PERSONAJES

Víctor Cuesta: “Podría haber sido camionero”

- por Darío Gurevich: 05/12/2016 -

El central zurdo dice que, si no se le hubiera dado en el fútbol, habría seguido los pasos de su padre. Su amor por el tenis, su historia, sus etapas positivas, el golpe más duro, el camino hasta ser líder en el Rojo, el equipo de Milito, y el pedido que le hizo el Kun Agüero.

Desde agosto de 2014, defiende la camiseta de Independiente. Hoy, es uno de los referentes del plantel.

A Leo le encanta el tenis. Mirarlo y, cuando puede, jugarlo le generan placer. Todavía no se enfrentó ante ninguno de sus compañeros de Independiente en un court. Sí se midió contra Juan Manuel Cobo, su ex compañero en Arsenal. Sí peloteó con Darío Benedetto, el 9 de Boca que, más que un ex compañero en Arsenal y en Defensa y Justicia, es un amigo de toda la vida.

A Leo lo atrae el tenis. Conserva una amistad con Diego Schwartzman y se dio el gustazo de cruzarse y conversar con Juan Mónaco y Juan Martín Del Potro en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro 2016.

“Hubo buena camaradería entre los deportistas. Tanto con Pico como con Delpo, hablábamos sobre fútbol; ellos son futboleros. Es más, una vuelta Jonathan Calleri y Juan Martín, que se conocían de Boca, hablaron y todos participamos de esa charla. Un día me encontré con el italiano Fabio Fognini, que habla perfecto en español; charlamos durante una hora, sobre todo de tenis, y nos sacamos una foto. Aclaro que él a mí no me conocía”, advierte.

-¿Le pediste consejos a Fabio para mejorar tus golpes?
-No, no quería molestarlo. Hablamos bastante sobre aquel partido que le ganó a Rafael Nadal en el US Open del año pasado. Porque Fognini estaba dos sets abajo y se lo dio vuelta, y justo a Rafa que es un monstruo. Ahí, sin dudas, sacó todo su amor propio, además de su juego.

Leo es Víctor Cuesta; el hombre al que sus íntimos apodan así, por Leandro -su segundo nombre-, debido a que su padre se llama Víctor. El zaguero central, que cumplirá 28 años el 19 de este mes, la sigue con el tenis y traza un paralelismo entre ese deporte y el fútbol. “Si bien es individual, hay movimientos que se trasladan al fútbol. Por ejemplo, siempre tenés que estar en puntitas de pie y en constante movimiento para recibir o esperar la pelota”, resume en el predio de entrenamiento de Independiente en Villa Domínico.

La familia no le puede faltar en la vida. Tampoco prescinde del mate; jamás. Hijo de Diana y de Víctor, es el segundo de tres hermanos y está entre Fernanda y Tomás en el árbol genealógico. Si no hubiera sido futbolista, se habría dedicado a manejar por las rutas argentinas y, tal vez, de Sudamérica.

“Podría haber sido camionero; mi viejo lo es. Lo he acompañado y hasta manejé el camión desde muy chico; tenía 14 años. Obviamente que, al principio, lo hacía con ayuda. Nunca se me dio por sacar el registro para conducir el camión, pero sé llevarlo bien. De hecho, lo manejé en los campos donde hay calles de tierra o en rutas del país en las que no hay mucho tránsito”, argumenta. 

Reconoce que Hugo Moyano, presidente de Independiente y secretario general del sindicato de choferes de camiones, no sabe esta curiosidad. “Se va a enterar por esta nota”, agrega y se ríe. Víctor nació en La Plata y se crió en Juan María Gutiérrez, en el partido de Berazategui, provincia de Buenos Aires. Era un chico común y corriente, que disfrutaba de andar en bicicleta por la placita del pago. “Antes, la vida me parecía más tranquila en general, sobre todo en un barrio humilde, como el mío. Nos juntábamos a jugar al fútbol con un grupo de chicos en la plaza y la pasábamos muy bien”, señala.

-Contanos una anécdota de aquel entonces y con los pibes…
-Uh: jugábamos en la placita que daba a la avenida y los micros nos reventaron como cien fútbol (pelotas). Cuando pateabas al arco y la pelota se iba, los colectivos se la llevaban puesta y la aplastaban. También, jugábamos a “gol sale” y, en días de lluvia, con la cancha llena de agua. Son vivencias que me quedarán para siempre.

-¿Se hacía difícil conseguir pelotas? Digo por cómo las destrozaban los colectivos.
-Sí, era jodido. Lo bueno fue que, en casa, faltaban algunas cosas pero jamás una pelota. Mi papá siempre me traía una; él quería que yo fuera futbolista. Es más, tenía un arco en casa y me levantaba, por mi cuenta, todos los días a las 7 de la mañana para patear.

-¿Le pegabas con las dos?
-No, no… Soy zurdo; si le tengo que dar con mi otra pierna, está todo bien. Me gusta pegarle con las dos. Hasta hoy lo practico. Pero, bueno, en ese momento, le daba con la izquierda y la pelota salía para cualquier lado; no buscaba precisión. A medida que crecía, sí.

-¿Por qué tu papá deseaba que fueras futbolista?
-Cuando él era chico, mis abuelos consideraban que primero estaba el trabajo. Porque el fútbol era una actividad que no te daba un bienestar económico, que no te podía ayudar mucho. En cambio, cuando yo era pibe, sí se podía lograr. Entonces, a los cuatro años, empecé en Juan María Gutiérrez, el club de mi barrio. A los siete, pasé a jugar en cancha de siete en la ciudad de Quilmes. Después, seguí en el baby del club Moreno, de Quilmes. A veces, los domingos jugaba hasta tres partidos.

-¿Cómo y por qué llegaste a las inferiores de Arsenal?
-Caí medio jugado, con edad de Quinta. Había un compañero del barrio que atajaba en esa categoría del club y, un día, le pregunté si me podía conseguir una prueba. Entonces fui y quedé rápidamente.

-¿Antes habías pasado por otros clubes?
-Sí; había hecho Prenovena en Quilmes, Novena y Octava en Argentino de Quilmes, y después dejé. Solo jugaba en una liga, en la que se entrenaba tres veces por semana. Ahí el sueño se me desmoronó un poco; estaba difícil… Pero, bueno, pude entrar en Arsenal, llegué a Primera y comencé mi carrera.

-Hasta ahí, ¿siempre te paraste de zaguero central?
-Sí, por lo general. En el barrio, jugué también de 5, de doble 5 adelantado y de volante por izquierda. Pero me gustaba más hacerlo de defensor, en la cueva. Al ser central, tengo la cancha de frente y eso está buenísimo. Es la posición en la que rindo mejor.

¡Atención a esa zurda! El marcador central tiene buen manejo de pelota y es opción de salida.

Su bautismo como profesional se concretó en Defensa y Justicia. Al lungo de 1,87 no lo consideraban en Arsenal y emigró a préstamo al Halcón. Aquella derrota 2-0 ante Tiro Federal, en Rosario, allá por el 30 de enero de 2010, resultó su estreno; significó -en realidad- su plataforma para empezar a edificar, para cambiar dudas por certezas. Fue en la B Nacional, bajo las órdenes de Carlos Ramacciotti; pero esos son datos anecdóticos. “Debuté en Primera, sumé minutos y agarré ritmo. Jugué bastante (34 partidos); la experiencia en Defensa me sirvió”, acota.

En el segundo semestre de 2011, regresó a Arsenal para pelearla y vivió emociones fuertes al consagrarse campeón del Clausura 2012, al ganar -como pieza de recambio- el primer título local del club en la historia. “Fue un sueño; había un gran grupo y estábamos en un buen momento. Si bien en la recta final del campeonato nos tocaron rivales difíciles, veníamos con un envión anímico bárbaro. Eso hizo que le pudiéramos ganar a Boca 3-0 en la Bombonera. Lograr un título con Arsenal no es nada fácil. En la previa de ese torneo, ni me lo imaginaba. Encima, después, competimos dos veces en la Copa Libertadores”, se acuerda y se entusiasma.

-¿Te molestaba cuando se decía que a Arsenal lo beneficiaban por ser el equipo de Julio Grondona?
-Sí, un poco, qué sé yo… Pero los árbitros se equivocaban a favor y en contra, como pasa habitualmente.

Sin continuidad ni regularidad en el Viaducto, Antonio Mohamed lo pidió para Huracán, y Cuesta recaló en Parque de los Patricios y la rompió de 5. “Arranqué de marcador central, tuve muy buenos partidos, y Apuzzo me puso de 5 en los dos partidos que dirigió como interino. Como me desempeñé bien, Kudelka contó conmigo en esa posición”, explica.

Su travesía por Arsenal y Huracán atesora una particularidad: se consagró campeón de la Copa Argentina con ambos, en las ediciones 2012-13 y 2013-14, por haber competido en las fases iniciales del certamen. Pero a no desviarse y a focalizar su notable temporada 2013-14 en el Globo, en la B Nacional, que motivó a que Independiente lo sumara. Incluso, aquel Huracán estuvo cerquita de dejarlo sin ascenso al Rojo en aquel maravilloso desempate. Si no hubiera sido perjudicado por algunos fallos arbitrales, la historia tal vez habría sido otra. Pero, en definitiva, Cuesta ascendió: fichó en Independiente para iniciar su camino en un grande del fútbol argentino. 

-Jorge Almirón te dio titularidad en agosto de 2014 y, luego, jamás saliste del equipo base. ¿Por qué te asentaste tan rápido?
-Jorge, por empezar, fue el entrenador que me trajo a Independiente. A medida que pasaron los partidos, tuve más confianza y me afiancé. Creo que fui de menor a mayor en el club y que, en mi recorrido, sucedieron cosas muy buenas, como la citación a la Selección para la Copa América Centenario y los Juegos Olímpicos de Río. Igual, esto fue parte de un proceso. Porque, con Jorge, sumé conceptos nuevos; Mauricio Pellegrino también me ayudó mucho, y ahora, con Gaby Milito, sigo aprendiendo.

-¿Qué enseñanzas te dejó Almirón?
-Es que él tenía otra idea de juego, y yo no estaba acostumbrado. En Arsenal, nos parábamos 4-4-2, con las líneas juntas, más de contra, y acá comencé a marcar más adelantado, en la mitad de la cancha. Tuve que aprender determinadas cuestiones; hasta los perfiles, para intentar salir jugando. Eso me encanta, pero debe estar basado en una idea. Entonces, empecé a tomar más riesgos. Todos estos aprendizajes me llevaron a potenciar mi juego.

-¿Defender mano a mano, con campo para dar y correr, ya te seduce o te aterra?
-Me seduce… Sé que es difícil, porque hay atacantes muy buenos, muy rápidos, y un mínimo error nos puede complicar. Porque, además, hay mucho campo, quizás 50 metros para correr hacia atrás.

-Sos uno de los referentes del plantel de Independiente, y hasta fuiste el capitán del equipo. ¿Te considerás un indiscutido?
-No, nunca… Soy competitivo y me entreno de la mejor manera; primero, para mantenerme; segundo, para progresar.

-¿Cómo es, qué tal te parece Gabriel Milito como entrenador?
-Excelente; tiene claras sus ideas y las expresa de una manera que nos llegan; nos enseña conceptos nuevos que él ha vivido como jugador, y, para mí, son importantes porque él jugó en la posición que yo ocupo.

-Independiente no hace una moda de la posesión, sino que es una herramienta para llegar a la victoria. ¿Coincidís?
-Sí; la idea es ganar, pero de una forma, con una idea. Queremos tratar bien a la pelota, hacerla circular. Sé que el equipo funcionó bien en líneas generales. Obviamente que hay momentos en los que jugamos mejor o peor. Creo que, más allá de los resultados, hay aspectos positivos que nos pueden llegar a dar cosas muy buenas.

-¿Qué cuestiones ejecutan mal?
-Quizás, por momentos, no arriesgamos como deberíamos; después, en algunos partidos, no pudimos definir las situaciones que generamos. También, tuvimos distracciones en el fondo. Igualmente, yo veo a un equipo sólido que jugará mejor todavía.

-En los cruces de eliminación directa, los despacharon rápido, sea en la Copa Argentina o en la Sudamericana. ¿Al equipo aún le falta esa madurez, lógica por tratarse de un proceso que comenzó hace poco?
-Sí; creo que la madurez llegará con el tiempo. Mientras, tenemos que reaccionar bien ante las dificultades. Eso es lo que nos falta para meternos de lleno arriba y ser el equipo que pretendemos.

-¿Te obsesiona consagrarte en el Rojo?
-Sí, tengo la ilusión de ganar un título en el club. Imaginate que volví a Arsenal y pude ser campeón… Cuando llegué a Independiente, que es un grande, tenía muchas expectativas. El grupo está comprometido y lo que quiere es dar la vuelta. Se nos viene negando, sí… Pero, bueno, somos conscientes de que queremos dejar una huella en el club.

-Hablemos sobre la Selección. Este año debutaste ante Honduras y disputaste la Copa América Centenario, en la que convertiste un gol y hasta jugaste las semifinales. ¿Qué te sorprendió del grupo humano del seleccionado?
-El nivel de los jugadores, las ganas con las que nos entrenábamos, el trato de los compañeros… Porque me preguntaba cómo me iban a recibir esos monstruos que juegan en Europa, y la verdad es que son muchachos comunes, como uno. Me di cuenta al tomar mate, al jugar al truco y al compartir momentos con Leo Messi, el Kun Agüero y el resto de los chicos.

-¿El Kun Agüero te pidió que le cuidaras el club?
-Sí (se ríe); el Kun me dijo que lo espere, que me quede en Independiente, porque me aseguró que va a venir en 2018 para ser campeón.

-¿Qué incorporaste en tu paso por el seleccionado?
-Me ayudó a madurar. Además, la idea de juego del Tata Martino es similar a la de Almirón y a la de Gaby Milito, y es la que me gusta. Fue importante el roce con tremendos jugadores; logré potenciarme.

-¿El golpe más duro de tu carrera fue haber perdido la final de la Copa América Centenario?
-Sí, sin dudas; nos quedamos a un paso de entrar en la historia del país.

Nació en La Plata y cumplirá 28 años el 19 de este mes. Al mirar el horizonte, anhela un título con Independiente.

-La Selección evolucionó en lo futbolístico bajo la conducción de Alejandro Sabella y de Gerardo Martino. ¿Creés que la gente no se permite ver eso por las derrotas en las tres finales?
-Qué sé yo… Argentina es una de las mejores selecciones del mundo. El equipo hizo un gran trabajo en los últimos años. En el Mundial 2014 y en la Copa América 2015 y 2016, se llegó hasta la final y se perdió, o en el alargue o por penales. No hay nada que reprochar, ni desde el juego ni desde lo que nos hemos matado para poner a la camiseta lo más arriba posible. Pero, bueno, muchas veces se analiza a través del resultado. Esa es una realidad que tenemos que cambiar entre todos.

-Te llevo a otro tema. Hoy, ya con un recorrido de seis años y 10 meses como profesional, ¿qué te jode del ambiente del fútbol?
-Me molestan los comentarios injustos. Nadie quiere perder; ni en las prácticas, ni en los amistosos, ni en los partidos por los puntos. A veces, se habla de más y a uno, como futbolista, le puede llegar a doler. Porque hay críticas que te lastiman. Quizás alguien da una opinión, tal vez equivocada, y la gente la toma. El jugador, por empezar, es autocrítico. Nosotros sabemos cuándo jugamos bien o mal. Y, a partir de esa autocrítica, se puede crecer. Pero, bueno, tratamos de hacer lo mejor cada vez que nos toca entrar a una cancha y, en los malos momentos, uno se apoya en la familia, en los compañeros y en el cuerpo técnico.

Por Darío Gurevich / Fotos: Emiliano Lasalvia

Nota publicada en la edición de noviembre de 2016 de El Gráfico

Por Darío Gurevich: 05/12/2016

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