SUPERCLáSICOS EN LIBERTADORES

2015. La llave más oscura

- por Redacción EG: 23/11/2018 -

Llegamos al final de las crónicas de los Superclásicos en Libertadores. Por 8° de final, River gana la ida 1-0, pero la revancha se suspende por uno de los eventos más funestos de la historia del fútbol nacional.

7 de mayo de 2015 – Octavos (Ida)

River 1 Boca 0

 

LE DOBLÓ LA MUÑECA

Gallardo no titubeó y acertó con su planteo del doble cinco. River llegaba como punto y consiguió el objetivo: bajar al invicto y que no le convirtieran.

El estadio Monumental en un marco impresionante.

Sánchez va fuerte. Así jugó River.

En otro contexto, con cualquier otro entrenador, si River abría una serie de octavos de final en su estadio, contra Boca, estrenando un doble cinco de pico y pala, con sólo dos hombres de ataque, el malhumor y el murmullo desconfiado hubieran retumbado fuerte por las tribunas. Pero el hincha de River confía a muerte en su entrenador. Le cree. Sabe que sabe.

Y entonces reventó el estadio como siempre y se entregó al plan estratégico de su DT. El equipo del Muñeco arribaba a la cita como punto. De punto como nunca. Con dos derrotas consecutivas (Huracán por la Supercopa; Boca por el campeonato), un hecho inédito en el ciclo Gallardo. Con tres caídas en el año frente a Boca, además. Y sin convertir ningún gol.

Del otro lado, un Boca arrollador. Invicto en sus 18 partidos oficiales (incluida la famosa Copa Juan Carlos Crespi): 15 victorias, 3 empates y convirtiendo goles en todas sus presentaciones menos en una (0-0 con Nueva Chicago). El mejor registro histórico en una primera fase de Copa Libertadores: 100% de los puntos, 19 goles a favor, 2 en contra. Ocho refuerzos en el año: Osvaldo de Europa, Pablo Pérez de Europa, Peruzzi de Europa, Lodeiro de Brasil. Dos planteles completitos. Demasiadas diferencias.

Todo el color en las tribunas.

Ramiro Funes Mori, de buen partido, gana en lo alto.

Esta vez, el Millonario era Boca. River salió con su austero 4-4-2, pero mordiendo en el medio, apretando a su rival para recuperar en campo ajeno. La sorpresa del Muñeco es que se trató de un doble cinco vertical, más que horizontal, con Ponzio parado como enganche, liderando la presión lejos de Barovero y Kranevitter cuidando su espalda. River no exhibió un fútbol fluido, no se vieron las triangulaciones a uno o dos toques que maravillaron en los primeros meses de la era Gallardo. Pero resultó arrollador el predominio espiritual y físico. La diferencia en la determinación: siempre llegó primero un jugador de River a los cruces. Y de a poco lo fue metiendo en su área, sobre todo con pelotazos cruzados a espaldas de los laterales, y particularmente por detrás de Leandro Marín, que terminaría completando una jornada negra cometiendo un penal infantil a diez minutos del final.

La hinchada no dejó de altenta.

En el primer tiempo, River forzó 10 corners a favor contra uno de Boca, lo que habla con nitidez de en qué lugar se jugó el partido, aun sin generar acciones muy claras. En el complemento, el conjunto del Vasco se sacudió la modorra y, en menos de un minuto de juego, estuvo muy cerquita dos veces de meter el tan ansiado gol de visitante: primero Calleri quedó mano a mano por la derecha, pero Barovero la sacó con el pie, y tras el corner, Colazo ganó un rebote y casi la clava en el ángulo. Boca equilibró el trámite. Sus jugadores se pasaron bien el balón y armaron acciones armónicas y prolijas. Merodearon el área de Barovero en un par de ocasiones; River, por su parte, tuvo una sola, muy clara, después de un pique al vacío de Carlos Sánchez (el volante con más llegada del fútbol argentino), que terminó definiendo débil, sin recorrido. Germán Delfino tuvo un rol fundamental en el encuentro: debió haber expulsado a Funes Mori y a Sánchez, y tal vez a Vangioni. Ligó River en ese sentido, como tantas otras veces había sido perjudicado en la historia. El fútbol es así: con el correr de los años, tiende a la compensación.

Orión, cayendo hacia el palo izquierdo, observa cómo el remate de Sánchez se transforma en gol.

El balón impacta en la red. Sánchez lo empieza a gritar. El Monumental explota.

Sánchez lo grita con todo. River, en el final, gana 1 a 0.

Parecía que el clásico se iba 0-0, como cuatro días antes en la Bombonera, pero Gago –más pendiente de protestarle al árbitro que de hacer jugar a su equipo– se durmió, Kranevitter la robó y soltó el pase largo, Pity chocó a Marín, le ganó la posición y el defensor que no debió haber jugado (Peruzzi costó casi 4 millones de dólares y es mucho mejor) cometió un penal superinfantil. Esta vez, el destino le hizo un guiño a River.

Gallardo descarga toda la tensión en el grito de gol.

De Delem (1962) a Maxi López (2004), pasando por Hernán Díaz (1992) y Gallardo (1998), la saga de los penales riverplatenses frente a Boca estuvo teñida de maldiciones. Teo Gutiérrez, un especialista en errarlos, quiso quedarse con la pelota. Rodrigo Mora, con el antecedente de haberlo desviado en 2014 por el campeonato, también se acercó, pero Carlitos Sánchez se impuso por sobre todos. Tomó esa papa hirviendo, respiró profundo, detuvo su marcha para ver hacia dónde iba Orion, y la pateó al otro rincón, fuerte y rasante. No salió festejando con la mímica del auto que le iba a prestar el hijo de su representante (Pavón en la Bombonera), sino agarrándose bien fuerte el escudo, con la furia y la vena hinchada por semejante desahogo. “El clásico se definirá por detalles”, habían profetizado los técnicos. Tenían mucha razón.

La parte más difícil del plan había sido ejecutada. Bajar al invicto. Ganarle y que no conviertan el temido gol de visitante. Quedaba la segunda: coronarlo en la Bombonera. Apenas eso.

2015 River 1 Boca 0 - Libertadores

 

14 de mayo de 2015 - Octavos(Vuelta)

Boca 0 River 0 (Suspendido)

 

NI BOCA NI RIVER, GANÓ EL ESCÁNDALO

Un abominable episodio suspendió el superclásico en el entretiempo. Le tiraron gas pimienta a los jugadores de River en el túnel y no pudieron continuar. Los primeros 45 minutos, terminaron 0-0. Una triste novela.

Apenas 45 minutos duró el partido. Quienes esperaban una noche histórica, la tuvieron. Pero por lo negativo y porque se sumó una hoja más a los episodios inexplicables de violencia en el fútbol argentino. A lo aberrante hay que sumarle un instrumento nuevo: el gas pimienta. Los jugadores de River fueron atacados en el túnel cuando se disponían a salir a jugar el segundo tiempo. Entre lágrimas, con quemaduras y las remeras teñidas de un polvo naranja, varios de los protagonistas no podían ni abrir los ojos. Ponzio, Kranevitter, Maidana, Driussi, Funes Mori y Martínez, los más afectados. Buscaban aire y tomaban agua mientras la noche deportiva se convertía en un policial.

Más de una hora se demoró en tomar la medida. Fue un desfile vergonzoso que incluyó al presidente de River, veedores de la Conmebol, policías, médicos y un árbitro que quedó demostrado no tener potestad para la última palabra. Herrera se apoyó en el veedor, pero el representante de la Confederación en la Bombonera terminó llamando a Napout, presidente de la CSF, quien ni siquiera estaba en el estadio. La salud de los jugadores, bien gracias. Lo grotesco, lo burdo y lo peor en una escena que para colmo de males se prolongaba.

El rato de fútbol que hubo fue para River, que se defendió lejos de Barovero, le tomó el mediocampo a Boca y no le tembló el pulso para sostener un partido inteligente. El nerviosismo fue para el local, otra vez quejoso con el correcto arbitraje e impreciso en todas sus líneas. Apenas un remate de zurda de Osvaldo recordó la presencia de Barovero en cancha. El parate significará un nuevo comienzo en la partida de ajedrez de Arruabarrena.

Triste final. Una noche que arrancó como para una fiesta y terminó de manera lamentable. Los jugadores de River para retirarse del campo de juego tuvieron que esperar cerca de dos horas. Seguramente en las próximas horas se resolverá cómo sigue esta novela que esta noche tuvo un ganador: el escándalo.

2015 Boca 0 River 0 - Libertadores

 

Por Redacción EG: 23/11/2018

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