HISTORIAS VERDADERAS

Leonel Coira, otro Leo que deslumbra en España

- por Redacción EG: 20/05/2017 -

Nació en Rauch, tiene 13 años y a los 7 ya había firmado un vínculo con el Real Madrid. Hoy juega en el Valencia, lo comparan con Kempes, los clubes más poderosos lo tienen apuntado y la Federación Española ya llamó para sumarlo al Sub 15. La historia de un nuevo Niño Maravilla.

Cabeza levantada, melena al viento y buen porte. Leíto, como le dicen, es diestro, goleador y buen asistidor. Y una ficha del Madrid.

“El pelo revuelto, las medias caídas,
los zapatos rotos, de tanto jugar,

una camiseta ya descolorida,
debajo, una almita, que sueña ser crack”

Sueña detrás de una pelota de fútbol. Con una sonrisa gambetea. Es un nene más, corriendo... y soñando... con el “fulbo” en sus pies; no importa que esté lejos de su país, que tenga la camiseta de un club europeo... no importa que ya haya vestido la del Real Madrid, o que Manchester City y Juventus lo pretendan, que también haya seducido a River y Boca. No. El juega a la pelota como un nene más, aunque tenga condiciones distintas a los demás compañeros.

A Leo Coira le llueven los elogios en todos los idiomas. Sus videos haciendo goles recorren el planeta, lo comparan con el otro Leo. Sí, nada más y nada menos que con Messi. A él le genera timidez semejante carga, porque su compatriota es su ídolo. Lo admira, le parece inalcanzable Messi, aunque cuando jugaba en el Real Madrid lo llamaran “El Messi del Madrid”.

El solamente quiere jugar al “fulbo”, aunque lo vean como un profesional. Tiene tan solo 13 años, pero desde hace tiempo sus gambetas seducen a las grandes instituciones del fútbol mundial.

Ficha en el Real Madrid.

Leonel Angel Coira nació en la localidad de Rauch, provincia de Buenos Aires, el 29 de marzo de 2004. Su amor por el fútbol está lejos de ser a primera vista. En medio de la pampa argentina, Leíto –tal como lo llaman en su casa– miraba de lejos la pelota. Le gustaban otras cosas: andar en tractor, jugar con las ovejas, con los caballos o las vacas. Siempre con su vecino don Horacio como compinche, miraba cómo su papá Miguel y su hermano Ignacio estaban todo el día con la pelota de fútbol, jugando y esquivando conos. Pero a él, que estuvo a punto de nacer en Venezuela, no le interesaba.

Es que la familia Coira vivió nueves años en Venezuela, donde papá Miguel era un reconocido entrenador de juveniles. Tenía un trabajo destacado y elogiado, gestando una camada de futbolistas que hoy da que hablar en el mundo. Pero una tarde veraniega de 2003, cuando volvían por la autopista de Caracas, una piedra impactó contra el auto. Un intento de robo. El golpe fue del lado donde se encontraba mamá Daniela, embarazada de seis meses de Leonel. Fue tal el miedo que en ese instante la familia decidió regresar a la Argentina, y en marzo de 2004 vino al mundo Leíto.

Se instalaron en Rauch, donde Leo jugaba en el campo con cualquier cosa menos una pelota y todo indicaba que su futuro estaría ligado a la veterinaria. Pero a los cuatro años de aquel retorno, llegó desde España alguien que andaba buscando a Miguel Coira por su labor como formador de juveniles. Lo fue a buscar a Venezuela, no lo encontró y dio con el dato de que estaba en una ciudad del interior de la Argentina. Allí llegó, le hizo una propuesta y después de analizarlo, la familia optó por emigrar a España. La propuesta era un trabajo para que Miguel llevara adelante en Madrid su “método” de formación, ese que tantos frutos había dado en Venezuela con Salomón Rondón como estandarte. Toda la familia se trasladó a Madrid. Y una tarde, en aquella ciudad, comenzó la historia futbolística del niño maravilla. Fue de casualidad; o de esas cosas que tiene el destino: mamá Daniela había ido con el pequeño Leo a realizar compras al mercadillo, y la sorpresa fue que el nene pidió que le compraran una pelotita de plástico del Atlético Madrid. La madre, sorprendida, accedió. Sorprendida porque a Leo no le gustaba el fútbol. Lejos estaba de eso. Pero de pronto empezó a jugar con ese chiche nuevo. Y la sorpresa fue mayor cuando vieron lo que hacía con él. Miguel lo llevó una tarde, entonces, a su academia, y allí se puso a jugar con los otros nenes. “Fue tremendo. No me olvido más de ese día. Los pasaba a todos los nenes como conos. No había jugado nunca a la pelota, pero de pronto tenía un talento natural. Jugaba con chicos más grandes y marcaba diferencia”, cuenta Nacho, el hermano mayor, en diálogo con El Gráfico.

Desde entonces, Leo comenzó a llamar la atención por su desequilibrio. Aunque el recuerdo familiar dice que en su primer partido “con camiseta”, en un juego amistoso, hizo un gol... pero en contra. Tenía tan solo 4 años. Jugaba con chiquitos dos años más grandes que él. Una anécdota, ya que al juego siguiente hizo cuatro goles, pero esta vez sí, para su mismo equipo.

Más pequeño, mostrando su talento en el Real Madrid, club del que pidió irse porque sus compañeros lo cargaban.

RECORD Y TRISTEZAS EN EL MADRID
Su precoz talento no pasó desapercibido. Jugando en la Academia 2M12 de su padre (Academia por el sentimiento racinguista de la familia, las 2 M por Miguel y Mario, padre y abuelo de Leo, y 12 por el año de la fundación), se fue abriendo paso. Todos hablaban de él. ¡Y con tan solo 7 años entró en la historia del Real Madrid! ¿Cómo? Convirtiéndose en el futbolista extranjero más joven en firmar contrato con la Casa Blanca. Sí: firmó contrato a los 7 años de edad.

Fueron tres años donde “el nene argentino”, tal como lo llamaban, hizo cosas increíbles. Y por eso, recibió, también, el apodo de “El Messi del Madrid”. Una mochila pesadita. La familia Coira comenzó a observar que su vida cambiaba rotundamente. Y se asustaron. Cuando se supo sobre Leíto, medios de todo el mundo quisieron saber quién era y contar su historia. Eran demasiados los puntos en común con el genio rosarino. Tal es así que tuvieron guardia periodística en su casa. Incluso recuerdan que una cadena de TV japonesa y otra suiza le ofrecieron un buen dinero para que los dejaran pasar 48 horas conviviendo con ellos. “No acepté, es un nene. No queremos vivir de él. Era una locura lo que pasaba. Estuvimos cuatro días encerrados en casa. Admito que nos asustamos. Pensé que habíamos metido la pata”, confiesa el padre de Leo a El Gráfico.

Cuando cumplía su tercera temporada en el Real Madrid, tras jugar su primer año en el Benjamín B y el segundo en el A y comenzaba a participar de la división del Alevín B, decidió dejar la Casa Blanca. Era la figura, goleador y capitán de su equipo, que marchaba puntero en el certamen. Pero no quería seguir más en aquel club. ¿El motivo? Un desencuentro con su entrenador.

Parece una locura hablar de un vestuario difícil con nenes de apenas 10 años, pero según relata la familia de Leo, fue así. El pequeño recibía una fuerte discriminación por ser argentino. “Melena, guarro”, fueron algunos de los calificativos que recibía de sus propios compañeros. Leíto sufría más con los golpes que recibía en los entrenamientos del Real Madrid, que con los de los rivales en los partidos. Y el técnico, nada. Y eso molestó al nene, que un jueves por la tarde, sentado a la salida del predio, llorando, le pidió por favor a su papá que lo sacara de ese club. “¡No vengo más! ¡No vengo más!”, repetía y suplicaba a la vez. Los directivos trataron de convencerlo, pero no hubo caso. “Primero está la felicidad de mi hijo. Y mi hijo no era feliz en Real Madrid. Es de locos, debe ser el único caso de alguien que se quiere ir del Real Madrid, pero Leo no la pasaba bien. Y yo quiero que mi hijo no sufra, quiero que juegue, que se divierta con pasión”, narra papá Miguel, gran admirador de Ramón Maddoni y de José Pekerman, referentes en su oficio de moldeador de juveniles.

Foto en familia, con sus padres, Miguel y Daniela, y sus hermanos, Nacho y Milena, mostrando el premio al mejor jugador de un Mundialito.

Esta situación se produjo en noviembre de 2010 y Leo regresó a la Academia 2M12. Y volvió a divertirse con la pelota. En diciembre fue a un torneo disputado en Barcelona con el equipo de juveniles de su papá, y salieron campeones. Al mismo tiempo se llevaba a cabo un certamen importante en Madrid, donde los ojeadores de todo el mundo estaban presentes. Y se dieron cuenta de que  “el 10 argentino del Real” no estaba. Y explotó, literalmente, el teléfono de Miguel. Manchester City, Barcelona, Sevilla, Juventus, Liverpool, Porto e Inter fueron algunas de las instituciones que comenzaron a proponer condiciones para llevarse al niño a sus clubes. La familia optó por dejar pasar las fiestas de aquel año. Volvieron a la Argentina, estuvieron con los abuelos, y al regresar a Europa, comenzaron a visitar instalaciones de los clubes interesados.

LA LLEGADA A VALENCIA
“A los seis años, mi hermanito ya marcaba mucha diferencia. Hacía 12 goles por partido. Tiene una gambeta rápida, pero es pensante, levanta la cabeza, le gusta asistir a sus compañeros. También es calentón. No le gusta perder ni a la bolita”, grafica Nacho, el hermano de 21 años, que actualmente está en Miami ayudando en la academia del padre y a la espera de conseguir club para él a mediados de año.

Esas características tan llamativas en un nene hacen que se fijen en él. Todos ofrecían cosas “muy buenas” para la familia. Estuvo cerca de Barcelona, era lo que Leo quería, para estar cerca de su ídolo Messi. Sin embargo, debido a la sanción de FIFA que sufría en ese momento al club catalán, Coira optó por Valencia. Quería seguir en España. Sevilla había gustado mucho, pero Roberto Ayala y Rodrigo De Paul, que en ese momento estaban en el club fueron claves para que el nene eligiera a la institución che. Cuenta papá Miguel: “Leo sintió un ambiente argentino en Valencia y le gustó. La propuesta era similar a Barcelona, pero allá iba a tener que estar 15 meses sin jugar. Entonces Leo eligió Valencia y me dijo...”.

Lo que le dijo el pequeño Leo, que por entonces tenía 10 años, reflejan sus sueños y su personalidad. ¿Qué le dijo a su padre? “Ahora elijo Valencia. Voy a luchar y entrenar para que cuando tenga 16 años, Barcelona me vuelva a querer”. Toda una síntesis de los sueños de purrete de Leíto.

Miguel Coira firmó un contrato en nombre de su hijo con el Valencia hasta 2017. Y en diciembre del 2016, ese contrato fue renovado hasta el 2020, cuando Leo cumplirá los 16 años.

En su primer partido con el equipo che, el niño argentino se presentó con un golazo de tiro libre. ¿Qué se dice de Leonel Coira? Mucho. Ignacio Fernández, periodista especialista en el fútbol base de Valencia, afirma: “Juega en infantil y ya el año pasado lo hacía con jugadores mayores. Este año también. Ojo, no es un caso excepcional, ya que hay otros chicos de su categoría que lo hacen. Lo destacado es que lo está haciendo muy bien”. El cronista de El Diario de Mestalla agrega: “Se destaca su presencia física. Es un futbolista con gran golpe de balón, tanto para pases largos y disparos a puerta. Tira muy bien las faltas. Uno de los goles de este año, que lo vi yo, fue de esa forma. Se destaca por eso. Tiene mucho criterio futbolístico. Tiene fundamentos. Personalmente le veo demasiado trotón (sic), no lo digo como algo negativo. No es tenso. Tiene eso de Riquelme. Es grandote y pensante. Hay otros jugadores que son más dinámicos, más rápidos, él es más trotón, de la pelota al pie, de cambiar el juego. Tiene un potencial bestial, y es muy mediático. Es el más mediático de su camada. En Valencia hay jugadores mediáticos como él y el coreano Kangin Lee, que es tres años mayor”. Finalmente, Fernández resalta: “Es una de las perlas de Valencia, la gente lo tiene muy presente. Y como dato anecdótico, lleva la 10 y el mismo peinado que Mario Kempes, el gran ídolo argentino de este club”.

Por supuesto que se multiplican las versiones cuando se habla de un nene pretendido por muchos clubes. A propósito, Miguel Coira, quien supo jugar en Argentinos Juniors y Vélez, afirma contundente: “Me la aguanto, conozco el mundo del fútbol y se hablan muchas pavadas. Yo me gano el pan de cada día con mi trabajo. No quiero vivir de mi hijo, si fuera así no sirvo como hombre, ¿qué valores les podría transmitir a mis hijos? No. Se hablaron de muchas cifras, enormes, para jugar en otro país. En Valencia lo quieren, lo miman y Leíto es feliz. Y es lo que quiero. El se siente bien jugando a la pelota, evoluciona, claro, también en su juego, se lleva bien con sus compañeros. Y a eso no lo cambiamos por dinero, queremos que él se sienta bien”.

SUEÑOS DE SUPERCAMPEONES
Como todo nene, a Leíto le gusta ver dibujitos animados. Y como fanático del fútbol, sus preferidos son Los Supercampeones. Ver las jugadas de Oliver Atom, Benji Price, Díaz o Le Blanc, los personajes del anime, son algunos de sus pasatiempos. Este nene que juega a la pelota es eso: un nene con ilusiones. Y que genera, por supuesto, por su habilidad y capacidad, expectativas.

Vive frente al nuevo estadio Mestalla, cerca también de donde se alojan los jugadores profesionales extranjeros del Valencia. Cierto día, a pocas horas de haber sido presentado Enzo Pérez como refuerzo del club, Leo, como todo niño, fue curioso a ver la nueva figura. Fue grata su sorpresa cuando Enzo le dijo: “Eh, yo sé quién sos vos”. Leo no lo podía creer. Al regresar a su casa contó feliz: “Mamá, Enzo Pérez me conoce, me dijo que me conocía”.

En la actualidad, con pelo largo (una rareza para los chicos de hoy), con un trofeo ganado en Valencia.

Dentro de esa inocencia de infante, convive con gente que lo mira asombrado. “El nene argentino”, dicen. En Valencia se siente muy cómodo. Hace cosas con la pelota que provocan admiración. Un reclutador del Real Madrid, nuevo, que no lo conocía de la etapa anterior, hace poco fue a recomendarlo y dijo: “Apareció el nuevo Kempes de Valencia”. En la Casa Blanca ya lo conocían. Y todavía se ilusionan con volver a tenerlo. Por eso, cada tanto, en el celular de Miguel Coira aparece una llamada preguntando por Leíto. A propósito de llamadas… en España al ver un nene de este calibre se lo imaginan con la Roja. Tal es así, que la familia ha recibido comunicación desde la Federación Española. Y Leo, ya tiene la ciudadanía española. En poco tiempo, estará en condiciones de jugar en la Sub 15. No obstante, por más que su tonada sea española, a él le corre sangre argentina. Y sueña con algún día ponerse la emblemática camiseta de la Selección Argentina. “Es su sueño. Parece gallego, pero es más argentino que cualquiera. Sufre y festeja con lo que le pasa a nuestra Selección”, afirma el hermano.

Y sí, ya lo cantaba Edmundo Rivero en su tango “Déjelo señora”:
“Con mil filigranas, sus sueños de crack.
Y así, dele y dele, hasta que algún día
rodeados de gradas, glorioso y triunfal,
entre el clamoreo, de hinchadas bravías
defienda la insignia de un “team” nacional...
¡Déjelo señora!... Déjelo jugar...”

Por Marcos J. Villalobo / Fotos: Familia Coira

Nota publicada en la edición de abril de 2017 de El Gráfico

Por Redacción EG: 20/05/2017

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