FúTBOL ARGENTINO - PRIMERA

Gallardo Monumental

- por Redacción EG: 30/01/2016 -

Ya está en las librerías de todo el país la biografía del DT de River, en la que repasa sus vivencias como jugador y entrenador, y explica cómo consiguió llevar a su equipo a lo más alto. También, más de 45 entrevistas a gente del fútbol que retratan a Gallardo. Aquí, la síntesis de algunos capítulos.

Gallardo y el autor, Diego Borinsky, en la presentación del libro, realizada en el Museo River el 4/12. Tocaron Ariel Prat y parte de La Bersuit.

LESIONES. “Siempre fui perseguido por las lesiones. Tuve muchísimas. Aquella del 93 fue la primera, al poco tiempo de debutar. Me lastimé el tobillo derecho en una práctica, en un choque con Crespo. Me hice un esquince y, como no se me curaba, empezaron a infiltrarme. O sea que casi desde mi debut conocí toda esa problemática. Era muy pibe, a mí me decían de infiltrarme para jugar y yo ponía el cuerpo, quería estar. Vivía en la camilla todo el tiempo. Nunca pude jugar al 100% de mis posibilidades físicas. Entraba a la cancha y me olvidaba, pero después pagaba el impuesto en la semana, terminaba contracturado, casi nunca podía entrenar toda una semana con normalidad”.

ESPEJO. “Para nosotros, los más chicos, cuando Enzo volvió a River en el 94 fue uffff, algo especial, yo tenía la media chilena contra Polonia acá –se toca la cabeza, mientras recupera allí mismo las sensaciones de entonces–. Enzo era uno más en ese grupo, su comportamiento no era el de una estrella, se trataba de un tipo callado, y nosotros éramos chicos y, sin embargo, teníamos buena relación con él, dialogaba con nosotros, pero con un perfil muy bajo. Tuvimos espejo donde mirarnos, crecer de la mano de un gran jugador como él, y sobre todo con actitudes de tipo muy sencillo, te marcan el camino”.

EL VINCULO CON RIVER
-Mis tres salidas de River fueron traumáticas, todas vinculadas a lesiones o a una situación insólita como la del partido con Tigre. Hice muchas cosas por el club, como jugar más de siete meses infiltrado en la rodilla o quedarme cuando tenía que irme por las diferentes ofertas que llegaban, quedarme sin cobrar un mango, cosas que jamás hice públicas. Siempre sentí que mi relación con River era mucho más fuerte de lo que aparentaba, mucho más fuerte de lo que mostraba futbolísticamente. Salvo en el 97, que realmente fue una explosión, después nunca alcancé a tener esa continuidad para convertirme en un jugador fundamental, nunca terminé de redondear la cuestión para que el hincha se sintiera totalmente identificado, se dio a cuentagotas.

-Pero ahora, como técnico, ¿sentís que es otra cosa, percibís que la gente te admira y te adora?
-Digamos que pude redondear desde otro lugar lo que no había podido conseguir como jugador, o sea, también ese era un poco el sentido del desafío que tenía para dirigir a River. No era un “quiero dirigir a River para ver lo que pasa”, no, yo no quería que otra vez mi historia con el club en el que me crié fuera incompleta, quería redondear.

EL LLAMADO
-Hola, Marcelo, ¿cómo estás? Ya sabrás que se fue Ramón. Me gustaría que nos juntemos el lunes para hablar, ¿te parece? –le propuso Enzo.
-Enzo, vengo de reunirme en San Pedro con la gente de Newell’s y quedé en contestarles mañana –lo puso en autos el Muñeco.
-¿No podés dilatar la respuesta para la semana que viene? La idea es tomarnos esto con tranquilidad –le sugirió Enzo.
-No puedo ni quiero, Flaco, porque estoy decidido a trabajar y Newell’s me interesa, te digo la verdad –lo apuró Marcelo, a quien realmente la propuesta lo seducía.
-Bueno, esperá, te llamo en 10.
Francescoli habló con D’Onofrio, luego con Patanian. Y llamó a los 5 minutos.
-Nos vemos mañana a las 11 de la mañana en la casa de Patanian. Ahí te paso por whatsapp la dirección –sintetizó Enzo.

SABER ESPERAR. “Cuando me llamó Enzo, lo único que pensé en ese momento, te juro, eh, fue: ‘¡Qué bueno es haber sabido esperar! ¡Y qué bueno es haberse preparado en la espera!’. Eso pensé. Porque en esos dos años en que no trabajé, recibí unas cuantas propuestas, pero me lo tomé con calma. Viajé, hablé con entrenadores y jugadores, vi mucho fútbol, analicé situaciones de juego con los chicos (Biscay y Buján) y en el momento en que me llamó Enzo yo ya me sentía preparado, era una especie de bomba que quería explotar. Nunca me hubiera perdonado no estar preparado para dirigir a River, cuando River me golpeara la puerta”.

BAJADA DE LINEA. “Yo no pretendía cambiar cosas del equipo de Ramón; yo quería imponer algo. Más protagonismo. Que el equipo jugara 30 metros más adelante. Recuperar más rápido y tener un ataque más directo, sin tanta elaboración. El eje de la elaboración era Ledesma, con Rojas de doble cinco a un costado, y yo pretendía un equipo más vertical, que a través de la dinámica y la voracidad para recuperar la pelota, atacara permanentemente”.

EL MELLI. “Funes Mori fue el que más me llamó la atención de entrada por sus capacidades físicas, sus cualidades mentales y por la personalidad. Ramiro no tenía miedo de equivocarse. Y si lo hacía, asimilaba la equivocación rápidamente. De arriba, un animal, está a la vista. Y, además, un defensor con buenas intenciones de pase. Lo fuimos puliendo, porque tanto él, como Pezzella y Maidana agarraban la pelota y le pegaba para arriba. Les dije a los tres, apenas arrancamos: ‘Muchachos, acá se acabaron los pelotazos’”.

Son 485 páginas para conocer a fondo al Muñeco. Opinan Enzo, Bielsa, Mascherano...

EL REFUGIO
-¿Se te cruzó no dirigir la revancha con Boca por la muerte de tu mamá?

-No, no me lo hubiese perdonado mi mamá. Cada momento en que salía del hospital, sentía la fuerza que me daba mi vieja para dirigir. Hubiese sido muy duro asimilar lo que estaba viviendo con mi vieja si no tenía esa posibilidad de despejarme con el fútbol.

-O sea que te sirvió ser el técnico de River en ese momento…
-Sí, de alguna manera descargué. Era salir de la habitación de mi madre y entrar por la puerta del club para transformar todo ese dolor, esa cosa horrible que es ver sufrir a un ser tan querido, en una fuerza interior que me diera la posibilidad de sobrellevarlo. Mi madre la peleó, eh, con coraje la peleó mucho. Vino a verme a la cancha hasta que pudo, hasta el final, aun con dificultades para caminar. Después pasaba por el vestuario a darme un beso. Hasta el partido con Olimpo vino. Yo salí a ella en el carácter. Encima, mi hermana estaba por dar a luz, mi viejo estaba deprimido. Fue muy duro.

-¿La charla técnica de la revancha la pudiste dar?
-Di todas las charlas técnicas. Y tuve la sensación de que los jugadores hacían propio mi dolor y es como que se fortaleció el vínculo conmigo, se generó un compromiso grande ahí.

GAS PIMIENTA. “Fue una puesta en escena todo el tiempo lo que hizo Boca, en ningún momento se solidarizaron con los jugadores de River. Lo querían jugar a toda costa. Yo sentía que no podía perder el control de la situación, por eso nunca me dejé invadir por la bronca que sentía. Me decía una y otra vez: ‘No puedo perder el control, no puedo perder el control’, porque mis jugadores me estaban mirando, y porque sabía que si yo perdía el control, podía ser todavía un desastre peor. Había gente que esperaba una reacción mía para que se pudriera todo adentro del campo e involucrarnos a todos en la misma mierda. Y que quedáramos los dos afuera de la Copa. Que ninguno de los dos jugara los cuartos de final”.

Nota publicada en la edición de enero de 2016 de El Gráfico

Por Redacción EG: 30/01/2016

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