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Tokyo y me quedo
Batista recibió el primer cachetazo de su interina labor al frente de la Selección. Los japoneses, dirigidos por un italiano, jugaron mejor y pusieron otro toque de atención en un camino que no será un lecho de rosas hasta el 2014.
Un wing no muy hábil con la pelota, pero vivo para declarar, de apellido Pentrelli, jugador de Gimnasia y de Racing, patentó aquello de "toco y me voy" en referencia a la sencillez para desplazarse en los sectores ofensivos. Parafraseando aquella frase, Argentina frente a Japón fue "Tokyo y me quedo" porque salvo dos o tres acciones colectivas, lo demás fue algo conocido: Messi por aquí, Messi por allá...
Esta Argentina del Checho Batista, que había alumbrado frente a Irlanda y muchó más frente a la España de los cantares mundialistas, pegó un retroceso en cuanto al desarrollo colectivo del juego. Y encima, un arquero que parecía un muro se convirtió en un frontón dando rebotes para alegría de los delanteros rivales aun en circunstancias de relativo peligro. Por otra parte, seguimos alineando marcadores centrales en lugares donde lo que se necesitan son conocedores cabales de la posición, ya sea por la derecha o por la izquierda de la zona defensiva.
Pese a no estar fisicamente entero, Messi tuvo sobre sí el patrimonio del juego. El rosarino monopolizó la tenencia de la pelota, pero solo aisladamente contó con el socio ideal para comprometer a un sólido arquero japonés. No anduvo, extrañamente, Tevez, no engancharon la onda ni Diego Milito primero, ni el Pipita Higuaín después y a la Selección le costó mucho desequilibrar a la última línea japonesa. Por eso, más allá de alguna llegada clara, la posibilidad del empate nunca se pudo palpar realmente y hasta la victoria de Japón pudo ser más amplia de haber concretado dos o tres contraataques veloces y punzantes que tomaron a contrapié a los defensores argentinos, incluído Mascherano, ubicado más como soporte defensivo que como distribuidor de juego.
Ni el hecho de contar con Lavezzi, Pastore, Higuaín, Tevez y Messi, en teoría un quinteto mortal para cualquier arquero rival, pudo darle a la Argentina predominio frente a un equipo cuya mayor virtud fue saberse inferior, pero no resignarse a ser superado así nomás. Y por si eso no bastase, hubo un jugador, Kagawa, que se destacó nítidamente por su velocidad y habilidad hasta convertirse en una de las figuras de la cancha.
Argentina perdió bien, no caben las excusas. Si cabe pensar de una vez por todas en el proyecto que debe encararse con todos los equipos nacionales sea con Batista o con quien se juzgue capacitado para una labor que no será sencilla, visto y considerando lo que ya están haciendo selecciones de primer nivel y también las ubicadas uno o dos escalones más abajo como esta de Japón que acaba de lograr un triunfo histórico. Por las dudas, no olvidar en la AFA y alrededores que los próximos adversarios serán Brasil e Inglaterra.
Esta Argentina del Checho Batista, que había alumbrado frente a Irlanda y muchó más frente a la España de los cantares mundialistas, pegó un retroceso en cuanto al desarrollo colectivo del juego. Y encima, un arquero que parecía un muro se convirtió en un frontón dando rebotes para alegría de los delanteros rivales aun en circunstancias de relativo peligro. Por otra parte, seguimos alineando marcadores centrales en lugares donde lo que se necesitan son conocedores cabales de la posición, ya sea por la derecha o por la izquierda de la zona defensiva.
Pese a no estar fisicamente entero, Messi tuvo sobre sí el patrimonio del juego. El rosarino monopolizó la tenencia de la pelota, pero solo aisladamente contó con el socio ideal para comprometer a un sólido arquero japonés. No anduvo, extrañamente, Tevez, no engancharon la onda ni Diego Milito primero, ni el Pipita Higuaín después y a la Selección le costó mucho desequilibrar a la última línea japonesa. Por eso, más allá de alguna llegada clara, la posibilidad del empate nunca se pudo palpar realmente y hasta la victoria de Japón pudo ser más amplia de haber concretado dos o tres contraataques veloces y punzantes que tomaron a contrapié a los defensores argentinos, incluído Mascherano, ubicado más como soporte defensivo que como distribuidor de juego.
Ni el hecho de contar con Lavezzi, Pastore, Higuaín, Tevez y Messi, en teoría un quinteto mortal para cualquier arquero rival, pudo darle a la Argentina predominio frente a un equipo cuya mayor virtud fue saberse inferior, pero no resignarse a ser superado así nomás. Y por si eso no bastase, hubo un jugador, Kagawa, que se destacó nítidamente por su velocidad y habilidad hasta convertirse en una de las figuras de la cancha.
Argentina perdió bien, no caben las excusas. Si cabe pensar de una vez por todas en el proyecto que debe encararse con todos los equipos nacionales sea con Batista o con quien se juzgue capacitado para una labor que no será sencilla, visto y considerando lo que ya están haciendo selecciones de primer nivel y también las ubicadas uno o dos escalones más abajo como esta de Japón que acaba de lograr un triunfo histórico. Por las dudas, no olvidar en la AFA y alrededores que los próximos adversarios serán Brasil e Inglaterra.







































