EL DESTINO, LA PELOTA Y YO

El destino, la pelota y yo - Capítulo VII

- por Redacción EG: 07/11/2018 -

Por José Manuel Moreno. El gran delantero de todos los tiempos nos relata en este capítulo su regreso al primer equipo y de la mejor manera: goles, campeonatos y jugador internacional.

1° de septiembre de 1935. Yo seguía condicionalmente en la primera división de River, mientras se disputaba el campeonato del año. Mi conducta en Córdoba había afianzado un tanto mi posición en el equipo máximo. Y llegó el "clásico" River contra Boca. La trepidación sentimental me venía del recuerdo. Eran los dos clubs que estaban en mi corazón y por los que me hubiera hecho destrozar en el cuadrado. Pero yo era de River, el que me había llevado al éxito, en cuya defensa remonté el Atlántico: lo quería de alma por su perfecta organización, los compañeros de fierro que encontré en sus cuadros. Sí, señores, sí, pero aquellos colores de la bandera sueca… No sé si me comprenden, pero… Y llegó el tremendo cotejo. ¡Dios mío, lo que era mirar aquellas tribunas pobladas por cientos de miles de cabezas! ; eso que aparece luego en las fotos de los diarios y revistas como un arenal formado por puntitos blancos y negros. Y frente a esa formidable masa humana, 22 hombres en el campo para responder a la pasión encendida de la muchedumbre. De esos 22, once de cada lado. Y en el mío yo, el disputado, el discutido, el insultado… el que podía ser leal o traidor en aquel para mí primer "clásico" entre los dos clubs que me apasionaban por igual: el de mis grandes victorias y el de mis amores juveniles.

El match se definió por 1 a 1.

En la línea delantera de River formamos: Peucelle, yo, Rongo, Lago y Deambrosi.

El domingo que siguió jugamos contra Independiente. La línea delantera fue la misma, con la diferencia de que jugó en el centro Ferreyra en vez de Rongo. Y también terminamos 1 a 1. En marzo del 36 me llevaron a jugar contra Peñarol en el estadio Centenario. Y ganamos también…

Diciembre de 1937. Esta es la fotografía que recuerdo como la que señala el momento en que dejo de ser un jugador de Potrero y empiezo a ser un jugador de fútbol.

Mi desempeñó en estos partidos de primera división tuvo la virtud de afirmarme en ella. Y me incluyeron en el cuadro máximo que habría de afrontar el campeonato del 36. El primer partido fue contra Estudiantes de La Plata. Era el comienzo de la temporada, y ya se sabe lo que significa el primer gol que se marca para la superstición de la hinchada. Pues bien..., entre otros comentarios que daban cuenta de los resultados del día, el cronista de "Ultima Hora" dijo que me había cabido "el alto honor de ser el primer scorer de la temporada oficial".

El 18 de mayo jugamos contra Argentinos Juniors. Fue una goleada que inició Rongo y a la que siguieron cuatro tantos marcados por mí. Entre otras opiniones recuerdo la del comentarista de "La Cancha", que dijo: "Los más asombrados fueron los simpatizantes millonarios, que nunca habían visto al "pibe" Rulito tan hambriento de redes como el domingo. Pareció como si la ausencia del "Mortero de Rufino" y la falta de puntería y de shoting en Rongo lo hubieran estimulado, haciéndoles ver a los demás que, cuando faltan cañoneros, con un simple cañoncito se puede hacer la hazaña de poner cuatro pepitas sin hacer alarde de taponazos estupendos ni violencias abracadabrantes..."

El 3 de julio, ante toda la Comisión Directiva del Club, firmé contrato con River como titular de la primera división. Me dijeron que tenían absoluta confianza en mi lealtad y mis condiciones… Después de la firma me tocó jugar contra Quilmes, y pude ratificar esa confianza. "Allí, al lado de Bernabé, la sangre moza eliminó dudas -- dijo el cronista de "El Mundo" --. Allí recibieron un mentís los detractores, y primero Deambrosi, después Pedernera, más tarde Rongo y ahora Moreno. han hecho el milagro de darle nueva fisonomía al team de La Recoleta, ahorrándole dinero y defendiendo con dignidad el prestigio del Club. José M. Moreno, la nueva estrella de River Plate y un suceso simpático de 1936, superó el domingo su proverbial eficacia, erigiéndose en goleador máximo, con los tres goles que dieron el triunfo a su equipo".

El domingo 3 de agosto formé en la delantera del seleccionado que enfrentó al de la Asociación Rosarina. De River nos eligieron a Peucelle y a mí. Ganamos por 4 a 1. y el 4° gol lo marqué yo. Buen regalito, porque ése era precisamente el día de mi cumpleaños. Lo cierto es que ganaba prestigio, me afirmaba. Y lo refirmé el 31 de ese mes al jugar de nuevo contra Boca y señalar el tanto de la victoria, que fue por 2 a 1.

Bueno.... los que tienen memoria lo recuerdan: River fue campeón absoluto en 1936, definiendo el campeonato en dramático encuentro con San Lorenzo. El resultado fue de 5 a 1. y los cinco goles los marcamos entre Peucelle y yo.

Inolvidable por lo ligada que está a mi debut como internacional argentino. Herminio Masantonio, gran compañero y gran jugador de fútbol ¡Qué foto más triste resulta asimismo ésta! Que en Paz descanses, gran Herminio.

EL DIABLO EN LA CANCHA

Esto fue en Río de Janeiro el día de tremenda conmoción para mí cuando debí jugar mi primer partido como internacional, a los 18 años. ¿Saben ustedes lo que es eso? ¡En cuatro años pasás del potrero o la 5°, 4°, 4° especial, la primera!... ¡Y ahora eso! Y nado menos que contra el "Botafogo”, crédito del fútbol brasileño.

Yo formaba ala con Landoni y estaba seguro de que nos entenderíamos bien. Lo bravo fue cuando salimos a lo cancha y vi la formación de los cuadros. Me habían colocado al frente, para marcarme, un half a quien un buen pintor hubiese tomado de modelo para representar al mismísimo demonio. Me llevaba por lo menos una cuarta de estatura, era negro, bocudo, con ojos oblicuos y dientes de tiburón. Y se presentó bailando para entrar en calor, algo así como una danza diabólica. Mientras lo hacía me miraba fijo, como para medirme y romperme de entrada. Yo me volví para Landoni, diciéndole:

  • ¿Te dos cuenta, hermano? Me las voy o tener que ver nada menos que con Mandinga.
  • ¡Vamos Rulito! ¿Le tenés miedo? – me contestó

A lo mejor lo tenía viéndolo tan formidable, pero hice coraje y le contesté a Landoni, con un poquito de compadrada porteña:

  • ¿A quién, al coso ese? ¡Vamos, miralo!: es demasiado feo para nosotros.

Comenzó el partido… y les aseguro que aquella vez, codo a codo con Landoni, entre pases, cambios y gambetas… ¡Logré salvarme del diablo!

El año 37 se repitió la patriada: River resultó campeón otra vez. Y en el cuadro del match final formamos en la línea de los ágiles: Peucelle, Vaschetto, Bernabé Ferreyra, yo y Pedernera.

Estos fueron años consecutivos de triunfos para River y para mí. Me sometí a una disciplina estricta, salvo algunas inevitables evasiones...

A veces tuve que pararme. He aquí una vez en que con bastante tristeza asisto al vestuario de mis compañeros (año 1940). Están Antonio Rodríguez, Peucelle, Sirni y el masajista "Manzanita" Castellanos.

Internacional

Por aquel entonces mi suprema ambición era ser un jugador internacional, participar en cuadros formados por los grandes cracks de los clubs de mayor aliento, vestir la casaca con los colores de la patria, desfilar ante las tribunas con la bandera celeste y blanca al frente, mientras la banda toca el Himno Nacional y a uno —pensaba le tiembla el alma, se le anuda la garganta, y se propone en lo íntimo, con fuerza tremenda, como nunca, la consigna imperiosa: ¡vencer, vencer!

Me indicaron como candidato y triunfé en la preselección. Comenzaron luego las pruebas decisivas... ¡Imposible explicar la incertidumbre! Y también la emoción del resultado: salí bien. ¡Ya era internacional! Poco más tarde, cubierto el busto por los colores de la bandera, disputaría las copas Newton y Lipton contra los uruguayos. Y después (aquí soñaba, soñaba despierto)… Paris, Londres, Roma, Madrid. Se hablaba ya del campeonato mundial que tendría lugar en París para mayo del año siguiente, y muchos cronistas abogaban por mi participación.

El "Chueco" y yo

A fines de 1937 tuve el inmenso honor de llegar adonde me faltaba en mi ya vertiginosa carrera: Vestir la casaca argentina y debutar nada menos contra los uruguayos… ¡y en ala con "El Chueco" García!

El primer cotejo fue el 10 de octubre de 1937 por la copa Newton. Yo siempre había sentido una gran admiración por el "Chueco" García, tan noble, tan alegre dentro y fuera de la cancha, y allí estaba conmigo, prometiéndome realizar con él jugadas fantásticas. La crónica dijo que mis deseos se cumplieron. "Moreno formó con García una pareja que no admite réplicas —dijo el cronista de "Ultima Hora". Y prosiguió—: Dicen los uruguayos que se entienden a maravilla y parecen pertenecer a un mismo cuadro. Y no se equivocan. Con la actuación que les tocó anteayer, Moreno y García han firmado contrato para seguir perteneciendo a un mismo equipo: el del Seleccionado."

Ganamos por 3 a O. El segundo gol lo marqué yo, batiendo a Besusso, el maravilloso arquero de la otra banda.

Yo habla cumplido. Mi sueño estaba realizado. El destino seguía respondiéndome... Y permítame el lector que sucumba aquí al deseo de repetir otro comentarlo sobre el mismo punto. El gran "Chueco" está tan luminosamente firme en mi recuerdo… La nota es del cronista de "El Diario", y dijo así: "El insider Moreno es dinámico en grado superlativo; trabajador incansable, sube y baja en procura del balón, que cuando está en su poder da la sensación de buscar ansiosamente la red...  Y surge el pase al centímetro. O el shot certero y oportuno. “

"A su lado, Enrique García, el genial extremo; hace maravillas con su pierna izquierda prodigiosa. Elude hombres con increíble habilidad y velocidad; tira centros, se corta, shotea. Y juntos forman una pareja estupenda. Se conocen ya perfectamente, y el hall rival se transforma en un fantoche, en una marioneta movida por los invisibles hilos que les tienden estos notables jugadores, cuya categoría es ya un título en el río de la Plata y puede llegar a serlo en el mundo entero…”

Y hubo más, mucho más...

Cincuenta mil espectadores presenciaron en la cancha de Independiente la disputa por la copa Lipton entre argentinos y uruguayos el jueves 11 de noviembre de 1937. La línea delantera formó así: Peucelle, Fidel, Masantonio, yo y García, ¡Otra vez al lado mío, "Chueco" lindo, en mi segunda actuación internacional! Y nada menos que por la copa Lipton, que llevaba ocho años sin disputarse...

Masantonio, gran muchacho también, guapo y derecho como una lanza y tristemente malogrado a pesar de su físico maravilloso, era el centre forward, y el "Chueco" y yo nos propusimos servirlo para facilitarle la cuenta del marcador, sin pensar en el propio lucimiento. Así lo hicimos, y el central nuestro se mandó cuatro golazos al hilo. Ganamos por 5 a 1. "El Diario" del 12 de noviembre dijo: "ALA NOTABLE. Moreno, que con García constituyó un ala estupenda...”

Estas son transcripciones de algunos recortes celosamente guardados por los míos; pero se dijo más, mucho más, en cuanto periódico se ocupaba de deportes. Lo cierto era que mi destino se iba sellando y estaba cerca, muy cerca, de poder cumplir la promesa de aquel alegato mío, enfáticamente enunciado cuando llegaba a casa con la ropa deshilachada y las alpargatas bigotudas:

  • ¡Déjenme; yo les juro que dentro de tres años les regalaré la casa propia!

Adolfo, Ramos, "El Chueco"... Adolfo, el genial, el compinche de mis primeras travesuras en la "gramilla grande" y gestor de muchos de mis éxitos en River, y "El Chueco" García, el puntero "imposible", que hizo hablar a la pelota.

El 12 de noviembre de 1937 justamente el día que siguió al cotejo formidable, hubo en mi familia una gran trepidación: me había llegado una esquela con gran sobre timbrado que decía: "El presidente de la Asociación del Foot Ball Argentino, Eduardo Sánchez Terrero, saluda con la mayor consideración al distinguido jugador de esta entidad deportiva señor José M. Moreno ; se complace en hacerle llegar las más sinceras expresiones de felicitación y aplauso por su brillante desempeño en el team argentino que ayer conquistó la copa Lipton, y aprovecha esta oportunidad para ofrecerse a sus gratas órdenes."

La leyó mi padre, en solemne reunión de familia, y ordenó:

  • ¡Para esta noche, una cena especial!

Oscar templó su guitarra con encordado nuevo. Hubo brindis por la Patria, por River..., por todo cuanto era digno de vivarse...

Y al final, una escapadita con Oscar, sin que esta vez importara que el tero y el gato se despacharan a gusto, armando el bochinche que tan caro me resultara en otros tiempos. Y por cierto que no eran muy lejanos.

Porque es la verdad que a esta altura (21 años) yo era un hombre definitivamente asentado en la primera división y con categoría de internacional.

(Continuará)

En el próximo número:

"¡Soldado Moreno…!”

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Por Redacción EG: 07/11/2018

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