¡Habla memoria!

La emotiva despedida de Ernesto Cherquis Bialo a Ringo Bonavena

El archivo rescató el artículo que el periodista dedicó ante el deceso del recordado boxeador

Por Redacción EG ·

21 de marzo de 2026

El 22 de mayo de 1976, Oscar Natalio "Ringo" Bonavena fue asesinado en el Mustang Ranch de Nevada a manos de Ross Brymer, un guardaespalda del mafioso Joe Conforte, con quien el boxeador tenía una disputa. Esa muerte golpeó fuerte en el corazón de los argentinos, pero en especial de un amigo suyo: Ernesto Cherquis Bialo. 

En el momento de la muerte, el referente de periodistas estaba en Johannesburgo cubriendo la histórica pelea de Víctor Galíndez contra Richie Kates. Además de escribir una crónica que el tiempo se encargará de ubicarla como una pieza prodigiosa del periodismo deportivo, en la misma edición 2955 de El Gráfico del 26 de mayo de 1976, Cherquis, bajo su seudónimo histórico de Robinson, escribió una columna sin fotografía alguna titulada "Un adiós sin sentido".

En momento donde ahora a nosotros nos toca decirle adiós, publicamos esta columna a modo de homenaje a un maestro de periodistas. 

 

Imagen Despedida de Cherquis a Bonavena
Despedida de Cherquis a Bonavena
 

UN ADIOS SIN SENTIDO

Siempre pensé que el tiempo me daría fuerzas para escribir la última crónica. Iba a ser un día sin sol -ese día que los periodistas podemos manchar la hoja con una lágrima invisible- para decirle chau al boxeo y ayudarte a clavar el soporte donde colgar los guantes. Pensé que te daría las gracias sinceras por las vivencias que dimensionaron la eternidad de momentos que ningún tiempo futuro podría ya borrar. Aquella noche en el viejo Madison frente a Chuvalo agrandando el corazón hasta la victoria que reabriera las puertas de Estados Unidos. Las dos caídas que le diste a Frazier obligando al Mundo a tenerte en cuenta. Y a la salida, después de cada triunfo o cada derrota, esa actitud generosa de de depositar en cada ring el sudor macho y fatigoso que ensanchaba tu nombre hasta hacerlo historia. Un cable cruel, frío como tu cuerpo muerto, me paraliza los dedos ante la máquina obligándome a hablarte este idioma absurdo de un chau que no entiendo. Un cable cruel, frío como tu cuerpo muerto, me acelera el corazón trayendo a mi mente la evocación eterna de tus días tristes. Bajo tu máscara prepotente, la mentira de tu fanfarronería. Detrás de tus gritos insolentes, la sinceridad de luchar buscando el amor. Amor para los de tu sangre, amor para los de tu estirpe...Muchas veces me tocó escribir episodios de tu vida profesional.

 

Imagen Una situación curiosa de intimidad entre Bonavena, Cherquis Bialo y Cacho Fontana
Una situación curiosa de intimidad entre Bonavena, Cherquis Bialo y Cacho Fontana
 

Siempre salí de los estadios orgulloso de ser tu amigo. Por la forma de ganar, mucho más por la forma de perder. Aquella noche en que tambaleante y tumefacto entraste al hotel Statler Hilton después de perder con Cassius Clay, tus ojos semicerrados no alcanzaron a ver la admiración con que el Mundo respetó tu caída. Tu cuerpo estaba tan muerto como ahora, pero por dentro una llama más candorosa que nunca alegraba tu corazón: "Perdí pero me la jugué, ¿no?, ¿vieron cómo me la jugué?" No creo que aquella guapeza del boxeador haya sido la más importante. Hubo otra guapeza que tal vez no la advertiste nunca: LA GUAPEZA DE HABERLE GANADO AL BARRO, A LA MISERIA, A LA VIDA. ¿Con qué?: con la fe de adentro, obedeciendo a ese duende que nace con nosotros el mismo día que nosotros nacemos. A los diez años tu vieja te llevaba al hospital en brazos para que te corrigieron los pies planos. A los onece le confesabas a los adoquines de Pompeya tus sueños de ganarle a la promiscuidad de la casa con techos altos, camas amontonadas y paredes transpiradas de humedad. A los doce cargando sobre las espaldas las changas adolescentes que pongan un mango más para la mesa con aroma italiano. A los trece, con el bolso en la mano buscando ensanchar la caja y los brazos para pegarle al mañana. A los catorce, sudando el futuro con un sueño de campeón de boxeo. Y después, este después que vertiginosamente se hizo hoy, desafiando la parábola que mezcla tiempos y rivales, triunfos y derrotas, alegrías y miserias. Yo sabía que un día me sentaría a escribir la crónica final. Iba a ser un día sin tristeza porque lo mejor ya se había hecho y nada podría regresarme -ni regresarte- a la salud gastada, al cuerpo vencido, al entusiasmo agonizante. Pero ésa sería una crónica deportiva, saludable, y con el idioma técnico de las críticas objetivas. Este adiós es tan cruel como el cable de tu muerte. Este adiós sin sentido mancha el papel con las lágrimas de un periodista que alguna vez te apretó en tu pecho diciéndote gracias por tanta grandeza para ganar o para perder. Es la crónica final. He traicionado a los lectores porque al escribirla no pensé en ellos. Quise y quisiera seguir diciéndote las cosas que diría en silencio frente a tu cuerpo muerto...

Robinson

 

Imagen Ringo Bonavena, el campeón del pueblo, en acción.
Ringo Bonavena, el campeón del pueblo, en acción.
 

Edición 2955 del 26 de mayo de 1976

Foto de portada e interiores: Archivo El Gráfico