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Messi y el gol de su revancha

Se lo lastimó demasiado, se lo hizo responsable de los males ajenos, se lo comparó absurdamente con Maradona. Frente a España con una pincelada de calidad abrió el camino a la goleada y se retiró ovacionado.

Por Carlos Poggi ·

07 de septiembre de 2010
Lo cargaron diciendo que iba a jugar un tiempo para España y otro para Argentina. Lo ridiculizaron sosteniendo con humor ácido que iba a cambiar la camsieta con un argentino porque iba a jugar con la roja ibérica. Ya le habían enrostrado su respaldo a Batista, el técnico de las selecciones juveniles que aceptó ocupar el cargo que está vacante desde el Mundial tras el alejamiento de Maradona. Pero a todo eso sobrevivió porque tiene clase, sabe jugar de sobra y también es goleador. Desde el 7 de septiembre de 2010 hay otro Lionel Messi. Es el Lio del golazo que hizo vibrar al Monumental y comenzó a destruir a Iniesta y sus muchachos. Es el Lio que ya saldó su deuda con la Selección mayor y dejó escrito que para el 2014, salvo que el destino disponga lo contrario, él será el as de espadas de la blanca y celeste.

¿Por qué giro en torno de Messi y no del equipo en general,  este nuevo puntapié inicial que puede darse a partir de la goleada ante el campeón del mundo?  Porque estaba claro que en Sudáfrica el rosarino no había sido el único responsable de la frustración de no haber llegado a las instancias finales, pero igual se la cargaba la romana y se lo castigaba por su ausencia en la red adversaria. Y ahora parece estar mucho más claro. Lo sostuvo el Checho Batista al decir que a Messi hay que dejarlo que juegue, que se mueva por la cancha a su libre albedrío. Y así se hizo y lo sufrieron en momentos clave, varios de sus propios compañeros en el Barcelona que también, con Iniesta como abanderado, lo respaldaron a rajatablas.

Messi fue ovacionado cuando se anunciaron los equipos con un respaldo popular que seguramente necesitaba y que al mismo tiempo marca que el hincha de verdad, el conocedor del fútbol, no come vidrios y sabe quién puede dar espectáculo y quien no, quien puede sacar el arma letal en el momento indicado y quien necesita cien balas para acertar un blanco.  Y aquella ovación inicial se convirtió merecidamente en aplausos y un canto messianico que caló hondo en el espíritu del crack que deslumbra al mundo desde el fútbol español y que ahora puede hacerlo también desde la selección argentina, liberado de las presiones lógicas y también de las absurdas.

Cerrado el capítulo Lionel, debo decir que hubo otros motivos para la satisfacción. Hacía 23 años que no se presentaba en la Argentina una selección de las llamadas fuertes. La última había sido la de Alemania en 1987. También hacía bastante tiempo que un seleccioando argentino jugaba en ese nivel de eficiencia. Porque además de la labor de Messi, fue elogiable lo hecho por Banega, por Tevez, por Higuaín y también lo aportado por Zanetti y Cambiasso, dos reincorporados al elenco nacional la labor de Messi.

Batista se anotó un poroto y quedó expuesto que la gente que pobló el Monumental en su gran mayoría gusta del fútbol bien jugado, que respetó el estilo de España y que se gastó las manos aplaudiendo las grandes jugadas gestadas por los emblemas argentinos. Por todo lo que se vivió y disfrutó, el 7 de septiembre de 2010 puede ser una suerte de dia D para nuestro fútbol. Ojalá lo sea concretamente.