Dos generaciones, un mismo fútbol
El Gráfico, en conmemoración del nacimiento de Alfredo Di Stéfano, recupera su primer encuentro con Diego Armando Maradona, tal como fue publicado en 1980.

Alfredo Di Stéfano hoy cumpliría 100 años. Y las páginas de El Gráfico fueron testigos de sus grandes hazañas como también de sus encuentros con grandes del deporte.
Poco antes de que Diego Armando Maradona pase a Boca Juniors, El Gráfico a través de su periodista Guillermo Blanco -posteriormente, el primer jefe de prensa del 10 - hizo posible un encuentro, como un encuentro de dos generaciones del fútbol. La predisposición de ambos fue categórica.
El mismo Blanco lo menciona: "Recuerdo que primero hicimos un almuerzo en un restaurante llamado La Ronda, que estaba por Avenida San Martín, y cerca de ahí había una placita donde hicimos la nota". Un detalle hizo especial ese momento entre ambos: "Como Diego ya era muy conocido se juntaron muchos chicos en ese restaurante a pedirle un autógrafo o un saludo, por todos lados estaban. Y mientras todo eso pasaba, Alfredo estaba ahí mirando. Entonces Diego levantó la voz y dijo: “Esperen un poco, esperen un poco, yo ahora sigo, pero antes de irse Don Alfredo, por favor, ¿no me firma un autógrafo?”. Se dio cuenta que nadie le estaba pidiendo algo y él quiso ser el primero. Bueno, Diego era así. Tenía un respeto mayúsculo por la historia".
Fue publicada el 21 de octubre de 1980 en la edición 3187 de El Gráfico y se tituló: "Dos generaciones, un mismo fútbol". A continuación, la nota completa.

Dos generaciones, un mismo fútbol
Alfredo ya está empezando a cansarse de correr su cabeza dejando que los brazos de los pibes sigan extendiéndose hasta las manos de Diego para que su ídolo les firme el papel. ¿Qué saben ellos de la trayectoria de Di Stéfano? Si ni siquiera la palabra Saeta está incorporada a su diccionario futbolero. El hoy del fútbol es Maradona. Pero Maradona no se siente muy cómodo. Hasta que disimuladamente toma una lapicera, una foto de Di Stéfano que anda por ahí y le dice a la persona que está frente a él:
—Por favor, Alfredo, ¿me firma un autógrafo?
—¿Quién, yo? Ah, sí, cómo no, pibe.
Y escribe…
“Para este gran Pibe de Oro, Maradona, con mi afecto y simpatía. Alfredo Di Stefano"
Diego recibe la foto y ya está pensando en este nuevo trofeo que, un par de horas después de este almuerzo sabatino en el restaurante La Ronda (1), pasará a vivir en su vitrina personal. Esa que guarda la camiseta y la pelota que le firmó Pelé en Copacabana un año y medio atrás. Y también, entre muchos otros recuerdos personales, una réplica de la Copa del Mundo Juvenil, aquella que se logró en Japón en 1979.
Un joven viejo amigo
AIfredo fue el primero en llegar. Lo acompañaba su hermano Tulio. Maradona llegaría un rato más tarde, porque a esa hora estaba terminando su entrenamiento a pocas cuadras de ahí, en Boyacá y Juan Agustín García. Mientras llegaba el pibe, Di Stéfano recordó que a Diego lo conocía muchos años antes de que lo conociera el gran mundo del fútbol.
—Tengo un amigo en Venezuela, un gallego que se llama Lázaro Candal (2), con quien me carteo desde hace años. Y por él, hace ya bastante tiempo, me enteré que en la Argentina había un pibe sensacional, que jugaba en torneos infantiles, en un equipo "Los Cebollitas" o algo así, llamado Maradona y que prometía ser una cosa seria. A Candal le gusta el futbol con locura, y cuando vino a Buenos Aires tuvo oportunidad de verlo y quedó impresionado. El otro antecedente que tengo de Diego es de mayo del '78, cuando vine a ver el Mundial de Argentina. Mi vieja me recibió protestando contra Menotti: "¿Te das cuenta? Sacó del seleccionado al mejor jugador…” Le pregunté quién era. "¿Pues quién va a ser? Maradona." Así que ya sabía de él antes de conocerlo y verlo jugar. Después, cuando lo vi, comprobé que es realmente un fenómeno… Cuando estuvo en España con Argentinos Juniors (3), vi el partido contra el Barcelona junto a Ladislao Kubala (4). Esa noche, los catalanes le pusieron encima a Zuviria (5). Lo tuvo pegado a la nuca todo el partido. Tanto, que la gente protestaba: "Sáquenlo a ése, que no nos deja ver fútbol…" Le tiraron un saque de banda, la mató con el pecho, la protegió de Zuviria y de otro más, amagó, giró, salió jugando y Kubala me codeó: "¡Ese sí que sabe!", me dijo admirado. Es que el gran jugador es fácil reconocerlo a través de unas pocas jugadas, sobre todo para quien ha jugado al fútbol y conoce lo que no conoce el público, que son las dificultades del juego y de la lucha, con la pelota y los adversarios...

Surge la pregunta inevitable: “¿Podría haber jugado Maradona con los grandes cracks del pasado?" La respuesta de Di Stéfano es terminante:
—El fútbol no tiene épocas. Tiene grandes jugadores, talento, genio. Pienso que yo podría jugar hoy perfectamente, como lo hice hace 30 años. Moreno también. Erico, Antonio Sastre, Adolfo Pedernera, lo mismo. Y Maradona podría haber sido crack jugando al lado de los monstruos de La Máquina...
El encuentro
Se abrazan. Di Stéfano sale del restaurante para recibirlo. Maradona baja del auto y va a su encuentro. Las canas le descubren los años a Alfredo; el flequillo y el pelo revuelto lo hacen más pibe a Diego…
MARADONA: —¡Qué ganas de verlo que tenía, Alfredo! Disculpe por la demora, pero usted sabe, terminamos de entrenar y como soy el capitán, me quedé solucionando unos problemitas de premios…
Dl STEFANO: —No importa, pibe. Cómo no voy a entenderte. Además, yo ahora no tengo mucho que hacer.

Se van caminando. Se alcanza a escuchar que Diego le pregunta sobre Kempes, recordando la época que Di Stéfano dirigía al Valencia (6). Pero es un tema del cual éste no quiere hablar demasiado… "Se dijo que él estaba a disgusto conmigo porque lo ponía de 9 pero yo le expliqué que no tenía a otro".
Se sientan en un banco de la plazoleta Porto Alegre, en la avenida San Martín al 4800. Enseguida, entran a La Ronda. La mesa está servida. Pasa una nueva anécdota de Di Stéfano desparramando risas y Diego hace poner serios a todos cuando se para y lo mira, diciéndole:
—Alfredo, si usted me permite yo quisiera darle este presente. Se lo regalo de todo corazón. Estoy seguro de que lo va a recibir de la misma manera.
En los ojos de Di Stéfano se le descubre la emoción. A esta edad este tipo de cosas se sienten más adentro. Entre sus manos tiene la camiseta número diez de la Selección Nacional. Lo mira con gesto paternal, se sientan y ahora no es necesario buscar el tema. Sale solo.

Argentina
DI STEFANO: - A mí me gusta muchísimo la Selección Argentina. Esta y la del Mundial también. De la del 78 me quedaron grabados los trabajos de Gallego y de Ardiles. Creo que fueron los más importantes del equipo.
MARADONA: - El Tolo Gallego cada día juega mejor. Si es necesario releva hasta al utilero Do Campo…
DI STEFANO: - De estos partidos que vi ahora me gustó mucho el pibe Barbas. ¡Cómo ha evolucionado!... ¡Y cómo corre! ¿Sabés la gente que ha mandado para un lado y para el otro, dejándoselas servidas a los compañeros de atrás? Creo que la gente lo debe tener acobardado. Por ahí intuyo que tiene urgencia, se apura, se arrebata.
MARADONA: - Puede ser. Cuando jugamos contra Escocia (7), por ejemplo, los bailamos, pero sin apurarnos. Eso que usted dice no le pasa sólo a él. Acá uno toca a los costados tres veces seguidas, la gente empieza a impacientarse y por ahí nos arriesgamos a intentar el ataque en un momento inoportuno.

DI STÉFANO: - Son detalles. Pero realmente Argentina tiene un poderío impresionante. Hay jugadores para tirar para arriba. Y con los que están afuera, no hablar…
MARADONA: - Si hubiera que elegir uno entre los tres (Ardiles, Kempes y Bertoni) yo elijo a Kempes. Con él tendríamos un poderío adelante como pocos equipos del mundo.
DI STÉFANO: - Me extrañó la velocidad de Valencia. Nunca lo había visto con esa movilidad.
MARADONA: - Además, se habrá dado cuenta de que maneja las dos piernas sin problemas y que siempre le queda bien el arco.
DI STÉFANO: - A mí me parece que vos jugaste mejor contra Checoslovaquia que contra el Valencia (8), cuando se hizo el homenaje al Juvenil que salió campeón del mundo. Ahora te noté menos estático, más armados, con más personalidad. Otro pibe que me ha gustado es Ramón Díaz.
MARADONA: - Cuando terminó el partido con Checoslovaquia lo agarré en el vestuario y le dije: “Pelado, si vos jugas siempre así, estás para ser el mejor del mundo”. Sinceramente, fue impresionante.

DI STÉFANO: - Además no cualquiera llega como lo hizo él en el gol, por detrás de Luque.
MARADONA: - Nosotros fuimos subiendo partido tras partido. Ese con Checoslovaquia pienso que fue el de mejor fútbol.
DI STÉFANO: - Sí, es verdad. Además, tienen dos nenes atrás que no perdonan ni a su madre, que son Gallego y Passarella…
¿El mejor del mundo?
Dice Di Stéfano: "Yo vengo a la Argentina y me pongo gordo así. De comer asados y de tanto hablar de fútbol. Aquí la gente es fantástica. Te ponés al día sobre fútbol hablando con cualquiera. Lo único que me revienta es que todos me pregunten si Maradona es el mejor jugador del mundo. La pregunta me parece ridícula. Además, ¿qué importancia tiene? Lo que vale realmente es que Maradona es un jugador fenomenal, que está en la Selección Argentina y juega para nosotros. Si yo creyera que es realmente el mejor del mundo y lo dijese, estaba hipotecándolo a Maradona para toda la vida. No tendría derecho a jugar mal un solo minuto de un solo partido…Es preferible decir que es el segundo gran jugador del mundo y lo dejamos vivir tranquilo…”

La firmeza con que Alfredo atacó el tema frena cualquier intento de los integrantes de la mesa por pedirle comparaciones con los otros jugadores de este momento del fútbol. Pero deja la puerta entornada para otra pregunta: ¿A qué jugador del pasado se parece Diego Maradona?
—Lo más importante de Maradona es su personalidad. Siendo tan joven, ya se siente patrón. Pero al mismo tiempo demuestra la humildad de ponerse al servicio del equipo. Tiene su sello particular. Nació y se rompió el molde, como pasó con Moreno o Erico. Si me apuran, diría que es bastante parecido a Enrique Omar Sívori en lo atrevido, en la facilidad para gambetear, en lo zurdo, pero es más eléctrico que el Cabezón. Como Sívori, tiene la gran condición de no encasillarse en un solo tipo de juego, sino que puede hacer las dos funciones del delantero: preparar el juego para otros, servir goles para los demás y aprovechar el juego que otros producen, entrar a recibir y definir. En las dos, es completísimo.
Los golpes y las lesiones
Uno de los detalles extraordinarios de la campaña de Alfredo Di Stéfano como jugador - figura - goleador de primera división entre 1946 (Huracán) y 1966 (Español de Barcelona), fue su permanente presencia en los equipos que integró.
—En España jugué siete campeonatos de Liga sin faltar un solo partido. En las Copas, tanto de Europa como de España, lo mismo. No me lesionaba nunca. Recuerdo que la única vez que estuve lastimado fue cuando debuté en la primera de River, jugando un amistoso contra San Lorenzo. Me marcaba Arnaldo(9), en la cancha de Chacarita. Fui a girar, pisé un pozo del campo y tuve un esguince de tobillo. No me lesionó ningún contrario: fue la cancha…

Le preguntamos: "¿Cómo es posible que un jugador de su estilo, expuesto siempre al golpe del adversario, se haya salvado de las lesiones que acechan normalmente al goleador?"
—Porque yo era un jugador de velocidad y gran intuición. Les costaba mucho a los contrarios encontrarme en el campo. Y, sobre todo, encontrarme distraído…
—¿No cree que Maradona se expone más al golpe de los defensores por llevar mucho la pelota? ¿Qué debería tocar más rápido para evitar los encontronazos?
—Puede ser. Pero un jugador del estilo Maradona está más cerca de los encontronazos que yo cuando jugaba. Yo la tiraba larga y picaba, en tanto que Diego hace la gambeta cortita, el freno, el amague y el arranque en una baldosa... Creo que la experiencia le va a ensenar a protegerse…
—¿Cómo aprendió Pelé?
DI STEFANO: —Para, pará. La comparación no vale. No te olvides que Pelé, además del récord de los mil goles, tiene un récord de fracturas. Cuando alguno lo tenía a mal traer, el negro le metía la plancha. Y eso no es fútbol. Diego no es partidario del golpe.

MARADONA: —Yo creo que en los brasileños es más común esa autodefensa porque, por lo general, son más débiles que nosotros. Ellos saben ir mal a disputar una pelota. Sobre lo que usted decía, que me expongo más al golpe por llevarla demasiado, me acuerdo cuando era Cebollita. Mi técnico, Francisco Cornejo, paraba las jugadas cuando yo me ponía a gambetear. Pero con el tiempo uno va aprendiendo y ahora es distinto. Lo que ocurre a veces es que al no ver a nadie a quién tocar trato de gambetearme a todos los contrarios que tenga adelante. No soy de esos que si no ven gente des tapada, se paran y levantan los brazos encanando a los compañeros…
Coincidencias
“¡Qué personalidad tiene este hombre!" nos confiesa Diego mientras Di Stéfano continúa tejiendo anécdotas sobre sus tiempos, cuando pesaba 63 kilos y demostraba que su quinta medía 110 por 70. Cuando iniciaba la jugada en su área, cortando un ataque rival, y llegaba con resto al arco de enfrente. De pronto el pibe lo interrumpe…
MARADONA: —Alfredo, ¿a usted lo expulsaron muchas veces?
Dl STEFANO: —No, Diego, realmente pocas. Me acuerdo de una vez en la cuarta de River. Me calenté tanto con el referí que terminé aplaudiéndolo. . .
MARADONA: —No, no se puede creer. ¡Qué casualidad! A mí en la octava de Argentinos me echaron por lo mismo. La diferencia fue que el partido ya había terminado. Me acerqué al referí y lo aplaudí (10). . . Pero ahora ya estoy más calmado, ¿Y en España, Alfredo, tuvo problemas?
Dl STEFANO: —En España tuve otro tipo de problemas, pero por razones de idioma. . . Sí. No te rías. Acostumbrado al fútbol de América, en los primeros partidos me quejaba de algún mal tallo diciéndole al referí: "¿Qué cobrás?" El tipo me anotaba y la Federación me encajaba una multa. Al partido siguiente, igual, Y otra multa, por el doble. Ese mes, por poco le tenía que pagar yo al Real Madrid... Porque allá las multas las paga el jugador. De ésa, no te salva nadie. Entonces, como yo sostenía que no le había dicho nada malo, me explicaron: "Aquí, en España, tenés que decirle al juez: ‘¿Qué has pitado?’ Si le dices, ‘¿Qué cobraste?’, el hombre cree que le estás reprochando algún soborno o cosa parecida…” No me volvió a pasar. El tiempo me enseñó que no se gana nada reclamándole al referí. Si ya pitó, no va a cambiar la decisión. Y si te ponés cargoso, te toma entre ojos y lo tenés toda la tarde encima. Mi consejo, si de algo puede servirte, es éste: en la cancha, no hables con nadie más que tus compañeros; si te ponés a hablar con los contrarios o con el juez, te olvidás de jugar.
Otra coincidencia hay en la vida de ambos: Di Stéfano vino al país invitado por la firma Le coq sportif, con quien ha firmado un contrato publicitario; Diego también está por concretar otro que lo ligaría hasta después de España '82.

MARADONA: —Usted también estuvo a punto de ir al Barcelona, ¿no?
DI STEFANO: —Después de la huelga del 48, las relaciones en River quedaron muy mal con los dirigentes (11). Incluso con Liberti (12). Con Pipo Rossi y Adolfo Pedernera en el 49 nos fuimos a Millonarios de Colombia, Ahí nos fue muy bien. En el 53 después de un torneo que jugamos en España (le ganamos 4 a 2 al Real Madrid (13)), el Barcelona y el Real se interesaron por mí. Fui a Barcelona, llegué a jugar algunos amistosos, pero el presidente del Real Madrid me llamó y me dijo: "Si viene con nosotros le pago durante dos años, aunque más no sea para que pase a mi hija”. Y me fui corriendo. . . Por entonces también me quería el Juventus, de Italia.
MARADONA (asombrado): —Eh, pero a usted le pasó casi todo igual que a mí hace poco…
La despedida
Se levantan. Alfredo Di Stéfano con la camiseta número diez de la Selección Nacional bajo el brazo. Diego Maradona con una foto autografiada. Se miran y sonríen. Se van para el mismo lado. Le meten un caño al puente de la avenida San Martín y lo festejan como lo que son: como argentinos. Dos argentinos de lujo que nacieron para enloquecer a las multitudes del mundo.
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(1) Ese restaurante estaba ubicado a dos cuadras de la Plazoleta Porto Alegre. Hoy ya no existe.
(2) Lázaro Candal (1931-2023), nacido en España y nacionalizado venezolano, fue un reconocido periodista deportivo que se destacó con sus relatos durante décadas.
(3) En un semi-vacío Nou Camp, Barcelona y Argentinos Juniors jugaron por primera y única vez el 19 de diciembre de 1979 y empataron sin goles.
(4) Ladislao Kubala (1927-2002), célebre delantero húngaro, es considerado uno de los mejores jugadores de Barcelona. Es el cuarto goleador histórico culé con 194 tantos, y ganó catorce títulos entre 1950 y 1962.
(5) Rafael Zuviría (1951) fue un jugador argentino que representó a varios clubes entre 1969 y 1986. Desde 1977 a 1982 jugó en Barcelona, donde debió irse por la llegada de Maradona. En ocasión del partido entre Argentinos y Barcelona, Zuviría jugó de defensor y marcó severamente a Diego.
(6) Durante la temporada 1979/80, Alfredo Di Stéfano dirigió a Valencia. En el campeonato de primera división finalizaron sextos, clasificando a la Recopa de Europa que terminaron ganando. En 1981, la Saeta dirigió a River, dirigiendo nuevamente a Kempes, con quienes ganaron el Torneo Nacional.
(7) Se refiere al partido amistoso que Argentina ganó 3-1 a Escocia en Hampden Park el 1 de junio de 1979 donde Diego convirtió su primer gol para la albiceleste.
(8) Los dos últimos partidos que jugó la Selección Sub 20 ganadora del Campeonato Mundial de Fútbol fue contra Checoslovaquia y Valencia (1-1) el 14 de noviembre de 1979.
(9) José Arnaldo (1921-??), lateral izquierdo, que descolló en la defensa de San Lorenzo durante la década del 40.
(10) Eso ocurrió el 21 de agosto de 1976en un encuentro por la fecha 15 del Torneo de Inferiores de la 7ma División entre Argentinos y Vélez. Después del partido, que ganaron los de Liniers por 4-1, Diego fue expulsado por burlarse del árbitro, y le dieron cinco fechas de suspensión. Esa tarjeta roja demoró el debut en Primera División de Pelusa. Recién pudo volver a jugar cinco minutos pero en un partido amistoso el 5 de septiembre contra Estudiantes de La Plata, y que Argentinos ganó 1-0.
(11) Entre noviembre de 1948 y abril de 1949 se realizó la huelga de jugadores más larga del fútbol argentino. Debido a lo extensa de la medida de fuerza, muchos jugadores se fueron al fútbol colombiano sin pase. Di Stefano se destacó durante cuatro años en Millonarios hasta 1953.
(12) Antonio Vespucio Liberti (1902-1976) fue un histórico dirigente de River Plate, a quien el Monumental lo honró con su nombre desde 1986 hasta 2022. Fue presidente del club en cuatro ocasiones: 1933-1936, 1939-1940, 1943-1953 y 1960-1967.
(13) En realidad ocurrió el 30 de marzo de 1952, cuando el equipo colombiano venció 4-2 a Real Madrid. Don Alfredo marcó dos goles. Al año siguiente la Saeta fue fichado por el merengue.
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(Escrito por Guillermo Blanco y publicado en la edición 3187 de El Gráfico del 21 de octubre de 1980)
Fotos de portada e interiores: Archivo El Gráfico







































