¡Habla memoria!

Historia del fútbol argentino, por Juvenal. Capítulo XI (1950-1956)

Por Redacción EG · 19 de noviembre de 2019

A pesar de Banfield, Racing es tricampeón; Argentina juega con los ingleses: pierde en Wembley y gana en Buenos Aires. Triunfan el Boca de Borello y el nuevo River. El ataque Rojo es un infierno.

Como si fuera el presagio de una prematura declinación, el tango perdió en 1951 a dos de sus mejores letristas: Homero Manzi —en mayo— y Enrique Santos Discépolo, el 23 de diciembre. Época de cambios, a Buenos Aires llegaron los cigarrillos importados —Lucky Strike, Pall Mall, Philips Monis y Chesterfield—, y tras ellos, muy resistida al principio, la Coca Cola. También la televisión, que cambiaría las costumbres de la vida hogareña. El primer partido de fútbol televisado fue en 1951, un San Lorenzo-River, en el Gasómetro.

 

La primera cámara en un estadio.

La primera cámara en un estadio.

 

Yácono y Farro en primer plano, atrás Maravilla. Fue la primera televisación.

Yácono y Farro en primer plano, atrás Maravilla. Fue la primera televisación.

 

Los años cincuenta

El deporte tenía su abanderado en Juan Manuel Fangio, quien inició en 1951 una serie triunfal. Campeón de lo que es hoy la Fórmula 1 —entonces se llamaba de máquinas especiales—, repitió ese halago en 1954, 1955, 1956 y 1957. La esperanza de que el ídolo del boxeo, José María Gatica, triunfara en la meta, que era el Madison Square Garden, de Nueva York, la truncó el norteamericano Ike Williams con un cross al mentón en el primer round. El maestro Fioravanti lamentó, esa noche, haber recorrido casi 12.000 kilómetros para relatar menos de tres minutos de pelea. Después, en ese mismo estadio, Eduardo Knock Out Lausse cumplió actuaciones que despertaron euforia, pero el primer título de campeón mundial de boxeo para la Argentina lo tuvo que ir a buscar Pascualito Pérez —campeón olímpico en 1948— a un lugar entonces lejano y exótico: Tokio. Allí, el 26 de noviembre de 1954 derrotó a Yoshio Shirai.

Fangio corriendo el Gran Premio de España, en Barcelona. 1951.

Fangio corriendo el Gran Premio de España, en Barcelona. 1951.

En la década del cincuenta Argentina sumó, por última vez, una medalla de oro en los Juegos Olímpicos. La obtuvieron, en Helsinki (1952), los remeros Guerrero y Capozzo. A pesar de la televisión —todavía no difundida masivamente—, fueron años de radio con éxitos que persistían como Felipe, con Luis Sandrini, o el Zorro, de Pepe Iglesias.

 

Un chico agrandado

El comienzo de la década del cincuenta se vistió de albiceleste. Racing también ganó el campeonato de 1951 y se convirtió en el primer equipo que consiguió ese halago en la era profesional. No le fue fácil. Ese año, por primera vez en la historia, uno de los llamados clubes chicos alcanzó, también, a terminar en el primer puesto: Banfield. Tenía una defensa de hierro que mantuvo invicta su cancha.

Escena de la primera final de 1951 disputada entre Banfield y Racing. El jugador de Banfiel rechaza con una chilena.

Escena de la primera final de 1951 disputada entre Banfield y Racing. El jugador de Banfiel rechaza con una chilena.

  
EL GRAFICO hacía una página especial en la primera página del número, en este caso: Higinio García y Luis A. Bagnato, zaguero derecho de Racing e izquierdo de Banfield, capitanes de sus respectivos equipos durante la temporada de 1951.

EL GRAFICO hacía una página especial en la primera página del número, en este caso: Higinio García y Luis A. Bagnato, zaguero derecho de Racing e izquierdo de Banfield, capitanes de sus respectivos equipos durante la temporada de 1951.

La integraron: Graneros; Ferreti y Bagnatto; Caparelli, Mouriño y D'Angelo. La definición fue espectacular. Cuando faltaban sólo tres fechas, Banfield aparecía como el seguro campeón del año: llevaba tres puntos de ventaja sobre Racing. Pero en esa anteúltima fecha le tocó ir a San Martín y Chacarita lo venció 2 a 1, con un gol del centrodelantero Nápoli en el último minuto. Esa tarde, Racing derrotó a San Lorenzo (2-1) y se acercó a un punto. A dos fechas del final la tabla se daba vuelta: ahora la chance era de Racing. Banfield quedaba libre en la anteúltima fecha y Racing jugaba contra Atlanta, que estaba en los últimos puestos. Simes hizo un gol pero igualó Dupuy. El partido terminó 1 a 1 en Villa Crespo, y de ese modo Banfield y Racing llegaron cabeza a cabeza a la última fecha, que fue de fácil definición para los dos: Banfield le ganó 5 a 0 a Independiente y Racing 5 a 3 a Lanús. Correspondía jugar dos partidos de desempate que se disputaron en la cancha de San Lorenzo.

 

El primer tricampeón

Y como era de esperar, se jugó a estadio lleno. De un lado la hinchada de Racing; del otro, todas las de los clubes chicos que apuntalaban a uno de los suyos. El 1° de diciembre se jugó el primero de los dos partidos y terminó 0 a 0. La paridad era total. También en el segundo, que se jugó el 5 de ese mismo mes. Pero casi en el comienzo de la segunda etapa, al minuto de juego, Boyé demostró por qué lo llamaban "el Atómico" y clavó un balazo en el arco de Graneros: 1 a 0 y Racing Campeón.

Racing, el campeón. Parados: Giménez, H. García, G Stábile, Grisetti, Rastelli, García Pérez y Gutiérrez. Agachados: Boyé, Ameal, Bravo, Simes y Sued.

Racing, el campeón. Parados: Giménez, H. García, G Stábile, Grisetti, Rastelli, García Pérez y Gutiérrez. Agachados: Boyé, Ameal, Bravo, Simes y Sued.

  
Un pase de Bravo a Ameal, éste que "chanflea" la pelota hacia la derecha y Boyé que conecta un taponazo impresionante batiendo a Graneros al minuto de juego de la segunda etapa. Así fue el gol que acordó a Racing la victoria en el segundo partido y por ende el tricampeonato para la Academia.

Un pase de Bravo a Ameal, éste que "chanflea" la pelota hacia la derecha y Boyé que conecta un taponazo impresionante batiendo a Graneros al minuto de juego de la segunda etapa. Así fue el gol que acordó a Racing la victoria en el segundo partido y por ende el tricampeonato para la Academia.

¿Qué tenía el tricampeón? Un equipo bien compensado: Fuerza, lucha, calidad, talento. Un goleador de raza, Llamil Simes, que en esos tres años convirtió 59 goles. Un eximio cabeceador, un centrodelantero que las sabía y las hacía todas con elegancia: Rubén Bravo, "el maestro". Y Tucho Méndez, ya casi una leyenda. En ese 1951 alternaron con ellos Manuel Blanco y Ameal para sumar su juventud a un equipo ya armado.

 

En la cuna del fútbol

Otro acontecimiento histórico que se produjo en 1951 fue la presentación, por primera vez, de la selección argentina en las Islas Británicas. Valentín Suárez, presidente de la AFA, propició la salida del aislamiento internacional que había alejado a la Argentina y concertó un partido en Inglaterra y otro en Irlanda del Norte. Era toda una aventura. Nunca, ningún argentino había pisado el césped de Wembley, "la catedral del fútbol". Frente a Inglaterra, Boyé puso en ventaja a la Argentina, con uno de sus clásicos cabezazos al recibir un centro de Labruna: 1 a0 y a aguantar. Después se lesionaron Bravo y Loustau. No se los podía reemplazar. Inglaterra se vino encima, atacó y atacó. En el arco argentino, Miguel Rugilo, el arquero de Vélez, se convirtió, de ahí y para siempre, en "el león de Wembley", a pesar de lo cual el partido lo ganó Inglaterra por 2 a 1. Tres días más tarde llegó la revancha: Argentina derrotó a Irlanda del Norte 1 a 0 con gol de Labruna.

Rugilo fue la gran figura del primer encuentro entre Inglaterra y Argentina.

Rugilo fue la gran figura del primer encuentro entre Inglaterra y Argentina.

 

Apertura de un ciclo brillante

La primacía en el fútbol argentino cambió de tonalidad en 1952. Racing no pudo repetir y terminó conformándose con el segundo puesto, a un punto de distancia del nuevo campeón, que iniciaba, de esa forma, el ciclo más brillante de su ya rica historia. Ese campeón era River Plate. De sus viejas glorias del cuarenta quedaban su pareja izquierda en el ataque: Labruna y Loustau, de quienes se llegó a decir que "sus cuatro pies parecían manejados por un solo cerebro". Lo dijo Calé, que era el seudónimo del dibujante Alejandro del Prado, creador en las páginas de Rico Tipo de "Buenos Aires en camiseta", donde desnudaba las pasiones cotidianas del porteño.

Así como Racing le había dado casi a perpetuidad la dirección técnica de su equipo a Guillermo Stábile —a la vez seleccionador nacional—, River le confió esa función a un crack de su vieja escuela: José María Minella. Su primer éxito fue el campeonato de 1947, pero después, la huelga y el éxodo le diezmaron el equipo. Recién en 1952 consiguió armar otro como correspondía a su gusto: con cada pieza en su lugar. Lo hizo incorporando a la primera división a Eliseo Prado, un insider de las inferiores que se convertiría en el complemento ideal para un ataque que tenía en "Guito" Vernazza —adquirido a Platense— un wing goleador, a Walter Gómez en la plenitud de su rendimiento, dejando la estela imborrable de su calidad en el juego corto, en los espacios reducidos, el pique corto y la precisa pegada. Mientras, los próceres Labruna y Loustau hacían el resto.

Vernazza es el protagonista de la tapa de El Gráfico del número 1734, la cual salió a la venta el día 31 de octubre de 1952.

Vernazza es el protagonista de la tapa de El Gráfico del número 1734, la cual salió a la venta el día 31 de octubre de 1952.

Este River, con Amadeo Carrizo en el arco, Alfredo Pérez y Soria en la zaga y Yácono —en su última temporada—, Venini y Ferrari en la línea media, se consolidó durante el desarrollo de una gira memorable por Europa que comenzó en diciembre de 1951 y terminó en febrero de 1952. En su transcurso, River jugó 14 partidos en España, Suiza, Italia, Francia, Inglaterra y Portugal. Ganó 6, empató 7 y perdió uno solo, ante el Atlético de Bilbao, en un medio totalmente anormal como era, para la época y para los equipos argentinos, un campo cubierto de lodo y nieve. La gira terminó con un triunfo por 4 a 3 sobre el Manchester City, el primero de un equipo de club argentino en Inglaterra.

El campeonato de 1952 mostró a Ricagni, con 27 tantos, al tope de la tabla de goleadores y ratificó la eficacia del ataque de Independiente.

Angel Labruna fue tapa de El Gráfico el 6 de noviembre de 1953.

Angel Labruna fue tapa de El Gráfico el 6 de noviembre de 1953.

El mismo River con sólo dos cambios, Oscar Mantegari por Yácono y Gilberto Pascasio Sola por Ferrari, fue el campeón de 1953 con cuatro puntos de diferencia sobre Vélez Sarsfield, clasificado segundo. La novedad de esa temporada, el goal average, envió al descenso por primera y única vez hasta hoy a Estudiantes de La Plata, que alcanzó un promedio de 0,625 entre goles a favor y en contra, apenas un poquitito menos que Newell's (0,68). Los goleadores del año fueron José Armando Benavídez, un lujo de centreforward que jugaba en San Lorenzo, y Juan José Pizzuti, entonces en Racing, los dos con 22 tantos.

Si en 1951 el aislamiento internacional terminó con una visita a las Islas Británicas, a fines de 1952 la Selección Argentina viajó a España y Portugal, para enfrentar a los equipos nacionales de esos países. Fueron dos partidos duros, definidos a favor. Contra España 1 a 0, con gol del Beto Infante, y ante Portugal por 3 a 1 (Labruna 2 y Loustau). El equipo argentino se integró con Mussimessi; Allegri y García Pérez; Lombardo, Mouriño y Gutiérrez; Vernazza, Méndez (Grillo), Infante, Labruna y Loustau.

 

Los diablos de Independiente

Fueron diablos, de verdad, en Independiente y en la Selección Nacional, cuando Stábile decidió que los cinco enfrentaran a Inglaterra y España en 1953. Michelli, Cecconato, Lacasia, Grillo y Cruz aparecieron juntos, por primera vez, en la fecha inicial del campeonato de 1952. Jugaron, en total, 30 partidos. Veintisiete de ellos para Independiente, marcando 53 goles, a un promedio de 1,96 por partido. Cuatro, en el equipo nacional. Son el argumento permanente para aquellos que sostienen que la base de todo equipo es el equilibrio. Los cinco eran distintos, pero juntos se complementaban a la perfección. El cerebro era Lacasia, un cordobés pachorriento, que parecía no tener nervios pero sí, en cambio, una lucidez excepcional. Cecconato era el motor, la hormiguita viajera", como alguien lo calificó. Grillo, la habilidad y la cuota de fuerza. Michelli, el oportunismo. Cruz, la velocidad. De los cinco, y por distintas razones —entre otras la permanencia en el más alto nivel competitivo—, la patente de crack quedó para Ernesto Grillo. Pero fueron muy buenos los cinco.

Rodolfo Micheli, Osvaldo Cruz, Carlos Cecconato, Ernesto Grillo y Ricardo Bonelli posan para El Gráfico en 1953.

Rodolfo Micheli, Osvaldo Cruz, Carlos Cecconato, Ernesto Grillo y Ricardo Bonelli posan para El Gráfico en 1953.

Con Lacasia como centreforward jugaron 30 partidos, está dicho, pero enseguida se sumó un hombre de alternativa, que prolongó el éxito de la línea de ataque por muchos años más. Ese hombre fue Ricardo Bonelli. Lacasia se fue del equipo en 1954 y entonces Bonelli, que tenía otras características porque en lugar de inteligencia aportaba chispa, ingenio y malabarismo, se convirtió en el eje del ataque. Esa delantera: Michelli, Cecconato, Bonelli, Grillo y Cruz jugó 50 partidos para Independiente, convirtiendo 104 goles (2,08 de promedio). En la Selección, en cuatro partidos marcaron 14 goles (3,50).

En el verano 53-54, con Bonelli como titular, Independiente mostró al mundo la eficacia de su ataque. Se fue de gira a Europa y goleó al Real Madrid 6 a 0, al Valencia 3 a 0, al Atlético de Madrid 5 a 3, al Sporting de Portugal 8 a 1, al Wermer de Austria 3 a 1. Curiosamente, estos hombres de tan probada calidad y eficacia no alcanzaron para que Independiente llegara a ser campeón, lo que recién consiguió, sin ellos, en 1960.

 

El gol de Grillo a los ingleses

Como reciprocidad a la visita que Argentina hizo en 1951, dos años después se presentó en el estadio de River Plate la selección de Inglaterra. El enfrentamiento provocó una expectativa poco común. El jueves 14 de mayo el centreforward Taylor puso en ventaja a los ingleses, pero después Grillo dos veces y Micheli, sellaron el 3 a 1 a favor de Argentina. De esa tarde quedó para siempre uno de los goles de Grillo, calificado de "imposible" por los críticos europeos. Ese día fueron titulares en el ataque argentino los cinco delanteros de Independiente. El centreforward Lacasia inició la jugada en medio campo. Allí buscó a Cecconato, quien rápidamente habilitó a Grillo. Grillo dejó atrás en carrera a Wright, Barlow y Barrass, quien cayó al piso. Se abrió mucho hacia la izquierda y desde una posición muy sesgada tiró al arco y convirtió, cuando el arquero inglés Ditchburn, apelando a la lógica, esperaba un centro que nunca llegó.

Así lucía el estadio de River Plate en la previa del partido que quedaría para la historia por el gol de Grillo.

Así lucía el estadio de River Plate en la previa del partido que quedaría para la historia por el gol de Grillo.

  
Los jugadores argentinos frente a los reporteros gráficos. Jugadores de Boca, Racing e Independiente formaron la selección: Lombardo, Mouriño, Stábile, Dellaccha, Musimessi, García Pérez y Gutierrez. Micheli, Cecconato, Lacasia, Grillo y Cruz.

Los jugadores argentinos frente a los reporteros gráficos. Jugadores de Boca, Racing e Independiente formaron la selección: Lombardo, Mouriño, Stábile, Dellaccha, Musimessi, García Pérez y Gutierrez. Micheli, Cecconato, Lacasia, Grillo y Cruz.

  
El gol de Grillo a Inglaterra.

El gol de Grillo a Inglaterra.

 

El domingo 17 debía jugarse la revancha. Duró sólo 15 minutos. Un temporal que comenzó sobre el mediodía porteño inundó el campo de juego y el partido se suspendió, sin goles y sin posibilidades de proseguirlo porque la selección de Inglaterra regresó, de inmediato, a su país.

 

Boca y "Pepino" Borrello

La hegemonía que venía imponiendo River en la década se cortó —después se vería que sólo momentáneamente— en 1954. Esa temporada el campeón fue Boca. Un halago que en otros tiempos era casi común, pero que, en ese entonces, no se le daba desde 1944. Con dos de sus glorias en el manejo del equipo: Ernesto Lazzatti como "administrador de fútbol" —nunca aceptó que lo llamaran director técnico—, y Jaime "Piraña" Sarlanga como ayudante, conformó un equipo fuerte, recio, de gran personalidad que hizo sentir sus condiciones al punto de no regalar nada. Cuando le tocó perder lo hizo solamente contra los grandes de verdad. Bajo los palos, Mussimessi —el arquero cantor, porque alternaba fútbol con música folclórica—; Colman "el comisario" y Edwards, integraban una recia pareja de zagueros; Lombardo, Mouriño y Pescia, la línea media, y Navarro, Boiocco, Pepino Borrello, el uruguayo Roselló y Marcarián el ataque. Ellos fueron los responsables de sumar puntos que, al final, le dieron una ventaja de cuatro sobre Independiente.

José “Pepino” Borello, el crack de Boca, se funde en un abrazo con el arquero de Ferro Roque Marrapodi, tras hacerle un gol en la Bombonera.

José “Pepino” Borello, el crack de Boca, se funde en un abrazo con el arquero de Ferro Roque Marrapodi, tras hacerle un gol en la Bombonera.

Borrello fue un símbolo de lo que la tribuna boquense exigió siempre a sus jugadores. Ya en su Bahía Blanca natal había demostrado sus condiciones de goleador convirtiendo 90 goles en los 120 partidos que jugó para Olimpo. En Boca, Chacarita y Lanús marcó 48 en 100 encuentros y en Chile, donde jugó para Magallanes, Nublense y Universidad Técnica, otros 55 en 70 partidos.

Los hinchas abrazan a sus jugadores, los que acaban de regalarles el título.

Los hinchas abrazan a sus jugadores, los que acaban de regalarles el título.

Otros dos hechos destacados se produjeron en 1954: la amnistía para los futbolistas que habían emigrado a Colombia y la elevada concurrencia de espectadores a los estadios que produjo el record de un promedio de 15.055 entradas vendidas, con un máximo de 62.000 registrado cuando se enfrentaron Independiente y Boca, en Avellaneda. Al considerar estas cifras de entradas vendidas hay que tener en cuenta a los socios, que no pagaban.

River era el que más socios tenía: 61.577. Le seguían Boca con 45.675, Independiente, 40.895, San Lorenzo 40.153, Racing 36.900 y Vélez Sarsfield 29.310.

 

Se festejó a lo grande en La Boca.

Se festejó a lo grande en La Boca.

 

 

El equipo estrella de Boca en 1954. Parados están Lazzatti (entrenador), Lombardo, Mouriño, Musimessi, Colman, Otero y Pescia. Agachados se ubican Navarro, Baiocco, Borello, Rosello y Marcarián.

El equipo estrella de Boca en 1954. Parados están Lazzatti (entrenador), Lombardo, Mouriño, Musimessi, Colman, Otero y Pescia. Agachados se ubican Navarro, Baiocco, Borello, Rosello y Marcarián.

Los goleadores del torneo fueron Borrello y Norberto Conde (Vélez) con 19 tantos. En la primera fecha, Walter Gómez le convirtió cuatro en 21 minutos de juego al arquero de Lanús, Alvarez Vega. Un comienzo espectacular del último campeón que, finalmente, quedó tercero, detrás de Boca y los rojos de Avellaneda.

 

Otra vez a Europa

Ausente del Mundial de Suiza que en 1954 se adjudicó Alemania Federal al vencer en el partido final a la selección más fuerte de esos tiempos —la de Hungría, Argentina viajó con su selección, una vez finalizado el campeonato, para enfrentar a Portugal e Italia. En Lisboa, Argentina ganó 3 a 1 con goles de Michelli, Grillo y Cruz —volvió a jugar la delantera de Independiente con Bonelli como centreforward— y en Italia se perdió 2 a 0. Esa tarde el ataque lo formaron Vernazza, Prado (Bonelli), Borrello, Grillo y Cruz. La defensa fue la misma en los dos partidos: Carrizo (Mussimessi); Dellacha y Pizarro; Lombardo, Mouriño y Pescia.

En 1954 se disputó en Alemania Federal lo que se llamó el Primer Mundial Juvenil, al que concurrió Argentina con algunos chicos que después alcanzarían notoriedad, como Nuin, Puppo, Loiácono, Menéndez y Yudica. Ese equipo le ganó a Holanda 8 a 0, a Alemania 2 a 0, a Francia 3 a 1, a Turquía 1 a 0, pero perdió la posibilidad de alcanzar el título al ser vencido por España 1 a 0.

 

El apogeo de una escuela

River retomó su superioridad en 1955 y la consolidó en las dos temporadas siguientes. El equipo campeón de 1952 y 1953 se constituyó en una escuadra casi perfecta con la reincorporación de Néstor "Pipo" Rossi, la contratación del zaguero rosarino Federico Vairo y la aparición de tres grandes jugadores para el recambio generacional en el ataque: Sívori, Menéndez y Zárate.

El equipo base se integró, en 1955, con Carrizo; Pérez y Vairo; Mantegari, Rossi y Sola; Vernazza, Prado, Walter Gómez, Labruna y Loustau, pero en muchos partidos Sívori y Menéndez ocuparon los puestos de Prado y Walter Gómez, quien fue vendido a Italia en el comienzo de 1956, decisión que se repetiría con Vernazza y Sívori en la temporada siguiente.

 

Pipo Rossi con la banda roja cruzada.

Pipo Rossi con la banda roja cruzada.

 

La calidad de Alfredo Pérez, la personalidad de Pipo Rossi y la sabia experiencia de Labruna, convertido ahora —además de goleador— en conductor del equipo, le bastaron a River para sacarle 7 puntos de ventaja a Racing, que terminó segundo, en 1955. Invicto en su cancha, lo sería también durante los dos años siguientes (superando la marca de 49 partidos que había establecido Banfield en los primeros años de la década), fue vencido por Boca 4 a 0 en un recordado partido matinal jugado en cancha de Racing. En la revancha, y en la Bombonera, se consagró campeón después de remontar con goles de Labruna y Zárate —los dos ante perfectos pases de Walter Gómez— la ventaja inicial de los boquenses. El goleador del torneo de 1955 fue Massei, de Rosario Central, con 21, tres más que Maschio (Racing) y Loiácono (Gimnasia y Esgrima).

 

Labruna Y Sívori saliendo a la Bombonera en 1955

Labruna Y Sívori saliendo a la Bombonera en 1955

 

En la definición de 1956 River debió superar a un rival inesperado en este tipo de definiciones: Lanús. Ese año, ya con Walter Gómez en Italia, la alineación habitual del ataque se hizo con Vernazza, Sívori, Menéndez, Labruna y Zárate, entrando Prado en cualquiera de los tres puestos del ataque o Loustau, en la punta izquierda, cuando era necesario. Lanús, con Álvarez Vega, Daponte, Guidi, Nazionale, Cejas, Alfredo Rojas y Lugo para la gran revelación y en determinado momento del torneo, se apropió de la vanguardia.

 

Menéndez y Sívori

Menéndez y Sívori

 

Quiso el destino, además, que en el River-Lanús de la primera rueda Néstor Rossi fracturara al centreforward Cejas, circunstancia que agregó un ingrediente especial a la revancha en cancha de Lanús cuando faltaban sólo seis fechas para terminar el torneo. River ganó 3 a 1 y fue decisivo.

Castro, de Rosario Central, y Grillo, de Independiente, fueron los goleadores con 17 tantos y Chacarita Juniors descendió de categoría por aplicación del goal average que fue de 0,592.

 

 

Por Juvenal (1990).

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