Sin Messi pero con fiesta: el turno del Camp Nou en "la guerra de los estadios"
Este sábado Barcelona volverá a disputar un partido en su mítica casa, dos años y medio después. Los detalles.

LA GUERRA DE LOS ESTADIOS se instaló claramente esta semana en España. El domingo pasado, el Santiago Bernabéu, la casa de Real Madrid, se disputó por primera vez un partido de la NFL en el país, en medio de un impresionante show que mostró al mundo la capacidad de metamorfosis instantánea que tiene el escenario de la Casa Blanca gracias a su sistema de césped retráctil y que permite cambiarlo en apenas dos minutos para pasar del fútbol a cualquier otro evento.
El sábado próximo será el Camp Nou, el templo de su archirrival, Barcelona, el que estará en boca de todos al volver al ruedo nada menos que dos años y medio después. Será en ocasión del duelo que los catalanes disputarán ante Athletic Club, por la liga de España.
Después de muchas idas y vueltas, se consiguió el permiso municipal para albergar en una primera etapa a unos 45 mil espectadores, lejos aún del aforo completo de casi 100 mil, pero suficiente para dejar de disputar los compromisos como local en el Estadio Olímpico de Montjuic.
Para la reinauguración se estipuló un espectáculo cuyos detalles ya dio a conocer la entidad Blaugrana, que ha pedido hasta código de vestimenta para la ocasión: bufanda y camiseta azulgrana.
Las puertas se abrirán a las 14.15, dos horas antes del inicio del encuentro. La actuación de Mon DJ recibirá a los primeros asistentes, pero a las 16 comenzará el acto central. Primero se presentará el grupo catalán Figa Flawas y luego se interpretará el himno, encabezado por el Cor Jove de l’Orfeó Català, que le pondrá el toque emotivo a la velada. En el entretiempo actuará el grupo The Tyets.
Después tendrá lugar un gran show de pirotecnia y lo posterior será el puntapié inicial, aunque hay un gran misterio en torno a la figura que se encargará de realizarlo.
Desde luego que no será Lionel Messi, quien se sacó las ganas de visitar el escenario en el que cristalizó sus más grandes hazañas en medio de la noche, por sorpresa y casi de incógnito, habida cuenta de su enemistad con el presidente Joan Laporta. Ello no fue impedimiento para que la seguridad del lugar le abriera raudamente las puertas para que pudiera cumplir su deseo de conocer el estadio remodelado y pisar de nuevo el césped.






































