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La última lección de Fabricio

Se retiro de la actividad profesional Fabricio Oberto, baluarte de nuestra Generación Dorada.

Por O.R.O. ·

06 de noviembre de 2010
El jueves 4 de noviembre de 2010 un comunicado llegado desde Portland (Oregón), Estados Unidos, fue un mazazo para el deporte argentino, porque las circunstancias que rodean a nuestros campeones olímpicos exceden los límites de la disciplina de cada uno. Los Trail Blazers, su tercer equipo en la NBA, dieron la información: "Fabricio Oberto anunció hoy que se retira del básquetbol debido a palpitaciones recurrentes relacionadas con una condición cardiaca previa”.

El propio Fabricio confesó: "Tomé la decisión de poner mi salud y mi familia delante del básquetbol”. También completó con detalles de intimidad: “En el partido en Milwaukee del martes pasado me vinieron unos mareos y me puse nervioso. Me preocupé mucho, como que tuve un presentimiento. Y desde entonces estuve masticando la idea, lo hablé con mi familia y llegué a una decisión que es absolutamente mía. Así se lo comuniqué al equipo. Después de todo lo que me pasó en la temporada anterior con el tema del corazón, con la intervención quirúrgica que me hicieron en Austin (5 de junio de 2009) para corregir la arritmia, había comenzado a mirar más corto, no demasiado lejos. Pensé en Julia, mi hija, en la familia…”

Retiro doloroso por cierto, pero qué madura reflexión y qué atinada prudencia, tan arraigadas siempre en el cordobés de Las Varillas, cuya trayectoria se aplaude en todo el mundo por ejemplar y admirada.
Nuestra Generación Dorada tuvo su grupo embrionario en octubre de  1993. Oberto, con algo más de edad, se integró a partir del 2º Torneo de las Américas Sub-22 realizado en Caguas (Puerto Rico) en agosto de 1996. Lo hizo habiendo logrado ya un título importante, lo que provocaba el espontáneo respeto de sus flamantes compañeros: había conquistado con los mayores la medalla de oro de los Juegos Panamericanos en Mar del Plata 1995, título inédito en el básquetbol argentino. Alguna vez Manu Ginóbili contó esta anécdota de aquella vez de Caguas en la revista El Gráfico: “Siempre quería ir con él a todos lados, porque –como era el capo- sabía que nunca me iban a decir nada. Si iba con el ancho de espadas, ¡estaba respaldado!”

Fue el símbolo del juego solidario y sacrificado que distinguió a la camada. La definición más cabal sobre Fabricio Raúl Jesús Oberto la dio Luis Alberto Scola: “En un equipo juega por todos, por él y por los demás”. Apenas enterado de su adiós, R. C. Buford, el general manager de San Antonio Spurs, donde se consagró campeón en 2007, redondeó el concepto con la misma idea de altruismo: “Tal vez nunca el mejor jugador, pero siempre el mejor compañero". Gracias por todo, Fabricio.