HISTORIAS VERDADERAS

Los del Sur, popular de verdad

- por Redacción EG: 17/10/2016 -

La hinchada de Atlético Nacional, el actual campeón de la Libertadores, supo desterrar a los violentos para convertirse en un grupo que, además de alentar al equipo, cumple una elogiable función social. ¿Cómo lo hicieron? ¿Cómo se organizan? Desde Medellín, todas las respuestas.

Fiesta de los hinchas de Atlético Nacional en Medellín, Colombia.

Son las cuatro y media de la mañana del día de la final de la Copa Libertadores. Los 22 protagonistas y la terna arbitral duermen –tal vez estén soñando– y no lo saben: las puertas del estadio se están abriendo, para unas doscientas personas que tienen bien estudiado el trabajo: dejar un papel por ubicación; un papel por cada uno de los más de 50.000 espectadores que colmarán el estadio, y ahora también duermen –seguro que están soñando con la Copa–. Los colores de esos papeles dependen de las instrucciones de un arquitecto que, con los planos del estadio, diseñó una figura majestuosa. A la noche, a las 20:45 de Colombia, Atlético Nacional saldrá a la cancha, y el público alzará el papel que le están dejando ahora mismo, mientras duermen. A eso, se le sumarán más de 30.000 banderas de palo y 10.000 bengalas. Y miles de bolsones de papelitos y fuegos artificiales. Será uno de los mejores recibimientos de la historia, para un Nacional que, más tarde, se consagraría campeón de la Libertadores por segunda vez. Pero esa es otra historia. Debajo de esta línea, se contará el campeonato de la tribuna “Sur”, donde se ubican los que están ahora, de madrugada, organizando esta fiesta, mientras todos duermen. O sueñan.

 

Esta historia comienza, como toda historia, cuando se termina otra. Y la otra historia, la que terminó para que empezara esta, nació en 1989, en una tribuna superior del estadio Atanasio Girardot, en Medellín, Colombia. O, mejor dicho, en un sector que se cerraba con cordones cada vez que jugaba Atlético Nacional. Solo podían ingresar los que pertenecían a la barra “Escándalo verde”. Para sumarse a ellos –unos 300– había que pagar una camiseta, a modo de inscripción.

Para mediados de la misma década, con Pablo Escobar ya muerto, Colombia entra en una contradicción política: comienzan los debates, los cuestionamientos y los reproches al Gobierno de turno. La izquierda y los movimientos sociales avanzan contra el Estado. Y como lo que ocurre en el fútbol es lo mismo que ocurre en la vida, y va de la mano con la política, en las tribunas de Nacional, los jóvenes empiezan a cuestionar eso que estaba ocurriendo en el sector de “Escándalo verde”. Querían una barra “más popular”.

Algunos de ellos, a fines de 1997, fundan la llamada barra “Los del Sur”, con otro tipo de pensamientos. El más importante: cualquiera podía sumárseles. La primera medida que tomaron fue mudarse a la tribuna popular Sur (de ahí el nombre), por ser la más económica. Con los años y desde la ciudad que llegó a tener más de 7000 homicidios por año, cuna del cártel de narcotráfico más violento del mundo y tierra de sicarios, “Los del Sur” se convirtieron, paradójicamente, en la barra más formada, social y combatiente contra la violencia del mundo. Además, los muchachos de “Escándalo verde” terminarían sumándose, compartiendo tribuna y proyecto.

Raúl Martínez es arquitecto, sociólogo e integrante de “Los del Sur”. Es uno de los tantos profesionales que tiene la barra. Ha sido expositor en eventos por la seguridad nacional en el fútbol en facultades de Medellín y Buenos Aires y dio charlas de convivencia y respeto por la diferencia, convocado por la alcaldía de Medellín. Recibe a El Gráfico en la biblioteca del Centro Cultural de la Barra, que es gratuita y para hinchas de todos los equipos. Es el coordinador de este lugar. La pregunta es si son un grupo con ideas de izquierda.

Profesionales de "Los del Sur" dan clases en colegios de Medellín.

-Uno no puede afirmar “todos los del Sur son de izquierda”. Lo que sí, tenemos una tendencia dentro de la dirigencia de la barra: apoyar las luchas sociales y populares, salir a marchar en apoyo de la clase obrera cada 1 de mayo, estar del lado de los estudiantes en las luchas estudiantiles, la lucha de Palestina, rechazar y protestar contra Estados Unidos y el Imperio. Cuando Bush vino a Colombia en 2007, “Los del Sur” atamos una bandera. Decía “Fuera Bush. Otra América es posible”. También, cada 24 de diciembre organizamos la “Navidad verdolaga”, durante la cual regalamos 1300 juguetes a niños de un barrio pobre de la ciudad. En marzo entregamos útiles y delantales para el comienzo de las clases y tenemos presencia en las prisiones: visitamos reclusos y organizamos eventos deportivos y culturales.

-¿Cómo se dio que estén en contra de la violencia en una ciudad tan violenta?
-Somos clase obrera pero formada. Crecimos en barrios populares y fuimos a la universidad pública. Eso, a uno le da otra forma de ver el mundo. Y también perdimos amigos o familiares por la violencia del país. Por eso les decimos a los jóvenes que estudien, que se cuiden, que se porten bien. A algunos los controlamos en sus calificaciones y no los dejamos venir a los viajes largos para que no queden libres en la escuela. Eso es algo muy difícil para sus padres, ya que ellos no son referentes de autoridad como sí podemos ser nosotros. Así, creamos un concepto de barra distinto a lo que es una barra brava en Sudamérica. Más que una barra brava, somos una “barra popular”. Nos sentimos más identificados con ese término. Un grupo potencial de trabajo por la comunidad y para la comunidad, que quiere aportar a la construcción de procesos populares y sociales. Con mucha identidad: somos jóvenes, somos rebeldes, somos contestatarios, somos transformadores. Y rompimos un paradigma de barras del continente: el equipo rival es tu rival, y tu rival no es la muerte. No toleramos una muerte por una camiseta de fútbol. Así como no toleramos una muerte por ser de izquierda.

 

El cambio comenzó en 2002, cuando decidieron que no tenía sentido brindarle más violencia a la ciudad. Dejarían de emboscar a otras hinchadas y de robar banderas, limitándose a defenderse si venían por ellos. Ese mismo año hicieron una reunión con sus rivales. Fueron cien de cada barra y dijeron que era absurdo seguir matándose por una camiseta. Desde ese día en sus canciones no amenazan de muerte a nadie, y empezaron a reconocer al otro, dejando de cantarles que “no existen”. A los más jóvenes de la barra no les pidieron que se hicieran amigos de sus rivales; solo que dejaran de matarse.

-Los incentivamos a valorar su propia vida, que es igual de linda que la mía y la de otros. Cada una con sus particularidades. Y que puede ser igual de linda que la del que usa una camiseta diferente. Que también tiene una experiencia de vida, una familia, como ellos. Los pones juntos, les quitas la camiseta, y son lo mismo: luchan igual para sobrevivir a diario, tienen los mismos problemas económicos y los mismos peligros por vivir en un barrio. Tratamos de hacerles entender que es una pendejada que se peleen a matar siendo lo mismo. Los psicólogos de nuestra barra dan charlas en las secundarias públicas sobre convivencia y la vida como valor fundamental. Les cuentan que somos una barra, pero que también somos profesionales, tenemos una familia, amigos, una vida normal y que no creamos una barra para dañar. Al contrario. Nos escuchan mucho porque el que se los dice no es el psicólogo de la escuela, ni “la autoridad”. No: es la misma barra que ellos ven en la cancha.

 

Durante el año realizan charlas y eventos en barrios pobres de la ciudad.

Hay que estar en Medellín para sentir qué es la violencia. Violencia es que los paramilitares te toquen la puerta de tu casa, o que entren a tu comercio, cada semana, para pedirte “la vacuna”: una suma de dinero a cambio de que nadie te asalte, de que nadie te secuestre, de que nadie te mate. Violencia es escuchar que en un barrio de la Comuna 8 de la ciudad se haga una rifa y el premio sea el kit del sicario: una pistola y una moto. Violencia son las “fronteras invisibles” de los barrios bajos: si algunas personas cruzan una vereda o una esquina, serán asesinados. Violencia son los seis millones de desplazados: campesinos a los que la guerrilla o el Ejército les usurpó su casa, sus tierras y fueron expulsados con lo puesto, teniendo que pedir para comer. Violencia son los miles de desaparecidos en un país que se supone que vive en democracia, pero que tiene más desapariciones y asesinatos políticos que uno en dictadura. Violencia es festejar cuando en un año hay menos de 2000 homicidios en la ciudad, o las 24 horas sin un muerto. Pero violencia, por sobre todas las cosas, es que la violencia se haya vuelto natural.

Hasta hace unos años, cada muerto de la barra tenía una bandera que lo recordaba en la tribuna de LDS. Cuando se dieron cuenta, la popular estaba llena de banderas de fallecidos por la violencia en los barrios. Un día decidieron hacer una bandera que los homenajee a todos. “Es que en la tribuna también existe la vida y nosotros queremos dar mensajes de vida. Porque el fútbol también es eso: es alegría, es pasión, es amor, es amistad”, dice Raúl. Y agrega que empezaron a dedicarle la primera canción, ni bien comienza cada partido: “olé, olé, olé olá/ vamos campeón, hay que ganar/ por los parceros, que ya no están…”.

 

Andrés Felipe Muñoz tiene 37 años y es psicólogo y músico de la banda de punk rock Tr3sdeCoraZón, además de uno de los referentes de LDS. Ha viajado por todo el continente siguiendo al equipo, y en diciembre estará en Japón. Dice que las tribunas son un reflejo de la sociedad o, mejor dicho, de la ciudad.

-En nuestro micromundo, en nuestra microsociedad, hemos logrado cosas más exitosas que la misma alcaldía o la misma ciudad. Y son el respeto, los códigos y entender que en nuestra propia ciudad, que es la tribuna, las cosas deben manejarse de otra manera. Es algo muy bonito sentir que, si bien la tribuna suele ser un reflejo de la ciudad, nosotros creemos que funciona mejor de lo que funciona la ciudad.

Es un día de semana de mayo y Felipe habla con El Gráfico en el centro ciudad de Buenos Aires. Mañana partirá hacia Rosario, donde más tarde, Nacional perdería contra Central, en la ida de los cuartos de final. Cada vez que el equipo juega en Buenos Aires los hinchas de Nacional se reúnen una noche antes del partido, siempre en el Obelisco, para organizar el traslado al estadio. Además de colombianos, suele haber argentinos. Amigos argentinos de LDS: hinchas de Racing, Banfield, Huracán, entre otros. Muchas veces los ayudan: con los micros para mañana, con alojamientos, con invitaciones a comidas y todo lo que les facilite la estadía. En Medellín, ellos devuelven las gentilezas.

"Los del Sur" cuentan con su propia tienda oficial.

Felipe agrega que tienen vinculación con barras chilenas, uruguayas, paraguayas, brasileras, ecuatorianas, venezolanas, peruanas. Hasta con una de Suecia. Y que es común que integrantes de cada grupo viajen a Medellín para visitarlos, ir a la cancha con ellos y conocer su trabajo.

-Solo somos mal vistos por las personas con mentalidad tradicionalista y conservadora. Pero muchas barras de Sudamérica admiran nuestro rol y preguntan cómo implementarlo en sus ciudades.

-¿Y cómo los tratan los cárteles de narcotráfico de la ciudad?
-Mira, contrariamente a lo que se creería, el rumor en los barrios populares dice que la mafia nos respeta y valora mucho nuestro trabajo y mensaje. Ellos, lo que quieren es la tranquilidad de la ciudad, que no haya delincuencia común ni problemas por drogas. Por eso les gusta que proclamemos que no haya guerra en el fútbol ni desigualdad social y que haya democracia. Les sirve que no seamos un cultivo para sus guerras. Cada tanto nos hacen llegar sus mensajes con vecinos que los conocen y vienen a la cancha. Como “qué bueno que estén en su historia y sea algo bien diferente a lo nuestro”.

Eso, agrega Felipe, es uno de los mensajes que LDS busca transmitirles a los muchachos de los barrios pobres y conflictivos, donde se suele idolatrar a sicarios, narcos y extorsionadores. Que ellos, haciendo un trabajo social, se sienten tan igual o más respetados que la gente más temeraria de Medellín, que infunde respeto a punta de tiros y liderazgo mafioso. Respetados hasta por la propia mafia, en una ciudad donde los valores suelen estar invertidos, como en muchas partes del mundo. Por transmitir lealtad, códigos, amor por una camiseta y ser partidarios del respeto, del desarrollo comunitario y de igualdad social.

-¿Le han quitado muchos jóvenes a la delincuencia?
-No tenemos el dato exacto, porque no somos una agencia o un instituto de reinserción. Pero serán entre 300 y 500 muchachos que fueron bandidos, sicarios, ladrones y hoy dicen “prefiero estar aquí tranquilo, en la barra”. Para muchos, la nuestra es una familia mejor que la que nunca tuvieron en su casa. En la barra había un grupo de muchachos conflictivos, permeables a la droga, al alcohol y a otras vulnerabilidades. Los inscribimos en un programa llamado “Fuerza joven”, para adolescentes con potencial delincuencial. Hicieron cursos de chef y empezaron en pizzerías de barrio, y fueron creciendo. Hoy trabajan en los mejores restaurantes de la ciudad y ya no vienen a la cancha porque su vida es otra. Otro caso es el de un muchacho que apodamos “Risitas”. Salió de la cárcel hace dos años, por un homicidio. Hoy es uno de los encargados de llevar el dinero que se recauda por las entradas o los viajes. Anda en moto con decenas de miles de dólares y nunca falta un centavo. Podría haberse escapado, pero es fiel a nosotros; valora que lo hayamos ayudado a encontrar un empleo ni bien dejó la cárcel. Pero resumiendo, no hay datos de reinserciones a través de la barra. Solo sabemos que ocurren y es una situación más cualitativa que cuantitativa. Que sea así, creemos, hace que el ejercicio sea más valioso.

 

La Navidad verdolaga ya es un clásico.

En la sede “Los del Sur”, ubicada en el barrio La Floresta, a pocos minutos del estadio, hay un centro de documentación especializado en fútbol. Con libros, revistas –entre ellas El Gráfico–, documentales. Muchos fueron traídos desde otros países. Porque “Los del Sur” son la única barra del mundo que gasta dinero en libros. También, hay una galería de fútbol y arte, un auditorio en el que se pasan películas que luego se debaten y espacios donde se ofrecen actividades: desde aprender a hacer una hoja de vida hasta jornadas de escritura con periodistas del único periódico de izquierda de la ciudad. O talleres en los que se enseña a leer y escribir, o de convivencia y respeto por los demás. Los sábados hay juegos de recreación para los niños. También prestan el lugar a sindicatos pequeños, que no tienen dónde reunirse.

Otra actividad es el club social y deportivo “Los del Sur”, donde niños de escasos recursos pueden practicar fútbol. Los entrenadores son ex jugadores o integrantes de la barra que se recibieron de profesores de Educación Física o hicieron el curso para ejercer. Es que Atlético Nacional, al igual que sus pares de Colombia, no es un “club”. No son “clubes” de la gente. Es un equipo de fútbol, que es muy distinto. Y su escuela de fútbol para jóvenes puede costar 75 dólares mensuales. Por eso el club social y deportivo“Los del Sur”. Para los que no cuentan con esos 75 dólares. En las cárceles de Medellín también hacen un trabajo social con los detenidos. Llegaron a organizar la Copa “Los del Sur”: hubo equipos de presos y penitenciarios. El campeón, como premio, disputó un encuentro con ex jugadores de Nacional que entraron exclusivamente para eso. Además, dictan talleres y organizan eventos culturales muros adentro. Y tienen una tienda productiva en un centro comercial frente al estadio. Allí venden productos oficiales del equipo, los que Nike les diseñó en exclusiva a “Los del Sur” y los productos propios. Porque la barra tiene diseñadores y emprendedores que crearon una empresa de estampados, para la ropa que producen y venden, y que genera empleos. En especial, para esos que dejaron de ser bandidos.

 

El arquero de Independiente del Valle saca desde el fondo y cuando la pelota llega a la mitad de cancha, Néstor Pitana da el pitazo final. El Bambino Pons, por la pantalla de Fox, grita que Nacional es el campeón. El director de la transmisión hace un plano general del estadio. De los festejos, de los abrazos, del público que comienza a entrar a la cancha. Son los festejos típicos de Sudamérica, menos en la tribuna de “Los del Sur”. Cantando y delirando y llorando de emoción, son sudamericanos. Pero quedándose en la tribuna, que no tiene alambrado, parecen igual de educados que los hinchas suecos, o suizos, o noruegos.

En el estadio no hay alambrados ni seguridad privada. Los del Sur tomaron conciencia y se cuidan solos. Así nació AN Logística.

Además de no haber alambrado, en ese sector del estadio no hay policías. Ni hombres de alguna empresa privada de seguridad. Hace cinco años que “Los del Sur” se cuidan solos. Y desde que lo hacen, ningún hincha ha ingresado al campo de juego desde su tribuna. Algo que no es propio de sudamericanos ni de europeos. Solo de paisas, como se les dice a los habitantes de Medellín. O, mejor dicho, solo de esta barra, que es atípica hasta en esto. Porque los plateístas sí lo hicieron.

Esa organización comenzó en 2011, cuando FIFA pidió, entre otras medidas, la quita de los alambrados. En algunos países nunca se cumplió; en Colombia, sí. Y LDS se reunieron, debatieron y le hicieron una propuesta a la Comisión Directiva: 200 de sus hombres –los más vulnerables y con las historias más problemáticas– se iban a hacer cargo de que nadie ingresara al campo. Debían lograrlo solo con la conciencia de la disciplina. Con el tiempo y los buenos resultados, de ese proyecto nació AN Logística: una empresa que hoy es contratada por grandísimas empresas como Pilsen, Bancolombia, para hacer seguridad y logística en eventos y recitales, o la propia Alcaldía de Medellín, así generan empleos para los muchachos a los que les costaría mucho encontrar un trabajo.

Por Nahuel Gallotta / Fotos: Reuters

Nota publicada en la edición de septiembre de 2016 de El Gráfico

Por Redacción EG: 17/10/2016

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