LAS ENTREVISTAS DE EL GRáFICO

2002. Un muchacho como yo

- por Redacción EG: 18/01/2019 -

Reinaldo Merlo venía de ser campeón con Racing después de 35 años, estaba en un gran momento profesional y en una entrevista con EL GRAFICO habla de sus amigos, de la tolerancia en el fútbol y mucho más.

Bien temprano se levanta Mostaza en Punta del Este. A las 9 ya está caminando por la playa. Pero no es una costumbre de verano; siempre es igual.

Pinta de ex cantante de Música en Libertad, con ese pelo rubio del que todos sospechan las bondades de una tintura que nunca usó. Tapa de los principales diarios y revistas y un par de páginas en el último ejemplar de Paparazzi, desde donde una tarotista exclama: "iQuiero echarle unos polvos de canela a Reinaldo Merlo!". Más de una treintañera lo mira con entusiasmo combatiente. "Gracias Mostaza, me devolviste la vida", le grita un hincha de Racing mientras los de los otros equipos no tienen vergüenza en pedirle un autógrafo. Lo llaman para inaugurar boliches en Punta del Este.

Dirigiendo a Racing, dándole indicaciones a Gustavo Barros Schelotto.

Y el hombre es solamente el entrenador de Racing.

Es curioso: exactamente un año atrás, Merlo era el último apellido que cualquier conocedor del fútbol habría tirado sobre una mesa como alternativa para sacar del foso a Racing. Mostaza era, por entonces, un DT desocupado que venía de intrascendentes campañas en Colombia y Belgrano de Córdoba. El periodismo de entonces lo llamó El Tapado. Por supuesto, a nadie le interesaba dónde veraneaba Mostaza.

"Aquí ando -dice el técnico del momento-, disfrutando de la playa con bastante tranquilidad. Por un lado, porque con esto de la crisis hay pocos argentinos veraneando en Uruguay y por otro porque si bien se me acerca gente, no es la cantidad que me paraba por las calles en los primeros días de enero en Buenos Aires. Pero bueno, es así, los de Racing me agradecen mucho y los demás me felicitan", cuenta este rompemaldiciones antes de recibir la propuesta de repasar su vida, paso a paso.

Para River disputó 539 partidos e hizo 10 goles.

Recuerdos paternales

A Merlo hay que decirle Mostaza. Le gusta tanto como le molesta que lo llamen Reinaldo, su primer nombre. Y aunque asegura que el apodo fue idea de un pibe del barrio por el color de su pelo, la otra teoría que llegó a esta redacción resulta más creíble: un primo le puso el sobrenombre cuando reflexionó con sabiduría infantil: "Si tu papá es Pancho, ¿vos sos mostaza no?". El padre de Merlo, don Francisco, fue el primero en abrazarlo cuando a los 19 años llegó a la casa de La Paternal un 19 de diciembre de 1969 y pegó un grito en el patio: "iViejos, el domingo debuto!". Don Pancho revoleó el mate, besó a su esposa Selva y se emocionó al comprobar que el sueño era realidad: el hijo del colectivero de la línea 7 había llegado a la Primera de River.

El mediocampo más recordado. Alonso, Merlo y J. J. López.

El comentario de El Gráfico de aquel partido -River 1-Estudiantes 0- destacaba: "River ganaba... porque en el medio estaba Reinaldo Carlos Merlo, un debutante absoluto en Primera División, imponía su personalidad y su buen fútbol..." Cuando se lo leemos, con una sonrisa maliciosa por eso de buen fútbol, Mostaza aporta su memoria y retruca: "Sí, fue así; es que ese día marqué y jugué. Hice un primer tiempo bárbaro. Me calificaron como la figura".

Es que Merlo fue durante años el símbolo del guerrero. El que simbólicamente era llamado por Labruna el limpiaparabrisas de Alonso y Jota Jota López, los dos talentosos a los que servía como un fiel mosquetero. Le abrimos el archivo con algunas de sus frases para que diga cuánto de verso y cuánto de realidad había, por ejemplo, en esta declaración: "Yo soy profesional y como tal no debo hablar ni discutir fuera de la cancha, si me mandan al banco de suplentes acato lo que me dicen".

En una nota para EL GRAFICO, con la camiseta de San Lorenzo, club del que era hincha en su infancia.

"Todo eso lo pensaba y lo sigo pensando -asegura-. Fijate que el día de mi último partido en River también me pusieron en el banco y bueno, me la tuve que aguantar. Los dirigentes ya sabían que esa misma noche me dejaban libre. Nunca supe por qué hicieron eso. Todos sabían que yo me iba de River después de jugar quince años en la Primera y, sin embargo, en ese partido no me pusieron como titular y no entré ni un minuto. Fue muy fuerte para mí." Está hablando del 23 de diciembre de 1984. River le ganó 2 a 0 a Unión en la última fecha del torneo. El cinco fue Gallego. Y el director técnico, el Bambino Veira.

En 1972 jugó para la Selección Argentina.

Mostaza es hoy puro Racing, pero todos saben que fue puro River. Dueño de una insólita marca de fidelidad (de los grandes símbolos de River es el único que jugó toda su vida con la misma camiseta, desde la prenovena hasta su retiro del fútbol), también se sabe que de pequeño se colgaba de los alambrados para celebrar los goles de Sanfilippo en su querido San Lorenzo de la infancia.

Tan Racing es hoy que, en una de ésas, en Avellaneda consigue quebrar la que fue la mayor frustración de su campaña futbolera: no conseguir la Copa Libertadores. "Hubiese sido lindo ganarla como jugador -explica- y eso que estuve a unos minutos de lograrlo cuando jugamos con Cruzeiro en 1976. Pero bueno, quién te dice que la consiga como entrenador en Racing. Yo tengo contrato durante todo el 2002, por lo tanto no sé qué puede pasar más allá. El tiempo dirá. Lástima que el equipo que ganó el Apertura no pueda jugar la Libertadores hasta el 2003."

¿Fue un Playboy? Si, se sabe. De la mano de Labruna integró el River que rompió la racha de 18 años sin salir capeón.

 -Ya que hablás de la Copa como objetivo de Racing, ¿pensás que en el próximo torneo algunos te van a pedir el bicampeonato o con esto del fin de la mufa de 35 años los hinchas ya están curados por un tiempo?

-Yo creo que como le ocurre a todo club grande, Racing es un equipo al que se le exigen cosas. Y está bien que estén atrás nuestro en forma constante. Por eso estoy convencido de que Racing le tiene que dar más a su gente.

-Y siendo vos el técnico que logró lo que otros no lograron, ¿contás con un tiempo mayor de tolerancia? ¿Te van a perdonar las malas que puedan venir?

-Tengo claro que a partir del 11 de enero, cuando nos volvemos a juntar con los muchachos en AveIlaneda, yo empiezo de cero. Como si hubiese terminado en otra posición en el campeonato Apertura. Seguramente voy a tener un poquito más de crédito que el que tuve hace unos meses, pero no hay que olvidarse que el fútbol de ahora es exigente y que todo se renueva domingo tras domingo.

Los setenta en toda su extensión. Al hombre no le falta un detalle. Todos hablan de la coquetería de Mostaza y su buen gusto. Claro, no olvide la época.

Varita, ¿qué varita?

Siete veces campeón con River, integrante del River que espantó las brujas en 1975 después de 18 años y técnico del Racing que enterró las otras brujas de los 35 años. Ya estuvo en un Mundial, el del 94 junto al Coco Basile, ya dirigió a River, ya jugó en la Selección. ¿Será -como dijo un día el Negro Jota Jota, su enorme amigo- que a ellos dos los había tocado la varita mágica?

"No, no es la varita -reflexiona Merlo- es una vida de sacrificio. Nadie nos regaló nada. Como futbolista recuerdo que fui un elegido porque debuté en River a los diecinueve años. Pero sé que todo me costó. También me pasó en la carrera de entrenador. Yo empecé en Los Andes y pasé por muchos clubes sufriendo y viviendo un montón de cosas. Ahora me tocó esto de Racing y fue una suerte maravillosa, pero tengo bien claro dónde estoy parado."

-¿Alguna vez trataste de formar una dupla con Jota Jota?

-Pudo darse en 1990 cuando Newell's casi me contrata. Faltó poco, pero Griffa al final dio el nombre de Marcelo Bielsa y quedó claro que no se equivocó. Bueno, fue en ese año que yo le había hablado al Negro para que formáramos una dupla. Aunque ahora creo que cuando se juntan dos tipos que tienen nombre, la relación con los jugadores se hace difícil porque no se sabe bien quién es el que manda.

Jugó durante 16 años en River, acá en un superclásico, de fondo: Diego Armando Maradona.

-Un jugador siempre sueña con la Selección como máximo anhelo, ¿un entrenador también?

-Yo no pienso en eso. Ya tuve una experiencia con los juveniles durante la era Basile. Creo que ahora es otra etapa.

-Suponemos que con Basile pasaste la peor noche que puede tener un entrenador. Aquella del 5 a 0 de Colombia a Argentina en el Monumental...

-Fue terrible. Nos juntamos en la casa del Coco y estuvimos no sé hasta qué hora de la mañana.

Me puse fuerte y no lloré. Pero había que mirar para adelante. A mí me tocó la misión de partir enseguida a Europa a hablar con Chamot y Balbo para traerlos y jugar los dos repechajes con Australia, y Basile se encargaría de Maradona. Estábamos dañados, pero si un técnico no remonta estas cosas que tiene el fútbol, no puede decir que está preparado.

Poco saben que en 1984, cuando River le dio el pase libre ("ni siquiera ese día lloré. Creo que por el fútbol no he llorado nunca. La última vez que se me escaparon lágrimas fue cuando murió mi madre, hace un par de años") uno de los clubes que quiso contratarlo fue Racing. ¿Qué ocurrió? "Yo no estaba muy convencido. Me hablaron. Pero mientras se llevaban adelante las conversaciones yo iba pensando para dentro 'no es posible, yo ya cumplí con terminar mi carrera en River'. La verdad, sabía que mi vida había sido River y me daba no sé qué ir a jugar a otro club."

-¿Racing fue el único?

-No, hubo otras ofertas. Huracán también me quiso. Y, en una época, me acuerdo que Bilardo me buscaba como si yo fuera su jugador favorito. Tres veces me quiso llevar a Estudiantes. Inclusive vino a mi casa a convencerme. Una fue en el 74, cuando yo no había tenido un buen año en River. Y la otra en 1982, cuando armó el equipo que luego salió campeón con Trobbiani, Sabella y Ponce. Pero River no me vendió.

Empezó a jugar al fútbol en el Club Fulgor de La Paternal.

-Hoy como entrenador, ¿qué reflexión sacás de esos años en que eras el cinco de River y los dirigentes te traían siempre otro cinco para moverte el piso?

-Qué tema ése, ¿eh? No era todos los años, pero cada tanto contrataban un cinco (Raimondo, De los Santos, Gallego, entre otros). Yo tenía las cosas claras, esos muchachos venían a sumar. Pero yo tenía fe en lo que hacía. Tenía una confianza a muerte en mi capacidad. Y eso se lo he trasladado a muchos jugadores a los que he dirigido. El futbolista debe convencerse de que tiene que mostrarle al entrenador que se rompe el alma para jugar. Es el jugador quien le tiene que demostrar al entrenador que está equivocado en no ponerlo o en traerle a otro profesional para su puesto.

Noche que me alumbras

Su pelo siempre bien cuidado. Fue envidia del mundo del fútbol.

Más de uno verá las fotos de Merlo en su juventud, lo verá con el Negro López, pensará en la facha de los veinte años, la idolatría en River, la soltería; y con ese simplismo, hijo de tantas décadas de prensa berreta y amarilla, pensará que ya es hora de que se le pregunte a Merlo sobre sus andanzas.

Mala elección. Hay otro periodismo y nos gusta ejercerlo. Además, si quiere saber qué piensa Merlo, podemos transcribir uno de sus pensamientos: "Claro que con Jota Jota salíamos. Si no salís cuando sos joven, ¿cuándo lo vas a hacer? Pero éramos responsables. Sólo los lunes y los domingos a la noche. O algún sábado cuando teníamos partidos adelantados".

¨Mostaza¨ debutó como director técnico en Los Andes en 1986.

-¿Amabas los entrenamientos como declarabas?

-Sí, era de los jugadores que disfrutaba con los entrenamientos. Además, sabía que estando bien físicamente no me iban a sacar el lugar.

-¿Por eso ahora sos un técnico exigente?

-Sí. Estoy convencido de que si un jugador está bien cuidado va rendir mucho mejor el domingo. Pero no se lo digo solamente a los que están conmigo. Es un consejo para cualquiera, mientras más te cuidás, más larga será tu carrera.

-Ya todos saben que el Polaco Daulte, tu ayudante de campo, es tu gran compañero. Pero ¿por qué no lo tuviste a tu lado cuando comenzaste como entrenador en Los Andes?

-Porque el Polaco recién regresaba de Estados Unidos, adonde había ido a tentar suerte, y no estaba convencido de dedicarse a la dirección técnica. Le tuve que hablar mucho para demostrarle que lo mejor que podía hacer era meterse en la escuela de técnicos. Después de largar el fútbol, él estaba indeciso. Le pasó lo mismo que a Jota Jota.

Ganó 7 títulos como jugador de fútbol, todos en River donde realizó toda su carrera profesional.

-¿No digás que a Jota Jota también lo convenciste vos?

-A él también. No la veía. Mi principal argumento es que ambos debían dedicarse a lo que más le gusta en la vida, que es el fútbol. En mi caso no había dudas. Yo vivo para el fútbol, fue mi vida. No podía dedicarme a otra cosa. Además el Negro y el Polaco fueron los hermanos que nunca tuve. Son hermanos de fierro en todo.

¿Es éste el hombre que podrá decir que ha cumplido todos los sueños? Este, que camina las playas uruguayas y a quien siguen decenas de veraneantes sólo para comprobar que sí, que es Mostaza. Este, que siempre se levanta muy temprano (¿será también una de sus cábalas en la vida?) en la ciudad que según Enrique Raab, uno de los periodistas desaparecidos durante la dictadura, "ostenta las playas más bellas del planeta". Este, que tuvo la dote de alegrar a más de un millón de argentinos blanquicelestes justo en los días en que al país lo apuñalaban los pocos de siempre.

Se despide Merlo. Dice que su vida en Punta del Este es playa y descanso. Que no patea ni una pelota. Que no hay nada de cierto en los comentarios de los diarios argentinos que hablan de dos o tres refuerzos para el Racing 2002.

Agradece Merlo por la nota. Le decimos que no, que él y nosotros estamos haciendo lo mismo, trabajando. Pero vuelve a agradecer. Y uno siente que está frente a un personaje de lo más respetuoso del ambiente. O confirma aquello otro de que "nadie jamás te va a hablar mal de Mostaza".

Lo que se decía antes, parece el muchacho bueno del barrio.

 

POR PABLO LLONTO

Por Redacción EG: 18/01/2019

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