ENTREVISTAS

Pérez: "Mi viejo es fana de River y me puso Enzo por Francescoli"

- por Redacción EG: 23/12/2010 -

El Gráfico le cumplió el sueño del pibe al mendocino y lo juntó con el responsable de su identidad. Una charla emocionante, teñida por la admiración.

Nota publicada en la edición diciembre 2010 de la revista El Gráfico

CLICK. Pérez sonríe con cara de feliz cumpleaños, en el abrazo con su ídolo. El encuentro fue en el country de City Bell.

“ME NUBLE, se me bajó la persiana y no supe qué hacer”.

No le pasó frente al arco. En ese ámbito, deslizándose sobre el verde césped como un volante a motor, no sufre ese tipo de vicisitudes y sabe muy bien qué hacer. La nublazón la padeció hace un año y medio, en City Bell, cuando entró a la sala del cuerpo técnico de Estudiantes que entonces comandaba Astrada y se topó, imprevistamente, con quien había sido el mentor de su nombre. El responsable de su identidad. Nada menos.

Enzo Pérez, al fin, tenía frente a sí a Enzo Francescoli. Y se le bajó la persiana.

-Yo venía hinchándole todos los días a Leo, también a Hernán Díaz: “Dale, preséntamelo, y si no al menos conseguime una camiseta”. Un día me estaba por ir a casa y Corti me avisó que el técnico quería hablar conmigo. Yo iba lo más pancho, jamás me imaginé que al entrar, Leo me iba a decir “Ahí lo tenés”, y ahí iba a estar sentado Francescoli. Fue chocante, me quedé sin reaccionar. Me saludó, me dijo un par de cosas y yo, que tenía mil preguntas para hacerle, me quedé callado. El hablaba y yo lo miraba. Al otro día, Leo y Hernán me mataron. “Tanto que rompiste para que te lo presentáramos y al final no le dijiste nada”, me cargaban. “¿Y qué querés, si me nublé?”.

Hoy es viernes a la mañana, pasadas las diez y media, y el Enzo de la guía se ha acercado hacia la cancha N° 5 del fútbol amateur, en el Country del Pincha, para observar el partido de Reserva entre Estudiantes y Lanús que se jugará en 25 minutos. Junto al Colorado Ré, munidos del imprescindible kit de mate, yerba y bizcochitos, tomará una silla, la arrastrará hasta la sombra y allí comenzará a desgranar su historia. Si se le agregara fondo de arena y mar, podría tratarse de una postal de vacaciones.

Al Enzo mendocino de 24 años se le advierte la ansiedad en la mirada. Sabe que en menos de una hora tendrá la chance de encontrarse con el Enzo montevideano de casi 49 para expresarle todo lo que no le pudo decir aquella vez. Tardó como un segundo y medio en aceptar la invitación de El Gráfico y sólo hubo que encontrar una excusa fácil, la de un partido de Marco Francescoli –hijo mayor del Príncipe- jugando en la Reserva estudiantil para coordinar el encuentro. Y mientras espera que de una vez por todas el reloj marque las horas, uno de los mejores futbolistas de este torneo aprovecha para recorrer en palabras el sendero espinoso de privaciones y angustias que fue su vida.

“Mi viejo es albañil y cuando conseguía algún trabajo me llevaba para que lo ayudara. Yo cavaba para hacer una viga, pintaba alguna puerta o retocaba una pared. Yo sé lo que es ganarse la plata en el día a día porque estuve en un techo con 40 grados de calor y con 5 bajo cero. He tenido que mojar el pan duro en agua o poner a secar el saquito de té para usarlo el día siguiente. Sé qué es el hambre porque más de una vez me fui a dormir con la panza que me dolía, de lo vacía que estaba”, repasa con orgullo, y completa con una escena que eriza la piel: “La pasé jodida. No teníamos plata, y en casa no teníamos luz ni gas; mi vieja salía a pedir comida a panaderías y bares. Mi viejo hasta tuvo que vender la alianza de casamiento para darnos de comer. En esa época me puse muy mal y estuve dos semanas sin salir de mi casa por la vergüenza que sentía”.

Ufffff, uno escucha a Enzo Nicolás Pérez y entiende por qué los futbolistas, en muchos casos, agarran la primera oferta para irse al exterior. Aunque sea a la Liga de Rumania. Pero volvamos al tema que nos ocupa. Enzo Pérez nació el 22 de febrero de 1986, exactamente dos sábados después de la chilena histórica de Francescoli a Polonia (8/2), en el momento culminante del Príncipe durante su primer ciclo en River (ocho años más tarde comenzaría la segunda etapa, pero para que esos Enzos exploten en Primera todavía falta un poco).

Carlos Pérez, fanático de River, volante talentoso de Deportivo Maipú, eximio tirador de caños pero que no llegó por “vago”, según propia definición, en ese momento tenía 29 años y no lo dudó. “Viéndolo jugar a Francescoli, que además era un señor y nunca protestaba, decidimos ponerle Enzo. ¿Qué otro nombre le podía poner si a mí me gustan los que juegan al fútbol, no los que la patean para arriba? Nunca podía saber si mi hijo mayor iba a jugar al fútbol, pero una varita lo tocó y ahí está”, se emociona hoy Carlos, en comunicación desde Mendoza.

-Mi vieja me quería poner Nelson; y mi viejo, Enzo –retoma el volante de Estudiantes-. Estaba la disputa, pero como fue a anotarme mi viejo, ganó Enzo. Lo de mi vieja no sé por qué lado venía...

-Por Nelson Vivas -acota Ré, que escucha atento, todavía no cebó ni un mate, y provoca con su comentario la inevitable carcajada.

CRACK. Nació el 22/2/1986 en Maipú, Mendoza. Pasó por Godoy Cruz (2006-07) y Estudiantes (2007-10).

-¿Te gusta el nombre?
-Sí, sí (convencido), claro, fui el primero de la familia; después vinieron dos varones y una mujer, pero los otros no son futboleros como yo y no recibieron nombres de jugador. Mi viejo era muy hincha de River, ahora es del equipo donde estoy yo. El que es enfermo, mal, de River es mi hermano Franco, que tiene 18 años. Sale una canción nueva, la escribe en un papel y se la canta todo el día.

-¿Vos eras muy hincha, también?
-Uno va queriendo al club que te contrata, pero en los superclásicos trato de ir con amigos. Hace poco lo llevé a mi hijo de un año y medio al Monumental, mucho no entiende, pero al menos para que vaya sabiendo cómo es el entorno. La primera vez que vi uno en vivo fue hace cuatro años. Jugaba en Godoy Cruz. Le ganamos a Independiente un sábado en Mendoza, y esa noche agarré el auto y nos vinimos sin entradas. Tuvimos que comprar en la reventa. Fue el 3-1 con goles de Higuain. Impresionante.

-¿Cómo se llama tu hijo?
-Enzo, ¿cómo se va a llamar? En realidad es Enzo Santiago, mi ex mujer quería Santiago pero gané yo. En el brazo me tatué “Santiago”, porque si no iban a pensar que tenía escrito mi nombre. El nene vino con una Copa bajo el brazo: nació el día en que le ganamos la final a Cruzeiro, en Brasil. Se adelantó unos días y seguí todo por teléfono. Ahora vive en Mendoza con la madre, y está todo el día con la pelota. Mi viejo dice que yo era igual.

-¿Por qué le pusiste Enzo?
-Y... por Francescoli, no va a ser por mí (risas). Enzo era mi ídolo, lo vi jugar en su segunda etapa en River. Tenía un poster gigante de él en el lado de atrás de la puerta. Mi vieja lo arruinó en una mudanza. Todavía la quiero matar.

“¿QUE HACES, TOCAYO?”, lo interrumpe desde atrás un señor con tonada típicamente uruguaya, que se levanta sus lentes oscuros y descubre unos ojos saltones que no pueden ser otros que los de Francescoli. Tras el abrazo, se sentarán en la tribunita de tablones que alguna vez perteneció al estadio Pincha de 1 y 57. Sólo hay que tomar una precaución imprescindible: no arrancar una pregunta con la palabra Enzo, porque los dos levantarán la cabeza a la par, como si fuera un gag de TV.
-Decí Enzo viejo y Enzo joven y listo -sugiere Francescoli.

-¿Cómo te enteraste de esta historia?
-Me acuerdo de que lo vi jugar en Mendoza, y le comenté a Paco Casal: ese flaquito es para comprarlo. Me hacía acordar a Lucho González, ahora creció de físico. Suponía que el nombre podía ser por mí, y cuando vino Marco a jugar acá, me contó. Como digo siempre: son sensaciones raras, cosas fuertes, un orgullo, como me pasó en su momento con Zidane.

-El nombre está bien defendido, ¿entonces?
-Son dos cosas distintas -murmura Pérez con timidez.
-Muy bien, sí, está haciendo un carrerón, es un jugador muy completo.
-Aparte, jugamos en distintas posiciones. No trato de copiarlo porque con el apodo que le pusieron, Príncipe, lo dice todo. (Y da la sensación de que Pérez logró decirle eso que le había quedado atragantado hace más de un año).

-¿Tu papá llegó a conocer a Francescoli?
-No, le conté que estaba la posibilidad de hacer la nota y se puso contento. Mi hermano Franco quería venir para conocerlo, yo no lo dejé: “Quedate allá laburando, que no estudiás ni hacés nada”.

-Enzo viejo, ¿conocés otro caso como este?
-Hay muchos, pero a este nivel está él y el hijo de Zidane. Hay mucha gente que me cruzo por la calle y me piden autógrafos para el sobrino que se llama Enzo, o me llegan mails donde cuentan que le pusieron Enzo a su hijo por mí. Sé que en los años siguientes a mi retiro hubo una cantidad grande de bebés llamados Enzo.

-Me imagino que cuando ves a un Enzo de 24 o 25, pensás que puede ser por vos..
-Sí, dentro de unos años habrá que ver si viene por mí o por él (Pérez se ríe, vergonzoso).

-¿Cómo fue la otra vez que se vieron?
-Leo me dijo que me quería conocer, pero me advirtió: “Mirá que es retímido”. Bueh, justo conmigo, pensé, yo soy un poco mejor porque soy más viejo, nada más.

DE TABLON. La charla, en una tribunita que rodea las canchas de fútbol amateur del Pincha. Pérez escucha con devoción.

-¿Enzo Zidane también es timidón?
-Sí, sí, pero el viejo es peor que yo. A Zizou para sacarle una palabra... Viajo mucho a España porque estoy en un reality con él, así que nos vemos seguido. Hace unos meses, Enzo tuvo unos problemas de crecimiento y le duelen las rodillas, pero juega bien, tendrá que hacer su camino, que no es fácil, no tanto por el nombre sino por el apellido. Alguna vez le pregunté si le gustaba el nombre y no dice nada, se ríe.

-¿A Pérez le ves algo parecido a vos?
-Jugamos en distintas posiciones. Tiene un gran paso, físicamente es más potente. Aparte, Estudiantes sufrió la baja de Verón y Enzo no tuvo problemas en tomar la posta. Es un tipo que encara, que va y se la juega. Mi consejo es que siga con esa cabeza y humildad.

-Y vos, Pérez, qué le querés preguntar, que la otra vez no te salió nada.
-Le preguntaría cómo es estar adentro de River. Yo recuerdo la Libertadores 96, lo vimos por la tele con la familia  y después salimos al centro a festejar. En Mendoza, según las estadísticas, los hinchas de River son mayoría.

-¿Nunca sugeriste a Pérez para River?
-Nunca recomendé a un jugador, porque no me lo pidieron. Ni ahora ni antes. En River son muy de bla bla bla, pero después nadie baja del pedestal a pedirte una opinión.

-¿Lo ves para River?
-Por supuesto, hoy pasa por un tema económico más que de gustos, salta a los ojos que es un jugador que le vendría muy bien al club.

-¿Y a vos, Pérez, te ilusiona jugar en River?
-Seguro, a qué hincha no le gustaría jugar en su equipo, pero no depende de uno. Yo estoy en Estudiantes, que es un club al que le debo mucho, porque me permitió crecer y me hizo conocido.
-Está difícil –opina papá Carlos desde Mendoza–, a Enzo le gustaría quedarse 6 meses más para jugar la Copa con Estudiantes y después irse afuera porque hay varias propuestas, pero... imaginate qué alegría sería para todos verlo con la camiseta de River y en el Monumental, me sentiría volando en una nube.

-Carlos, ¿le preguntó a su hijo por el encuentro con Francescoli?
-No le pregunté nada porque me iba a poner a llorar, soy de lágrima bastante fácil...

EN UN FUTBOL superprofesionalizado, el sentimiento por River aún late en el corazón del Enzo joven. El año pasado, cuando le convirtió su primer gol a Boca con la casaca del Pincha, lo gritó como poseído. “Calmate, nene, ¿qué te pasa?”, lo bajó a tierra Verón, en el retorno hacia el mediocampo. Ya en los vestuarios, Pérez se puso el casete y argumentó que lo celebró así por la importancia del rival. “Y... la quise remar un poco, aparte fue meter una fichita más”, sonríe, pícaro, pero al mismo tiempo pide resaltar cuánto le agradece a Estudiantes.

Un torneo después de aquel gol, mientras calentaba en la Bombonera, los hinchas de Boca le llenaron los oídos de insultos. “Enzo, gallina puta”, le gritaban; y él, tímidamente, se defendía haciendo el gesto de la banda sobre el pecho. Las letras “rp” en su dirección mail son un indicio elocuente de cuánto pagaría este chico por jugar al menos seis meses en River Plate. Es su sueño.

Unos segundos antes de la despedida, mientras le pide un autógrafo con cara de feliz cumpleaños en una lámina de El Gráfico, el Enzo joven al Enzo maduro, claro, observando desde afuera semejante acto de comunión, uno no deja de maravillarse por las conmovedoras historias que regala el fútbol. “Les quiero agradecer esta nota, para mí fue un honor haber podido compartirla con una persona como Enzo”, anunció con tono solemne el Enzo de la guía para bajar el telón del encuentro, y salir –definitivamente- de la nebulosa que lo tenía atrapado desde hace más de un año.

¿Me firmás acá?

LAS DOS INSTANTANEAS, que fueron pedidas con insistencia por Pérez para sumar a su álbum personal, marcan el inicio y el final de la cita. El abrazo sentido para abrirlo y la firma del autógrafo para cerrarlo. “A mi amigo Enzo, con afecto”, firmó Francescoli sobre una lámina traída especialmente por El Gráfico. Y luego le agregó otra con dedicatoria para su hermano Franco. La escena es en una tribunita formada por tablones de la cancha de Estudiantes de 1 y 57, detrás de una de las canchas auxiliares, en el Country de City Bell. Y aunque a Pérez se lo notó algo tímido y observando a su ídolo con devoción, también pudo decir lo suyo y se fue como perro con dos colas, feliz por el encuentro.

Por Diego Borinsky / Fotos: Jorge Dominelli

Por Redacción EG: 23/12/2010

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