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Palabras huecas

El trabajo de la semana es la muletilla predilecta de técnicos, jugadores y periodistas. Gambetear un cono de plástico es un acontecimiento. Cuando debuta un DT se espera su triunfo como si todo fuera fruto del azar. En ese contexto, ¿cómo puede verse fútbol genuino?

Por Carlos Poggi ·

25 de octubre de 2010
Al San Lorenzo que defiende con línea de tres, integrada por un trío de marcadores centrales que generalmente se apoyan en la misma pierna y no saben girar hacia el lugar indicado, le hicieron dos goles estupendos los zagueros centrales de Huracán, Carlos Quintana y Facundo Quiorga, uno de zurda y otro de derecha para que no quedasen dudas de que San Lorenzo no marca, apenas hace sombra en un lugar de la cancha letal.

Ramón Díaz, a quien se le acabó el humor y la ironía tras semejante debacle ante el rival de toda la vida, volvió a utilizar la muletilla del trabajo de la semana "lo hicimos muy bien". Claro, una cosa son los conitos de plástico y otra muy distinta los tipos de carne y hueso vestidos con la camiseta del Globo. No hay práctica que pueda mejorar lo que natura non da. Romagnoli está más solo que Robinson Crusoe y el uruguayo Balsas tiene menos temperatura en el pecho que el promedio de la Base Marambio en la Antártida. Además, al oriental, le da lo mismo jugar un clásico como el de Boedo que caminar por la 18 de Julio chupando mate. ¿Mejoran estas fallas con el trabajo semanal? ni por casualidad.

Ante la necesidad, Brindisi apostó a los pibes de la cantera. Les habló de lo que signfica un partido contra San Lorenzo, los mentalizó y más allá que los goles clave los hayan convertido dos experimentados, los siete jóvenes nacidos en la Quemita dejaron la vida en cada pelota.  Todo lo contrario que su rival, que tuvo la pelota, pero no supo que hacer con ella, salvo en aislados pasajes de un partido más emotivo que bueno, pero que tampoco podía pretender serlo en un contexto donde hasta los supuestos mejores apuestan al cero para mantenerse arriba.

Otro de los mitos generados por propios y extraños es aquel remanido "técnico que debuta gana". Madelón era el iluminado de turno, pero la realidad le dio un cachetazo: si los jugadores no están en sintonía, con la experiencia, la buena voluntad y la mochila cargada de buenos resultados no alcanza. Banfield fue demasiado para un Quilmes que deberá remar mucho para enderezar el rumbo.

En Avellaneda chocaron líneas de tres y líneas de cinco para defender no se sabe bien qué. Independiente tenía la carga extra del exigente choque copero contra Defensor y Boca la exigencia habitual con un agregado: expresar de una vez por todas cuál es su juego, hasta ahora indescifrable. Nada por aquí, nada por allá. Un cero a cero testimonial. 

Arriba todo sigue igual y abajo también. El Apertura entra en su tramo final con más incógnitas que certezas, con buen fútbol por cuentagotas, algunos goles magníficos como para mantener el optimismo, más allá del trabajo de la semana y los latiguillos marquetineros, auténticas palabras huecas.