¡Habla memoria!

Ariel Ortega, con un pie afuera de River

En la vuelta al trabajo, el jujeño no se había presentado al entrenamiento por una gastroenterocolitis. J.J. López se cansó de tantos desplantes y separó al ídolo del plantel. Todo apunta a que el ciclo está cerrado.

Por Redacción EG ·

06 de enero de 2011
Imagen MAGIA. En River fue el club donde mejor rindió. También, jugó tres Mundiales con Selección Argentina (1994,1998 y 2002).
MAGIA. En River fue el club donde mejor rindió. También, jugó tres Mundiales con Selección Argentina (1994,1998 y 2002).

Los asiduos corresponsales de vestuarios reconocen que los ídolos siempre tuvieron privilegios. Esos mimos paternales y guiños de dirigentes y entrenadores, generalmente se efectuaban y se efectúan a espaldas del plantel, principalmente para no generar una guerra de egos. En River, Ortega fue Gardel con guitarra eléctrica mientras estuvo bien. Siempre le dejaron hacer porque el domingo la rompía. Pero el nivel decayó: la cadencia de caderas, habitual en él, no era la misma, su constancia creativa en ofensivo se minimizó en algunas pinceladas de calidad y el físico pidió el cambio. Bajo ese contexto, saltó su adicción al alcohol.

Un compañero suyo en River confesó en una nota de El Gráfico de abril de 2003 (¿Un ídolo de cabotaje?): “La vida de Ortega es escuchar cumbia y tomar cerveza. El quiere pasarla bien y cagarse de risa. Y todo eso lo puede hacer, porque sabe que para el fútbol argentino le sobra; por eso nunca le calentó demasiado entrenarse”.

En Núñez tuvo cuatro etapas: una primera, desde fines de 1991 hasta comienzos de 1997, una segunda de dos años (mediados del 2000 a mediados del 2002), una tercera de dos almanaques y medio (2006 a mediados de 2008) y la última, que se inició con el Apertura 2009.

Daniel Passarella tuvo incidencia en tres capítulos del Burro en River: dos como entrenador y uno como presidente. “A Daniel le veo la cara y ya se como está, qué le pasa. Es de esas personas que si te tiene que cagar a pedos, te va a cagar a pedos, y si te tiene que cagar a trompadas, te va a cagar a trompadas, no tiene ningún problema. Siempre fue de personalidad fuerte. No anda con vueltas, sea quien sea. Es la persona que más me ayudó en el fútbol”, reconoció en El Gráfico de agosto de 2006. Esta vez, el mandamás de River le bajaría el pulgar.

Imagen KAISER. Passarella dirigió al de Ledesma en dos etapas distintas en el Millonario. En la actualidad, es el presidente.
KAISER. Passarella dirigió al de Ledesma en dos etapas distintas en el Millonario. En la actualidad, es el presidente.
No es el primer problema de conducta del jujeño ni mucho menos. Diego Pico, periodista del diario Marca y seguidor del Valencia, reconoció alguna vez: “Un día, Ranieri se cansó y presentó en conferencia de prensa la asistencia a los entrenamientos; y Ortega se había entrenado 40 veces menos que sus colegas”.

Diego Simeone, cansado de sus faltas sin aviso, lo marginó. Orteguita buscó aire en Mendoza y se fue a jugar a la B Nacional con Independiente de esa provincia. Allí, haría un tratamiento estricto por su adicción al alcohol en una clínica chilena, su familia se instalaría con él y estaría lejos de las tentaciones de Buenos Aires. Pero ninguna de las tres llaves destrabó el candado: nunca se presentó en la clínica, su mujer y sus hijos siguieron viviendo en San Isidro y él no solucionó su problema: las sucesivas salidas nocturnas y sus excesos influyeron en su bajo rendimiento; jugó 25 partidos, hizo cuatro goles y sufrió tres expulsiones. La última contra Quilmes, cuando su equipo perdía 2-0, aceleró su salida. Rescindió el préstamo de común acuerdo y volvió a su casa…

“En River se acabó la joda”, sentenció Passarella ni bien asumió el cargo máximo. Y parece que lo dijo bien en serio. Con Ángel Cappa, Ortega gozó de ciertos privilegios. Pero llegó J.J. López y le bajó el copete: “Acá no importan los nombres. Conmigo va a jugar el que mejor esté, tenga el apellido que tenga. Lo de Ariel es un problema deportivo y de disciplina. Le dije que no quería contar con él y que estaba con total libertad para ir a jugar a otro club”.

Con las cartas en su mano, Ortega tiene el camino bifurcado: o arregla en otro lado o se va al mazo.

Mauro Gurevich