¡HABLA MEMORIA!

Un duelo en el ring y en la vida

- por Redacción EG: 29/10/2018 -
Legendaria imágen de El Gráfico en la última pelea de 1953.

Esta es la historia del enfrentamiento más espectacular que conoció el boxeo argentino. A lo largo de seis peleas, José María Gatica y Alfredo Prada escribieron una de las leyendas más memorables de nuestro deporte.

La gran ovación del Luna Park se transformó de pronto en un silencio expectante, profundo Alfredo Prada pidió el micrófono: "Quiero dejar paso a los jóvenes... Me voy como campeón y estoy orgulloso. Les agradezco a todos los que me ayudaron a poder vivir este momento. A los que ahora me están aplaudiendo y también a los que me silban..." Esa noche de noviembre de 1956, el titular argentino de los livianos se había consagrado campeón sudamericano al vencer al chileno Andrés Osorio. Esa noche de noviembre de 1956 le ponía el broche que correspondía a su carrera ejemplar,  en el momento justo. Esa noche desaparecía para siempre de la escena uno de los protagonistas del duelo más apasionante del deporte argentino... Tal vez el menos admirado de los dos, el menos espectacular, el menos dotado. Pero Alfredo Prada simbolizó el ejemplo del hombre que había sabido ganarle a la vida con el irrenunciable argumento de su perseverancia. Alfredo Prada, castigado por la fatalidad en su niñez, cuando una caída lo postró cinco años en una silla de ruedas, había encontrado en su fe y en su trabajo el camino hacia la recuperación.

El otro actor, José María Gatica, ese ídolo capaz de colmar cualquier estadio contra cualquier rival sólo con el raro influjo de una personalidad excéntrica, había terminado su convulsionado itinerario deportivo unos meses antes de una manera muy distinta. El 27 de mayo de 1955 la Asociación Argentina de Box dispuso prohibirle toda presentación pública en vista de su deficiente estado físico. Sin embargo y a pesar de la determinación siguió combatiendo hasta que el 6 de julio del año siguiente en que luego de su triunfo frente a Jesús Andreoli la intervención policial puso punto final a su carrera de pugilista. Fue entonces 1956 el año que selló definitivamente las campañas de dos boxeado-res distintos. Dos hombres que cayeron a la vida de manera disímil y que fueron artífices de sus propios y antagónicos des-tinos. Prada que se había con-sagrado sumando gota a gota el esfuerzo de todos los días para derrotar al infortunio, se despedía totalmente realizado y seguro del terreno que estaba pisando. Gatica, que había visto la miseria de cerca en una niñez plagada de privaciones, que había conseguido con el descaro que le inculcó la calle, tomar su revancha con lujo, fama y dinero, volvía a su punto de partida vencido y casi olvidado. Abrumado por el peso de sus errores y despilfarros.  La vida que le había dado todo, se lo volvió a quitar, y su muerte casi absurda llegó el 12 de noviembre de 1963 como el cruel corolario a su .deambular vertiginoso. El que había llegado a la opulencia, sucumbió al caer de un colectivo a la salida de la cancha de Independiente donde había estado vendiendo muñecos...

 

EL COMIENZO

La historia de la gran rivalidad nació el 29 de setiembre de 1942. Esa noche en el local de la Federación Argentina de Box combatieron por la categoría gallo y ya el primer combate se rodeó de una polémica interminable. Prada aplica un golpe en la zona baja y Gatica cayó espectacularmente en la cuarta vuelta. El juez se disponía a iniciar la cuenta cuando Lázaro Koci (manager de Gatica) pide la descalificación por golpe bajo. El árbitro acepta el reclamo y declara ganador a Gatica. Manolo Hermida que era el orientador de Prada solicita que un médico revise a Gatica en los vestuarios. El facultativo comprueba que no hubo golpe bajo, pero el fallo no sufre modificación. La primera confrontación en el campo amateur se definía en favor del Mono de una manera confusa... Los dos llegaron a esa pelea respaldados por cortas, pero exitosas trayectorias. 

Se enfrentaron seis veces, las dos primeras como aficionados en la Federación de Box, las demás en el Luna Park.

Alfredo Prada había nacido en Rosario el 10 de marzo de 1924 pero a los pocos días estuvo con toda su familia en Villa Constitución. El sueño de don José Prada, su padre, era llegar a tener un hijo boxeador. Alfredo Esteban, el séptimo de sus nueve vástagos, cumplió el anhelo de su progenitor cuando este fallecía, pero antes debió soportar la tristeza de una larga postración que pareció anular todas sus posibilidades físicas. Un día de 1932, cuando apenas tenía siete años, realizando una carrera, se cayó con las piernas abiertas y sufrió una luxación de la cadera derecha en la cabeza del fémur. En primera instancia no se le dio importancia al accidente, pero unos días después el proceso se agravó notablemente. En el hospital Español de Rosario se comprobó la lesión. El hueso se había separado seis centímetros de su coyuntura. Como habían  transcurrido varios días, se formaron fibras y nunca quedó perfectamente bien. Hasta los 12 años pasó de yeso en yeso sentado sobre una silla de ruedas. Cuando la abandonó su pierna derecha estaba visiblemente disminuida. Pero un día de 1940 su destino iba a cambiar radicalmente. Alfredo, que acompañaba a su hermano Angel al club Riberas del Paraná a entrenarse, fue invitado a pelear con un grandote bajo la promesa de "no pegarle mucho". A pesar de su renquera y su definida posición de zurdo que lo obligaba a pelear con el puño derecho adelantado, le voló varios dientes al rival. Al poco tiempo debutaba como aficionado contra Porrón Aguerre que le llevaba más de doce kilos de ventaja y el resultado fue empate. A partir de ese momento a fuerza de voluntad y disciplina fue recuperando la salud perdida en la niñez. 

1946. En el primer combate como profesionales, Gatica fue muy superior

La pierna mejoraba día a día gracias al deporte. Y esa enorme voluntad de Alfredo le fue abriendo todos los caminos hasta llegar a obtener en 1941 el título Nacional de novicios en la categoría gallo. A fines de ese 1941 conoció a Manolo Hermida que se iba a transformar en su gran amigo y consejero. Hermida no sólo lo guió pugilísticamente sino que lo encaminó definitivamente en todos sus actos. A pesar de que era campeón argentino, el entrenador lo paró un año para lograr cambiarle la forma de encarar la pelea. Le enseñó a pelear con la postura clásica, con la izquierda adelante. La pierna se iba componiendo lenta, pero seguramente. Ya casi no se notaba la diferencia. Así llegó a la primera gran topada con Gatica, sin sospechar todavía que esos choques iban a separar a la afición boxística.

La niñez de José María Gatica tuvo una sola escuela: la calle. Desde su nacimiento en Villa Mercedes, San Luis, el 25 de mayo de 1925 hasta sus prime-ras pasos como boxeador debió sopertar las amarguras que clava la miseria. Desde muy pequeño, ya en Buenos Aires, salió a buscar la plata que en su casa escaseaba. Fue canillita, vendedor ambulante, lustrabotas... Era peleador por naturaleza y cualquier altercado lo contaba como protagonista. Tanto circuló por los barrios de Constitución y San Telmo que un día de 1941 se metió a hacer  boxeo más o menos en serio en "La misión inglesa" de Paseo Colón y San Juan. Allí lo descubrió Lázaro Koci, cuando demolía a sus rivales para llevarse las monedas que le tiraban al ring... Lo anotó en el campeonato de novicios y un mal fallo le hizo perder su primera pelea como peso gallo (el árbitro se confundió al consagrar al ganador) frente a Ricardo Castillo, pero en la selección para participar en el latinoamericano de Guayaquil ya demostró toda la gama de sus dotes naturales y recién perdió la pelea final contra Alfredo Carlomagno en espectacular combate. Cuando llegó al primer enfrentamiento con Prada ya se iba insinuando la gran atracción que despertarían su espíritu combativo y la espectacularidad de sus desplantes...

1946. Prada caído, la pelea la ganó, justamente, Gatica por puntos.

 

LA GRAN RIVALIDAD

El discutido desenlace del combate del 29 de setiembre obligó a una muy pronta revancha. Y el 13 de octubre (a sólo dos semanas de la pelea anterior) estuvieron de nuevo frente a frente en el estadio de la calle Castro Barros. Y ganó Prada sin ninguna discusión tras derribarlo en cuatro oportunidades. El santafesino que en el match anterior había cobrado 15 pesos, esta vez se llevó veinte. Gatica agrandó su "bolsa" de 12 a 15 pesos. A partir de ese entonces los caminos se bifurcaron durante unos años. Alfredo Prada debutó como profesional muy poco tiempo después: el 30 de abril de 1943 le ganó por puntos a Aquiles Aquesta.  El Mono fue acrecentando su popularidad de una manera sorprendente. Cada presentación suya causaba conmoción. En 1943 se consagró campeón latinoamericano de peso pluma, en Lima. Al año siguiente se adjudicó el primer campeonato Guantes de Oro. Y de la misma forma que llenaba el estadio de la Federación comenzó a colmar el Luna Park a partir del 5 de diciembre de 1945, cuando se inició como profesional... Todo el mundo esperaba el nuevo combate, Y la gran expectativa se tradujo en record de recaudación la noche del 31 de agosto de 1946.

1947. Prada y Gatica en su segundo duelo como profesionales. Fue la pelea más encarnizada de todas.

Cada una de las otras peleas iba a derribar sucesivamente los topes de taquillas del estadio de Corrientes y Bouchard. Ya eran livianos. Gatica subió al ring con un peso de 61,200 kg, Prada pesó 60,600. El combate fue sangriento y dramático. En la primera vuelta se cerró el ojo izquierdo de Prada (el santafesino acusó un cabezazo) y debió combatir once asaltos con la visión disminuida. En el cuarto round sufrió además la doble fractura del maxilar inferior. Pese a ello, en la penúltima vuelta con la tremenda furia de su zurda hizo arrodillar a su rival. El fallo otorgó el triunfo a Gatica con entera justicia, pero el duelo entraba en la etapa de mayor efervescencia. Prada debió estar más de cinco meses inactivo a causa de la lesión, El delirio que se apoderó de los hinchas de Gatica (los más), que veían en él  la reivindicación del pibe de la calle se encontró con el encono de los que no le perdonaban las actitudes grotescas y casi insolentes para con todo el mundo. Cada pelea del Tigre (ya se lo llamaba de esa forma) encendía de manera tal los ánimos de los presentes que el estadio se transformaba en una tremenda caldera por obra de los grupos antagónicos…

1947. Una violenta izquierda, apenas iniciada la pelea, derriba a Gatica. Con ese golpe se fractura la mandíbula "El Tigre"

Pasaron cerca de seis meses antes de concertar la cuarta pelea. Pero finalmente el 12 de abril de 1947 volvieron a combatir. El Mono mantenía su título de invicto a través de diez presentaciones. Alfredo Prada seguía su línea ascendente. Ya se habla restablecido de las huellas de la pelea anterior. Los adictos de Prada clamaban venganza. Y ésta fue tal vez la más encarnizada de todas. Gatica no salió a combatir en la sexta vuelta y perdió por abandono. El médico determinó en el descanso del quinto al sexto asalto que el puntano tenía una triple fractura del maxilar interior con hundimiento de cinco muelas y tres dientes. La lesión (por lo menos en parte) se le produjo apenas iniciada la pelea tras una violenta izquierda que lo derribó por 3 segundos, y el Mono aguantó cinco vueltas en mérito a su tremenda fortaleza física. Solamente le insinuaba a Nicolás Preziosa, que ya por entonces era su manager, que le "dolía una muela...” Como en el quinto round hubo un choque de cabezas (posiblemente allí se agravó la lesión); muchos pidieron la descalificación de Prada. Pera el veredicto fue inapelable. Y Gatica además de perder su condición de invicto debió internarse en el hospital Ramos Mejía para su curación. Por varios meses debió interrumpir su carrera para lograr el total restablecimiento. Prada en ese mismo combate había sufrido la fractura del dedo mayor de la mano izquierda y debió ser enyesado en el hospital Vélez Sarsfield. El santafesino declaraba que la fractura del maxilar habla sido producto de un hook de izquierda, que el cabezazo del quinto fue casual, y que nada tuvo que ver con la lesión. El público que había ido a ver una pelea sangrienta, casi brutal, tenía que haber quedado satisfecho La meteórica carrera de José María Gatica había sido interrumpida… 

1947.Gatica abandona en el sexto. Tenía la mandibula fracturada, desde el primer round.

 

GATICA: CAMPEON SIN CORONA

A fines de 1947 Prada es consagrado campeón argentino de los livianos. El título había quedado vacante por abandono de su poseedor, Humberto Savoia, y como el santafesino le habla ganado a todos los aspirantes le correspondió el honor. Después de siete meses de convalecencia reapareció Gatica frente a Pedro Geric, y de allí hasta la fecha de la quinta batalla realizó doce combates. Salvo el triunfo frente a Valeriano Mesa, que se definió por puntos, todas las otras las terminó antes del límite. Ya por entonces el Mono era considerado el campeón sin corona. Se había repuesto de la lesión y el dinero comenzaba a entrarle a raudales. Y junta con sus excentricidades y esa revancha que se quería tomar en cada actitud sobradora fue apareciendo el descontrol y la vida ligera. Pero cada presentación suya era garantía de espectáculo porque Gatica le daba al público lo que éste quería: fuerza, potencia, aspereza, promesa de nocaut... Y cada pelea era un lleno total. Aunque fuera un día miércoles... Y por fin llegó el 18 de setiembre de 1948. Otra vez Prada y Gatica. Pero el título del primero no se puso en juego. El estadio se abrió a las siete de la tarde.  El precio de los ringside era de ochenta pesos y se llegaron a pagar más de mil en la reventa.

1948. Tercer Duelo en el Luna. Gatica, el campeón, no pone su título en juego.

Dos horas antes de iniciarse la lucha el Luna Park no admitía ni una sola persona más. Cuando los dos pugilistas estuvieron sobre el ring el estadio parecía temblar. Y otra vez las actitudes. El gesto centrado y serio de Prada. La sonrisa burlona y ganadora del Mono…Gatica pesó 62 kilos, Prada 62.300. Y el combate fue deslucido…  muy reñido, pero muy sucio. Gatica de recursos más variados, de línea más definida y de cerebración  más rápida, chocaba contra el estilo simple de Prada, que le complicaba todas las acciones. Sin embargo y Iuego de un ataque de Prada un preciso contragolpe del Mono lo derribó por 4 segundos en la séptima vuelta. Y esa circunstancia fue la que pesó a la hora del fallo final luego de las doce vueltas. Ganó Gatica. Y el Tigre gritó su satisfacción hacia todos los sectores. El "Dale Mono" atronaba sin cesar... La recaudación sumó 155.000 pesos. La bolsa de cada uno ascendió a 27.000... Gatica se parecía cada vez más a un campeón sin corona...

1948. Gatica ganó claramente por puntos el duelo de 1948.

 Ante el alejamiento de Manolo Hermida, Prada estaba trabajando bajo la dirección de Oscar Casanovas y Prudencio Melero cuando en 1948 se produce la huelga de boxeadores que reclaman mejores condiciones económicas al Luna Park. Como el asunto se prolonga resuelve viajar a los Estados Unidos y tras dos triunfos importantes (Charley Lewis por K.O. en el primer round y Willie Beltran por puntos) que parecieron abrirle el camino hacia el campeón, Ike Williams, sufrió dos derrotas que enfriaron su chance. Perdió con Arthur Kin, vencedor del campeón, por ajustado margen y contra Sonny Best. Luego de un empate con George Dunn y cuando debía disputar un nuevo combate el 20 de diciembre, recibió un telegrama de la Comisión Municipal de Box, que le exigía presentarse justamente antes del 20 para responder el desafío de Gatica por la corona. Vuelve sorpresivamente el 19 y va directamente a aceptar el desafío. Pero Gatica no estaba y finalmente la pelea se hizo tres años después...

1948. Prada cayó en el séptimo asalto, debido a un contragolpe, pero aguantó hasta el final.

Pero el Mono con todo su esplendor seguía cosechando éxitos y anécdotas en sus giras y sus combates en Buenos Aires. Desde aparecer con una carroza en el Hipódromo, hasta comprar un metro de boletos en el tranvía o pagar cinco mil pesos por un traje que valía dos mil "porque el señor Gatica no compra ropa tan barata...", todo estaba permitido en la vida del excéntrico personaje. La vida nocturna se alargaba inconscientemente y sus riñas callejeras se sucedían sin interrupción... Sobre el fin de 1950 le llegó también a él la oportunidad de tentar suerte en Norteamérica. Tras un espectacular triunfo frente a Terry Young por nocaut técnico en el cuarto round, el 5 de enero de 1951 se encontró con Ike Williams, el campeón del mundo. Toda la esperanza argentina pendía de ese combate en el que no estaba en juego el título. Pero el campeón lo derrotó inapelablemente en la primera vuelta. Y ése fue el comienzo de su descenso... Pero siguió llenando estadios, siguió recibiendo dinero y lo siguió tirando sin contemplaciones.

 

LA CONSAGRACION Y EL OCASO

1953. 16 de setiembre, el último duelo. Cada uno de los combates estableció un nuevo récord de recaudación en el estadio.

Corre el año 1953. Alfredo Prada hace seis que mantiene la corona de los livianos. Gatica se va derrumbando muy lenta pero irremediablemente. Su físico, agotado por los excesos, no le permite conseguir una preparación ideal. Para el 16 de setiembre queda estipulada la fecha de su pelea con Prada por el título argentino de los livianos. Y otra vez hay record en el Luna Park. Y otra vez la multitud fervorosa que grita el "Dale Mono". Pero Gatica ya no es el mismo. La pelea no tiene mayores sorpresas La desproporción en el estado atlético de cada uno es evidente. El ídolo comienza a desmoronarse… Para llegar a la confrontación tiene que bajar considerablemente su peso para poder dar 60,900, y eso lo debilita, Prada se desenvuelve cómodamente en la categoría y no tiene problemas en registrar 60 kilos clavados. Y Gatica, a quien siempre todo le fluyó naturalmente, se veía superado por la dedicación de alguien que consiguió todo con el esfuerzo cotidiano...

1953. Fue la única pelea que estuvo en juego el título argentino, en manos de Prada.

El espectáculo no alcanzó nivel emocional. Salvo en las dos primeras vueltas, donde Gatica contragolpeó con acierto, el resto del combate fue favorable a Prada. El Mono estaba agotado y no podía hacer valer su elasticidad y sus movimientos ofensivos. Finalmente un swing de izquierda liquidó la desigual pelea a los dos minutos del sexto round. El gran pleito del boxeo argentino había terminado. Gatica escuchó la cuenta del árbitro Escudero y fracasó en el supremo esfuerzo por incorporarse. Después, por primera vez en su carrera se retiró abrumado por una estruendosa silbatina... Todo lo que siguió a aquel 16 de setiembre de 1953 fue muy triste en la vida del orgulloso Tigre. Su tímida recuperación de 1954 fue apenas una pálida esperanza. La caída posterior fue vertiginosa. Y mientras Prada concluía su campaña, Gatica volvía a su punto de partida deshecho y sin ilusiones. 

1953. Gatica intenta levantarse , pero no puede, mientras escucha la cuenta definitiva del árbitro Escudero.

Los millones que habían pasado por sus manos flotaban en su recuerda de esplendor. Quería seguir boxeando pero ya nadie se acercaba a él. Y luego de un vano intento de subsistencia que quiso encontrar en la parodia de un combate de catch con Karadagian terminó de arruinarse físicamente. Nunca más, desde ese momento pudo caminar normalmente. Pero cuando la miseria ya lo había atrapado nuevamente en una paupérrima casa de Villa Domínico volvió a encontrarse con Prada. Pero con Prada hombre. Y su rival de siempre lo llevó a ver al gobernador para conseguirle un trabajo. Y no satisfecho con eso lo puso de socio en una cantina de la calle Paraná. Gatica, que se había reído de todos, seguía manteniéndole un inusual respeto a su adversario de siempre, pero ya estaba demasiado vencido como para poder encontrar el rumbo.. . Los protagonistas del más grande duelo del boxeo argentino siguieron por distintos caminos. Gatica, que sin tener nada habla encontrado todo en la vida, murió aplastado por la soledad. Prada, que de pronto encontró el futuro cerrado, supo luchar para salir adelante. Dos personajes distintos. Dos casos. Un pedazo irreemplazable en la historia del boxeo...

(El Gráfico 1971)

Por Redacción EG: 29/10/2018

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