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Código de barras

Algunos bravos del tablón viajaron con la selección, otros ya están en Pretoria viendo su privilegiado lugar de alojamiento en un colegio sudafricano. Alentar tiene su precio y ya se lo están cobrando. Increíble, pero real.

Por Carlos Poggi ·

28 de mayo de 2010
 Tal como suele sucede en la Argentina, donde los denominados barras bravas tienen su feudo a disposición para cualquier tipo de felonía, ahora el código se convirtió en registro internacional. Los más repudiables personajes del staff de "hinchas argentinos unidos" han ocupado sus plazas en el avión que transportó a los Maradona boys a la sede del Mundial. Otros, los más "sacrificados" ya están en Sudáfrica desde hace unos días recorriendo su albergue transitorio que les servirá de confortable aguantadero durante la estada del equipo territorio sudafricano.

Eso sí, los barras se han sacrificado aceptando dejar limpecables as instalaciones del colegio donde se alojarán en Pretoria, muy cerca del bunker maradoniano,   Que nadie piense que por once dolares diarios no habrìa que dar una contraprestación acorde con la pichincha conseguida con la anuencia de aquellos que son capaces de echar periodistas de los lugares cercanos a los jugadores y cuerpo técnico del equipo nacional, pero se convierten en amanuences de estos detestable personajes que de ningún modo pueden asegurar triunfos, si no que lucran con su estatus de bandoleros disfrazados de fieles seguidores de una divisa.

Miles y miles de hinchas decentes deberán contentarse con ver a su equipo por televisión, mientras comprueban como este grupúsculo de indeseables se pasea a gusto y paladar cerca de los jugadores, recorren a bajo costo lugares que son onerosos para cualquier turista de clase media, y se regodean con la impunidad que han conseguido.
 
En un rapto de razocinio y sentido común, las autoridades sudafricanas han dicho que habrán de deportar a quienes figuren como "ciudadanos peligrosos para la seguridad del país organizado del Mundial".  Más allá del papelón que significaría, en buena hora que alguien ponga en caja a quienes disfrazos de fieles simpatizantes y/o fervientes apasionados por una divisa, cometen todo tipo de tropelías. Que se vuelvan todos, sería el lema para aplicar.  Lo dudamos, pero ojalá se cumpla.