en las ma­las, y si yo me iba an­tes los es­ta­ba trai­cio­nan­do, más allá de que mi cu­rrí­cu­lum di­ga que me fui al des­cen­so.

23 ¿Por qué, con el mis­mo pre­si­den­te, an­tes te fuis­te y aho­ra vol­vés a la T? Cuan­do me fui en el 2001 se ha­bía ven­ci­do el con­tra­to, y no nos pu­si­mos de acuer­do. Aho­ra sí. Y pen­sé que se po­día ha­cer una bue­na cam­pa­ña.

24 ¿Qué es lo más di­fí­cil en una si­tua­ción co­mo la que vi­ve Ta­lle­res: re­sol­ver las co­sas de aden­tro o las de afue­ra? Lo im­por­tan­te es que la di­ri­gen­cia res­pal­de, o sea, que ten­ga bien a los ju­ga­do­res. Y con­tar con un gran gru­po. No­so­tros fui­mos a Car­los Paz a la pre­tem­po­ra­da, y no ha­bía na­da re­ser­va­do. Ter­mi­na­mos en un ho­tel con ha­bi­ta­cio­nes po­co acor­des pa­ra un plan­tel, ha­bía po­cas pe­lo­tas y el plan­tel nun­ca se que­jó. Ahí te das cuen­ta de que el gru­po vie­ne con una ac­ti­tud po­si­ti­va y es ca­paz de su­pe­rar cual­quier es­co­llo.

25 ¿Por qué el fút­bol cor­do­bés es­tá tan ve­ni­do a me­nos? El país nues­tro es­tá mal ad­mi­nis­tra­do, así que de ahí pa­ra aba­jo… To­da­vía vi­vi­mos con el alam­bre.

26 ¿Por qué nun­ca hu­bo un gran fee­ling en­tre vos y el hin­cha de la T, a pe­sar del cam­pa­ñón del 2000? No sé, pe­ro es­te año es­tá cam­bian­do. Pa­re­ció que de las dos par­tes es­tá­ba­mos co­mo co­que­tean­do y na­die se de­ci­día. Pa­sa­ron dos años, es­tu­vi­mos ale­ja­dos y aho­ra nos ani­ma­mos y nos da­mos al­gu­nos be­sos.

27 Ju­gas­te en Bel­gra­no; di­ri­gis­te a Ra­cing, Ins­ti­tu­to y Ta­lle­res, ¿có­mo ha­cés pa­ra so­bre­vi­vir en Cór­do­ba? Es que nun­ca tu­ve una iden­ti­fi­ca­ción muy gran­de con nin­gu­no. Hoy me sien­to más que­ri­do en Ta­lle­res, no sé qué pa­sa­rá en tres fe­chas.

28 Ju­gas­te en Ri­ver y Bo­ca; co­mo DT pa­sas­te de Ins­ti­tu­to a Ta­lle­res; ¿sos un mer­ce­na­rio? ¿O sos un ti­po que per­dió el ro­man­ti­cis­mo? El ro­man­ti­cis­mo por el fút­bol lo ten­go, por­que yo amo el fút­bol; lo que no ten­go es la pa­sión del hin­cha por la ca­mi­se­ta. Y ja­más me gri­ta­ron “mer­ce­na­rio”.

29 Te ca­sas­te a los 47 años, ¿creís­te que ya ha­bías za­fa­do? Siem­pre pen­sé en te­ner mi pa­re­ja y mis hi­jos, pe­ro al fa­lle­cer mi vie­jo, me hi­ce car­go de mi vie­ja y de mi her­ma­na, y co­mo soy muy ape­ga­do a ellos por la crian­za que tu­ve, el te­ma se fue de­mo­ran­do. Así tra­to de criar a mis hi­jos: que es­te­mos jun­tos, por­que eso ha­ce a las bue­nas per­so­nas y con equi­li­brio emo­cio­nal de gran­des.

30 ¿Y no te sen­tís un po­co el abue­lo de tus hi­jos? No, na­da que ver. Con Juan y Ka­la, me ma­to con los di­bu­jos ani­ma­dos.

31 ¿Por qué tu ami­go Mer­lo si­gue sol­te­ro? Eso lo ten­dría que con­tes­tar él. En los te­mas sen­ti­men­ta­les no nos me­te­mos, ca­da uno por su la­do.

Una epoca. La que marcaron Jota Jota, Merlo y Alonso, aquí con el japonés Pérez.

Una epoca. La que marcaron Jota Jota, Merlo y Alonso, aquí con el japonés Pérez.

 

32 ¿Te trans­for­mas­te en un téc­ni­co de equi­po za­fa­des­cen­sos: Ins­ti­tu­to, Unión, Ta­lle­res? Son las po­si­bi­li­da­des que se me die­ron, no es que des­car­té otras.

33 ¿En Cen­tral fra­ca­sas­te? En Cen­tral creía que lo­gra­ría ar­mar un pro­yec­to se­rio, pe­ro no hu­bo apo­yo de los di­rec­ti­vos. No nos da­ban las co­sas bá­si­cas y tu­ve que ir­me a los 13 par­ti­dos.

34 ¿Qué te fal­tó pa­ra de­sem­bar­car en el fút­bol de Bue­nos Ai­res? Es una pre­gun­ta a la que no le en­cuen­tro res­pues­ta. Al­gún día lle­ga­rá.

35 ¿Te equi­vo­cas­te en al­gu­na de­ci­sión, qui­zás? La gran opor­tu­ni­dad fue con San Lo­ren­zo, a prin­ci­pios del 2001. Ha­bía em­pe­za­do el tor­neo, y se fue Rug­ge­ri. Mie­le me ofre­ció for­tu­nas, pe­ro co­mo yo te­nía con­tra­to fir­ma­do con Ta­lle­res, di­je que no. Hu­bie­se si­do la opor­tu­ni­dad de de­sem­bar­car en Bue­nos Ai­res con un gran plan­tel, pe­ro pri­me­ro es­tán los prin­ci­pios.

36 Mi­rá si se­guías la ru­ta de Pe­lle­gri­ni: cam­peón con San Lo­ren­zo y des­pués a Ri­ver. Nun­ca se sa­be, pe­ro es fá­cil de­cir que uno se equi­vo­có o no des­pués de los he­chos.

37 ¿En al­gún mo­men­to sen­tis­te que te­nías chan­ces de ser el téc­ni­co de Ri­ver? No. Siem­pre pen­sé que ha­bla­ban muy por aba­jo.

38 ¿Creés que al­gún día vas a ser el DT de Ri­ver? Más bien. ¿Por qué voy a li­mi­tar mis sue­ños?

39 ¿Se­guís yen­do a Guer­ni­ca? No, des­pués de la muer­te de mi vie­jo nos fui­mos por­que mi ma­má no que­ría vol­ver y nos ra­di­ca­mos en Bue­nos Ai­res.

40 ¿Al­gu­na vez llo­ras­te por el fút­bol? Me acuer­do so­bre to­do una, en in­fe­rio­res. Ro­ber­to Mar­tín era un mu­cha­cho que ju­ga­ba bár­ba­ro y me ta­pa­ba. Una vez, en Quin­ta, fal­tó, y me di­je­ron que yo iba a ju­gar. Me hi­cie­ron ven­dar, co­sa que no ha­cía nun­ca, y cuan­do me es­ta­ban ma­sa­jean­do lle­gó él: ta­cha­ron la pla­ni­lla y me man­da­ron al ban­co. Fui a ca­sa, me lar­gué a llo­rar y di­je que no vol­vía más. Ahí apa­re­ció Ca­sal, un de­le­ga­do, to­da­vía lo es­toy vien­do: me di­jo que no me lo to­ma­ra a la tre­men­da, que yo te­nía con­di­cio­nes. Y vol­ví.

41 ¿Cuán­do de­jas­te de ser su­plen­te? En Quin­ta, cuan­do lle­gó el Po­la­co Cap y me pu­so. En el 68 es­ta­ba An­gel y em­pe­cé a ju­gar en Ter­ce­ra. En el 69 An­gel ya me que­ría ha­cer de­bu­tar, pe­ro es­ta­ba Da­niel, su hi­jo, que ju­ga­ba un fe­nó­me­no. Pe­ro en esa épo­ca, la gen­te ve­nía a ver a la Ter­ce­ra: cuan­do ju­gá­ba­mos es­ta­ba la mi­tad de la can­cha lle­na. Ba­ri­sio o Quin­ta­ba­ni; Zu­ca­ri­ni, Pe­lle­ra­no, Daul­te, Gius­toz­zi; yo, Ba­nón, Bo­ni­ni; Luis Mar­tí­nez, Gra­na­to y An­zar­da o Ghi­so. Equi­pa­zo.

42 ¿Por qué no ju­gas­te el Mun­dial 78? Por una de­ci­sión ex­clu­si­va­men­te mía. Pun­to y apar­te. Lo que di­go es que yo nun­ca re­nun­cié a la Se­lec­ción.

43 ¿Ha­blas­te del te­ma al­gu­na vez con Me­not­ti? No, uno de los erro­res de mi vi­da fue ése, por eso no quie­ro ha­blar más de ese te­ma pun­tual.

44 ¿Lo per­do­nas­te? No lo juz­go: ca­da uno es co­mo es y de­be acep­tar al otro.

45 ¿Has­ta cuán­do tu­vis­te ilu­sio­nes de ju­gar ese Mun­dial? El día que me fui y tu­ve la úl­ti­ma reu­nión con el cuer­po téc­ni­co, in­te­rior­men­te di­je: “No vuel­vo nun­ca más”. Fue cuan­do se de­ci­dió, de co­mún acuer­do, que de­sis­tía­mos de la Se­lec­ción va­rios mu­cha­chos de Ri­ver y de Bo­ca.

 

En la Selección jugó sólo 2 veces.

En la Selección jugó sólo 2 veces.

 

46 ¿Có­mo de­fi­ni­rías tu pa­so por Bo­ca, en 1983? Un mo­men­to de mi vi­da fut­bo­lís­ti­ca co­mo pro­fe­sio­nal.

47 ¿Te arre­pen­tís? No.

48 ¿Quién fue el dia­blo que me­tió la co­la? En rea­li­dad ha­bría que pre­gun­tar “¿quién fue el dia­blo que me­tió la co­la cuan­do me echa­ron de Ri­ver?”. El des­ti­no te lle­va a to­mar de­ci­sio­nes. Y yo ve­nía muy gol­pea­do.

49 ¿A quién qui­sis­te res­pon­der­le con ese ges­to? Di­je­ron que me die­ron el pa­se li­bre co­mo un pre­mio, pe­ro por atrás co­men­ta­ban que no po­día ju­gar nun­ca más a la pe­lo­ta. En­ci­ma me en­su­cia­ron de atrás. Pa­ra mí era sa­car to­do el odio que te­nía aden­tro.

50 ¿Ara­gón Ca­bre­ra que­ría lim­piar to­do lo vin­cu­la­do a La­bru­na? Con el co­ra­zón más cal­mo lo po­dés en­ten­der, pe­ro en ese mo­men­to, na­da.

51 ¿Por qué em­pe­zó la pe­lea con Ara­gón? An­tes de un par­ti­do con el Cos­mos en EE.UU. Co­mo sa­bía­mos que exis­tía una cláu­su­la por la que si no via­já­ba­mos, Ri­ver debía pa­gar un pa­lo, pe­di­mos al­go; él nos tra­tó mal, y di­ji­mos que no via­já­ba­mos. Ahí hu­bo 4 o 5 que que­da­mos mar­ca­dos de por vi­da. No ha­bla­mos nun­ca más con él, fue­ron co­mo 5 años. Se creó una Co­mi­sión de Fút­bol con No­her y Kip­per, y pa­sa­mos a arre­glar to­do con ellos.

52 ¿Con­sul­tas­te a La­bru­na an­tes de ir a Bo­ca? Ha­blé a ver si es­ta­ba la opor­tu­ni­dad de se­guir con él en Ar­gen­ti­nos, pe­ro no se pu­do. Cuan­do ba­jé de arre­glar con Bo­ca vi­no Sa­po­ri­ti a bus­car­me pa­ra Lo­ma Ne­gra: me da­ban el do­ble de Bo­ca y en la ma­no, pe­ro fue tar­de.

Produccion para El Gráfico, en Mar del Plata, cuando se hizo su pase a Boca.

Produccion para El Gráfico, en Mar del Plata, cuando se hizo su pase a Boca.

 

53 ¿No creés que por esa de­ci­sión se te va a ha­cer im­po­si­ble ser téc­ni­co de Ri­ver al­gún día? Que di­gan que no ten­go con­di­cio­nes pa­ra di­ri­gir a Ri­ver, lo pue­do acep­tar, pe­ro que di­gan que por­que me pu­se la ca­mi­se­ta de Bo­ca no pue­do, se­ría su­bes­ti­mar la in­te­li­gen­cia del hin­cha de Ri­ver.

54 ¿Qué re­cor­dás de la lle­ga­da de La­bru­na en el 75? Nos dio “fi­lo” que al Be­to, Mos­ta­za y a mí nos ce­día a In­de­pen­dien­te. Lo fui­mos a en­ca­rar. El nos con­tes­tó: “Si us­te­des co­rren y me­ten, van a ju­gar. ¿Quie­ren sa­lir cam­peón?” Y nos de­jó.

55 Un gran ca­bu­le­ro, La­bru­na. Un mons­truo, se acor­da­ba de to­do lo que ha­bía que ha­cer an­tes de los par­ti­dos. Yo usaba una pul­se­ra que un día se me rom­pió, no me la pu­se, y per­di­mos. Al día si­guien­te ca­si me ma­ta y me hi­zo ju­gar con una mu­ñe­que­ra, pa­ra que no se me sa­lie­ra. Des­pués te­nía otra ca­de­ni­ta en el cue­llo que debía dársela an­tes de comenzar. A ve­ces me ol­vi­da­ba, y empezaba a los gri­tos. “¿Qué pa­sa, An­gel, si van cin­co mi­nu­tos?”, le de­cía yo. Te­nía que ir y sa­cár­me­la.

56 Tam­bién te eli­gió a vos pa­ra me­ter el gol con el ar­co va­cío. Sí, cuan­do se fue Mo­re­te. Una vez, el In­dio So­la­ri man­dó a dos pi­bes al­can­za­pe­lo­tas, uno a ca­da pa­lo, y cuan­do pa­teé se ti­ra­ron pa­ra ata­jar­la. An­gel se que­ría ma­tar. Des­pués, ca­da vez que te­nía­mos a So­la­ri co­mo DT ri­val, me arri­ma­ba bien y le me­tía un pun­ta­zo a los pi­bes en la ca­ra.

57 ¿Vos he­re­das­te esas cá­ba­las? Al­gu­nas.

58 Una anéc­do­ta de La­bru­na. La de la cor­ba­ta, cuan­do fui­mos a ju­gar la fi­nal del Na­cio­nal 79 con Unión. Ve­nía­mos en el mi­cro, el Pa­to me tra­jo una cor­ba­ta, me di­jo que era de otro, y yo la ti­ré por la ven­ta­na. Cuan­do ba­ja­mos en Pa­ra­ná, An­gel em­pe­zó a gri­tar “la cor­ba­ta, hi­jos de pu­ta, no me ha­gan esas jo­das con la cor­ba­ta, que sa­ben lo que sig­ni­fi­ca pa­ra mí”. ¡El qui­lom­bo que ar­mó! Yo me acor­da­ba de que la ha­bía ti­ra­do apenas salíamos del tú­nel, así que fui­mos con el Be­to en ta­xi y la en­con­tra­mos.

Su padre futbolístico, Angel Labruna, y el rito de una cábala: pedirle la cadenita antes del partido.

Su padre futbolístico, Angel Labruna, y el rito de una cábala: pedirle la cadenita antes del partido.

 

59 ¿Por qué no pu­die­ron nun­ca ga­nar la Co­pa? La gran chan­ce la tu­vi­mos en el 76, pe­ro lle­ga­mos con me­dio equi­po al de­sem­pa­te con Cru­zei­ro, en­tre le­sio­na­dos y sus­pen­di­dos. A mí me ha­bían echa­do en la re­van­cha, fue una gran im­po­ten­cia.

60 ¿Tu­vie­ron mie­do de que se les es­ca­pa­ra el Me­tro 75, cuan­do al fi­nal per­die­ron va­rios par­ti­dos? El mie­do exis­tía, pe­ro hi­ci­mos reu­nio­nes con los más gran­des pa­ra ale­jar los fan­tas­mas y eso nos ter­mi­nó dan­do for­ta­le­za y tem­ple.

61 ¿Có­mo fes­te­jas­te el día que sa­lie­ron cam­peo­nes des­pués de 18 años? Es­tá­ba­mos con bron­ca, por­que el gre­mio ha­bía dis­pues­to un pa­ro, que to­da­vía hoy no sé por qué se hi­zo. Así que de ca­lien­te es­cu­ché el par­ti­do por ra­dio y me fui a dor­mir. Por eso dis­fru­té más el Na­cio­nal que el Me­tro.

62 ¿Ar­gen­ti­nos del 84/85 ju­ga­ba me­jor que el Ri­ver de los 70? Ri­ver 75 no se pue­de com­pa­rar con na­da por la pre­sión con la que ju­gá­ba­mos. Hu­bo his­to­rias de bru­jas, psi­có­lo­gos, de to­do. Esa pre­sión no la tu­vo nun­ca na­die en la his­to­ria.

63 ¿Có­mo fue pa­tear un pe­nal en la In­ter­con­ti­nen­tal Ar­gen­ti­nos-Ju­ven­tus? Es­tu­ve en el ban­co, con tres gra­dos ba­jo ce­ro y llo­viz­na, el agua nos lle­ga­ba arri­ba de los to­bi­llos. Te­nía los pies con­ge­la­dos. Fal­tan­do dos mi­nu­tos pa­ra el fi­nal del alar­gue, Yu­di­ca me di­ce: “Juan, en­tre”. “¿Adón­de?”, le di­go. “En­tre y va a pa­tear un pe­nal”. “Pe­ro si es­toy con­ge­la­do”. En­tré y lo hi­ce, pe­ro ja­más me en­te­ré que ha­bía pa­tea­do la pe­lo­ta. No la sen­tí.

En 1985 ganó con Argentinos la Libertadores que no pudo con River.

En 1985 ganó con Argentinos la Libertadores que no pudo con River.

 

64 ¿Con Yu­di­ca te lle­va­bas bien? Me vol­vía lo­co, pe­ro lo apre­cio mu­cho. Una vez, con­tra el Vas­co, me hi­zo en­trar al fi­nal. Los ban­cos de su­plen­tes es­tán de­trás de los ar­cos. Cuan­do lle­gué al me­dio, se ter­mi­nó el par­ti­do. Lo que­ría ma­tar.

65 ¿Cuán­do co­no­cis­te a Mer­lo? Nos fui­mos a pro­bar a Ri­ver el mis­mo día, con nueve años. Y los dos de “9”. Des­pués Peu­ce­lle nos cam­bió las po­si­cio­nes. De­cía que te­nía mu­cho des­plie­gue y que co­rrien­do des­de atrás iba an­dar me­jor. Un mons­truo, Peu­ce­lle, maes­tros co­mo él se per­die­ron.

66 ¿En la ha­bi­ta­ción que com­par­tías con Mer­lo se co­ci­na­ba to­do? Le de­cía­mos Ka­rim, que era el nom­bre de un ca­ba­ret. El que no conciliaba el sue­ño ve­nía a nues­tro cuar­to. Una vuel­ta me dor­mí pri­me­ro que él, de­ja­mos una te­le en el me­dio, él se des­per­tó con pe­sa­di­llas y la ti­ró con­tra la pa­red. A par­tir de ahí te­nía que can­tarle el arro­rró y de­jar la luz pren­di­da. Aho­ra, gra­cias a Mer­lo, ten­go que acos­tar­me con la luz encendida, si no, no duer­mo.

67 ¿Mos­ta­za ha­cía el tra­ba­jo su­cio pa­ra que vos y el Be­to se lle­va­ran los aplau­sos? Siem­pre nos car­ga y di­ce que le co­mi­mos los pul­mo­nes, que por eso te­nía una fo­to de nosotros en su me­si­ta de luz.

68 ¿Por qué tu­vis­te pro­ble­mas con pe­rio­dis­tas de Cór­do­ba en la an­te­rior eta­pa en la T? Ya pa­só. Nun­ca me que­jé, pe­ro creo que ten­drían que ha­ber apo­ya­do más a un equi­po que le pe­leó ma­no a ma­no el tor­neo a Ri­ver y Bo­ca co­mo Ro­bin Hood.

69 Un gol. El úl­ti­mo a Bo­ca ju­gan­do pa­ra Ri­ver, des­de 40 me­tros, a la Pan­te­ra Ro­drí­guez.

70 El día que más go­zas­te en el fút­bol. El 3-1 a Bo­ca, en Ra­cing, por el Na­cio­nal 71. Se le­van­tó la huel­ga, Bo­ca ju­gó con los ti­tu­la­res, y Di­dí man­tu­vo a los ama­teurs. Ade­más, co­mo ha­bía una pe­lea de fon­do por la huel­ga, nos ti­ra­ban a ma­tar. No sa­bés lo que era Ro­gel…

71 El par­ti­do que más te do­lió per­der. La fi­nal con Bo­ca del Na­cio­nal 76. Esa no­che ca­si ha­go el gol que des­pués le hi­ce a la Pan­te­ra. Co­mo sa­bía que Gat­ti se ade­lan­ta­ba, le pa­teé des­de mi­tad de can­cha. Se le me­tía en el án­gu­lo, pe­ro la sa­có. Des­pués, de com­pa­ñe­ros en Bo­ca, me co­men­tó: “Fue la vez que más me do­lió cuan­do me ti­ré”. “Si nun­ca te ti­rás, bo­lu­do”, le di­je. “¿Qué que­rés?… Era una fi­nal”, ter­mi­nó el Lo­co.

72 ¿Có­mo fue­ron tan ver­des pa­ra que Su­ñé los dur­mie­ra con un ti­ro li­bre mien­tras ar­ma­ban la ba­rre­ra? Es la pi­car­día del ju­ga­dor. Por eso di­go que el ju­ga­dor es el real pro­ta­go­nis­ta de to­do. Cuan­do te­nés ju­ga­do­res in­te­li­gen­tes, ahí no va­len los di­bu­jos tác­ti­cos, no va­le na­da.

73 Una frus­tra­ción. Nin­gu­na, no tu­ve.

74 Tu ído­lo de la in­fan­cia. El In­dio So­la­ri y Er­min­do One­ga. Uno por el amor que sen­tía por el fút­bol y el otro por la be­lle­za con que ju­ga­ba.

75 Un par de de­fi­ni­cio­nes: Di­dí. Me de­jó en­se­ñan­zas: la pe­ga­da a la pe­lo­ta, có­mo pa­rar­la con el pe­cho, có­mo des­pren­der­te li­ge­ro.

76 Cóp­po­la. Un ti­po que pu­do ha­ber te­ni­do más po­der en el fút­bol y que en su mo­men­to acon­se­jó siem­pre bien a los ju­ga­do­res. Con­mi­go lo hi­zo.

77 Mar­chet­ta. Una po­si­bi­li­dad de tra­ba­jo im­por­tan­te. Le es­toy agra­de­ci­do por la ex­pe­rien­cia que vi­ví con él. Ha­ce mu­cho que no ha­blo.

78 ¿Qué di­fe­ren­cias hay en­tre Ri­ver y Bo­ca? Hoy no sé si hay tan­ta di­fe­ren­cia, por­que el hin­cha de Ri­ver apren­dió a ser apa­sio­na­do. An­tes es­ta­ba des­creí­do por los 18 años de frus­tra­cio­nes, y eran de ex­trac­tos di­fe­ren­tes, hoy ya no.

 

Con Palito Ortega.

Con Palito Ortega.

 

79 ¿Có­mo te tra­ta­ron en Bo­ca al ser un sím­bo­lo de Ri­ver? Yo siem­pre di­je que fui de Ri­ver. Me acuer­do de que el Abue­lo me habló: “Ne­gro, te ban­ca­mos a muer­te por­que vi­nis­te de fren­te”.

80 ¿Por qué em­pe­zó tu amis­tad con Ma­ra­do­na? Co­mo gen­te de fút­bol nos en­con­tra­mos en un ca­fé, des­pués ju­gan­do en con­tra, ha­bía un gran res­pe­to. En el 87 fui de pa­seo a Ita­lia con Cop­po­la, y Die­go me qui­so lle­var a Fiu­mi­ci­no a ha­cer el cur­so de téc­ni­co: eran seis me­ses in­ten­si­vos, el me­jor cur­so del mun­do. Te­nía que es­tar de lu­nes a vier­nes aden­tro y só­lo sa­lía el fin de se­ma­na. Ni lo­co.

81 ¿Cuán­do de­ci­dis­te ser DT? A la vuel­ta de ese via­je. El que más me in­sis­tió pa­ra ha­cer el cur­so fue Mos­ta­za, yo no que­ría sa­ber na­da. Por suer­te, siem­pre me con­ven­cieron de co­sas bue­nas.

82 ¿Qué es la ca­ma­ri­lla? Un gru­po de gen­te que se jun­ta con un buen ob­je­ti­vo. Los di­ri­gen­tes la tie­nen mal vis­ta por­que pe­lean por lo su­yo.

83 ¿Cuál creés que es tu prin­ci­pal vir­tud co­mo DT? El equi­li­brio emo­cio­nal y dar­le el pro­ta­go­nis­mo a un ju­ga­dor.

84 ¿No son muy po­cos dos par­ti­dos en la Se­lec­ción pa­ra un ju­ga­dor de tu ca­te­go­ría? Sí, no es na­da. Yo arran­qué en el 70 con Piz­zu­ti, y mu­chos ha­bla­ban de la pro­yec­ción que te­nía, tam­bién es­tu­ve con Sí­vo­ri. Ya fue.

85 ¿Con Alon­so se en­ten­dían con ges­tos­? De me­mo­ria. Has­ta in­ven­ta­mos una ju­ga­da: en un ti­ro li­bre, él me le­van­ta­ba la pe­lo­ta de za­pa­ti­lla, y yo le da­ba de vo­lea. Así le me­ti­mos un gol a Bo­ca, pe­ro no la pu­di­mos re­pe­tir por­que, por re­gla­men­to, la pe­lo­ta te­nía que gi­rar so­bre sí mis­ma.

86 ¿Có­mo fue vi­vir tan­tos años con dos mu­je­res en tu ca­sa? Per­fec­to, por­que so­mos muy ape­ga­dos. In­clu­so hoy, mi her­ma­na es­tá ca­sa­da y si­gue vi­vien­do con mi vie­ja.

87 El me­jor ju­ga­dor ar­gen­ti­no hoy. Ai­mar es la sín­te­sis del fút­bol: ta­len­to, pa­no­ra­ma, cam­bio de rit­mo, gol.

88 El me­jor DT ar­gen­ti­no de la ac­tua­li­dad. Mos­ta­za: sa­có cam­peón a Ra­cing des­pués de 35 años.

89 De qué club son hin­chas tus hi­jos. De Ri­ver y de Ta­lle­res.

90 ¿No ju­gar en el ex­te­rior fue una cuen­ta pen­dien­te? No, en la Ar­gen­ti­na ten­go to­do lo que me ha­ce fe­liz.

91 Lo que más y lo que me­nos te gus­ta ha­cer co­mo pa­dre. Lo que más me gus­ta es dar­les una dis­ci­pli­na de vi­da. Ka­la no quie­re que mi se­ño­ra la cam­bie, quie­re que lo ha­ga yo, y eso me ma­ta.

La noche de Buenos Aires, un café y la charla que se prolonga hasta bien tarde, un rito del Negro López.

La noche de Buenos Aires, un café y la charla que se prolonga hasta bien tarde, un rito del Negro López.

 

92 ¿El fut­bo­lis­ta de hoy se des­con­tro­la más que el de an­tes? El de hoy cuenta con más po­si­bi­li­da­des de de­se­qui­li­brar­se, tie­ne to­do más fá­cil. An­tes, só­lo ha­cían la di­fe­ren­cia, en fa­ma y pla­ta, los de Bo­ca y Ri­ver. Hoy ju­gás en Ries­tra y te ha­cen no­tas.

93 ¿Sos de se­guir a tus di­ri­gi­dos en sus vi­das pri­va­das? Me gus­ta ave­ri­gu­ar, y pri­me­ro les pre­gun­to a ellos. Yo ten­go un le­ma: mu­cho es ma­lo y po­co es ma­lo, hay que ser equi­li­bra­do.

94 ¿Vis­te al­gún ju­ga­dor que te hi­cie­ra acor­dar a Jo­ta Jo­ta? Es que ni yo sé có­mo ju­ga­ba, por­que no ha­bía TV. El otro día vi un Ri­ver-Bo­ca, y pen­sé: ¡qué len­to era! El que más se me pa­re­ce, creo, es Ve­rón. Pa­ra mí es “8”, aun­que a ve­ces va de en­gan­che, por­que tie­ne fa­ci­li­dad pa­ra ju­gar de es­pal­das. A mí me cos­ta­ba ju­gar de es­pal­das al ar­co.

95 El me­jor “8” que vis­te en el fút­bol ar­gen­ti­no. Er­min­do, que en Ri­ver ju­gó de “8”.

96 ¿So­ñás ju­gar una Co­pa con Ta­lle­res? La vez pa­sa­da cla­si­fi­cas­te al equi­po, pe­ro te tu­vis­te que ir. Acá el ob­je­ti­vo es za­far del des­cen­so. Pa­ra ha­cer­lo, hay que su­mar mu­chos pun­tos. Y si su­ma­mos mu­chos pun­tos, en­tra­re­mos en al­gu­na Co­pa, por­que en el tor­neo pa­sa­do se an­du­vo bien.

97 ¿Con Ca­rras­co ha­bía pi­ca en el plan­tel de Ri­ver? No, él nos acla­ró que que­ría ju­gar y su pro­ble­ma era con La­bru­na. Un día fue a pa­tear un cor­ner, le mar­ca­ron que en­tra­ba Lu­que por él y man­dó la pe­lo­ta a la Cen­te­na­rio. Ahí sí nos ca­len­ta­mos y tu­vi­mos una reun­ión con él, por­que ha­bía un com­pa­ñe­ro en el me­dio. Y pi­dió dis­cul­pas.

98 ¿No hu­bo com­pa­ñe­ros que se aga­rra­ron a trom­pa­das con él? Sí, pe­ro sa­bés las de trom­pa­das que tu­vi­mos. El Pa­to, una vez, me hi­zo una bro­ma y co­mo jus­to le ha­bían he­cho un gol ton­to, le con­tes­té: “¿Por qué no la aga­rras­te el do­min­go?”. Y ahí vi­no la bes­tia y se ar­ma­ron las trom­pa­das. Es­tu­vi­mos un buen tiem­po pe­lea­dos.

99 ¿Y con la gen­te, an­tes del 75, có­mo era la re­la­ción? Los de otros clu­bes te de­cían “ga­lli­na”, así que nos aga­rrá­ba­mos a trom­pa­das en to­dos la­dos. Si ten­dre­mos ba­ta­llas en­ci­ma con Mos­ta­za…

100 ¿Ga­na­ban o per­dían? Lo im­por­tan­te era pe­lear­se.

 

 

Por Diego Borinsky  

Fotos: Alejandro Del Bosco y Archivo El Gráfico.

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