LAS ENTREVISTAS DE EL GRáFICO

Marcos Díaz, loco por el fútbol

- por Redacción EG: 24/08/2015 -
"Mi estilo es arriesgar", dice Marcos Díaz. En Huracán encontró su lugar en el mundo.

Recién al borde de los 30 años Marcos Díaz pudo afianzarse como arquero y demostrar sus condiciones. En Huracán, donde en casi seis meses ascendió a Primera y logró dos títulos –la Copa Argentina y la Supercopa Argentina–, se ganó el cariño del hincha. Charla íntima con el dueño del arco quemero.

Hace poco más de seis meses, la siguiente charla con Marcos Díaz hubiese sido totalmente diferente en cuanto a su temática. Es que desde noviembre para acá, Huracán ganó la Copa Argentina (se impuso en la final a Rosario Central), ascendió a Primera y se quedó con la Supercopa Argentina tras vencer a River 1 a 0, el 25 de abril, en San Juan. Y su arquero se convirtió, con esos logros, en un símbolo para los hinchas quemeros. Lo hizo atajando penales, tapando pelotas increíbles e imponiendo una gran personalidad que, desde el fondo, contagió y dio seguridad a sus compañeros.

“¡Qué buen momento!”, le dice El Gráfico en el lobby del Abasto Plaza Hotel, donde se concentra el plantel. Es un viernes a la noche. Díaz se acerca tras la cena, a paso lento y con sonrisa, y extiende la mano a manera de saludo. Conversar con él se vuelve agradable. Lejos está de esos colegas suyos que se las van de estrellas. Para juntarnos, no hay que hacer complicados pasos intermedios ni agendar a largo plazo. Tampoco apurará la conversación, que terminará sobre el filo de la medianoche, aun cuando podría haber continuado.

-Sí, es importante lo que nos está pasando. No a muchos les pasa esto de ganar títulos. En este plantel, para algunos son los primeros campeonatos. Lo de la Supercopa tuvo algo particular, porque tres días antes habíamos sido eliminados de la Libertadores, que fue un golpe fuerte para el grupo. Había mucha ilusión en seguir en la Copa. Ganarle a River fue una revancha, porque se decía, después de perder con el Mineros, en Venezuela, que fuimos para atrás. Pero demostramos que eso fue sólo un tropezón. Además, a River no le ganamos por penales, sino jugando bien.

-¿Y en lo personal?
-Por suerte pude responder bien en los momentos en los que me tocó actuar. Quedé muy feliz por mantener el nivel, que a lo mejor cuando hay derrotas no se puede ver bien. Y sobre todo ante River, con lo que significa. Además, llevo poco tiempo atajando. ¡Logré tantas cosas! Ese partido era importantísimo en todo sentido. En lo personal y en lo grupal.

-Esa noche te salieron todas.
-Sí, me salieron todas.

-¿Qué sentís después de un partido, cuando te quedás a solas con vos?
-Cuando salen todas, una alegría enorme. Es todo felicidad, felicidad, felicidad. Pero después, como soy muy autocrítico, me pongo a pensar en detalles; en jugadas en las que tendría que haber agarrado la pelota y, sin embargo, la despejé con los puños, por ejemplo. Soy muy crítico de mí mismo. Disfruto, pero poco. Esa noche disfruté porque se ganó un campeonato, que no es algo común, pero enseguida me puse muy autocrítico.

-Sos de salir, de arriesgar. ¿Pensás en lo nervioso que se pone el hincha de Huracán?
-(Se ríe) Es mi naturaleza. Siempre jugué así. Escucho comentarios. Algunos hinchas hasta me dijeron que era una locura lo que hacía. Tal vez no estaban acostumbrados a ver a un arquero que se la juegue así. Al hincha le costó acostumbrarse a mi estilo.

-Estilo que te llevó a ser símbolo de este equipo.
-Eso es una alegría enorme. Pero no sé si alegría es la palabra. Es algo que no se puede describir. Que nunca imaginé. Uno sueña con jugar en Primera, consolidarse, crecer, ir a Europa, jugar en la Selección. Pero nunca imaginé todo lo que viví en tan poco tiempo en Huracán.

-Además, te consolidaste de grande. Tenés 29 años.
-Bueno, esto que vivo es como una revancha de lo que pasé anteriormente. El fútbol me dio una segunda oportunidad. No me dio posibilidades en el club en el que nací, Colón, algo que me dolió porque soñaba con jugar en mi equipo. Pero Huracán me dio la revancha: tuve la confianza del técnico, algo que me faltó en otros clubes.

-¿Sigue el dolor tras tu paso por Colón, donde no pudiste afianzarte como titular?
-Sí, porque me falló gente que me vio crecer. Bronca también porque no se me dio la oportunidad ni la confianza que necesitaba para ser titular, más que nada porque las veces que jugué respondí bien. Y tristeza porque soy de la ciudad, desde los 9 años jugaba en Colón, me crié ahí. Todo lo que sé hoy lo aprendí en ese club. Pero lo tomo como experiencia. Como lo de Gimnasia y Esgrima de Jujuy, que también fue un aprendizaje. Soy una persona que trata siempre de ver lo bueno y lo malo y aprender de las dos cosas. Creo que esa es la clave de un jugador de fútbol.

-Y llegó Huracán, cuyos dirigentes te renovaron el contrato y compraron una parte del pase.
-No me voy a cansar de decirlo: estaré agradecido eternamente con la dirigencia, que le hizo caso al Turco en su momento, porque confió en lo que él dijo. Desde que llegué, se portaron bien. Uno tiene que ser agradecido. Este club me dio una segunda oportunidad que, por suerte, supe aprovechar.

-¿Qué es Antonio Mohamed para vos?
-El primero que confió en mí. El Turco tiene mucho que ver en mi carrera. Me hizo debutar en Colón tras mucho tiempo de estar en el banco, cuando otros entrenadores no se la jugaban o no confiaban. El confió esa vez y confió de nuevo al traerme acá. El y su cuerpo técnico son excelentes personas. Ojalá alguna vez me lo vuelva a cruzar. Sería una forma de agradecer bajo los tres palostodo lo que hizo por mí.

Atajada histórica. Marcos Díaz le tapa el penal a Encina, de Central, en la definición de la Copa Argentina. Valió un campeonato.

-¿En cuánto incidió tu familia para lo que sos hoy?
-En el sacrifico que hicieron. Mis viejos, Carlos y María, laburaban y para comprar botines había que hacer malabares, porque tengo dos hermanos más grandes, Carlos y Daniel. Por eso, para ellos es un premio lo que vivo, por todo el esfuerzo que hicieron. Vieron que crecí y nunca bajé los brazos. Vivíamos en Santa Fe. Alguna vez, de chico, quise dejar y ellos me dieron el empujón para seguir. De eso no me olvido.

-¿Qué pasó?
-Veía muchas injusticias en el ambiente futbolero. Había abandonado la escuela, en tercer año, para dedicarme a lo que me gustaba. Tenía 16 años. Y, sin embargo, quise dejar. Pero mi mamá me dijo, textual: “Dejás el fútbol y te rompo la cabeza” (se ríe). Mis viejos y mis hermanos me apoyaron muchísimo. Me alentaron y me levantaron siempre. Ahora creo que disfrutan lo que vivo por eso, porque saben del sacrificio que hicimos. La alegría de ellos es el doble que la mía. Verlos felices es hermoso. No me alcanzan las palabras de agradecimiento. Porque hice méritos para llegar, pero ellos hicieron mucho más para darme el día a día. Había que mantener una familia.

-¿Qué hubiese pasado si tu mamá no te retaba?
-Ja,ja. ¿Sabés que nunca pensé en eso? Tal vez terminaba trabajando con mi viejo en la Municipalidad o en Wall Mart, con mi hermano más grande.

-¿Por qué te tatuaste ese rosario en el brazo? ¿Sos creyente?
-No soy muy creyente, pero siempre me gustaron los rosarios. Desde el primer rosario que me regaló mi abuelo paterno, Ernesto, siendo yo chiquito, cuando iba a catecismo, me empezaron a gustar. El que me regaló mi abuelo era celeste, lo tuve mucho tiempo. Y después siempre tuve uno en mi casa. De alguna manera es una forma de recordarlo...

-Te emocionaste.
-… Es que él fue… Hace mucho ya que falleció… trece, catorce años que no lo tengo… Era muy chico cuando murió.

-Imaginemos que está acá, charlando con nosotros. ¿Qué le dirías?
-Si entra y se sienta a charlar con nosotros… No sabría qué decirle. Me largaría a llorar, como ahora. Creo que lo disfrutaría mucho más. Lo disfrutaría mucho más, sí. Sobre todo por el hecho de verlos a mi viejo y mi abuelo juntos. Fueron pocas las veces que me fue a ver. Se hubiese puesto muy contento de ver este momento que vivo.

-¿Pensás que te mira desde arriba?
-Sí. Mirá: acá tengo tatuadas las iniciales de él; y esto: la edad que tenía cuando murió, 74. Me marcó mucho.

-¿Por qué sos arquero?
-Porque siempre fui loco (se ríe, de nuevo). Siempre me gustó atajar. De chiquito. Desde que tengo noción de jugar a fútbol, iba al arco. Antes de empezar en Colón, jugaba con mis hermanos y sus amigos e iba a atajar. Tenía 7 u 8 años y jugaba contra pibes de 15 y atajaba. En casa no querían que atajara. Decían que el de arquero es un puesto ingrato, de mucha responsabilidad para un chico. Quedé de 9. Jugué un par de años, pasé por todos los puestos, tapando agujeros, hasta que a los 13, el técnico me mandó al arco, porque sabía que me gustaba el puesto. Y ya quedé como arquero.

-¿Y qué pensás del puesto?
-Que requiere mucha personalidad. Hay que ser fuerte de la cabeza. Cometés un error y enseguida hay que recuperarse, en el mismo partido. Eso se aprende a medida que pasan los años. Una vez, en inferiores, me comí dos goles en un partido y fue el peor día de mi vida. Tenía 18 años y en ese momento (Laureano) Tombolini, que era el arquero de la Primera, me dijo: “Te vas a comer veinte mil goles así, pero tenés que sacártelo de la cabeza para no repetirlo”. En el momento lo supero, pero después soy cabrón. En casa saben que no me tienen que hablar cuando vuelvo después de un mal partido. Por 24 horas, mi señora, Romina, no me habla. Ya sabe cómo soy.

-¿Qué aspiraciones tenés?
-Seguir creciendo. Como profesional, como persona. El sueño de todo jugador es llegar a la Selección. Creo que sería la frutilla del postre de la historia. Ojalá se me dé. Uno siempre se entrena y se mentaliza para eso. A nivel clubes, sé que la vida del futbolista no es tan larga. Así que pienso en el futuro económico de la familia. Hoy estoy cómodo en Huracán, en todo sentido. Pero me gustaría jugar en el exterior. Italia, España, Inglaterra.

-¿Un ídolo?
-Oscar Córdoba. Por el estilo jugado que tenía. No se quedaba bajo los tres palos. Arriesgaba. Tenía la personalidad para estar en un equipo como Boca. Para mí fue uno de los mejores que vi en el puesto. Pero ahora hay muy buenos.

Su ídolo en el puesto es el colombiano Oscar Córdoba.

-¿Qué es el arquero para el fútbol?
-Uno de los puestos más importantes. El que maneja el equipo. Con arqueros de buen nivel, el fútbol se hace más parejo. Da confianza y tranquilidad a todo un grupo. Y, a la vez, es el puesto del que menos se habla, o al que menos importancia se le da. Salvo que haya un error.

-¡Cuánto silencio, Marcos! ¿Siempre son así de tranquilas las concentraciones?
-Son momentos importantes. Se aprovechan para hablar, a veces hacer amigos. Porque no es todo competencia. Charlas, mate, caminar por la zona, ver partidos y hablar con la familia son algunas de las cosas que hacemos. A muchos les gusta leer. Otros prefieren ver películas. Yo voy con los partidos y las películas de acción y de superhéroes. Las primeras porque me gustan y las otras porque las veo con Bautista, mi hijo, de 4 años. Este año, con las de Marvel y Star Wars, el enano y yo vamos a estar a full.

-¿Qué es lo más lindo y qué es lo más feo del fútbol?
-¡Qué buena pregunta! El fútbol siempre fue mi vida. Lo más lindo es disfrutarlo, ser jugador. Y lo malo, nada. Creo que el fútbol me dio más cosas lindas que feas y eso opaca todo lo malo. Soy un afortunado.

-¿Qué te dice tu hijo al verte en la televisión?
-Para mi hijo… la verdad… me ve como su ídolo. Ver que mi hijo está orgulloso de mí, siendo tan chico, es algo que no tiene palabras. Que les diga a todos, orgulloso, “mi papá es Marcos Díaz” es impagable. Impagable…

-Otra vez te emocionaste.
-Es que son cosas lindas que a uno le tocan vivir. Está bueno que me pase esto. El fútbol. Mi familia. Mi hijo. Mi señora, que es fundamental. Hace nueve años que estamos juntos. Ella es de Santa Fe. A veces creo que mi abuelo me la cruzó por mi camino.

Perfil
Nacido en Santa Fe el 5 de febrero de 1986, en una familia identificada con Unión, Marcos Díaz debutó en Colón el 8 de octubre de 2009, con una victoria por 4 a 1 contra Arsenal. Al no ser tenido en cuenta, pasó en 2012 a Gimnasia y Esgrima de Jujuy, donde tampoco pudo afianzarse. Regresó al club santafesino y de ahí a Huracán. Allí demostró un gran nivel y se convirtió en referente del equipo. Hoy, totalmente identificado con los de Parque Patricios, dice del hincha: “Mi agradecimiento es enorme y eterno por la confianza que me dio cuando no me conocía. Los hinchas me demostraron cariño desde el primer día hasta hoy. Es impagable que te quieran tanto en tan poco tiempo”.

“Entre diferentes ofertas que me hicieron, decidí quedarme en Huracán porque me siento muy cómodo. Y a mi familia le pasa lo mismo, lo cual es importante. Si la familia no acompaña, todo se vuelve más difícil”.

Por Alejandro Duchini / Fotos: Emiliano Lasalvia

Nota publicada en la edición de junio de 2015 de El Gráfico

Por Redacción EG: 24/08/2015

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