LAS CRóNICAS DE EL GRáFICO

Nolo Ferreira, el piloto

- por Redacción EG: 27/12/2018 -

En 1934 Borocotó entrevista "al dos veces maestro, al piloto olímpico, al espectáculo": Manuel "Nolo" Ferreira, legendario delantero de Estudiantes de La Plata y capitán de la Selección Argentina.

Manuel Ferreira nació en Trenque Lauquen. Debutó en Estudiantes en 1924. Con Argentina ganó los Sudamericanos de 1927 y 1929, la medalla de Plata en los JJOO de 1928 y el subcampeonato Mundial de 1930.

Con las medias caídas, las piernas dando impresión de fragilidad, las manos con las palmas hacia atrás, lo veo siempre. Media quebrada su figura como si en cada movimiento los pies estuvieran esperando la peinada. Recogiendo la pelota de alto y dejándola morir sobre el pie, esquivando adversarios, agrupándolos a todos en el área para luego efectuar el pase, abriéndose un claro en la defensa casi sin moverse, con sólo pasar la pelota de empeine a empeine. Lo veo siempre y guardo de Nolo Ferreira escenas que le agradezco. Me dijo hace poco:

—Te debo grandes satisfacciones... Aquel artículo "El Espectáculo", me brindó una de las más grandes que recibí en el fútbol.

Busqué ese trabajo publicado años atrás. Búsqueda infructuosa. Quería tener el placer de reproducirlo, pero si eso no me es posible, por lo menos puedo reproducir los conceptos, ya que éstos no han cambiado nunca. Pero antes quiero decirle algo a Nolo:

—Yo soy deudor tuyo. Yo te he visto jugar. He tenido el inefable placer de verte, y si te he escrito algo, fué de agradecido. Aquel golazo tuyo contra los paraguayos... Quien no te haya visto, sabrá menos que yo. Podré preguntarle al más conocedor "¿Usted vió jugar a Nolo en aquella línea de Estudiantes de La Plata de 1929?" Y en cuanto me conteste negativamente, podré decirle: "¡Qué lástima que usted no haya visto jugar al fútbol!"

Una vez fuimos a Montevideo para un match por la Copa Newton. Era entonces Manuel Ferreira el de Estudiantes de La Plata. Recién se le conocía por las performances establecidas en Brasil por aquel team de chacareros en cuya delantera iban Simonsini, Fernández, Penella, Beltramini y Luna, bajo la dirección de Nolo. Precisaba entonces ese segundo apellido con el nombre de su club para que se le distinguiera. Y aquel partido de Montevideo era el debut de Nolo como internacional en combinados contra los uruguayos. Apenas si lo conocía. Más aún: no me inspiraba confianza, y estando apostado junto a uno de los postes del arco uruguayo, vi de pronto una jugada en la cual se me reveló el Nolo del futuro. Esquivó a dos hombres, llevó a uno al costado peinando la pelota, y cuando vió el claro intentó introducirse. Mala suerte: pisó la pelota. Desde el suelo buscó a alguien para conformarse de esa caída que venía a significar, acaso, la pérdida de un goal. Advertí su gesto, y al cruce de miradas, acompañé una sonrisa explicativa. Nolo la contestó. Supo que uno, por lo menos uno, se había dado cuenta.

"Los Profesores", Lauri, Scopelli, Zozaya, Ferreira y Guaita; nunca una línea delantera cobró tanta fama dentro de un equipo y aun dentro de todo el fútbol de Argentina como esta de Estudiantes de La Plata.

De aquella jugada no se dijo nada. Nadie la comentó. Ni yo mismo. Me pareció colocarme en único, y preferí callarme. Pero allí vi a Nolo Ferreira por vez primera y deduje los espectáculos que habría de brindarme. Tan es así que tiempo después, ya producido su auge, estando yo convaleciente de un biabazo de la vida, a mil kilómetros de Buenos Aires y en medio de paisajes maravillosos, solía decirme: "¡Si pudiera ver jugar a Nolo!..." Y cuando regresé de aquella relache como espectador, era tan intenso el deseo de ver fútbol, sentía en mí tanta hambre de fútbol... que fuí a ver a Estudiantes de La Plata. Su línea de ataque era la única que podía saciar mi sed. Y puse tal deseo en verla bien... que así la vi en un match en que jugó mal. Así me lo dijeron después.

¡Qué hermoso todo aquello! Los hinchas adversarios de Estudiantes de La Plata le restaban méritos a aquel quinteto. No se podían conformar de que fuera el mejor. Les dolía la confesión. Pero adentro, en ese rincón en que se esconden las verdades que a nadie se le confían, está esa y el tiempo la reveló. Aquellos mismos que la regaron, hoy exclaman: "Tenía que haber visto la línea de Estudiantes de La Plata cuando estaba integrada por Lauri, Scopelli, Zozaya, Ferreira y Guaita". Sí; tenía que haberla visto, compañero. Si consiguió verla en uno de esos matches en que abría el libro y daba clases, es usted un hombre afortunado. No se queje de nada. No piense en las malas. Si perdió a las carreras, si lo dejaron cesante, si está apenado por algo, recurra a aquellos recuerdos venturosos. Diviértase así. Ponga sobre la mesa del comedor a aquella línea y hágala accionar como antes, como no lo hizo ninguna otra después de existir ella. Déjeme que lo ponga con mayúscula: Ella.

* * *

Clásico de La Plata de lujo: antes del partido Manuel Ferreira junto al "Gaucho" Ismael Morgada, uno de los más temibles artilleros de la historia de Gimnasia.

Las medias caídas, con los brazos cuyas manos parecen buscar la cintura para apoyarse, de apariencia débil aunque siempre sano, lo sigo viendo en los días de su apogeo.

—Ya tendré otros tan buenos — me dice mientras estamos en una confitería acompañados de su flamante, esposa. —Ahora le dedicaré al fútbol más tiempo que antes y, acaso, merezca de nuevo aquel artículo "El Espectáculo". Tengo recién 28 años. Los mejores, sin duda, quedaron allá en Estudiantes de La Plata; pero me empeñaré en que River Plate tenga los suyos, no tantos, pero sí tan buenos como aquéllos.

— ¿Seguís queriendo a Estudiantes de La Plata?...

Me miró. ¿A qué hablar? Existen cosas que nunca se pueden olvidar. Allá, encerrados en la verja de barrotes rojos y blancos, quedaron muchos años, los más hermosos, aquellos en los cuales comenzó siendo Manuel Ferreira el de Estudiantes de La Plata para luego, poco a poco, irse desprendiendo de su segundo apellido y llegar a ser único. Sí; único. A la llegada de Bernabé Ferreyra y la obtención de la popularidad de que gozó en su primer año en River Plate, Nolo siguió siendo Ferreira por derechos de calidad, de tradición, de arte. No era posible negarle la firma. Y cuando los dos hombres de similares apellidos, aunque con diferencia de que uno es "griego" y el otro "latino", se encontraron en la misma línea, Nolo siguió siendo Ferreira, en tanto que su compañero pasó a ser Bernabé.

No significa esto establecer una comparación, ni hacer el análisis de los valores futbolísticos de uno y otro. Es un detalle que se agrega al historial de Manuel Ferreira, el dos veces maestro, el piloto olímpico, el espectáculo, el hombre que ha dado satisfacciones perdurables a sus compatriotas y a quienes supieron gustar de su arte.

Existen cosas que no se pueden olvidar y Estudiantes de La Plata, es una de ellas para Nolo. Pero todo no se ha apagado. Aún queda mucho carbón en la estufa y media la promesa de otras veladas como aquellas que en los recuerdos son apantaliadas por abanicos pintados de rojo y blanco o celeste y blanco. Aquel golazo contra los paraguayos...

—Ya se habló mucho de este tanto —me dice Nolo. — Sin duda fue brillante, más hay que agregar la lógica trascendencia que debía de tener en un partido de esa importancia. Los paraguayos habían ganado a los uruguayos, y, aunque esa performance se considerara falsa, lo cierto es que ponía en nosotros cierto cuidado. Eso, el carácter internacional, el mucho público, todo contribuyó. Sin embargo, hay que reconocer que en mérito, el goal obtenido por mí en el match contra los uruguayos en ese sudamericano y que abrió el score, es, posiblemente, más importante. No tuvo la brillantez de aquel otro; fué más simple y menos artístico en su concepción, pero aportó ventajas contra los uruguayos y esa sola circunstancia le aporta jerarquía.

No puede negarse la verdad que encierran estas declaraciones, sólo que el arte se nos metió más adentro que la importancia. Y es por ello que vemos aún a Nolo haciendo pasar la pelota de pie a pie en el área paraguaya y zarandeando a toda la defensa enemiga. Una y otra vez fué la redonda de empeine a empeine consiguiendo que los rivales se desplazaran de un lado a otro, y cuando estuvo abierta la brecha, por allí se colocó el shot que halló la red y encendió una ovación memorable.

— ¿Fué ese el aplauso más grande que recibiste?

—En cuanto a cantidad he recibido algunos acerca de los cuales no puedo establecer distingos, pero recuerdo una satisfacción muy grande para mí. Ocurrió en Montevideo. Habíamos jugado contra Francia un mal partido. Unos amigos me invitaron a cenar al Hotel Lanata, lugar de reunión de la élite uruguaya. Llegué allí a la hora del copetín, y, cuando el público advirtió que era yo, me recibió con una salva de aplausos que me emocionaron. Ese momento constituye una de las satisfacciones que he recibido en el fútbol.

— ¿Y la amargura más grande?

—No haber ganado el match de Amsterdam por el campeonato olímpico.

Observé que la señora se aburría un poco y quise ser galante.

— ¿Ha de estar cansada oyéndonos hablar de fútbol, señora?

—Hace tres meses que vengo escuchando esas conversaciones.

Nolo Ferreira en compañía de su señora esposa junto a la ventana en la que, en las noches de luna, Nolo canta sin mandolina.

Entonces, por lo bajo, le dije a Nolo:

—Decile que la querés mucho, así no se aburre tanto.

Pero la señora, con un gran sentido práctico, me confió:

—Usted diga que le den escrituras para hacer, porque Nolo es escribano.

Ese giro de la conversación significó un descanso en nuestra charla netamente futbolística, hasta que volvimos a la onda.

—En aquel match contra Francia ocurrió una cosa explicable para nosotros e inexplicable para los aficionados — declara Nolo. — ¿Te acordás cómo entramos? En los primeros minutos acorralamos al adversario y nuestros remates comenzaron a acribillar al arco. Unos pegaban en los palos, otros se iban desviados, otros los detenía el goalkeeper, y, así, transcurrieron los minutos. El desánimo cundía en nuestras filas. Estábamos frente a un enemigo inferior y que se nos iba agrandando a medida que los minutos pasaban sin marcarles tantos. Y llegó un momento en que hasta se permitían el lujo de gambetear. Por fin vino aquel goal de Monti que nos dió un poco de tranquilidad. ¿Cómo explicar luego que ese match no acusó para nosotros una ventaja de cuatro o más goals?

De haber tenido suerte en aquellos primeros minutos, suerte que pudo haber estado en tres o cuatro centímetros de desviación de un tiro, no habríamos tenido que luchar contra un enemigo agrandado ni haber sufrido aquellos minutos profundamente amargos. Después, todavía existen quienes vienen a preguntar en forma tan autoritaria como ofensiva: "¿Por qué no hicieron más goals?" Hay a veces en la gente una incomprensión tan grande que deja perplejo. Un detalle insignificante, una cosita de esas sin importancia son las que determinan una derrota o una victoria en muchos casos. Se confía de pronto en que el compañero ha intuido la jugada, ha adivinado nuestro propio pensamiento y nosotros verificamos el pase en la absoluta seguridad de que se nos ha entendido. ¿Qué ocurre? El compañero concibió otra jugada... y la pelota se pierde. El público protesta. ¿Cómo explicarle a cada uno de los espectadores lo que se quiso hacer y no se hizo? Se suele confiar en la inteligencia del compañero, pero cuando no se lleva mucho tiempo de compañerismo, en la mayoría de los casos se fracasa. De ahí la ventaja de aquellos teams que, actúan casi siempre con sus mismos hombres y les duran años y años en los mismos puestos. Acaso ello haya sido una ventaja para muchos equipos antes del advenimiento del profesionalismo. Yo recuerdo esa época y creo que existían entonces teams más completos, más armónicos en su acción. Ahora los equipos son un poco desorganizados por la falta de adaptación de sus hombres a un juego que sea la expresión colectiva. Yo tendré que adaptarme a River, ya que no puedo pretender que toda la línea se adapte a mí. Y cuando esa adaptabilidad falla, se producen los fracasos que asombran. Hemos visto hombres muy buenos en sus respectivos equipos y que han fracasado estruendosamente al cambiar de team. Un caso diferente fué el de Zozaya en Estudiantes. El hombre tenía una táctica completamente distinta a la nuestra. Al entrar en una línea que se distinguía por su tecnicismo, Zozaya quiso ser técnico desde el primer momento y fracasó. Luego, poco a poco, se fué adaptando hasta llegar a ser el excelente centre forward que todos conocemos. En este caso hubo adaptabilidad del individuo al conjunto.

Los capitanes de Argentina, Ferreira, y Uruguay, Nasazzi,encabezan a sus equipos para jugar la final del Sudamericano de 1929 en cancha de San Lorenzo.

—Hasta ahora nos hemos referido al decaimiento del fútbol profesional en lo que se refiere a expresión de conjunto y también a la ausencia de aquellos espectáculos de los que tanto gustábamos. De, acuerdo en ello, pero hay que considerar otro punto: la eficiencia.

—En eso creo que se ha ganado. Ahora se busca la victoria con mayor tenacidad que antes. Son muchos los intereses que giran en torno al fútbol y hay que rendir y que ganar. Con vista al score se ha progresado, pero el cambio no se operó únicamente en los jugadores. Los espectadores reclaman ahora la victoria, el goal que la  proporciona, con una exigencia que antes no tenían. En otros tiempos sabía gustar del fútbol como espectáculo; ahora quieren goals y más goals. Todo el escenario futbolístico ha sufrido un cambio fundamental y en esa transición se han producido fenómenos que engañan a los más expertos. Así se suscitan discusiones acerca de hombres y equipos, tales como en el caso de Barrera. Verdaderas autoridades se han empeñado en descubrir la verdad y se han operado contradicciones. Entiendo que, ello se debe a la confusión del momento. En otros tiempos, cuando imperaba el fútbol más académico, esas discusiones no se hubieran producido.

Según el epígrafe de Borocotó "Ferreira parecía mas bonito que su perro"... En el momento de la nota Ferreira jugaba en River Plate, donde tuvo un paso breve, para después volver a Estudiantes.

— ¿Y ahora se parece más nuestro fútbol al europeo?

—En mi viaje reciente por Europa traté de observar eso. Confieso que no he visto un juego semejante al nuestro. Por momentos, y a manera de chispazos, advertí algo de eso en el Juventus, de Italia, pero muy poco. Ellos juegan otro fútbol. El principal objetivo es no perder. Luego, si se puede ganar, se gana. De ahí que actúen con cuatro y hasta cinco halves bajando siempre los insiders. Yo he visto a ScopeIli, que es un fenómeno en el área, jugar atrás y no poder tirar en toda la tarde un shot al arco. Entiendo que están fundamentalmente equivocados. La táctica de una línea delantera en W puede ser muy defensiva, pero es pobre en el ataque. Los hombres de defensa saben, por lo general, a donde irá a parar una pelota tomada por la defensa contraria y hasta cuando la trae cualquiera de los insiders retrasados. En cambio, actuando con la línea casi en un mismo nivel, con sólo los wingers ligeramente adelantados, tal como jugaba la de Estudiantes de La Plata, el ataque es más eficiente porque la defensa no puede intuir con igual facilidad el lugar a donde uno del quinteto dirigirá la pelota. Se me dirá que no es tan defensivo, pero bien pueden bajar todos los forwards en el caso necesario, así avanza también la defensa adversaria y luego, al iniciar un nuevo ataque, se puede llegar mejor al arco. Eso es lo que yo entiendo como juego ideal.

— ¿Y en las demás líneas?

—De arquero es innecesario hablar. Los backs deben jugar mucho con los halves y uno de ellos, según por el lado en que venga la jugada, cuidarle la espalda al centre half. Esto es muy necesario porque dejando al centre half aislado, fatalmente tendrá que correr de un lado al otro sin parar ningún avance. Esa tendencia de los halves de ala a estar pegaditos a los wingers es muy egoísta y la ha traído el profesionalismo. Los hombres quieren cuidar sus respectivos empleos a toda costa. Lo mejor, a mi juicio, es que la línea vaya corriéndose horizontalmente de acuerdo al movimiento que imprima el centro. Si éste debe desplazarse hacia la derecha, lógico es que el half izquierdo venga a cuidarle al insider derecho contrario, y si el centro se desplaza hacia su izquierda, es el derecho quien debe venir a cuidarle al insider izquierdo. Además, como ya lo dije, está un back cuidándole la espalda al centre half. Por otra parte, debe haber colaboración entre el winger y el half de su ala.

— ¿Qué concepto te merece nuestro arquetipo de jugador?

—Muy bueno. He gustado del fútbol como espectáculo y sigo gustando pese al cambio. Existen hombres que en un pase, en una gambeta, en cualquier jugada, demuestran una clase o una psicología que no he advertido en otros lugares. Se me ocurre que nuestro jugador tiene más intuición, más habilidad, más gracia, sólo que también es un tanto empecinado, de un empecinamiento casi inconsciente. Vemos de pronto que se obceca en hacer una cosa que, fatalmente, le sale siempre mal. La experiencia no lo lleva a modificarse y es así como insiste en lo mismo. Un dribleador se encuentra de repente con un half que le ha extraído el secreto de su gambeta. ¿Qué ocurre en este caso? Pues que el malabarista va a estrellarse una y otra vez contra aquel muro insalvable. Vemos también que un equipo cuya característica de juego es una determinada y que sigue usando esa táctica aun contra aquellos equipos en que es contraproducente. El jugador, que se ha visto triunfar en innumerables oportunidades, no se detiene a pensar en el motivo que lo hace fracasar. Se extraña de que las cosas le vayan mal y supone que está en un mal día, cuando en realidad le sucede otra cosa. Así ocurre que se carga el juego a un centro aun cuando se halla más vigilado, en lugar de aprovechar la circunstancia para ser los insiders los que busquen ventajas. Vemos que se insiste en penetrar por el centro de una defensa cerrada cuando es necesario abrir el juego para obligarla a desparramarse. Existe, pues, un cierto empecinamiento en nuestro jugador y también una verdadera falta de voluntad para el entrenamiento. Son muchos los que, si pueden eludir el training, lo eluden, sin detenerse a pensar en que ello les perjudica directamente. No hay, tampoco, un deseo de ajustarse a la vida higiénica, sana, lo que haría que el futboler durara más en su apogeo. Pero de todo esto se va dando cuenta y, cuando pasen algunas pocas generaciones, será disciplinado como los europeos. Llegado ese momento el fútbol de estos lugares tendrá superioridad sobre cualquier otro del mundo. No incurro en un error de patriotismo. Lo he estudiado a conciencia y entiendo que a los británicos se les puede ganar; sólo que ellos nos llevan la apreciable ventaja de un mejor entrenamiento y una mayor disciplina, pero en fútbol, en concepción, me atrevo a declarar que el nuestro lo aventaja.

Veía yo que seguía la charla y le dije a Nolo:

—Decile a tu señora que la querés mucho.

En el chalet de City Bell, casa que "El Piloto" se hizo construir para ir a vivir después de casado. Es el nido de amor... y que podrá ser de pollos.

—Usted ponga que le den escrituras.

Fue la rápida contestación de la señora que dentro de aquella charla futbolística se-guía viendo al esposo escribano, mientras que yo, por nada del mundo, cambiaría al Nolo jugador por el señor Ferreira escribano. Puede ser cualquiera escribano. Basta un poco de inteligencia y estudiar. Pero no se puede ser nunca el futboler Nolo Ferreira si no se ha nacido Nolo Ferreira.

— ¿Estás contento con lo que fuiste como jugador? — le pregunto.

—Sí; no me quejo. Acaso hubiera querido tener un poco más de shot, pero es probable que esa ausencia de tiro me haya dado la característica que acusé. Posiblemente en éstos existía una compensación. En el box el hombre de punch, nunca es de escuela. Como puede vencer con sólo aplicar un golpe, no le preocupa el tecnicismo; en cambio, aquel que sabe que tendrá que ganar a puntos, busca en la técnica el camino de la victoria.

— ¿Qué puesto te gusta más?

—De insider. También me agrada jugar de centro, pero tiene que ser con los insiders de mi gusto. Y esto ya es una pretensión.

— ¿Cuál fué la línea que no pudiste pasar?

—Una de examinadores en un examen de literatura. Me mandaron para atrás. Ya era tarde. Habíamos charlado mucho y la señora, con una gran discreción, miraba el reloj con frecuencia. Los tiempos habían cambiado. Ya no eran aquellos.

— ¿Te acordás, Nolo, de cuando éramos jóvenes? — le dije en broma.

—Mejor sería que pusiera lo de las escrituras — contestó la señora a la exclamación.

—Compre algo usted y que Nolo le haga la escritura, señora.

—La casa ya la tenemos.

—Compre algo para alegrarla.

Y nos despedimos. Me quedé pensando, entonces, que si la señora resuelve comprar un Nolito, acaso yo tenga el placer de reeditar aquel artículo titulado "El Espectáculo". A lo mejor, dentro de unos veinte años..., si responde a la sangre.... (Perdón, señora).

 

BOROCOTÓ 1934

Por Redacción EG: 27/12/2018

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