¿QUIEN SE HACE EL BURRO?
Reflexiones acerca del nuevo incidente que tuvo a Ariel Ortega como actor principal.

1) No es la primera vez que el Burrito sale de noche y vuelve de madrugada. En su estreno como protagonista de un accidente automovilístico, cuando chocó con su Vitara en Avenida del Libertador, encontrándose bajo la órbita de la Selección en la previa al Mundial 94, Daniel Passarella lo primero que preguntó –apenas enterado del incidente, concentrado con River en Rosario- fue: “¿A qué hora ocurrió?”. Ya sabía de qué se trataba.
2) Desde aquel momento hasta la confirmación pública de su adicción, blanqueada por el mismo Passarella en la antesala de un River-Boca del 2006, hablamos de 12 años, todos los entrenadores y dirigentes que lo tuvieron a sus órdenes, privilegiaron esconder el problema personal, brindándole al Burrito las prerrogativas del caso (entrenar menos, llegar más tarde), porque en la cancha les solucionaba los problemas futboleros. Lo ayudaron bastante poco. Ahora el Cholo tomó otra postura.
3) Ortega envío algún mensaje de auxilio aislado, como aquella frase que fue tapa de El Gráfico en entrevista exclusiva realizada en Ledesma en la navidad de 1998: “El cartel de borracho no me lo saca nadie”. ¿Nadie pudo recogerlo? ¿O a nadie le servía recogerlo?
4) Es un buen muchacho el Burrito. Sin maldad, al menos. Pero a nadie debería escapársele que sobre él pesa una denuncia por violencia familiar. Existen pocas actitudes tan cobardes como pegarle a una mujer. Y lo ayudaban bastante poco quienes le palmean la espalda pasando por alto reacciones como ésas, que deberían ser las primeras en impulsarlo a buscar una salida a su enfermedad.
5) Si hace unas semanas en Punta del Este, Ortega hizo una excelente pretemporada, entre otras cosas fue porque estuvo permanentemente acompañado y contenido por el grupo de compañeros. Y sobre todo por la pelota. Y porque las tentaciones no se le ofrecían en bandeja, como suele ocurrir en una concentración alejada del ruido. No está curado ni mucho menos.
6) Simeone tragó saliva, toleró el desplante del partido con Banfield, olvidó sus agravios y con la decisión de darle nuevamente la capitanía, no sólo mostró grandeza sino que le tiró una soga de refugio. Hizo todo lo que tuvo a su alcance, pero su último faltazo a la práctica lo impulsó a gritar el "no va más"y lo separó del plantel, según lo convenido entre las tres partes (Simeone, Aguilar y Ortega) en la reunión de conciliación post Banfield.
7) El fútbol parece ser el ámbito donde el Burrito esté más protegido. Mucho más que un neuropsiquiátrico o una clínica contra adicciones, donde ya estuvo. Después, claro, la gran decisión de dejarse ayudar no puede nacer de nadie más que de él. El tiempo urge. En un par de años, cuando se acabe la pelotita y se abra el vacío insoportable e inabarcable del día después, que ya ha dado muestras de hacer tambalear a otros futbolistas mucho más preparados y menos vulnerables, puede ser mucho peor.
Foto de portada: Telam







































