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Nico Rosberg sigue un legado

- por Redacción EG: 08/07/2016 -

A los 30 años, el indiscutible líder de la F1 se perfila como gran candidato al título, que hace 34 temporadas lo tuvo precisamente a su papá, Keke, como campeón. Por su inmejorable arranque, 4 éxitos seguidos, le saca ventaja en la pulseada a su compañero/rival Hamilton.

Nico Rosberg se eleva cada vez más y sueña con convertirse en el próximo campeón de la F1, como lo fue su padre Keke en 1982.

El Grand Chelem es la síntesis perfecta de la excelencia de un piloto en un mismo fin de semana, porque la pole position, la vuelta más rápida, la victoria en la carrera y el liderazgo durante todas las vueltas quedan en su poder. Juan Manuel Fangio, cuando no, fue el pionero en lograr semejante hazaña, en el GP de Mónaco en 1950. Y la rica historia de la Fórmula 1 lo tiene al legendario Jim Clark, con la sorprendente suma de 8 entre 1962 y 1965, escoltado con 5 por dos titanes de las estadísticas como Alberto Ascari y Michael Schumacher.

Indudablemente, por mejor auto que se tenga, para redondear el Grand Chelem resulta imprescindible que todo transcurra de manera impecable, sin contratiempos y que la pista y sus protagonistas se rindan ante la hegemonía de un único dueño. Encumbrados pilotos y de dilatada trayectoria como Niki Lauda, Gilles Villeneuve o Fernando Alonso, por ejemplo, solo lo han logrado en una oportunidad y a esa lista, reservada, claro está, a una elite, se sumó en el último Gran Premio de Rusia, en el pintoresco circuito de Sochi, un avasallante Nico Rosberg.

Con la implacable Flecha de Plata del equipo Mercedes AMG Petronas, Rosberg hilvanó en la cita rusa su séptima victoria consecutiva, ya que lleva 3 de aquel fantástico sprint final en la temporada pasada, cuando ganó en los Estados Unidos, México y Brasil, y este año comenzó de manera contundente con triunfos en las cuatro competencias iniciales (Australia, Bahrein, China y Rusia), para igualar la marca de Ayrton Senna en 1991 y de Michael Schumacher en 1994. Además, esa serie de siete éxitos seguidos lo ubica a la par de Ascari (entre 1952 y 1953) y de Schumacher (en el 2004), solo superados hasta el momento por Sebastian Vettel con aquella monumental seguidilla de nueve.

Estos datos estadísticos sirven claramente para reflejar el notable momento que moviliza los sueños de campeón de Nico Rosberg, justamente 34 años después de que su papá, Keke, con un Williams conquistara el título del 82. Es decir, los Rosberg pueden convertirse por segunda vez en la historia en un padre e hijo campeones, como lo fueron Graham y Damon Hill, asociados en la gloria de ser los Nº 1 en la máxima categoría del mundo motor.     

“Ganar las cuatro competencias iniciales no es algo que esperaba. Ha sido un gran comienzo, pero solo disfruto del momento y de la forma en la que estoy corriendo, dando lo mejor de mí para continuar así hasta el final de la temporada. Todos sabemos que el deporte tiene altibajos y hay que estar preparado en todo sentido para cuando eso sucede. Con un campeonato tan largo se deben tomar las cosas carrera a carrera. Todavía hay demasiados puntos en juego y todo puede pasar”, expresó, con cierta dosis de humildad y sin autopresionarse, un Nico que el 27 de junio próximo cumplirá 31 años.

Y si algo aprendió en este supercompetitivo mundo de la F1, fue precisamente a tener paciencia y a estar preparado para aprovechar las oportunidades. Cuando asomaba como piloto con tan soolo 20 años, con los buenos antecedentes de la Fórmula BMW, la Fórmula Euroseries y la consagración con el equipo ART Grand Prix en la GP2, no fue sencilla la decisión en Williams de que se jugaran por él.

Si bien el rubio parecido al actor Leonardo Di Caprio era conocido en el ambiente de la F1 prácticamente desde el mismo momento que vio la luz, el inmenso desafío que debió afrontar desde el vamos apuntó a justificar la variedad de elogios que se lanzaban sobre él bajo la aureola de ser el heredero de Keke.

“Es magnífico llegar a ser un piloto F1, pero necesito demostrar lo que valgo. Es complicado porque todos me comparan constantemente con mi padre y esperan que sea tan bueno como él. Y esa no es una tarea sencilla”, había reflexionado Nico en aquellos comienzos, a lo que agregaba: “Siempre me he fijado en lo que hizo mi papá porque llegó de la nada y consiguió bastantes cosas. Respeto mucho lo que él ha logrado, pero reconozco que desde chico mi ídolo siempre ha sido Mika Hakkinen, un piloto estupendo. Pienso dar todo de mí para trasnformarme algún día en un gran piloto como ellos y aspiro algún día a convertirme en campeón del mundo”.

Nada menos que 11 temporadas pasaron de aquellas declaraciones, y Nico siempre se las ingenió para mantenerse vigente en la exigente F1, primero bajo el ala de la escudería Williams y después, a partir de 2010, en el gigante Mercedes, con el séptuple campeón Schumacher como compañero en aquellos primeros tiempos. Pero si bien maduraba la victoria, debió esperar hasta abril de 2012 en Shanghái, donde luego de obtener la pole por primera vez en 110 participaciones, él tuvo su bautismo triunfal en el GP de China.

El F1 W07 imbatible de Rosberg alcanzó la perfección en el comienzo de temporada.

Vale recordar que en aquella ocasión, Rosberg le sacó más de medio segundo al escolta que era ni más ni menos que Hamilton, pero al ser penalizado este por modificar la caja de cambios, los dos representantes de Mercedes largaron en la primera fila, acontecimiento que no se registraba desde el GP de Monza en 1955. Y ya en el 2013, Nico volvió a saborear las mieles del éxito en dos escenarios emblemáticos como Mónaco y Silverstone.

Así, Nico ya había alimentado su mentalidad ganadora, y al volante de un potente y fiable Mercedes se repitieron los podios y, lo que es mejor, cosechó cinco victorias en el 2014 y seis en el 2015, ambas temporadas en las que terminó subcampeón y se consolidó como fiel escudero del indiscutido campeón Lewis Hamilton. Con tan superlativo rendimiento de los dos, la escudería alemana se impuso en el Mundial de Constructores por la abrumadora diferencia de 296 puntos sobre Red Bull en el 2014 y por 275 sobre Ferrari en el 2015. Una ventaja holgada que volvió a repetirse en el comienzo de este 2016, aunque invirtiendo los roles entre Hamilton y Rosberg en cuanto a quién era el as de espadas.

Nico se acostumbró a ganar, y Lewis no se mostró con la eficacia que lo caracteriza. Entonces, comenzaron a circular los rumores de conspiraciones y que el equipo favorecía más a uno que al otro, con lo cual la respuesta inmediata de los responsables de Mercedes, entre ellos su director general Toto Wolff, fue considerar como lunáticos a quienes pensaban de esa manera. En la estructura, quedó claro, se esmeran todos por igual y no existe un equipo A y otro B, aunque al parecer, tal vez por circunstancias del destino, los imprevistos y las vivencias negativas se concentraron más en el auto Nº 44 del moreno británico y el rubio que condujo el bólido Nº 6 aprovechó un inigualable potencial y cada una de las oportunidades que se le abrieron delante de sus ojos.

“Sé que en cualquier momento Lewis comenzará a obtener buenos resultados, porque está andando fuerte, se lo ve motivado y con ganas de volver a la victoria. Por eso, yo necesito estar muy bien conectado con el auto y con la confianza suficiente para querer superar mis límites. Me emociona que llegue un fin de semana de carrera y que tenga otra gran batalla con él. Ganar es genial, pero me produce más éxtasis luchar por ello y vencerlo”, reconoció con entusiasmo Rosberg.

Y sobre las diferencias en la atención entre un auto y otro, el líder del campeonato se limitó a decir: “Agradezco a todos los técnicos por permitirme conducir este gran auto. Solo con un vehículo así uno puede ir hasta el límite y eso es un sentimiento muy lindo. En Rusia ya en la clasificación logré un balance muy bueno que luego trasladé sin problemas a la carrera. Creo que con Lewis tenemos un gran equipo detrás y eso se refleja en el 1-2 final”.    

En cuanto a los gustos sobre cómo conducir un auto de carrera, en Nico parece prevalecer, al elegir a Hakkinen o a su padre, la sangre finlandesa, aunque su verdadera nacionalidad sea alemana, debido a que por razones laborales de Keke, que tenía ensayos con su Williams-Honda en aquel país en junio de 1985, nació el 27 en Wiesbaden. De todas maneras, más que finlandés o alemán, él extiende sus raíces a distintos lugares, puesto que reside en Mónaco desde hace varios años y ha vivido por su condición de piloto como un auténtico trotamundos, lo que le facilita hablar a la perfección inglés, italiano, francés, alemán y finlandés. 

Quienes lo conocen bien resaltan sus condiciones futbolísticas y su habilidad para disfrutar al máximo del snowboard y el jet ski. Cada momento de su vida parece haber sido aprovechado para ir delineando el deportista-piloto que es hoy. Física y mentalmente parece haber alcanzado la madurez y profesionalismo justos. Y él sabe que este es el año indicado como para seguir el legado, que inició su padre y al cual él se afianzó desde chico. Siempre supo que iba a ser piloto, por herencia y por decisión propia.      

Sin embargo, en el otro rincón, compartiendo el mismo techo de la escudería Mercedes, se encuentra el mayor rival contra quien pueden chocar los sueños de Nico, porque el tricampeón Hamilton se siente y se cree superior. Y hasta llegó a decir, cuando intentaron inquietarlo por el buen momento de su compañero, que se trata de un juego psicológico. ¿Cómo? Sí, una batalla psicológica, recordando lo que alguna vez debe haber llegado a sus oídos y le quedó grabado acerca de la táctica “Rope a Dope”, en un engaño contra las cuerdas, del gran Muhammad Ali en el inolvidable combate de pesos pesados en 1974 frente a George Foreman, que se denominó y quedó en la historia como “El rugido de la Selva” en la traducción.

“No digo que sea lo mismo, pero creerse que vas ganando tal vez no valga nada al final del camino. Ali lo hizo sentir ganador a Foreman antes de tiempo y cuando le pareció, dio vuelta la situación. Así que todo aún es posible. Y Nico lo sabe bien”, presionó Hamilton desde los micrófonos en conferencia, con los ojos iluminados, una sonrisa pícara y tratando de convencerse de que lo que estaba diciendo, en definitiva, sucederá en los próximos meses. 

Imagen repetida del podio, con un exultante Nico Rosberg y un Lewis Hamilton que no se conforma con ser escolta.

Las emociones que parecen estar ausentes por las diferencias que Mercedes ejerce con respecto a las otras escuderías, dejando en evidencia que Ferrari, Red Bull, Williams o McLaren actúan como simples partenaires, al menos están garantizadas en esta excitante pulseada interna entre Nico y Lewis. Ellos tienen en sus manos los mejores autos y cuentan con el respaldo más eficiente que hoy en día un piloto puede tener. Solo la destreza, el talento y por qué no la picardía se convertirán en factores desequilibrantes a partir de ahora. Al cierre de esta edición se corrían los grandes premios de España y Mónaco, para afrontar en junio dos destinos sugerentes, puesto que habrá que cruzar el océano Atlántico para competir el 12 en Canadá, en el circuito Gilles Villeneuve, que el año último lo vio ganador a Hamilton, y de allí empalmar de inmediato el viaje a Azerbaiyán, porque el 19 será el turno del GP de Europa en el exótico Bakú. Allí recién se completarán las primeros 8 carreras de las 21 que integran el calendario 2016. Lo que significa un largo camino por recorrer y mucho para disfrutar de esta tremenda batalla deportiva que están dispuestos a brindarnos dos Flechas de Plata con ases al volante. ¿Podrá Rosberg seguir el legado de su padre y convertirse después de tanto bregar en el ansiado campeón o el aguafiestas de Hamilton, hábil en pista y fuera de ella para desestabilizar a compañeros y rivales, extenderá su dominio por una temporada más en el Gran Circo?

Todo está por verse y la película en cartelera de la F1 promete más superacción.

Keke, el ejemplo
Para Nico, su papá Keijo Rosberg fue la imagen inspiradora en la que reflejarse. En sus ocho temporadas en la Fórmula 1, entre 1978 y 1986, el famoso Keke se consagró campeón en 1982 al volante de un Williams, ocupando la butaca de primer piloto dejada vacante por nuestro Carlos Alberto  Reutemann. En total compitió en 114 grandes premios en 6 escuderías diferentes: Theodore, ATS, Wolf, Fittipaldi, Williams y McLaren, logró 5 victorias, 5 pole positions y 3 récords de vuelta. El 6 de diciembre último, ese otrora recio piloto finlandés cumplió 67 años. Y ahora se dedica a disfrutar de su vida empresarial y a seguir de cerca con suma atención el brillante desenvolvimiento de la campaña deportiva de su hijo. ¿Podrá este emularlo como campeón de la máxima?

Por Walter Napoli / Fotos: AFP

Nota publicada en la edición de junio de 2016 de El Gráfico

Por Redacción EG: 08/07/2016

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