El tenis argentino tiene un nuevo proyecto, pero los mismos problemas
Se reza por el retorno de Del Potro para conseguir la primera Copa Davis. Sin embargo, antes del primer partido ya aparecieron las internas de siempre.

Vilas y Clerc marcaron el antecedente. Argentina llegó por primera vez a la final de una Copa Davis en 1981. Dentro del equipo tenía a dos de los mejores jugadores de aquel entonces. En cuartos de final en suelo rumano, Batata y el Gran Willy se hicieron la cruz. Tenían una relación cordial, pero algo se rompió en Timisoara, la ciudad donde la pelea se hizo pública. Jugaron el dobles sin hablarse y perdieron. En el último día, Vilas ganó su single y consumó el pasaje a semis. El triunfo no impidió la renuncia del capitán Roberto Graetz, desbordado por la situación.
La derrota fue totalmente deportiva y a la hora del dobles actuaron como una verdadera pareja. Sin embargo, Vilas y Clerc nunca más volvieron a jugar una final de Copa Davis. Argentina se atragantó esa vez y tuvo que esperar mucho tiempo para volver a una instancia similar. En el medio pasó el descenso de Grupo y camadas sin demasiado éxito.
En 2004 Coria y Gaudio llegaron al duelo decisivo de Roland Garros y volvieron a poner sobre el tapete la grieta en la legión. Dos años después y con otros protagonistas, Argentina volvió a disputar una final de Copa Davis. David Nalbandian era el emblema del equipo que completaban Chela, Calleri y Acasuso. Rusia no fue un rival fácil y nuevamente no hubo caso. En la previa, diferentes versiones indicaron que el capitán Mancini había tenido una discusión con Nalbandian por la elección del segundo singlista. Al día siguiente de los rumores, los dos protagonistas dieron una conferencia de prensa y desmintieron la información, aunque el mal clima ya había sido generado.
En 2011 hubo una nueva final aunque esta vez no estuvo signada por una pelea. Del Potro y Nalbandian compartieron plantel y nuevamente España alzó el título. El entrenador Tito Vázquez logró una convivencia pacífica, precisamente la que no pudo conservar Martín Jaite, capitán durante los últimos tres años. En 2013, Del Potro anunció que priorizaría su carrera personal. Fue la manera encubierta de darle la espalda a Jaite y a la Asociación Argentina de Tenis luego de varias decisiones que lo habían molestado. Durante los últimos dos años no jugó la Copa Davis y Nalbandian fue soberano en un equipo que miraba con recelo al ausente y le dedicaba los triunfos en la intimidad del vestuario.
Como alguna vez había dicho Carlos Junquet, entrenador de Vilas y Clerc en la final de 1981, “la Argentina se banca una sola estrella”. Nalbandian anunció su retiro en octubre de 2013 y el camino se allanó para el regreso de Del Potro. Antes, debía salir del medio Jaite. Así sucedió y en 2015 el tandilense es el líder para concretar –de una vez por todas- el ansiado objetivo. Incluso hasta fue consultado para la designación del actual entrenador Daniel Orsanic.
El cruce de palabras no aporta al escenario ideal. La Copa Davis sigue siendo una cuenta pendiente y los tenistas argentinos no parecen estar dispuestos a unirse para conseguirla. Ante un nuevo proyecto, los vicios se mantienen como sucede desde hace treinta años. La consecuencia es evidente: entre tantas estrellas que se pelean, la única que falta es la que se borda en el escudo.







































