LAS ENTREVISTAS DE EL GRáFICO

Corre, Sampa, corre

- por Diego Borinsky: 10/09/2015 -
Dos clásicos de Sampaoli: el jogging y la gesticulación a pleno en los partidos.

El DT argentino de 55 años que le dio el primer título a la selección de Chile es un personaje singular y desconocido en nuestro país. Hiperquinético, asegura que sin caminar no puede pensar. Fana del rock nacional, cuenta cómo se colaba de chico en la cancha y que festejó mirando hasta la madrugada el partido con Argentina.

La anécdota nos sirve para ir encuadrando al personaje. Aparece contada en No escucho y sigo, su biografía autorizada, de reciente aparición.

Jorge Luis Sampaoli todavía juega al fútbol, aunque su mente ya prepara el desembarco en su futuro rol como entrenador. Ha regresado a Alumni de Casilda, el club de toda su vida. El Zurdo, al que nadie llama de otra manera, juega de volante por derecha, con pierna cambiada. Con mucho esfuerzo, su equipo arriba a la final de la Liga Casildense. El rival, Huracán de Chabás. En la ida, disputada en casa de Alumni, caen 3-0 y yerran un penal. El ánimo está por el subsuelo, no hay chances de darlo vuelta. Encima, el DT del equipo, Mario Boravera, tiene programado desde comienzos de año un viaje de estudios a Carlos Paz con su hija y no va a modificarlo. Esas historias de los torneos chacareros… El hombre mejor preparado del plantal, el que ya pide pista como DT, deberá cumplir la doble función. Lo tiene todo muy claro. Ese lunes posterior a la caída, se presenta como siempre en el Banco Provincia, donde se desempeña como administrativo, y pide licencia por una semana. Y al mejor estilo Bilardo va casa por casa, oficina por oficina, a hablarles a sus compañeros/dirigidos para convencerlos de que se puede dar vuelta. También se conecta con la hinchada e impulsa un banderazo para la práctica previa al viaje. Y resulta que van a Chabás y ganan 2-1. El desempate se juega en la cancha de Nueve de Julio de Arequito. No está la Sole con el poncho, pero sí el arquero del Club Atlético Alumni de Casilda, que se ataja todo, y permite que en un ataque aislado, su equipo se imponga 1-0 y grite campeón. Con ustedes, Jorge Sampaoli.

-Hola, Zurdo, soy Diego Borinsky de El Gráfico. Me dijiste que te llame a las 12 pero, por si acaso, ya estoy disponible.
-Te aviso, ahora estoy en el gimnasio.

-Sin apuro, pero una duda: ¿parás la moto en algún momento?
-Imposible. El tiempo no para.

-Temón de la Bersuit.
-Sí, temón.

Es sábado al mediodía. Está por cumplirse una semana de su ingreso al Olimpo del fútbol chileno (primer título de la historia, primera Copa América en 99 años) y el Zurdo Sampaoli ya está en su Casilda natal intentando canalizar su energía desbordante. El breve contacto por whatsapp que precederá a la charla telefónica nos enseña un par de características de su personalidad: vive conectado al teléfono, vive conectado al gimnasio, vive conectado al rock nacional. Nunca se desconecta.

Su andar de paso corto y urgente, incesante e insoportable para aquel que lo ve por primera vez al costado del banco de suplentes, es una metáfora de su vida. Ya lo entenderemos.

-¿Todos los días hacés ejercicio?
-Sí, un poco de gimnasio, o salgo a correr, una hora y media por día. Necesito hacer algo. Soy hiperactivo, no puedo pensar si no estoy caminando. En los partidos es igual, me encantaría verlos como el Flaco Menotti, cruzado de brazos, pero no puedo pensar si estoy quieto, por eso ando de una punta a la otra del corralito.

-¿Siempre fuiste así?
-Desde chico. Lo quise mejorar en algún momento yendo al psicólogo pero no pude. La velocidad de mi mente necesita de algún estímulo físico para mejorar mi capacidad de análisis, para que me acompañe. Por eso tengo que hacer algo.

-¿Disfrutaste de esta conquista histórica?
-No, no, siento un dejo de tranquilidad, el hecho de que con un grupo de trabajo logramos un funcionamiento, eso me alegra mucho. Fue muy traumática la Copa, con el análisis de cada partido, no hubo descanso, estuve 40 días encerrado, hay muchas propuestas de pelota parada a favor, en contra, análisis, te explota la cabeza, por eso hoy siento tranquilidad.

A la derecha, cuando jugaba en Aprendices, de Casilda, junto a sus amigos Scopetta y Penelli.

-Pero pudiste sentarte en un sillón, tomar un café o una copa de vino y pensar: “la pucha, es groso lo que conseguimos”…
-Por características de cómo soy y de dónde vengo, y por cómo todo me costó tanto, cada situación que me sucede amerita pensar en lo que viene y no en lo que pasó, por eso ya estoy pensando si le puedo dar a Chile algo más o si necesito colonizar otra cultura. No pienso en el logro, fue una noche de festejo y a seguir.

-No es bueno…
-Tendría que darle un poco más de valor a todo, porque si pienso en lo que conseguimos en estos 6 años, empezando por Emelec, y siguiendo por Universidad de Chile y la selección, en porcentaje de puntos es muchísimo…

-¿Por qué no fuiste a festejar a La Moneda con los jugadores?
-Porque me pareció que era un momento de ellos con su presidenta, con la gente de su país, nosotros somos argentinos y lo más lógico era no estar en algo tan íntimo y tan nacionalista, sentía que no nos correspondía.

-¿Le gritaste “parada” al chofer del bus descapotable y te bajaste?
-Ya lo habíamos decidido la noche anterior, entonces salí del vestuario, le pedí al encargado de seguridad que me acercara el auto y me fui hasta casa. Cenamos en un restaurante italiano que queda en la esquina con los integrantes del cuerpo técnico, que son argentinos, y las familias. Unas pizzas y a dormir. Bah, a dormir no me fui. En realidad, también quería llegar a casa para volver a ver el partido.

-¡¿Te pusiste a ver el partido esa misma noche de la consagración?!
-Sí, sí, esa misma noche. Un par de veces lo vi, también quería analizar ciertas jugadas. Tampoco me podía dormir, me quedé disfrutando de algunas situaciones que quería volver a ver, porque las habíamos entrenado: la presión alta, el error del minuto 90 en el que podríamos haber perdido el partido…

-¿A qué conclusión llegaste?
-Valoré que Chile fue a buscar el partido en todo momento. Podríamos haber esperado en el final, pero no, seguimos buscando e incomodando a Argentina desde el protagonismo. Los jugadores respetaron a rajatabla esa idea.

-¿Qué pensaste en la jugada del minuto 90?
-Que perdíamos. Cuando lo vi girar a Messi, esperé lo peor. Nosotros teníamos dos planes de control: uno para Messi y otro para Argentina, dos planes simultáneos, y cuando se pierde el plan A, que era que Messi no girara, también quedó la estructura defensiva sin sustento. Ese era el plan B: ayudarse juntando las líneas. A Messi le quedó la mesa servida. Por suerte terminaron errando un gol casi imposible.

-¿Error de Lavezzi por no patear al arco o de Higuain por no llegar?
-Fue una muy buena jugada, en tres tiempos, un contragolpe rápido, pero falló la estocada final. Terminó definiendo un jugador que recién había ingresado y aún no estaba en ritmo. A lo mejor, un Agüero con ritmo de partido hubiera llegado mejor.

-¿Cuál era el plan para marcar a Messi?
-Tomarlo en las diferentes zonas y neutralizar la sociedad con Pastore: primero había que ponerlo de espaldas y, cuando girara, rodearlo con muchos jugadores para que no tuviera opción de pase.

El de la izquierda, con los profes Pablo Fernández (sentado) y Jorge Desio (parado). El hermano del ex volante de Independiente sigue siendo su profe.

-¿Estabas seguro de que lo ganaban, en la previa?
-Lo veía como un partido extremadamente complejo, un partido de tenencia, presión y funcionamiento perfecto. Era la única que teníamos. El candidato era Argentina, que para mí es la mejor selección del mundo. Suponía que si no lográbamos colectivamente neutralizar al rival y hacernos cargo del partido, no teníamos chance.

-¿Les tuviste que hacer el bocho a tus jugadores para que no se sintieran inferiores?
-Lo que fuimos intentando en estos años es que el jugador chileno no se sintiera menos que nadie y que juegue de la misma forma en todos lados: lo conseguimos con Brasil en Brasil, con Alemania en Alemania, con Inglaterra en Wembley, con España en un Mundial. Y eso subió la autoestima. Para mí es un tema superado.

-¿Llegaste a ver que tras la jugada de Higuain varios jugadores argentinos se tiraron boca abajo al pasto?
-Lo vi, sí, fue como decir: “No metimos esta, no la metemos más”. Ahí sentí que podíamos ganarles. A Argentina le costó mucho el alargue, con los tres cambios hechos y jugadores acalambrados, no pudo sacar ni una mano; a nosotros nos faltó capacidad de hacer daño.

-¿Le dijiste algo a Alexis por picarla en el último penal?
-Me sorprendió y me puso muy contento por él porque lo criticaron bastante en la Copa. No alcanzó su mejor expresión porque había jugado muchísimos minutos en el Arsenal, pero es un chico que siempre otorga el cien por ciento, así que sólo me quedó felicitarlo.

-¿Pero le pediste que no volviera a hacerlo?
-Noooo, en ese caso los jugadores tienen libertad absoluta para decidir.

-Se te colgó un futbolista a babucha en el festejo, ¿tenés una relación cercana y afectuosa con ellos?
-Era Gary Medel. Lo principal de un conductor, pienso, no es mandar, sino persuadir, uno no puede dirigir al que no quiere ser dirigido, hay que tener cierto sentimiento de cercanía, querer al conducir, sino es muy difícil llegarle al futbolista.

-¿Te costó tomar la decisión sobre Vidal?
-Lo tuve que resolver en 10 minutos, no era una falta tan grave para sacarlo de la Copa, y recordé lo que le había pasado a la Selección de Basile en el Mundial 94, cuando Diego quedó afuera por el doping positivo y se desmoronó todo. La inclusión era más importante que la sanción, para mí.

De las pocas veces que dirigió con saco y corbata, en la Liga Casildense.

-¿A Messi le pediste una foto antes de que subiera al podio?
-No, nada que ver, hubiera sido incomodar a alguien en un momento doloroso. Con el único con quien tuve un contacto fue con Pablo Zabaleta, que se acercó a darme la mano y felicitarme. Fue un gesto que valoré mucho.

-¿Siempre pensaste que la final se iba a dar con Argentina?
-Imaginaba que podía darse.

-¿Hubieras preferido otro rival o te gustó que fuera Argentina, porque tu país nunca te dio una chance grande de trabajo como DT?
-Quería evitar a Argentina. Cuando jugó con Colombia prefería que ganara Colombia. Era un tema muy especial, por mis amigos, por mi país, por un montón de gente de mi ciudad que estaba esperanzada, aunque también hacía fuerza por mí, ahí había sentimientos encontrados. Después, no tengo ningún rencor por haber tenido que viajar al exterior a hacer mi carrera. Es algo natural, salí con una valijita a Perú sin haber sido jugador de fútbol, era muy difícil que me dieran una oportunidad.

-¿No te dio un poquito de pena ganarle a Argentina?
-Sí, pero uno piensa en la alegría de haber logrado un cometido con una planificación, con tanto tiempo de trabajo, con la prensa local en contra, entonces ganás y sentís un respiro, aunque del otro lado ves el dolor de gente muy querida y te juega un poco en contra. Fue muy raro. Cuando terminó la Copa, como te contaba, no sentí una gran euforia, sí una gran tranquilidad, me bajó todo el cansancio de los 40 días concentrado. Lo único que se me pasaba es que no quería estar más tiempo ahí.

-Pero no se te notó pendiente de Argentina durante el partido…
-Es una de mis características: soy muy arraigado al grupo, sólo pensaba en darle a Chile esa Copa tan ansiada.

-¿Te das cuenta de que en el banco sos insoportable por tus protestas?
-Sé que parezco más un entrenador de básquet que de fútbol. Soy de esa línea (risas).

-En la final, el cuarto árbitro iba a cada rato a pedirte que te calmaras…
-“Lo tengo que sacar”, me decía. “La última, es la última”, le respondía. En cierta manera fue bastante permisivo pensando en el espectáculo. La verdad, hubiera preferido dirigir desde el otro banco, lejos del juez de línea, pero en ese banco del Estadio Nacional viví las mayores alegrías, con la U y la selección, así que no pensaba moverme de ahí.

Moverse. Si algo no puede parar de hacer Sampaoli es precisamente moverse. Ya lo contó en el arranque. En la concentración chilena de Pinto Durán lo han visto, al mejor estilo Bielsa, corriendo por los alrededores del complejo. A la mañana, a la tarde o a la noche. El horario es lo de menos. Y siempre conectado a la más maravillosa música, que para el Zurdo es la del rock nacional.

En Argentino de Rosario, con jogging riverplatense.

“Es la que me acompañó desde que me tuve que ir del país en 2001, la de siempre: Callejeros, La Bersuit, Los Redondos, Los Piojos. Las letras de esos grupos me transmiten mucho. La gente del rock se parece a la del fútbol, y en diferentes países en los que trabajé y viví, la música me recordaba quién era. Un cable a tierra en todo momento”, planta bandera.

Y, continuando por sus gustos y creencias, saltamos a los tatuajes. “No escucho y sigo”, el título de su biografía, escrita por Pablo Paván, periodista casildense y vecino del Zurdo, es parte del estribillo de Prohibido, un tema de Callejeros que tiene tatuado debajo de su brazo izquierdo. “Empecé con los nombres de mis hijos, Sabrina y Coco, en la espalda, después metí en los  tobillos, y fui subiendo. Tengo varios, pará, pará –suelta el teléfono y su voz se escucha desde más lejos–, en el pecho, uno en el brazo izquierdo, otro en el brazo derecho y en el intercostal. La palabra ‘fútbol’, la frase ‘Lo reprimido, cuando está cautivo, te pide salir’, de Callejeros, ‘Siempre tengo a mi lado a mi Dios’, de Motor Psico de los Redondos, que refiere a la ausencia de mi viejo, y una del Che: ‘No se vive celebrando victorias sino superando derrotas’. Me hice bastante adicto a los tatuajes”. Eso de no celebrar victorias lo vamos comprendiendo bastante bien.

-¿Ibas a los recitales de Callejeros?
-Desde que arrancaron. El día de Cromañón no estuve porque ya dirigía en el exterior, pero a los chicos los seguía a todos lados. De hecho, hace un tiempo fui a visitar a Fontanet al penal de Ezeiza. Siempre fui a los recitales de rock, ya venía de Charly (García), León (Gieco), época de plena rebeldía y de escondernos de los militares en los recitales, de ir en contra del sistema, Pappo, Sumo, Los Redondos... De no estar trabajando, lo más probable es que la noche de Cromañón hubiera estado allí, o podría haber pasado otro suceso, porque los lugares donde tocaban otros grupos tampoco tenían grandes seguridades. Recuerdo que mi hermano fue a un recital de Soda Stéreo y se murió un amigo de él, de Casilda, Gaby Gentili, al desplomarse un balcón. Yo no iba a ver a Soda, de hecho era de Los Redondos y había rivalidad entre las bandas, con mi hermano no me hablaba por ese tema, esto era como la cancha.

-¿La frase “No escucho y sigo” nació por las críticas en Chile o viene de antes?
-De antes, viene desde el comienzo, porque si yo hubiera escuchado, nunca habría dejado a mi familia y a Casilda para irme a Perú a probar ser director técnico. ¿Dónde vas a ir si no sos nadie? ¿Quién te va a dar bola? Eso me decían.Yo no escuché y seguí. Ahora me hablan de festejar. ¡Qué festejar ni festejar! No escucho a nadie, siempre debo tratar de quebrar cosas que tengan que ver con lo establecido, romper las reglas. Bajo ese sentido voy caminando por la vida. A mí me encantaría que me dieran la selección de Vietnam y clasificarla para un Mundial. Esas cosas me movilizan.

-¿Por qué en Chile te cuestionan tanto?
-Sentí una persecución ante una posibilidad de derrota, los medios especulaban con que no se podía ganar, mediáticamente pasa por ahí: cómo se destruye a la persona que tiene cierto grado de éxito. Por eso cuesta tanto ganar algo en ese ambiente. Siempre está la polémica, las evaluaciones negativas. Nosotros tenemos el porcentaje de puntos más altos en la historia de la selección y los medios transmitían siempre disconformidad. Estoy muy contento con el afecto de la gente, por el reconocimiento popular, pero disconforme con los medios.

En andas de sus jugadores tras la conquista de la Sudamericana 2011 con la U de Chile.

-¿Te desenchufás en algún momento?
-Mirá, este lunes tengo un almuerzo con la presidenta de Chile y de ahí ya nos vamos una semanita de vacaciones a Miami.

-Te tirás panza arriba, supongo…
-Voy con mi mujer, con el cuerpo técnico y con las familias de ellos.

-¿¡Con el cuerpo técnico de vacaciones!?
-Sí, sí, así seguimos hablando y comentando cosas todo el tiempo. La verdad es que no puedo desconectarme, me cuesta, me daría un gran alivio, mucha paz, cosa que no he logrado y no creo que logre a esta altura de mi vida.

-¿Siempre fuiste así?
-Mirá: desde los 8 años escuchaba la radio para seguir todo lo que fuera de River: si venía Luque, si Alonso se lesionaba, si ganaba River estaba bien, pero si además ganaba Boca, no dormía, siempre había algo que me impedía ser feliz. Yo no puedo desconectarme a las 6 de la tarde, es la verdad, me cuesta dormir, son situaciones de una personalidad de extrema competitividad.

-¿Sufriste el descenso de River?
-Lo sufrí menos que si hubiera estado en Argentina. Al trabajar en el fútbol me alejé un poco de esos aspectos que eran tan importantes para mí durante mi juventud, porque imaginate que si a toda la presión del día a día le sumo ese sufrimiento por lo que le pasa a River, termino en un psiquiátrico.

-¿Eras de ir a la cancha?
-Siempre a ver a River. Y sin plata. Me subía al tren en Casilda con amigos o conocidos, me llevaba un día ir y dos volver, toda una historia particular, era muy muy muy reo en esos tiempos. A veces entraba con la barra empujando. Aprendí mucho en esos viajes, me iba conectando con gente, siempre digo que mi universidad fue la calle. River era todo en mi infancia y adolescencia, fue muy fuerte lo que se generó, todos esos años sin ser campeón hasta que llegó el 75. Después se fue perdiendo un poco, pero ese paladar de ver jugar a River, de ir a verlo ganar, cómo superaba al rival metiéndolo en un arco, era muy lindo…

-Eso debe haber influido en tus ideas como entrenador…
-Totalmente. Estoy seguro de que eso influyó en mi concepción como entrenador. Aparte yo sabía que mis tiempos en el fútbol eran muy cortos, no tenía un nombre ni una carrera detrás, así que tenía que tratar de protagonizar, de jugar distinto, no ser como el resto de los equipos. Esto mismo se lo dije a los jugadores: para ganar la Copa tenemos que ser 11 kamikazes, meter una presión alta, no tenerle miedo a las contras de Messi, de Agüero, o del que fuera, ir a presionar a Romero, a Garay, ir sobre la pelota, algo desmedido, sin límites. Si no, no podíamos ganar de ninguna manera. Once kamikazes necesitábamos...

-¿Ahora lo seguís al River de Gallardo?
-Miro tanto fútbol por mi profesión que trato de vincularme más con el cine cuando tengo un rato libre. Tampoco el fútbol argentino me da la posibilidad de pasarla bien, entonces cuando salgo de la oficina, busco ver películas, que es un cable a tierra. Ahí me desconecto.

-¿Tenés el sueño de dirigir a River?
-Es un sueño de niño, claro, el de jugar en River y luego, ya como no se pudo, el de dirigirlo. Pero es muy lejano. Ojalá algún día se presente la oportunidad, como hace poco se dio una charla con la gente de San Lorenzo y de Independiente. Si se llega a dar alguna vez, no podría decir que no.

Ve con enorme intensidad los partidos y también lo que sigue. No puede desenchufarse.

Es rápido de reflejos y tiene sentido del humor. “Cuando vi cómo venía la tendencia, preferí adelantarme a la tendencia”, sintetiza. Se refiere a la caída del pelo. A su pelada. A los 25 la vio venir y se sacó todo. Siempre un paso adelante.

De Bielsa tomó sus ideas. “Con Marcelo hace mucho que no hablo. Recuerdo una charla corta con él, después de un fracaso nuestro en Sporting Cristal, le pedí disculpas por mail por no haber podido defender la forma. Enseguida me llamó y me dijo que había un montón de imponderables en el fútbol”, recuerda, pero enseguida aclara: “No soy un discípulo de Bielsa, soy un admirador por su convicción para armar un grupo y por cómo consigue grandes modificaciones donde está, con menos que el resto, cómo coloniza la mente de la gente y genera revoluciones, y siempre siendo protagonista, quizás sus equipos sean más directos y los míos más posicionales. Pep está más con el tema posicional, también queremos ser directos en algún momento”.

Y Pep es Guardiola, claro que sí, al que visitó en Munich después de mandarle un mail: “Teníamos que ir a ver a un jugador del Hannover, y le pregunté si podíamos juntarnos. Me respondió enseguida, así que fuimos a verlo, después a comer, fue una charla muy enriquecedora”. Juanma Lillo, el entrenador español que ha sido musa inspiradora de Guardiola, es un hombre de contacto frecuente con Sampaoli.

La palabra “colonizar” aparecerá en varias ocasiones durante la entrevista. Por ejemplo, al referirse a sus comienzos en la profesión, el Zurdo dirá: “Tenía que ver cómo colonizar la mente del jugador peruano, porque le costaba mucho el doble turno, la intensidad, y traté de seducirlo, y todo sin un nombre propio, que es lo más difícil”.

Y ya que comenzamos con una anécdota que lo retrata, la cerramos del mismo modo. En los partidos de Chile de la Copa, se lo veía siempre a Sampaoli tecleando su celular desde el campo de juego hasta pocos minutos antes de comenzar los partidos y los segundos tiempos. En la televisión se preguntaban: “¿Cuál es la cábala? ¿A quién le manda el último whatsapp como ritual?”.

-¿A quién, Zurdo?
-A nadie. Sólo uso el cronómetro. Lo que pasa es que ya rompí como 10 cronómetros: cada vez que nos hacían un gol, me ponía loco y tiraba el cronómetro al piso, rompí un montón así, entonces como sé que me va a doler romper el celular, es un modo para cortar la histeria.

Ahí está Sampaoli. Si un quinielero de Santiago levantaba apuestas de hipotéticos destinatarios, se hubiera llenado de plata. Tan impredecible como el fútbol mismo.

Por Diego Borinsky

Nota publicada en la edición de agosto de 2015 de El Gráfico

Por Diego Borinsky: 10/09/2015

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