ENTREVISTAS

Walter Coyette, fabuloso Pekerboy

- por Diego Borinsky: 09/11/2017 -

Así caracterizábamos a aquellos chicos que nos dieron el primer título mundial al mando de José en Qatar 95. Hoy ya están dirigiendo y dejando su sello, con buen fútbol, valentía y resultados. Chacarita lo agradece.

Coyette, con la multitud del Funebrero de fondo. Ascendió en su primera experiencia.

A veces el destino juega con nosotros. Quizás creemos que mandamos desde aquí abajo, pero el de arriba lo tiene todo controlado. Nos manipula como marionetas.
Los dos últimos ascensos de Chacarita a Primera División ocurrieron en 2009 y 2017. Existe un protagonista destacado que se repite en ambos acontecimientos. Un protagonista que se repite con circunstancias muy particulares, además: en el ascenso de 2009 le ponía punto final a su carrera como futbolista; en el de 2017 iniciaba su carrera como entrenador principal de un equipo profesional.
Walter Gastón Coyette sonríe al escuchar la sorpresa que provoca la coincidencia en el periodista, coincidencia de la que era perfectamente consciente, por supuesto. Pero Coyette sonríe seguido, es un rasgo de su carácter que lo distingue, que lo muestra como un hombre que anda de buen humor por la vida, de esos que afrontan el día a día con buena onda, al menos según se puede desprender de la hora larga de charla con El Gráfico, en el local de Havanna del Alto Avellaneda Shopping.
Coyette nació hace 41 años, el 28 de enero de 1976 (10 días después que Marcelo Gallardo), en Lanús, el club al que ingresó con apenas 6 añitos, y jamás se fue del barrio, más allá de alguna mudanza esporádica a España, México y Ecuador para cumplir con su profesión de futbolista. Por eso atiende en su zona de influencia, sur del conurbano bonaerense, después de haber entrenado al primer equipo de Chacarita, como todos los días, en Moreno.

-¿Walter o Gastón?
-Las dos –suelta la primera sonrisa-. Mi primer nombre es Walter, pero mis amigos y mi familia me dicen Gastón. A uno de mis hermanos le pasa lo mismo, se llama Fernando Damián, pero todos le dicen Damián, tenemos esa particularidad en la familia, parece.

-¿Y no te confunde, no te genera un problema de doble personalidad?
-No, no, para nada, ya me acostumbré.

No debe ser sencillo. Todos nacemos con un nombre, pero el DT de Chaca tiene dos, y debe responder a ambos. Aunque no haya sido dueño de una trayectoria deslumbrante, en sus 15 años como futbolista, Coyette atesora algunas perlitas para destacar: primer título en la historia de Lanús (Conmebol 96), primer campeonato mundial juvenil de la era Pekerman (Qatar 95), ascenso con Huracán en 2007 y ascenso con Chacarita en 2009. Como entrenador fue dando pasos cortos pero firmes: arrancó como ayudante de campo de Diego Cocca en Gimnasia y Esgrima La Plata, Santos Laguna de México y Huracán, luego trabajó en las infantiles de Lanús, más tarde fue ayudante de Miguel Angel Lemme en la Selección Sub 17, DT principal de la Sub 15 y, desde febrero de 2016 es el entrenador de Chaca. Rebobinamos la cinta y nos situamos en 1995…

-Con Ibagaza fueron los primeros exponentes del muy buen semillero de Lanús que hoy ya no nos sorprende…
-Lanús siempre trabajó bien en inferiores, pero en mi época recién se empezaba a consolidar en la A después de ascender y fuimos un poco los primeros en ir a una Selección, en ese momento era raro que aparecieran jugadores de Lanús en un combinado nacional. Encima se coronó con un título mundial, entonces hizo más ruido. Con el tiempo, el club profundizó su política y se hizo costumbre. Pensá que a mí Lanús me fue a buscar al baby de Barceló, a 3 cuadras de mi casa, en Monte Chingolo. Tenía 6 años.

-¿Seguís en contacto con Cañito, tu socio?
-Juampi (Sorin) armó un grupo de whatsapp de los campeones mundiales de Qatar, estamos todos menos Leo Biagini, del que no sabemos bien en qué anda, así que nos comunicamos seguido. Juampi es el que organiza para juntarnos, y Chaparro y Larrosa son de los más activos, siempre jodiendo un poquito.

-¿Pekerman también está en el grupo?
-No, sabemos la responsabilidad que tiene José y no vamos a andar molestándolo, pero aparte es un grupo de ex compañeros, a mí también me pasa en Chacharita: está el grupo de whatsapp del cuerpo técnico y los jugadores tienen el suyo, es así, en algunos grupos, los entrenadores no podemos estar (risas).

-¿Te felicitó José por el ascenso?
-Hace unas semanas lo llamé para pedirle referencia por un juvenil colombiano, que ahora está en el club, y ahí me felicitó, me dijo que estaba muy contento por mí, que había visto bastantes partidos. Tengo los mejores recuerdos de José, fue uno de los técnicos que más me marcó.

-¿En qué te marcó?
-En el orden, la disciplina, el sacrificio, en hacerme entender lo que significaba ser jugador de Selección, que esa camiseta no es para cualquiera, que había que tener cuidado en muchas cosas, hizo hincapié en todo eso, en el profesionalismo más que nada.

-¿Quiénes más te dejaron huella?
-Cúper, Mohamed, La Volpe… Cúper mantenía distancia, pero trabajaba muy bien lo defensivo. El Turco me marcó por su manera de ser, por la confianza que daba, por la manera en que se manejaba, es un gran conductor de grupos. Conseguía que estuviéramos todos muy bien, los que jugábamos y los que no, por su carisma, porque tenía un cuerpo técnico atento a todos, siempre con alegría, con entrenamientos divertidos.

Muy activo, dando indicaciones a sus jugadores, aquí al Pichi Erbes.

-La Volpe me imagino que no era un dechado de buenos modales…
-No, no, eso está claro (risas). En algún entrenamiento, por ahí me gritaba: “La culpa es mía, que te traje acá”, esas cosas que tenía Ricardo, pero aprendí muchísimo de él en lo táctico y estratégico. Te fundamentaba cada situación y tenía una gran metodología de trabajo. Empecé a ver cosas que antes no veía, quizás porque tampoco tenía la madurez, pero en México, con La Volpe, se me abrió la cabeza.

-¿Por qué no te quedaste en Chacarita después de lograr el ascenso en 2009?
-Porque el entrenador y los dirigentes se decidieron por otros jugadores, y aunque mi idea era retirarme con Chaca en Primera, uno termina de entender muchas cosas cuando ya está de este lado. En ese momento fue duro, recibí un par de ofrecimientos para irme a equipos del interior del Nacional B, pero me tenía que ir solo, dejar a la familia. No tenía ganas y preferí retirarme.

-¿Siempre tuviste en claro que querías ser entrenador?
-Se fue dando. A los pocos meses de retirarme me incorporé al cuerpo técnico de Cocca en Gimnasia. Con Diego nos habíamos hecho amigos en México, cuando jugamos juntos en Atlas, incluso también se armó un vínculo entre las familias, mis hijos más grandes tienen la misma edad de los suyos. Me vino bárbaro, aprendí un montón viendo cómo se manejaba: en la organización, la planificación, el manejo ante el grupo. Después estuvimos un año y pico sin trabajar, a mí me salió para ir a las inferiores de Lanús, y de ahí salté a los juveniles de AFA.

-¿Qué te aportó trabajar con los chicos?
-Los chicos son esponjas, tienen esa frescura para absorber todo. Hablar delante de muchas personas no es fácil, y me largué ante los chicos. Me ayudó a planificar entrenamientos, a equivocarme un montón (risas), pobres, los chicos se comieron todo el garrón de mis errores, aunque traté de equivocarme lo menos posible. Fueron dos años y medio, a fines de 2015 venían las elecciones de AFA, las famosas del 38 a 38, y nos quedamos sin contrato, así que nos tuvimos que ir. Pero ahí ya había decidido tomar otro rumbo para arrancar con profesionales, en mi cabeza ya tenía eso, y entonces empecé a ir a partidos de Nacional B y de la B Metro, que era por donde pensaba que podía arrancar, haciendo hincapié en los clubes donde había jugado.

La alegría en su rostro, mientras es llevado en andas por los hinchas. El 30 de Julio, su segundo ascenso en Chaca, como DT, en San Martín.

“¡Que linda es la camiseta de Chacarita! Es la que más me gusta, con la excepción, lógicamente, y por razones claramente sentimentales, de la de Rosario Central!”, afirmaba el querido Negro Fontanarrosa en su libro No te vayas campeón, y no vamos a andar contradiciendo a semejante exponente del buen gusto. Chacarita es un histórico de Primera División, con 55 temporadas en la máxima categoría sobre 86 posibles, aunque ha padecido en las últimas cuatro décadas. En diciembre de 2014 ascendió al Nacional B de la mano de Aníbal Biggeri; en 2015 peleó por la permanencia hasta el final, ya al mando de Fernando Gamboa en las últimas fechas. En el torneo corto de comienzos de 2016, Gamboa arrancó mal, con una victoria y tres derrotas y se fue. Como suele ocurrir en situaciones así, a los despachos dirigenciales comenzaron a llover carpetas enviadas por los representantes. De las cerca de 20 opciones, quedaron 2 en el cara a cara final: Cristian Grabinski y Walter Coyette, ex jugadores del club y compañeros en el ascenso 2009. Ambos sin experiencia en Primera. De Coyette, cuentan desde San Martín, gustó mucho su profesionalismo y tranquilidad, su capacidad para exponer las ideas y sus convicciones, su compromiso con las divisiones juveniles. Terminaron de decidirse cuando pidieron referencias a la AFA y recibieron puro elogio. El promedio era una preocupación, claro, pero la maravillosa campaña que realizó lo llevó a pelear hasta las últimas jornadas por el único ascenso, que logró el Talleres de Kudelka en forma invicta. Fueron 12 triunfos, 4 empates y apenas 1 derrota. Recibió propuestas para dirigir en Primera, pero pese a las tentaciones decidió quedarse. Y terminó ascendiendo en el campeonato siguiente, desplegando un fútbol de alto vuelo, muy similar al de Argentinos Juniors, el otro equipo que subió a Primera.

-¿Cómo convenciste a los dirigentes de Chacarita entre tantas opciones?
-Recuerdo que, en las charlas, un dirigente me dijo: “Lo único que necesitamos es ganar de visitante porque hace como 20 fechas que no lo conseguimos” (risas). Le contesté que de visitante íbamos a salir a ganar, no a empatar, que se quedara tranquilo.

-¿Fuiste a la charla con carpetas?
-Les mostré lo que venía haciendo en las selecciones juveniles, también algunos trabajos. Lo hice con mi iPad, le metí un poco de tecnología ahí, y parece que les gustó (risas).

-¿No dudaste? Estaban mal con el promedio, y arrancar la carrera con un descenso…
-A dos puntos del descenso estábamos, no era una situación ideal, pero faltaba buena parte del campeonato y mi cabeza estaba puesta en trabajar y demostrar lo que podía aportar, había margen. Y conocía bien a Chacarita.

-Tomaste decisiones fuertes, como sacar del equipo a un símbolo como Manso y luego a otro como el Burrito Rivero…
-Trato siempre de ser franco y frontal, que es lo que me gustaba que hicieran conmigo siendo jugador. Decir las cosas claras. El primer día le expliqué a Damián (Manso) que quería otra característica de jugador para esa posición, porque iba a cambiar de sistema: del 4-3-1-2 a 4-3-3 y para eso necesitaba dos extremos bien rápidos por afuera. Me costó la decisión, porque la gente a veces no entiende, pero tenía la convicción, y Damián se portó como un gran profesional. Con Rivero fue muy similar

-¿No te tentaron las propuestas de dirigir en Primera tras esa primera campaña?
-Le peleamos a Talleres hasta lo último, pero justo en ese torneo ascendió uno solo, y sí, aparecieron propuestas de Primera que a uno le movieron un poco el piso, pero lo bueno es que en el cuerpo técnico tengo gente que también piensa, y mucho, y me ayudaron a evaluar todo. Están Patricio Pisano, mi ayudante, el profe Emanuel Sánchez y Marcelo Salgueiro, el entrenador de arqueros. Entre todos decidimos que era mejor continuar. Valoro mucho sus opiniones.

-¿Por qué hubo tantas dudas si seguías o no después de ascender?
-Trato de no quemar etapas, de ir de a poco, con pasos firmes, soy de la idea de los proyectos a largo plazo. Acá no solo conseguimos el ascenso en un año y medio, sino ordenar un poco lo que era el club, que estaba mal en varios aspectos. Con los dirigentes lo fuimos acomodando, la realidad es que queríamos continuar, pero en el medio se me terminó el contrato, hubo algunas ofertas, estuvo el tira y afloje lógico, pero de las dos partes existía la intención de seguir.

-¿Exigiste cosas de infraestructura?
-Lo que uno cree necesario que requiere la Primera, porque la mayoría de los clubes ya lo tienen, desde una oficina para el cuerpo técnico, los GPS para los jugadores, nutricionistas, contar con desayuno para el plantel,  tener mínimamente una estructura parecida a las instituciones de Primera que ya están armadas. Estamos alineados con la dirigencia en el mismo sentido, y eso está bueno.

-Demostraste que en el Nacional B se puede tener éxito apostando a jugar por abajo, ¿vas a repetir en Primera con cuatro descensos?
-Si se puede en el Nacional B, donde las canchas no son lo mejor, también se puede en la A. Hay que tomar otro tipo de recaudos, achicar el margen de error, porque una equivocación en Primera te puede costar caro.

-Pero vas a apostar…
-Vamos a intentar jugar, vamos a intentar jugar, sin dudas –interrumpe, convencido, firme, en tono alto.

Con la Copa Conmebol 96 junto al equipo.

Daniel Mancini tiene 56 años, es periodista y suma 8 años, en distintas etapas, a cargo de la comunicación de Chacarita. Pero lleva 56 años de hincha, y opina desde ese lugar: “Hay dos maneras de vincularse con los que irradian idolatría. Una es el fervor, sentir que te representa; otra es el aplauso, como en el teatro, ahí está Coyette, a Gastón se lo admira por lo que ha mostrado su equipo. El Viejo Guerra está en el escalón más alto de idolatría entre los entrenadores de Chaca, y un escaloncito abajo vienen Biggeri y Coyette”. Mancini destaca del DT, con el que convive día a día, su profesionalismo, su trato ameno y sus convicciones fuertes. El espíritu docente, herencia de Pekerman. Coyette utiliza mucho las imágenes. Chacarita lleva una cámara propia a todos los partidos, y luego el CT le envía a cada jugador, por whatsapp, pequeños fragmentos de su actuación, con errores y aciertos. Videos cortos, para que la atención no se esfume. También le muestran imágenes con movimientos de los equipos más importantes del mundo, para marcarle lo que pretende. “Cada integrante del cuerpo técnico anda con su notebook y después de las prácticas se quedan analizando los resultados de los GPS, antes de irse a bañar –lo describe Mancini–. Tiene una gran consideración por el que no juega y muestra una gran avidez por aprender, por preguntar”.
Walter tiene tres hijos, dos de ellos que pasaron por Lanús y que hoy hacen sus palotes en otros destinos. Lucas tiene 19 años y es volante ofensivo en la Reserva de Arsenal; Mateo es lateral y juega en la Octava de Racing. Benjamín, el más pequeño, no quiere saber nada con el fútbol.

-¿A Cocca le decís que mire la Octava?
-Claro, que hay un lateral que pinta bien (risas).

-¿Cuáles son tus preceptos básicos?
-El profesionalismo, la dedicación y el esfuerzo. Eso es lo primordial. Y en cuanto al juego, tratar de que el equipo sea protagonista con las herramientas que uno cree, que es tener la pelota, poder manejar nosotros los tiempos del partido. Eso requiere mucho trabajo y mucha convicción. Hay que fundamentar ante los jugadores, porque tratar de recuperar en campo rival rápido tiene sus riesgos.

-¿Qué equipos te gustan?
-El Barcelona de Guardiola fue el que marcó un poquito todo lo que a uno le gusta como equipo. Hoy me gusta el Nápoli de Sarri, el Dortmund, el Tottenham de Pochettino, el City de Guardiola, el Newell’s de Martino me gustó cómo jugó.

-¿El objetivo de Chacarita es mantenerse?
-Sin dudas. Y vamos a dar batalla para tratar de que Chacarita siga en Primera División, que creemos que es el lugar donde tiene que estar. Es un club grande, con mucha historia y mucha convocatoria.

-Un club con una hinchada brava, también…
-Sí, exigente, hermosa, muy pasional, si te va bien, está bueno; si te va mal, está complicado,  son los gajes del oficio –cierra, con una sonrisa, como empezó, y como seguramente seguirá mañana, Walter Gastón Coyette (llamalo como te guste, que igual se da vuelta).

Por: Diego Borisnky / Fotos: Matías Princ, Prensa Oficial de Chacarita y Archivo El Gráfico.

Nota publicada en la edición de Octubre de 2017 de El Gráfico 

Por Diego Borinsky: 09/11/2017

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