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El árbol y el bosque
Una vez más Palermo se convirtió en el Angel de la Guarda y Argentina respiró hondo bajo el agua. Igual, todavía Sudáfrica queda lejos.
No hay caso, esta Selección está condenada al sufrimiento. Cambian los nombres, se renuevan los dispositivos tácticos, pero el gran fútbol que se supone debe aparecer se empecina en faltar a la cita una y otra vez.
El choque frente a Perú, el cola de las Eliminatorias, que además venía sin algunas de sus figuras diseminadas por el planeta fútbol, se suponía fácil y terminó siendo harto complicado, un poco
por el planteo ajeno y un mucho por la disposición propia.
Es difícil explicar a qué juega Argentina, porque no se advierte un estilo. Los nuevos convocados por Maradona no dieron mucha confianza sobre su rendimiento en equipo y como siempre lo que se apreció fueron destellos individuales. Higuaín respondió bien, pero lo sacaron más rápido de lo que él y el partido merecían. Emiliano Insúa no demostró mucho más que sus antecesores, Enzo Pérez extranó la camiseta albirroja y Pablito Aimar lejos de ser el socio ideal de Messi dejó más dudas que certezas.
Tardó mucho el primer gol y llegó después de dos sofocones en el arco propio que pusieron un signo enorme de interrogación. Y sobre llovido, mojado. La tormenta no sólo mojó el cuerpo de los hinchas, también empapó el alma, cuando sobre la hora llegó el empate que recordó el "peruanazo" de 1969 que nos dejó fuera del Mundial de México 70. Pero al revés de lo que pasó en Asunción ante Paraguay, esta vez Martín Palermo, el Angel Guardían, el iluminado del gol, acertó en el cierre y con su zurda marcó no solo el gol de la victoria angustiosa si no que dejó abierta la puerta para el próximo Mundial.
Pero claro, ahora el rival sera Uruguay, que también sobre la hora cambió la historia en Quito pero con ribetes de hazaña, y será bueno que el árbol (la increíble racha de Palermo) no nos impida ver el bosque (la Selección sigue en enorme deuda futbolera). No hay mucho tiempo, pero tal vez el halo de Martín influya para que de una buena vez nuestro máximo equipo justifique el prestigio internacional que indudablemente tiene por sus individualidades, pero que tanto le cuesta confirmar como expresión colectiva.
Sudáfrica está más cerca, pero puede estar muy lejos. Según como se juegue, el hito puede clavarse donde realmente todos deseamos que se ubique y con el logo del Mundial 2010. Pero, cuidado, que nada es seguro y mucho menos tratándose de fútbol.
El choque frente a Perú, el cola de las Eliminatorias, que además venía sin algunas de sus figuras diseminadas por el planeta fútbol, se suponía fácil y terminó siendo harto complicado, un poco
por el planteo ajeno y un mucho por la disposición propia.
Es difícil explicar a qué juega Argentina, porque no se advierte un estilo. Los nuevos convocados por Maradona no dieron mucha confianza sobre su rendimiento en equipo y como siempre lo que se apreció fueron destellos individuales. Higuaín respondió bien, pero lo sacaron más rápido de lo que él y el partido merecían. Emiliano Insúa no demostró mucho más que sus antecesores, Enzo Pérez extranó la camiseta albirroja y Pablito Aimar lejos de ser el socio ideal de Messi dejó más dudas que certezas.
Tardó mucho el primer gol y llegó después de dos sofocones en el arco propio que pusieron un signo enorme de interrogación. Y sobre llovido, mojado. La tormenta no sólo mojó el cuerpo de los hinchas, también empapó el alma, cuando sobre la hora llegó el empate que recordó el "peruanazo" de 1969 que nos dejó fuera del Mundial de México 70. Pero al revés de lo que pasó en Asunción ante Paraguay, esta vez Martín Palermo, el Angel Guardían, el iluminado del gol, acertó en el cierre y con su zurda marcó no solo el gol de la victoria angustiosa si no que dejó abierta la puerta para el próximo Mundial.
Pero claro, ahora el rival sera Uruguay, que también sobre la hora cambió la historia en Quito pero con ribetes de hazaña, y será bueno que el árbol (la increíble racha de Palermo) no nos impida ver el bosque (la Selección sigue en enorme deuda futbolera). No hay mucho tiempo, pero tal vez el halo de Martín influya para que de una buena vez nuestro máximo equipo justifique el prestigio internacional que indudablemente tiene por sus individualidades, pero que tanto le cuesta confirmar como expresión colectiva.
Sudáfrica está más cerca, pero puede estar muy lejos. Según como se juegue, el hito puede clavarse donde realmente todos deseamos que se ubique y con el logo del Mundial 2010. Pero, cuidado, que nada es seguro y mucho menos tratándose de fútbol.







































