¡Habla memoria!

La entrevista más impensada: cuando Alfonsina Storni habló con El Gráfico

El archivo rescató una rareza absoluta de la poetisa argentina del año 1920.

Por Julián Marcel ·

13 de junio de 2026

El 13 de junio se celebra en toda la República Argentina el Día del Escritor, en homenaje a Leopoldo Lugones, quien nació en dicha fecha de 1874. Lejos de permanecer ajenas a las corrientes literarias de la época, las páginas de El Gráfico se mostraron abiertas a mostrar el costado deportivo de varios escritores. Así, han pasado decenas de nombres importantes: Adolfo Bioy Casares, Ernesto Sábato, Julio Cortázar, Martín Kohan, Fabian Casas, entre otras grande plumas. También, dentro del mismo staff hubo quienes cosecharon sus laureles en el ambito literario: Last Reason, Borocotó, el mismo Dante Panzeri, Anibal Vigil y Osvaldo Ardizzone, entre otros. 

Sin embargo, el archivo desempolva frecuentemente del olvido páginas que pasaron desapercibidas en su momento, y hoy quedan como un registro histórico de una época. En sus primeros años, El Gráfico no era una revista específicamente deportiva, sino que cubría temas sociales entre los que se incluía el deporte, como actos políticos, retrataba a las figuras nacionales, a las estrellas del cine mudo, y también a personajes de la cultura. 

 

En la edición 65 del 18 de septiembre de 1920 se publicó una entrevista titulada: "La poetisa Alfonsina Storni: una vida inquieta y novelesca", escrita por Julio de la Paz, en donde ingresaba a la intimidad de la escritora quien publicaría "Languidez", su cuarto libro de versos dos meses después. La nota muestra a dos personalidades muy distintas: el periodista que, aún destacando su poesía, ejerce criterios estéticos sobre el físico de la poeta ("Miradla. No es bonita") como también sobre su actitud corporal ("Pero ¿no cree usted peligroso agitar las manos como usted las agita?" pregunta), y a Storni, quien ya mostraba a sus 28 años parte de su personalidad feminista que la destacaría hasta el final de sus días, en 1938. 

A continuación la entrevista completa, tal como fue publicada, desde la pluma del ayer a nuestros lectores de hoy. 

La poetisa Alfonsina Storni: una vida inquieta y novelesca

¿Quereis conocer una vida que es la historia de una costurerita, de una diligente oficinista después, y de una intelectual más tarde?...

He aquí la historia y la vida de Alfonsina Storni.

Miradla. No es bonita. No posee perfecciones griegas en su carita redonda y burlona que le sonríe siempre, hasta cuando pretende ponerse seria. No se engríe en su cuerpo la tentación de una curva temblorosa de voluptuosidad. Es todo espíritu esta mujer cuya vida esta tejida con bellos versos y con las dulces amarguras de su niñez. Su silueta nerviosa es de una feminidad algo triste, desposeída de encantos turbadores, mas en su fragilidad quebradiza y en su inquietud de pájaro errabundo, encontraréis más atractivos que en muchas chicas frívolas, sin talento...

La historia triste

Habla Alfonsina exteriorizando su alma en la movilidad de sus ojos apasionados y raros: 

-Mis manos fueron siempre disciplinadas y prolijas. A los once años ellas se activaban en la ruda tarea de la costura. Yo era costurera. Mi hogar era muy pobre. Mi madre, cargada de hijos y de pesadumbres, había visto desaparecer al hombre de la casa. Sólo quedamos nosotros, tiernos, y sin protección ante la realidad amenazante asomándose a nuestro hogar. Mis hermanos y yo nos desprendimos de las faldas de nuestra madre. Cada uno siguió su camino, abrazó un oficio, se refugió en una oficina. Yo fuí costurera. 

Le interrumpimos para preguntarle por su iniciación en la poesía.

-El trabajo humilde no había matado en mí la curiosidad de saber. Al ritmo de la aguja forjé mis primeros versos; unas minúsculas tonterías que me apasionaban y exteriorizaban muy bien mi soledad y mi tristeza. Publiqué algunos de ellos y mi pequeña aureola de poetisa alivió mi espíritu afanoso y contraído por las exigencias de la necesidad. Después...la sed de sabiduría me estremece en mi propio hogar. Salgo de él para terminar mis estudios y graduarme de maestra normal. La costurerita se supera y se mejora. Desaparece después la protagonista romántica que cosía a la luz de la lámpara y veía pasar tras de los cristales la silueta de Rodolfo. Empiezo a producir febrilmente. Concilio en una misma actividad el trabajo en la escuela con la exquisita labor de reflejar en verso mis sentimientos y mi espíritu. Y un día termino"La inquietud del rosal" [1916], que me liberará definitivamente de mi antiguo destino, tan desconocido y tan silenciosamente guardado por mí... Pero el rosal no florece aún. Con los versos no podía vivir ni con mi título de maestra normal. Era desafortunada. ¿Había estudiado inutilmente? Me remonté a provincias, permanecí olvidada un tiempo. Solo mis composiciones decían que vivía. Más tarde vine a Buenos Aires. Y vine como una conquistadora, sin cátedra alguna, gozando únicamente de la benevolencia de la crítica, que nunca me echó en la indiferencia, y se presentó para mí la misma inquietud, la perenne inquietud de vivir... 

 

Imagen Primera página de la entrevista a Alfonsina Storni en 1920
Primera página de la entrevista a Alfonsina Storni en 1920
 

No sigáis su relato. Sabedlo en breves líneas. Alfonsina fué entonces empleada en una casa de comercio. Buenos Aires no respetaba su acervo intelectual ni sus altas virtudes poéticas. Le imponía su rudeza trabajadora e incesante y le señalaba como a todos, como a los anónimos y a los proletarios, un lugar en uno de sus grandes centros de trabajo. Y los sonidos de su lira fueron acallados por el rumor laborioso de las fábricas y las usinas. La gran ciudad tragóse el cuerpecito frágil con las delicadezas animadas en lo íntimo de su ser. Alfonsina no ha olvidado su existencia de oficinista. Parece que aún pesaran sobre ella el mando del jefe y las obligaciones cotidianas. Al recordarlo, se transfigura y se desconcierta. Os habla con una pericia encantadora de la que está completamente ausente la poetisa, de comercio, de vencimientos, de plazos, de descuentos...

-Por ejemplo. Bahía Blanca -dice espontánea y concienzudamente.- Supongamos que su comercio estuviese formado por vascos. Deben estudiarse sus modalidades, sus formas de operar, la riqueza de la región, sus medios de transporte, sus características, sus necesidades, su producción. Esta especialidad, que yo desempeñaba, determina seguridad y éxito en los negocios. Fuí una excelente psicóloga comercial. 

La volvemos de su sueño oficinesco: 

-¿Por qué en su libro "La inquietud del rosal" traducía escepticismo y amargura? -le preguntamos.

-Porque aquel libro fué producto de mis primeros años difíciles. Mi segundo libro ["El dulce daño", de 1918] es un libro de fe, de amor, absolutamente pasional...

Precisas aclaración estas palabras. Los ojos de Alfonsina se entornan y su sonrisa se prolonga. Hay una apicarada indiscreción en su manera de observar el efecto que la palabra "pasional" ha producido en nosotros. 

-¿Pasional? ¿Está usted enamorada? -exclamamos con fingida ingenuidad, como quien tiende un lazo a sus pies. ¿Es acaso una mujer que busca adormecer su amor en los versos que escribe para sí misma, desesperanzada de obtener respuesta de aquel a quien los dedica? Huelga la pregunta. Nada hay de eso... Alfonsina ama con esa pasión del artista puro que abarca el panorama de la vida y que en cada cosa, cada objeto, cada belleza, cada escena, cada ser, es un poema: "La inquietud del rosal" de que hablaba ella. El rosal en que Alfonsina simbolizó la vida. 

-Sin embargo...-insinuamos.

-Me preciso de conservar, como mujer, las cualidades naturales de mi sexo, la curiosidad y la coquetería, la gracia y el sentimiento.

-¿En grado sumo?

-En el grado preciso para no desmayarme ante un buen mozo. ¡Ah...yo...yo no me he desmayado nunca! -declara echando hacia atrás la cabeza en éxtasis de coquetería.

-Pero ¿no cree usted peligroso agitar las manos como usted las agita -locamente- y hablar y escribir de cosas pasionales?

-¿Quieren ustedes decirme que corro el percance de casarme?

-No tanto, pero...

-No lo desdeñaría. Pero desgraciadamente el hombre al que yo amara, tendría que ser extraordinariamente inteligente para perder por él, con gusto, la mitad de mi  personalidad. Y hasta ahora no encontrado ese hombre. ¡Soy muy exigente!

 

Imagen Segunda página de la entrevista a Alfonsina Storni en 1920
Segunda página de la entrevista a Alfonsina Storni en 1920
 

No deduzcáis de esto rivalidad u odio hacia los hombres. Alfonsina es una mujer fuerte que juega deliciosamente al flirt [coqueteo]. Es otro aspecto de su temperamento. Y juega generosamente. Juega con esa elasticidad del talento que encuentra siempre, cuando culmina el diálogo en un malicioso incentivo o en un episodio en que las manos tiemblan caricias, la respuesta donosa que pone fin al escarceo. Triunfante entonces, ensaya un gesto de noble vencedora que desarma y le conquista una nueva y desinteresada amistad. 

-¿Es usted religiosa? -le interrogamos para matizar la entrevista con ese algo de misticismo que fluye de casi todas las mujeres como un cándido perfume. 

-¿Religiosa? -abre mucho los ojos y responde lanzando como una excomunión - Atea decidida. 

-¿No cree usted en nada?

-Soy espiritualista. La evolución de la vida no la puede detener ni modificar nada. Creo que la causa organizadora de la existencia está por encima de la voluntad de  los hombres y del estaismo de las creencias que van siendo viejas, incompatibles con las modificaciones que experimenta el mundo.

-¿Creerá usted entonces en sus poesías?

-En ellas sí, porque son sinceras. 

-¿Cómo trabaja usted?

-En un estado de ánimo que a los demás exige reposo y descanso de los nervios. Escribo cuando experimento una gran depresión física, un malestar que reclama alivio. Entonces se exacerba mi espíritu y dolorosamente me transporto a ese estado hondo y deleitoso de la producción que sale muy lentamente de la pluma. Se produce la reacción mientras trabajo. Pero cuando he terminado, esa depresión se ha agravado, es más intensa, y entonces quedo como muerta.

-¿Actualmente vive de sus poesías?

-De mi cátedra en el colegio de Marcos Paz, de esta ciudad, y de mi pluma. Colaboro en "Atlántida" y en "La Nación" asiduamente. 

-¿Pero eso será muy relativo como retrbución?

-Fácil es deducirlo: lo que puede ganar una poetisa y una maestra. 

-Y hoy, ¿cuáles son sus ambiciones literarias?

-Estudiar libremente. Pensar libremente. Escribir libremente. 

Y diciéndolo, una nueva faceta se apodera de su espíritu; la de una esperanza remota en que definitivamente obtendrá la perfección de su ideal. En esa faceta adivinamos tantos presentimientos, tantas sugerencias, tantas anunciaciones y tanta luz, que al mirarla fijamente en los ojos nos parece bella, incomprablemente bella, la poetisa que forjó sus primeros versos al ritmo de la aguja...

(Entrevista realizada por Julio de la Paz, y publicada en la edición 65 de El Gráfico del 18 de septiembre de 1920)

Foto de portada e interiores: Archivo El Gráfico