Notas de la revista

Trezeguet: David tiene estrella

- por Redacción EG: 27/04/2012 -

A los 34 años, cuando parecía imposible, David Trezeguet cumplió el sueño del pibe. Al rescate de River.

Nota publicada en la edición de abril 2012 de El Gráfico

SE INICIO en Platense, pero su corazón late por River, donde embelesó con sus goles en los pocos partidos que ha jugado. (Ilustración: Gonza Rodríguez, exclusiva para El Gráfico)

La entrevista, generosa y sin premuras, ha finalizado. Antes de partir, el goleador se prueba unos botines blancos en el vestuario local del Monumental, rodeado de sus amigos de la infancia, que lo acompañan y lo contienen mientras su mujer, hijos, padre, madre y hermana continúan con su vida habitual en Monte Carlo. Cuando Marcelo Nasarala, encargado de prensa de River, le recuerda el par de citas periodísticas que aún tiene pendientes para los próximos días, David hace gala de unos reflejos propios del pibe que se crió jugando en un barrio del conurbano bonaerense antes que el que compartía cenas con el Príncipe de Mónaco en el palacio real.

-¿La televisión francesa insiste en hacerme la entrevista caminando por Martelli para que cuente mi historia? Están locos. Ya les avisé: “Miren que esto no es Champs Eliyseés, esto es Villa Martelli, es la Argentina”. ¿Sabés cuánto pueden durar esas cámaras?

“Esto no es Champs Elyseés”. David Serio Trezeguet sentencia con un tono y una claridad que invitan al asombro, por lo menos para quien imaginaba encontrar del otro lado del grabador un francés, o un franco-argentino, por no decir a un afrancesado, intentando adaptarse al paisaje de este rincón tercermundista de América del Sur. Lo confirmará algunos minutos después, cuando asegure que se siente argentino de sangre, aunque el destino futbolero del padre determinó que su ciudad de nacimiento fuese Ruan y el pasaporte lo terminara empujando a vestir la camiseta azul de la Selección de Francia. Y también acompañando sus frases con un “mirá” o un “¿viste?”, tan argentinos como el dulce de leche, el gran colectivo, alpargatas, soda y alfajores, según cantaría la Bersuit.

-Mi decisión de jugar para Francia se dio de una manera muy natural. Tuve que hacer la elección del pasaporte francés para poder quedarme en Europa y por eso debí renunciar en cierto modo a la ciudadanía argentina. Me fui joven de Platense, con 17 años, a una aventura nueva, y a los 3 años ya era campeón del mundo, y a los 5 había ganado una Euro. Se me dio todo muy rápido. Hubiera sido muy lindo integrar la Selección Argentina. Y yo fui siempre muy claro con Francia, que me ha dado todo, que me adoptó, me formó y permitió desarrollarme profesional, cultural y económicamente, pero la verdad es que la sangre mía es argentina, yo por dentro soy argentino cien por cien. Y mi objetivo era el de algún día poder jugar acá. No se dio con la Selección, pero se está dando hoy con River.

TIO TOMASO
Se está dando. ¡Y vaya cómo se dio! Justo cuando parecía que se le terminaba la carrera. El relato detallado de los hechos le pertenece a Tomás González, más conocido como tío Tomaso, hermano de Beatriz, la mamá de David. Tío Tomaso es hincha de Platense pero no de tirar piedras, según confiesa. Siempre estuvo muy cerca de David, y más aún en la semana de noviembre en la que el goleador aprovechó unas minivacaciones de cinco días que tenía en los Emiratos Arabes y se vino a la Argentina.
“La verdad, lo veía para largar todo, no tenía motivación, era una pena que terminara todo así”, resalta tío Tomaso, quien tomó del brazo a su sobrino y lo llevó a respirar aire fresco (y futbolero) en un raid que le permitió a David en cuatro días acercarse a la cancha de Defensores de Belgrano para ver a Ortega, a la de Vicente López para seguir a Platense y a Vélez, para presenciar un 0-0 con Boca que le puso en ebullición la sangre. De tribunas con 30 personas a estas otras con 50 mil. “Tengo gente conocida en Vélez, y se portaron muy bien –repasa tío Tomaso-. Nos dieron un palco y al final lo apalabraron a David, le dijeron que les interesaría contar con él. Ahí, a estadio lleno, comenzó a gestarse su regreso, no tengo dudas de eso”.

A diferencia de lo que ocurre en casi todas las familias, en la de David la elección del cuadro fue absolutamente democrática. Papá Jorge es de Boca, mamá Beatriz y su hija Fabiana son de Platense, hay un primo de River y otro de San Lorenzo. David fue de River desde chiquito, tío Tomaso lo sabía bien, por eso cuando vio a su sobrino sacudirse emocionalmente ante el Amalfitani repleto (y eso que el partido fue un bodrio, aquel del penal errado por Schiavi) y lo vio abrir grande los ojos ante el comentario de los allegados de Vélez, se movió con rapidez para contactarse con gente de River.
“Siempre paro en un taller de autos de Martelli –explica Tomaso-. Ahí, los que van no son fanáticos, son enfermos de River directamente. Y uno de ellos es Tati Rafaelli, aquel exmarcador de punta del club que hoy trabaja en las infantiles. Le pedí que me consiguiera el teléfono de Diego Turnes. Yo sabía que ellos buscaban un nueve, así que lo llamé y les pedí de encontrarnos. Como no estaba seguro de reconocerlos, me acompañó mi hijo. Nos encontramos en Pampa y Figueroa Alcorta, nos tomamos un café, les acerqué un papelito con el móvil de David en Dubai y les dije: llámenlo ya, que los está esperando. Y así arrancó todo, después vino el padre a arreglar los números. Se hizo todo tan claro y directo, que no dio lugar a que se metiera nadie. Debe haber sido una de las mejores negociaciones de la dirigencia de River”.

Christian Amodeo, el mejor amigo de David desde los 8 años (ver recuadro), y asistente desde 2004, da fe del vía crucis en que se había convertido el andar futbolero de su compinche. “¿Te comés el viaje largo hasta allá?”, cuenta Christian que le rogó más que preguntar David. “Eran cinco días, pero nos estaba faltando tanto la Argentina –reconoce Amodeo-. Nos vinimos justo después de un partido aburridísimo, con 300 personas en un estadio para 20 mil, como siempre. El había sido un desastre y salió con un malhumor tremendo. Y el contraste entre esa realidad y la que vivió cuando fuimos a la cancha de Vélez le hizo un click en la cabeza. Nadie como yo te puede hablar del año y medio tan malo que vivió, contando lo del Hércules, porque estuve a su lado. La angustia del delantero, aparte, es especial. Si sos defensor y no te la pasan, por lo menos participás, pero si estás allá arriba y no te llega la pelota, porque los de tu misma camiseta no dan dos pases seguidos, es terrible. Cómo recuperó la sonrisa acá, lo feliz que está, nos ha contagiado a todos los que lo queremos de verdad. El afecto que está recibiendo de la gente de River es impresionante”.

Habla tío Tomaso, habla el amigo Christian. Ahora la palabra es de David.

-¿Estás en una nube, no?
-Eh... sí, estoy en una nube como una metáfora positiva, descubriendo muchas cosas del fútbol argentino, el sueño realizado de poder jugar en River. Mi objetivo era el de integrarme lo más rápido posible a una aventura completamente nueva para mí, en lo emotivo, en lo profesional, en lo futbolístico, en lo social, en todo.

-¿Llegaste a soñar alguna vez esto o era imposible de imaginar?
-Y, mirá, las cosas se dieron de manera rápida e increíble, en el sentido de que me había ido a Emiratos con un objetivo preciso que era más de imagen que otra cosa, apostando al futuro, pero tuve un click al venir una semana a la Argentina y eso me impulsó a que esta aventura se pudiera realizar. Se dio todo tan rápido, sin reflexionar, y aquí estoy jugando en River, un sueño que se corona. El fútbol, para mí, es pasión. Y acá yo recuperé la pasión. River me la devolvió.

-¿Estabas para retirarte?
-Tuve un año muy malo en el Hércules y esos 3 meses extraños en Emiratos. Ya había entrado en otra fase, la de pensar cosas distintas, la de centrarme en inversiones, razonar casi como exfutbolista, y cuando salió esta posibilidad era negro o blanco, en cierto modo, por eso para mí era muy importante hablar con Matías (Almeyda) para saber si me quería, qué esperaba él de mí.

-¿Lo conocías de cruzarlo en Italia?
-Lo había enfrentado en algunos partidos en Italia, pero nunca hablamos. Matías es uno de esos jugadores, como Gallardo, o Salas, a los que pude ver por televisión y admirar, y años después encontrármelos como rivales o compañeros. Con Marcelo hablábamos mucho de River cuando compartimos equipo en el Mónaco.

-¿Cómo la convenciste a tu mujer de venir a la Argentina?

-Ella me entendió enseguida, no me veía bien en los últimos años. Sufrió, como toda mi familia, el ver que en tan poco tiempo el sentimiento que yo profesaba por el fútbol se venía abajo. Cuando venís de muchos años en equipos top y de repente te pasa lo que me pasó a mí, viste, ellos tienen la imagen de cuando estaba arriba y era importante... Surgió River y a mí lo que más me ayudó es que en la familia todos me dieron para adelante. Si venís con este apoyo, ya te sentís fuerte. Es fundamental.

-¿Vas a estar los tres años y medio de contrato separado de tu familia?
-Por ahora, mi mujer y mis hijos están en Monte Carlo por la escolaridad de los nenes. Después, cuando tengan las vacaciones, decidiremos con tranquilidad. Uno puede pensar que tres años y medio es mucho tiempo, pero a la vez es poco, porque es lo que me queda de fútbol. Todo tiene una conclusión, viste, hay que aprovechar los años de jugador, porque después una vez que se corta, entrás en una fase en la que hay tiempo para todo.

-Tu cara de felicidad en los goles que estás metiendo no debe ser habitual...

-Sí, sí, estoy contento, porque para mí era importante en lo personal conocer este fútbol, ponerme la camiseta de River, y tener esta presión positiva. Estoy feliz, me siento vivo, recuperé sensaciones perdidas.

-¿Qué es lo que más te impactó hasta ahora?

-Me estoy encontrando con una situación que conocí en Italia pero más elevada todavía, potenciada. Lo de la gente de River es una locura. Estar en la B generó un fanatismo increíble. Y a mí me están pasando cosas que, en lo emocional, nunca había vivido.

-¿Con la Juventus en la B no viviste cosas similares?
-Hay 2 o 3 cosas diferentes con lo que ocurrió aquella vez. La primera, es que con la Juve no descendimos deportivamente, y después, que lo sufrimos mucho porque se fueron más del 70 por ciento de los jugadores. El club decidió que nos quedáramos Camoranesi, Del Piero, Buffon, Nevdev y yo, que éramos los más significativos. La locura de la gente fue importante también, pero no tanto como acá, no olvidemos que el fútbol sudamericano es completamente diferente al europeo, que es más frío. Esto está comprobado al cien por cien, aunque yo estaba en el país más alocado de Europa, que es Italia.

-Pero no viviste lo que estás viviendo acá.

-No, acá el fervor es muy muy alto. Vamos en micro al estadio y empiezo a mirar a la gente en los autos, en las motos, todos yendo a la cancha en esos colectivos repletos y se crea algo especial. Ves las tribunas, el ambiente y decís “el futbol es esto”.

-¿Este Nacional B es más difícil que aquella Serie B de Italia?
-Este es más difícil, sí, el nivel es más alto, hay muchos equipos que juegan bien, solo que allá arrancamos con –17 puntos, que después fueron -9, ehhh, otro inconveniente es que no sacábamos a ningún equipo de sus canchas, pero en cuanto al juego, este torneo es más complejo.

-Sufriste el descenso en Italia y España, ¿se vive con el mismo dramatismo que en la Argentina?
-No, no, es diferente. En la Juventus hubo manifestaciones porque lo consideraban una injusticia; el Hércules, después, era un ascensor, subía y bajaba. Mirá, el fútbol español ya está estipulado. Tenés al Barcelona y al Real Madrid, uno de los dos va a ganar el campeonato, después hay 4 equipos para dos puestos: Atlético de Madrid, Valencia, Villarreal o Sevilla y alguno más que puede aparecer cada año y los otros 14 juegan a hacer los 41 puntos que te salvan del descenso. Es así, por eso nunca estuve muy de acuerdo con que hablen de la Liga de las estrellas. No conocí el campeonato inglés, pienso que es el más apasionante de todos, pero creo que para un jugador, el italiano es el campeonato en el que aprendés más en lo táctico.

-No debe ser sencillo jugar 10 años en la Juventus, ¿no?
-En Italia no es fácil jugar 10 años como extranjero. El italiano es un tipo muy nacionalista y hasta que no demuestre lo contrario, el extranjero no tiene su lugar. Ahora, una vez que demostraste, te ganás un respeto grande. Fue lo que me pasó a mí, sobre todo después de ser el primer goleador extranjero en Italia.

-¿Es cierto que te sabías al detalle cómo jugaban casi todos los defensores?

-Me gusta informarme, estoy al tanto de las estadísticas, soy un apasionado de los partidos, acá todo me resulta más breve porque trabajamos mucho en la semana con el rival. Estas cosas son muy importantes. Lo mismo que el trabajo cotidiano. Cuando puedo, aconsejo a mis compañeros. Yo me inicié acá pero terminé de formarme en Europa y ahí aprendí que quedarse media hora después de un entrenamiento 2 o 3 veces a la semana es muy importante. Hoy sigo empleando este tipo de trabajos después de algunos entrenamientos, me quedo a perfeccionarme dentro del área. Antes de jugar con Merlo, nos quedamos un buen rato con Luquitas (Ocampos) después de hora: él tiraba centros y yo cabeceaba. Así llegó el gol. Esto le va a servir más a él que a mí, porque él tiene 17 años. Pero el trabajo, a la larga, paga. Siempre.

INTERNACIONAL

UNO DE LOS MUCHOS goles señalados con la casaca millonaria: a Deportivo Merlo en cancha de Vélez.

Paga. Los antecedentes pagan. Jorge Trezeguet fue un defensor central de los años 70. En la A solo jugó en Chacarita, aunque tuvo un largo recorrido por el ascenso en Estudiantes de Caseros, Deportivo Español, Italiano, El Porvenir y Almagro, entre otros. En 1975 le surgió la posibilidad de jugar en Francia. Y hacia allí fue. Al Rouen, en la Normandía. Dos años más tarde, el 15 de octubre de 1977, nació David. Y tres después se terminó lo que se daba y la familia volvió a Martelli. Allí se crió el pequeño David, en esas calles, en los patios de esas escuelas de barrio aprendió a patear y a cabecear. También a planificar las rateadas a la plaza, como aquella histórica en la que terminó plegándose el curso completo ante una prueba de geografía de imposible aprobación.

Debutó en la Primera de Platense en junio de 1994, con 16 años y en el transcurso de un año apenas jugó 5 partidos. A su natural ansiedad se le sumó la visión de un empresario, Rafael Santos, que había llevado a papá Jorge a Francia y cuando escuchó que otro Trezeguet había crecido y se andaba codeando con los grandes en el fútbol argentino se puso a averiguar, tiró la caña de pescar y le consiguió una prueba en el PSG. En París no lo aceptaron, porque Jorge exigía trabajo y vivienda para todos, pero igual causó una buena impresión y fue recomendado al Mónaco. Allí le subieron el pulgar. Igual, no caminó por un sendero de rosas al comienzo.

Antes, sin embargo, el adolescente David debió aprender en la jungla del tercer mundo a agudizar el ingenio para ganarse un mango y poder ir a bailar con los amigos. Buceando un poco en su pasado se termina de comprender por qué David se siente argentino. A los 15 años, por ejemplo, aceptó la invitación de Christian Amodeo, su gran amigo, para formar una banda musical. Christian estaba metido en el ambiente desde chico y tocaba la guitarra. Convocó a otro amigo para que lo acompañara y a David lo puso frente a un bongó, al que le adjuntó un cencerro. “David entendía bien los tiempos, andaba perfecto con los ritmos, para la cumbia andaba bárbaro, por eso lo puse con la percusión, tocaba el bongó y el cencerro con dos palitos”, evoca Amodeo. La bandita iba los sábados al Centro de Jubilados de Villa Martelli, donde paraban los abuelos de David, y por eso tenían la puerta de entrada abierta. Los abuelos cenaban, y después salían a bailar unos 10 o 12 temas al ritmo de David y sus amigos. Después les juntaban unos pesitos y a la medianoche los jóvenes, ya alimentados, tenían sus reservas para ir a bailar.

David ya entendía bien los tiempos. El ritmo. Sincronizaba.

-Me fui porque el manager que llevó a mi viejo a Francia se enteró de mi existencia y movió sus contactos para hacer la transferencia. Mi cabeza quería probar una experiencia en Francia. Era pibe, y lo bueno fue que tuve el apoyo de mi familia. Acá no nos faltaba nada, teníamos una vida social normal y ellos decidieron dejar todo y venir conmigo y después bueno, las cosas se dieron de manera positiva.

-¿Pekerman te habló para ir al Mundial de Qatar 95?
-El no me habló directamente, hubo un sondeo de gente allegada, se hablaba de que integraba una preselección de 40 jugadores. Además se trataba de una generación más grande, porque de hecho yo terminé yendo al Mundial Sub 20 siguiente, el de Malasia 97.

-¿Dudaste cuando te llamaron de la Selección francesa?
-Estábamos solos con mi viejo, lo charlamos y tomamos la decisión. Era abrir una puerta al futuro en el sentido de que yo, a los 16 años, tuve que decidirme por el pasaporte francés por una sencilla razón: si eras francés de padre argentino, no había acuerdo para la doble nacionalidad. Si era al revés, se podía hacer la doble, pero en mi caso, no; entonces no tenía mucha posibilidad de elegir. De hecho, yo había ido a Francia con el pasaporte francés para no ocupar cupo.

-De la Selección Argentina que fue campeona en Malasia 97 (Riquelme, Aimar, Samuel, Cambiasso), ninguno llegó a Francia 98; vos y Henry, en cambio, sí lo lograron con Francia.
-Mirá vos, no había reparado en ese dato. El Mundial Sub 20 fue a mediados del 97 y en febrero del 98 jugué mi primer partido con la Selección mayor. De hecho, cuando fui al Sub 20 de Malasia yo no jugaba en Primera del Mónaco todavía.

-¿De dónde sacaste el gorrito argentino cuando fueron campeones del mundo?
-Me lo dieron del programa de Tinelli. Me lo pasaron y me lo puse sin ningún problema. Mis compañeros me entendieron porque Francia es un país en el cual predominan razas diferentes, era muy rico en variedad aquel plantel.

-Decidiste bien: si jugabas en la Argentina no hubieras sido campeón del mundo.
-No sé, puedo hablar de lo que pasó: desde ahí hasta el 2000 fue todo excelente: a los 22 años había ganado todo a nivel Selección: Mundial y Eurocopa.

EL HINCHA

EL JUGADOR nacido en Francia lleva ganado catorce títulos entre clubes y Selección mayor. Este año espera lograrlo en River.

Si a los 22 había tocado la puerta del cielo, a los 34, ya con la bandera a cuadros a la vista, el desafío asomó igual de gigante como aquella vez. La cámara que registra su vida y el encuentro con River, si alguna vez llega a la pantalla, debería tomarlo en el comienzo de la película junto al tío Tomaso y a un grupo de siete amigos yendo como un hincha más a ver a River frente a Lanús para esquivar a ese tortuoso fantasma llamado promoción. Y una semana más tarde lo captaría reincidiendo, esta vez frente a Belgrano. Lo mostraría gritando los cantitos como el resto, ilusionándose con el gol de Pavone, maldiciendo las ocasiones desperdiciadas y el insólito penal no cobrado por Pezzota. Y, luego, ya abatido, corriendo por Udaondo, con el dolor y la amargura en la mochila, para que no lo embocara el camión hidrante, ya en la ciudad tomada y conmovida por el descenso de River. Tuvo que hacer uso de su tranco largo para llegar hasta las inmediaciones de la cancha de Defensores de Belgrano, donde habían dejado el auto. La historia no es de ficción.

-¿Por qué te hiciste hincha de River si en tu familia no lo son?

-Mi viejo es de Boca y mi vieja, de Platense, es cierto. A mí me gustó River porque se caracterizó siempre por el buen fútbol. Yo jugué de delantero desde chico, todo lo contrario de lo que fue mi viejo, defensor, y el fútbol para mí es eso finalmente: la gente que hace el gol, el pase gol, y River reunió históricamente todas estas características de gran equipo. Y encima viví la época en que se ganaba todo.

-¿Venías a la cancha, de pibe?
-Recuerdo haber venido sólo dos veces: contra Talleres y contra el Central de Palma. Los dos fueron 0-0. Me fui sin goles... Venía poco, porque si bien nunca me faltó nada, tampoco sobraba demasiado en casa, y era un esfuerzo grande venir a la cancha, entonces siempre fui muy fanático de la radio y de la televisión.

-¿Quién era tu ídolo de la infancia?
-Yo crecí con la imagen de Francescoli, me acuerdo de Medina Bello y más adelante de la generación de Gallardo, Ortega, Matías, Crespo, gente que hizo historia en River.

-Cuando estabas en Juventus y venías de vacaciones, ¿ibas al Monumental?
-Siempre venía a ver algún partido de River y me impactaba lo de la gente... pero la verdad… o sea, hay que reconocer que los últimos años de River fueron diferentes a los que yo tenía como recuerdo. Ese no era el fútbol de River, de lo que caracterizó siempre a River, hubo un cambio grande...

-Lo notaste también en el paladar de los hinchas...
-Ahí va, en la gente vi un cambio en estos años, se fue acostumbrado a lo que había, ya no al toque. River siempre tuvo esos 3 o 4 jugadores guerreros pero predominaban los de buen fútbol, y después me sorprendió que cualquier equipo venía a la cancha de River a ganarle. Y lo hacía. Antes, el Monumental era el templo de la dificultad para cualquiera.

-¿Lloraste con el descenso?
-No lloré, pero estuve en la cancha, y me puse mal, lo sufrí. Nos tuvimos que ir corriendo, ¿viste como es acá, no? Primero nos dijeron que saliéramos, después que no y al final fue un lío... Sentí el impacto, lo sentí como la mayoría de la gente, fue duro para todos, mismo en la vida social, la de todos los días: River en la B es como que no va. Fue un triste final a una aventura que venía mal desde hace años.

-¿Ahí no te picó el bichito de decir: quiero jugar en River para devolverlo a la A?
-No tuve ni tiempo, porque a la semana me volví a Europa. Tenía la posibilidad de ir a Nápoli, venía hablando con el presidente y me había puesto de acuerdo, pero el entrenador al final no me quiso. Al pincharse, pensaba seguir en Europa pero no se dio nada, y de golpe estaba en Emiratos. No tuve tiempo de reflexionar, como tampoco lo tuve cuando apareció River. Por suerte la familia aprobó, con sus miedos de un cambio total. Fue fundamental.

El cambio fue grande. David está solo en la Argentina mientras su mujer atiende el negocio de ropa que tienen en Monte Carlo y los pequeños Aaron y Noraan (si no tienen doble “a” no vale) van al colegio. “Tío, ¿tan contento está David?”, cuenta Tomaso que le pregunta por teléfono la española Beatriz Villalva, que no da crédito de lo que ve y escucha a 11 mil kilómetros sobre su esposo.

El Cabezón, apodo para familiares y amigos, se instaló cerquita del club y de Villa Martelli, equidistante. Superprofesional, llega por lo menos una hora antes de las prácticas y se va una después. Una antes, porque es un obsesivo de la puntualidad y porque en la Argentina le han aparecido palabras nuevas en su vocabulario como “piquete”. También porque pone sus rodillas y tobillos en las manos del kinesiólogo: hay que sostener esos 190 centímetros curtidos a patadas. Una hora después, porque le gusta perfeccionarse. A esta edad. Sí.

Habla cuatro idiomas, se muestra locuaz en la entrevista, conserva el vicio de comerse las “eses” y viste como uno más de la esquina: jean, zapatillas y remerita de Rocky Balboa. El glamour lo dejó en Europa. Acá vino a arremangarse. Y a pagar con goles ese sueño del pibe que jamás imaginó cumplir a esta altura de su carrera. David tiene una estrella. Y la lleva en el corazón.

Por Diego Borinsky. Fotos: Hernán Pepe

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