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Siempre hay una primera vez

A días de cumplir 114 años, Banfield, a pesar de caer frente a Boca, logró su primer título. Decisiva ayuda de San Lorenzo que ganó el partido que Newell's no debía perder.

Por Carlos Poggi ·

13 de diciembre de 2009
El Apertura 09 finalizó tal como había empezado: con incertidumbr e en la mayoría de los resultados de los partidos. Pese a todos "análisis" previos de muchos colegas que hablaban de simpatías varias de personajes de Boca identificados con Banfield, en la Bombonera se volvó a representar el Palermo story, una vida desarrollada a puro gol y que justamente en el capítulo final, cuando ya se pronosticaba su retiro volvió a tener su mejor expresión. 

Difiícil les resultó a los muchachos de Falcioni pararse como campeones. Ni siquiera el hecho de saber como iba Newell's, el enemigo que le podría soplar el título soñado durante tantos años, le sirvió al finalmente coronado para moverse en condición de tal. Quien hubiera llegado a la cancha a ver a Banfield por primera vez no hubiera creído que ése era el gran candidato a dar la vuelta olímpica. Y eso que Boca se movió con mucha cautela, con una calma solo reservada a quienes pueden estar destinados a ser partenaires. 

Pero claro, también en Rosario hubo miedo escénico y aunque un ex Canalla como el Kily Conzález  hubiera fallado el penal anticipadamente festejado tanto en el Florencio Sola (pantalla gigante para que el grueso de los banfileños asistiera a la gran definición) como en el Alberto J. Armando (albergue de los cuatro mil y pico de privilegiados que consiguieron una entrada) no hubo mayor respuesta. San Lorenzo fue más y a partir del golazo de Bordagaray manejó el desarrollo del juego teniendo como aliado el nerviosismo de un equipo que no tuvo conducción en medio del temporal.

Por eso, el final de fiesta tuvo ingredientes poco acostumbrados, pero para nada desconocidos. Los dos candidatos perdieron por el mismo resultado y como Banfield llevaba dos puntos de ventaja, la derrota casi que no le dejó huellas, porque los Sensini boys no pudieron cambiar el curso de su propio destino y dejaron las cosas como estaban al principio. Banfield, cabe reconocerlo, fue un campeón legítimo, con buen puntaje acumuldo para torneos cortos  y lo justificó en la campaña previa al choque en la Bombonera. Su goleador, al mismo tiempo artillero del certamen, no apareció como se esperaba, pero en rigor él fue decisivo en muchas otras ocasiones como para que alguien osara reprocharle esta ausencia momentánea.

Ahora, los fantasmas ya han volado para otros territorios. En el país albiverde solo hay tiempo para brindis y celebraciones. Por esto el póximo 21 de enero, en el cumpleaños 114 la fiesta será completa. Se alzarán las copas saludando el campeonato obtenido después de tantos años de esfuerzos y se pondrá en marcha el nuevo desafío que es participar otra vez de la Copa Libertadores con todas las ganas de sumarla a las vitrinas que ya tienen un trofeo que es la representación vívida del sueño concretado.