LAS CRóNICAS DE EL GRáFICO

2002. HOUSEMAN 100x100

- por Redacción EG: 09/10/2018 -

Las 100 preguntas de El Gráfico a un Loco genial que le dio alegría al fútbol argentino. Ya lejos de la “buena”, René no se guarda nada. Confesiones, odios y amores de un irrepetible.

1 – ¿Quién es Re­né Hou­se­man? –Un sim­ple ser hu­ma­no que tu­vo la suer­te de ser ju­ga­dor de fút­bol. Fui un ju­ga­dor, sólo que tu­ve la for­tu­na de lle­gar a in­te­grar una Se­lec­ción.

2 – ¿Con qué brin­das­te el 31 de di­ciem­bre?–Con ga­seo­sa.

3– ¿Con cuán­ta pla­ta te aga­rró el co­rra­li­to?–¿Qué co­rra­li­to? En el chi­que­ro me aga­rra­ron...

4 – ¿Fuis­te a al­gún ca­ce­ro­la­zo? –No, só­lo es­tu­ve vien­do uno des­de la puer­ta de mi ca­sa, en Li­ber­ta­dor y Eche­ve­rría. Com­par­to la bron­ca de la gen­te, pe­ro no me ani­mé a aga­rrar la ca­ce­ro­la por­que me da ver­güen­za.

5 – Si los sa­queos a los su­per­mer­ca­dos te hu­bie­ran aga­rra­do an­tes de ser fut­bo­lis­ta, ¿hubieras ido a arra­sar las gón­do­las? –Se­gu­ro. ¿Qué que­rés? La gen­te se mue­re de ham­bre. Pe­ro no jus­ti­fi­co a los que se afa­nan te­le­vi­so­res pa­ra des­pués ven­der­los. Eso es de cho­rros.

Por primera vez, posa con la camiseta de Huracán un joven de 19 años proveniente de Defensores de Belgrano: René Orlando Houseman. En ese Torneo de Verano debuta de titular y hace un gol.

6 – ¿Quién tu­vo la cul­pa del fra­ca­so en Fran­cia 98?–Pas­sa­re­lla. No sa­be di­ri­gir ni pa­rar a los ju­ga­do­res en la can­cha. El ti­po ése no sa­be na­da de fút­bol.

7– ¿Qué pen­sas­te cuan­do obli­gó a los ju­ga­do­res a cor­tar­se el pe­lo? –Que era un pe­lo­tu­do. Cuan­do Pas­sa­re­lla ju­ga­ba era un as­que­ro­so y aho­ra se ha­ce el fi­no con lo del pe­li­to cor­to. De­ja­me de jo­der. Po­nía mier­da en los pi­ca­por­tes, era un hi­jo de pu­ta. Ese ti­po no exis­te.

8 – ¿Nun­ca vol­vis­te a ha­blar con él? –No, ni me in­te­re­sa. Cuan­do más lo ne­ce­si­té no me ayu­dó. Una vez le pe­dí al­go de gui­ta pa­ra el en­tie­rro de mi ma­dre. Pe­ro no su­po ti­rar­me un cen­tro pa­sa­do y me dio la es­pal­da en uno de los mo­men­tos más jo­di­dos de mi vi­da.

9– ¿La tar­de de tu des­pe­di­da fue “el día per­fec­to”? –Sí, no po­día pe­dir más. Me emo­cio­nó ver la can­cha lle­na, no lo es­pe­ra­ba. En­con­trar­me con com­pa­ñe­ros que no veía ha­cía mu­chos años me pu­so muy con­ten­to. Fue uno de mis días más fe­li­ces.

10 – ¿Quién es­pe­ra­bas que fue­ra y fal­tó? –El más gran­de. No sé por qué no fue. Yo lo quie­ro mu­cho a Die­go, pe­ro me de­frau­dó. Ha­brá te­ni­do sus ra­zo­nes...

11–Ese día se re­cau­da­ron cer­ca de 35 mil pe­sos, ¿qué hi­cis­te con el di­ne­ro? – ¡Qué no hi­ce! Me com­pré co­sas, pa­gué deu­das, arre­glé par­te de mi ca­sa... De esa gui­ta no me que­da ni una mo­ne­da.

12 – ¿Quién fue el que me­jor te mar­có? –El Co­ne­jo Ta­ran­ti­ni.  Me sa­ca­ba del par­ti­do con el cha­mu­yo. Era te­rri­ble. Me de­cía un mon­tón de co­sas, yo me vol­vía lo­co y me iba pa­ra la otra pun­ta por­que no me lo ban­ca­ba.

13 – ¿Te da bron­ca que Hu­ra­cán no te ofrez­ca al­gún car­go en el club? –Me ofre­cie­ron, pe­ro no lo acep­té. Que­rían que di­ri­gie­ra las in­fe­rio­res, pe­ro no qui­se por­que es­ta­ba Jor­ge Ba­tet, que es el di­ri­gen­te al que más odio. El me cor­tó el sub­si­dio que yo te­nía de Hu­ra­cán. Eran 50 man­gos por se­ma­na y me los ba­jó. Ese ti­po nun­ca me qui­so.

La pinta en 1973, el año que fue campeón con Huracán.

14 – ¿Cuán­do na­ció tu amor por Hu­ra­cán? Por­que de chi­co eras de Bo­ca... –Eh, pa­rá, no me des­cha­vés... Sí, es ver­dad, era de Bo­ca y te­nía a Ro­ji­tas co­mo ído­lo, pe­ro cuan­do arran­qué en Hu­ra­cán le em­pe­cé a aga­rrar ca­ri­ño y ter­mi­né hacién­do­me fa­na del Glo­bo.

15– ¿Có­mo fue ju­gar en Su­dá­fri­ca?  –Muy lin­do, apren­dí mu­cho. Que­dé fas­ci­na­do con los ne­gros. Una de las co­sas que me vol­vió lo­co fue el fút­bol fe­me­ni­no. Ver ju­gar a las mi­nas fue al­go es­pec­ta­cu­lar.

16 – ¿Pe­ro qué co­sas apren­dis­te? –Al­gu­nos se­cre­tos del in­glés, so­bre to­do tres fra­ses: “One wi­ne, one beer y one scotch” (un vi­no, una cer­ve­za y un whisky).

17– ¿Qué sig­ni­fi­có Me­not­ti pa­ra vos? –To­do. Me dio con­fian­za y la po­si­bi­li­dad de ju­gar en la Se­lec­ción. Pe­ro más que na­da me dio ca­ri­ño. Fue un pa­dre pa­ra mí.

18 – ¿Cuán­tas ve­ces tu­vo que ir a bus­car­te a los par­ti­dos de la vi­lla? –Una so­la. Yo es­ta­ba sen­ta­do en el ban­co. Se acer­có y me di­jo: “Hou­se­man, ¿qué ha­ce acá?”. Yo le con­tes­té: “¿Qué quie­re que ha­ga? Mi­re có­mo la mue­ve el wing nues­tro”. Cla­ro, en la vi­lla yo iba al ban­co por­que al otro día te­nía que ju­gar en Hu­ra­cán. Era cons­cien­te, mi­rá vos...

19–Cuan­do an­dás to­dos los días por Ex­cur­sio­nis­tas, ¿nin­gu­no te re­pro­cha tu pa­so por De­fen­so­res de Bel­gra­no? –¿Qué me van a de­cir? Si cuan­do era pi­be me fui a pro­bar a Ex­cur­sio y me ra­ja­ron por­que de­cían que era muy vi­lle­ro. To­do bien, Ex­cur­sio es mi ca­sa, pe­ro na­die me pue­de de­cir na­da.

20 – ¿Y có­mo te tra­tan en De­fe? –No, ahí fui de­cla­ra­do per­so­na no gra­ta, igual que Sa­vio­la y Co­pa­ni. No sa­bés el pro­ble­ma que me ha­go, ufff­... no duermo.

21–De to­dos los tra­ba­jos que tu­vis­te, ¿cuál fue el que me­nos te gus­tó? –¿El que me­nos me gus­tó? En rea­li­dad, lo que nun­ca me gus­tó fue tra­ba­jar, así de sim­ple. La­bu­ré de to­do: fui so­de­ro, ca­de­te de far­ma­cia, car­ni­ce­ro, ver­du­le­ro. Lo que más me gus­tó fue el tra­ba­jo en la car­ni­ce­ría. Aho­ra soy un ex­per­to cor­tan­do car­ne.

22 – ¿Te gus­ta có­mo jue­ga es­ta Se­lec­ción?  –Me en­can­ta. Me gus­ta có­mo los ha­ce ju­gar Biel­sa. Por­que el Lo­co va al ata­que con cual­quie­ra y en cual­quier la­do. El equi­po tie­ne mu­cha per­so­na­li­dad.

23 – Si Biel­sa fue­ra tu téc­ni­co y te di­je­ra: “Hou­se­man, co­rra en for­ma trans­ver­sal has­ta con­se­guir la re­cu­pe­ra­ción del tras­la­do de su com­pa­ñe­ro”. ¿Qué ha­rías? –No le en­tien­do na­da, me voy al ves­tua­rio. Chau, que se que­de ha­blan­do so­lo. No le du­ro ni dos días.

24– ¿Qué co­sas en­con­trás en co­mún en­tre es­ta Se­lec­ción y la de tu épo­ca? –La dis­ci­pli­na. Me­not­ti era un ti­po que se fi­ja­ba mu­cho en eso. Y pa­re­ce que Biel­sa tam­bién.

A Houseman lo cruzaban fiero en todos los partidos, pero el Loco, además de firuletear, también ponía fuerte.

25– ¿Hou­se­man po­dría ser un “ex­tre­mo de­re­cho” de es­ta Se­lec­ción? –Si lo es Ca­nig­gia, ¡¿có­mo no po­dría ser­lo yo?! Sin des­me­re­cer a Clau­dio, que a los 35 años es un gran ju­ga­dor.

26–¿Hu­ra­cán o Ex­cur­sio­nis­tas? –Nooooo, ésa no te la pue­do res­pon­der. Me que­do con los dos.

27– ¿Por qué, cuan­do ter­mi­nó el Mun­dial 78, pe­dis­te dis­cul­pas por tu ac­tua­ción? –Por­que sen­tía que ha­bía de­frau­da­do a la gen­te. No ju­gué co­mo es­pe­ra­ban. El pro­ble­ma es que es­ta­ba de­ma­sia­do en­tre­na­do. Piz­za­rot­ti nos ma­ta­ba. Pen­sa­ba que si en­tre­ná­ba­mos más íba­mos a ren­dir me­jor. Y era al re­vés. Por lo me­nos con­mi­go.

28–¿Qué sa­bías de lo que es­ta­ba pa­san­do en el país en ese mo­men­to? –No sa­bía­mos na­da, yo no te­nía ni idea.

29 – ¿Qué opi­nás de Vi­de­la? –Una man­cha ne­gra pa­ra el go­bier­no.

30 – ¿Lle­gas­te a sa­lu­dar­lo? –Sí. Y hoy es­toy arre­pen­ti­do.

31 – ¿Te sor­pren­dió lo fá­cil que se le dio a Ar­gen­ti­na el fa­mo­so 6-0 con Pe­rú? –De ra­ro no hu­bo na­da, por lo me­nos no­so­tros no nos en­te­ra­mos. Igual, ellos a los 15 mi­nu­tos pe­ga­ron un ti­ro en el pa­lo. Y des­pués Ar­gen­ti­na apre­tó el ace­le­ra­dor. Co­mo hi­ci­mos seis po­dría­mos ha­ber­les me­ti­do quin­ce. Pe­rú no se de­jó pa­sar por en­ci­ma; no­so­tros los pa­sa­mos por arri­ba.

32 – ¿Por qué fra­ca­só la Se­lec­ción del 74? –Por­que fue­ron mu­chas fi­gu­ri­tas a mos­trar­se pa­ra que los vie­ran en Eu­ro­pa.

33 – ¿A quié­nes te re­fe­rís? –No, ni en pe­do te doy los nom­bres.

34 – ¿Tu peor mo­men­to en el fút­bol? –Cuan­do es­tu­ve en Ri­ver, sin du­das. Me fal­tó suer­te y tam­bién con­ti­nui­dad. No me pu­de adap­tar al equi­po y me tu­ve que ir. Una lás­ti­ma. 

En 1974. Marcandole un golazo a Italia. Fue la figura de la Selección en el Mundial de Alemania.

35 – ¿Por qué creés que al­gu­nos clu­bes es­tán al bor­de de la quie­bra? –Por­que los di­ri­gen­tes ro­ban. No es ine­fi­cien­cia, es afa­no. Así los cho­rros se lle­nan de gui­ta.

36 – ¿Qué sen­tis­te el día que mu­rió Pe­rón? Una tre­men­da tris­te­za. Me acuer­do de que me lar­gué a llo­rar. Lo vi­ví a la dis­tan­cia por­que es­ta­ba con la Se­lec­ción en Ale­ma­nia, dis­pu­tan­do el Mun­dial. En ese mo­men­to me que­ría vol­ver, pe­ro to­da­vía nos fal­ta­ba un par­ti­do y nos tu­vi­mos que que­dar.

37 – ¿Lo lle­gas­te a co­no­cer en per­so­na? –Sí, en la Quin­ta de Oli­vos, cuan­do fui­mos con Hu­ra­cán a re­ti­rar un pre­mio que nos en­tre­gó él per­so­nal­men­te. Me dio la ma­no y me di­jo: “Us­ted es el fa­mo­so Hou­se­man...”.

El Loco Houseman asombra al Mundo en Alemania 1974

38– ¿Y vos le con­tes­tas­te: “Y us­ted es el fa­mo­so Pe­rón”? –Nooo, hu­bie­se si­do una fal­ta de res­pe­to.

39– ¿Qué opi­nás de Li­li­ta Ca­rrió? –Que tie­ne que ba­jar unos cuan­tos ki­los. En vez de ha­blar bo­lu­de­ces la gor­da ten­dría que de­di­car a en­tre­narse.

40– ¿Te abu­rre el fút­bol ac­tual? –En general, el fút­bol me gus­ta. Es lin­do pa­ra la vis­ta. Lo que pa­sa es que Bi­lar­do ma­tó a los wi­nes. Abu­rrió el fút­bol con sus vo­lan­tes ca­rri­le­ros y esas co­sas ra­ras que in­ven­tó.

41– ¿Có­mo era la vi­da en la vi­lla del Ba­jo Bel­gra­no? –Vi­vir ahí fue lo me­jor que me pa­só. En nin­gún la­do es­ta­ba tan tran­qui­lo co­mo en la vi­lla. Yo era un pi­be fe­liz al que no le fal­ta­ba na­da. Me pa­sa­ba el día en­te­ro pa­tean­do con­tra el pa­re­dón.

42 –¿Qué sig­ni­fi­ca pa­ra vos ser vi­lle­ro? –Mu­chas per­so­nas cri­ti­can a la gen­te de la vi­lla; pa­ra mí, es un or­gu­llo. Siem­pre voy a ser vi­lle­ro. Y lo di­go sin dra­ma: soy vi­lle­ro a muer­te.

La magia del Loco en un clásico contra San Lorenzo.

43–¿Es ver­dad que en la vi­lla te de­cían “cer­do” por­que te gus­ta­ba ju­gar en el ba­rro? –Sí, me de­cían cer­do, pe­ro no por el ba­rro si­no por­que era un su­cio... No me ba­ña­ba nun­ca, só­lo cuan­do llo­vía. Si ha­bía ja­bón, me­jor; si no, co­mo ve­nía.

44–¿Có­mo fue la re­la­ción con tu pa­dre? –A pe­sar de que es­tu­vo con­mi­go, no lle­gué a co­no­cer­lo por su en­fer­me­dad. Su­fría pa­rá­li­sis, de­men­cia, ca­si no le po­día ha­blar. Me hu­bie­se gus­ta­do sa­ber más de él.

45– ¿Es ver­dad que só­lo por una maes­tra eras ca­paz de ter­mi­nar los es­tu­dios? –Sí, por la se­ño­ri­ta Le­ti­cia, la de se­gun­do gra­do. Es­ta­ba bár­ba­ra. Si la se­guía vien­do me que­da­ba a vi­vir en el co­le­gio. Pe­ro no la tu­ve más y lar­gué.

46 –En una épo­ca se de­cía: “Ar­que­ros bo­lu­dos, wi­nes lo­cos”. ¿Coin­ci­dís que pa­ra ser wing ha­bía que es­tar un po­co lo­co? –Sí, es ver­dad, ha­bía que es­tar lo­co pa­ra ban­car­se so­lo en la pun­ta. La pe­lo­ta no lle­ga­ba nun­ca y te vol­vías lo­co de so­le­dad. 

47 –¿Quién te echó de Ri­ver? –No me echó na­die. Las co­sas no me sa­lían bien y de­ci­dí ir­me.

48 –Si­guien­do con Ri­ver, ¿te gus­ta Ra­món Díaz co­mo téc­ni­co? –Es muy ca­paz. Tie­ne un gran plan­tel y suer­te. No cual­quie­ra di­ri­ge ese equi­po, eh. Hay que es­tar...

49– ¿Por qué cuan­do se gra­ba­ba en Ex­cur­sio­nis­tas la se­rie RR. DT., con Car­los Cal­vo, te ofre­cie­ron ser ac­tor y no aga­rras­te? –Iba a ac­tuar ha­cien­do el pa­pel del due­ño del buf­fet, pe­ro lle­gué tar­de, co­mo siem­pre, y ya ha­bían con­se­gui­do un reem­pla­zan­te. Lás­ti­ma, al­gu­nas mo­ne­das hu­bie­ran en­tra­do.

Rene en un dia feliz, el día de su despedida, junto con los que "estuvieron cuando había que estar". Foto: Alejandro del Bosco

50– ¿Por qué tu hi­jo Die­go no si­guió tus pa­sos co­mo fut­bo­lis­ta? –Pien­so que le pe­só el ape­lli­do y lar­gó. Es un ju­ga­do­ra­zo, zur­do. Siem­pre ha­blá­ba­mos de la po­si­bi­li­dad de que fuera fut­bo­lis­ta. Yo le de­cía que le me­tiera pa­ra ade­lan­te, pe­ro la de­ci­sión fue su­ya.

51– ¿Hay ca­re­tas en el fút­bol? –Hay bas­tan­tes, ca­da vez son más. Ti­pos que se man­da­ron flor de ca­ga­das y des­pués la van de ino­cen­tes. Es­tá lle­no. Tam­bién es­tá lle­no de ca­go­nes, pe­ro no me pre­gun­tes nom­bres, por­que tam­po­co voy a dar.

52– ¿Cuán­do fue la úl­ti­ma vez que tu­vis­te mie­do? –Aho­ra. Sí, aho­ra ten­go mie­do.

53 – ¿A qué le te­nés mie­do? –Ten­go mie­do de mo­rir­me. Es­toy con pro­ble­mas, do­lo­res es­to­ma­ca­les... No sé si es cán­cer o qué. Los mé­di­cos no me di­cen na­da. Pe­ro yo la pa­so mal, apar­te mi vie­jo y mi vie­ja mu­rie­ron de cán­cer. Ha­ce bas­tan­te que es­toy con es­te mie­do.

54– ¿Los mé­di­cos te di­je­ron que te­nés cán­cer? –Es­toy es­pe­ran­do que mi mé­di­co vuel­va de va­ca­cio­nes por­que es­toy muy preo­cu­pa­do. Ya el año pa­sa­do es­tu­ve con es­ta preo­cu­pa­ción. Me hi­ce va­rios aná­li­sis, pe­ro no me de­tec­ta­ron na­da. No sé, no sé, es­pe­re­mos...

55– ¿Cuán­do fue la úl­ti­ma vez que to­mas­te al­co­hol? –Ha­ce 13 años. 

Con la celeste y blanca fue Campeón Mundial en 1978

56– ¿Ni una go­ta? ¿Ni una cer­ve­za? –Na­da. Me lo pro­hi­bió el mé­di­co y di­je bas­ta. Hoy veo una bo­te­lla y no se me mue­ve un pe­lo.

57 – ¿Có­mo te re­cu­pe­ras­te de la be­bi­da? –Es­tu­ve in­ter­na­do 22 días en el Hos­pi­tal Du­rand. Me lle­vó mi her­ma­na. Yo pen­sa­ba que iba a es­tar un ra­to y des­pués me vol­vía. ¡Pe­ro es­tu­ve tres se­ma­nas! Me asus­té y di­je: no to­mo más. Si no hu­bie­ra es­ta­do in­ter­na­do, por ahí hoy se­guía chu­pan­do...

58 – ¿Qué co­sas te qui­tó el al­co­hol?  –Mu­chas. En lo fut­bo­lís­ti­co, las pier­nas. Hu­bie­se ju­ga­do mu­chos años más. Y en lo per­so­nal me per­dí la opor­tu­ni­dad de ver cre­cer a mis hi­jos. De­cí que me in­ter­né, si­no hu­bie­ra se­gui­do chu­pan­do co­mo un lo­co.

59 –La ver­dad: ¿cuán­tas ve­ces ju­gas­te bo­rra­cho, bo­rra­cho? –Una so­la, con­tra Ri­ver, por el Me­tro 77. Me fui a la ma­dru­ga­da de la con­cen­tra­ción al cum­plea­ños de mi hi­jo y vol­ví bo­rra­cho a las 11 de la ma­ña­na. ¿Y qué que­rés? Ha­bía bai­le y a mí me en­can­ta­ba. Cuan­do apa­re­cí los di­ri­gen­tes no que­rían que ju­ga­ra, pe­ro yo les di­je: “Es­pe­ren que me duer­mo una sies­ta y des­pués ve­mos”. Me dor­mí dos ho­ri­tas, sa­lí a la can­cha, me­tí el gol, pe­dí el cam­bio y me fui a dor­mir. No da­ba más. Per­di­mos 2-1. 

60 – ¿Creés que en es­tos tiem­pos al­gún ju­ga­dor se ani­ma­ría a sa­lir a la can­cha en ese es­ta­do? –No, aho­ra la te­le es­tá más en­ci­ma del ju­ga­dor. Pe­ro a mí me ayu­dó es­tar en pe­do pa­ra ha­cer­le ese gol a Fi­llol. No sé bien por qué, pe­ro me sir­vió.

61 – ¿Vis­te el par­ti­do ho­me­na­je de Die­go? –Sí, un ra­to. Fue bár­ba­ro. 

62 – ¿Pen­sás co­mo él que la pe­lo­ta no se man­cha? –La pe­lo­ta nun­ca de­be­ría man­char­se, pe­ro se man­cha. La man­chan los di­ri­gen­tes cho­rros y los ju­ga­do­res que le pe­gan de pun­ta y pa­ra arri­ba.

63 – ¿Es cier­to que en Hu­ra­cán te ha­cías el le­sio­na­do pa­ra po­der dor­mir una sies­ta y de­jar­le el lu­gar a los su­plen­tes? –Pa­ra dor­mir, no. Lo ha­cía pa­ra que los otros mu­cha­chos ju­ga­ran y co­bra­ran el pre­mio. Yo con los pi­bes era bue­no, así po­dían jun­tar unos pe­sos. Pe­ro, ojo, na­die lo sa­bía. Era al­go mío.

64 – ¿Có­mo es  hoy un día en la vi­da de Re­né Hou­se­man? –Me le­van­to tar­de, al me­dio­día. Me que­do por el ba­rrio y los sá­ba­dos voy a ver a Ex­cur­sio­nis­tas. Pe­ro ge­ne­ral­men­te me que­do en ca­sa to­do el día mi­ran­do te­le­vi­sión. No ha­go na­da. 

En su época de River.

65– ¿De qué vi­vís? –De lo que la mu­tual de fut­bo­lis­tas me pa­ga y de una ayu­da de Nés­tor Vi­cen­te.

66 – En­tre to­das tus fu­gas de las con­cen­tra­cio­nes, ¿cual re­cor­dás más? –Me iba cuan­do no me cum­plían con al­gu­na par­te del con­tra­to. Ojo, no me es­ca­pa­ba, me iba por la puer­ta. Si no me pa­ga­ban lo que pro­me­tían, chau.

67 –¿Al­gu­na vez te re­co­men­da­ron ir al psi­có­lo­go? –Sí, un di­ri­gen­te de Hu­ra­cán. Fui, pe­ro no me gus­tó. Aho­ra es­tá in­ter­na­do el po­bre psi­có­lo­go.

68 – ¿Por qué, en to­da tu ca­rre­ra, de­ja­bas plan­ta­do a úl­ti­mo mo­men­to a los clu­bes que te que­rían con­tra­tar? –Nun­ca de­jé plan­ta­do a na­die. Cuan­do no es­ta­ban cla­ras las co­sas me que­da­ba en mi ca­sa. Pe­ro nun­ca pro­me­tí y no cum­plí.

69 – ¿Qué ti­po de mu­jer te gus­ta? –La que ten­go: Ol­ga, mi es­po­sa. 

Últimas imagenes del Loco con la pelota. Foto: Alejandro del Bosco

70 – ¿Y sa­can­do a tu es­po­sa?   –Jes­si­ca, mi hi­ja.

71 – ¿Y sa­can­do a la fa­mi­lia? –To­das.

72– ¿Sos de men­tir mu­cho en el tru­co? –Sí, mien­to mu­cho, diría que bastante, pe­ro só­lo en el tru­co. Acá no, eh.

73 – ¿Or­te­ga es el Hou­se­man del 2002? –Sí, un ju­ga­do­ra­zo. Me gus­ta un mon­tón.

74 –Pe­ro ha­ce un par de años di­jis­te que era una ca­le­si­ta...–Está bien, pero cuan­do se sa­có la sor­ti­ja de­jó de ser ca­le­si­ta.

75 –¿Cres­po o Ba­tis­tu­ta? –Ba­ti, sin du­das. Por su ca­pa­ci­dad go­lea­do­ra y su po­ten­cia. Cres­po no me gus­ta. No lo veo co­mo un ju­ga­dor. Ese pi­be ten­dría que ser ac­tor...

76 – ¿Ves a tus com­pa­ñe­ros del 78? –Muy po­co, só­lo si nos cru­za­mos ca­sual­men­te. No nos ha­bla­mos pa­ra en­con­trarnos.

77– ¿Ya no exis­te el amor a la ca­mi­se­ta? –No, aho­ra exis­ten el amor al bol­si­llo y a los bi­lle­tes.

78 –Sa­can­do a Pas­sa­re­lla, ¿a quién no te ban­cás del am­bien­te? –El úni­co qui­lom­bo es con él. No exis­te. Pe­ro con el res­to es­tá to­do bien. 

79 –¿Al­gu­na vez te har­tas­te del fút­bol? –Nun­ca. Fue lo más lin­do que me pa­só en la vi­da. Ja­más lo to­mé co­mo un tra­ba­jo, pa­ra mí fue siem­pre una di­ver­sión.

80 – ¿Cua­les son tus vi­cios ac­tual­men­te? –El ci­ga­rri­llo. Me fu­mo un pa­que­te y me­dio por día.

81– ¿Qué pa­só en 1980 cuan­do una mu­jer te acu­só por vio­la­ción? –No pa­só na­da, to­do men­ti­ra. Me co­mí el ga­rrón de te­ner que pa­gar­le un mon­tón de gui­ta a una cual­quie­ra. Fue só­lo pa­ra sa­car­me pla­ta.

En su despedida saludando a la gente Quemera, que lo adoraba. Foto: Alejandro del Bosco

82 – ¿No te­nés mie­do de que Hu­ra­cán se va­ya a la B? –No, Mi­guel es un téc­ni­co que sa­be mu­cho y lo va a sal­var del des­cen­so.

83 – ¿En al­gún mo­men­to el al­co­hol te lle­vó a con­ver­tir­te en un ti­po vio­len­to? –No, vio­len­to no, pe­ro era de reac­cio­nar mal. Gri­ta­ba, in­sul­ta­ba. Pe­ro no fa­ja­ba ni vio­la­ba mi­nas, eh.

84– ¿La úl­ti­ma vez que llo­ras­te? –Ha­ce más de un año, cuan­do mi hi­ja se fue a vi­vir a Cór­do­ba con su fa­mi­lia. La ex­tra­ño mu­cho. A ella y a mi hi­jo, que es­tá en el Sur.

85 –Al­gu­nas de­fi­ni­cio­nes: Die­go Ma­ra­do­na. –Dios.

86 –Ju­lio Gron­do­na. –Uno de los di­ri­gen­tes más ca­pa­ces e in­te­li­gen­tes del fút­bol.

87 –Ma­rio Kem­pes. –Un gran go­lea­dor.

88 –Mi­guel Brin­di­si  –Un mons­truo. Un se­ñor.

89 –Eduar­do Du­hal­de. –Oja­lá sea la per­so­na que se­pa go­ber­nar y nos sa­que ade­lan­te.

90 – ¿Te gus­ta­ría ser téc­ni­co? –No me sien­to ca­pa­ci­ta­do. Pa­ra eso hay que sa­ber ma­ne­jar un gru­po. Me gus­ta­ría ser el ayu­dan­te de cam­po de un buen téc­ni­co.

A los 48 años, cuando realizó esta nota.

91 – ¿Has­ta dón­de lle­ga la dro­ga en el fút­bol? –Nun­ca vi a na­die fa­lo­pear­se en un ves­tua­rio. Nunca.

92 – ¿Al­gu­na vez te ofre­cie­ron pla­ta pa­ra ir a me­nos? –Jamás. Siem­pre me die­ron gui­ta pa­ra ir a más.

93 –Si te en­con­tra­ras con la lám­pa­ra de Ala­di­no, ¿qué tres de­seos pe­di­rías? –Que Hu­ra­cán sal­ga cam­peón, que las co­sas me va­yan bien en el resto de mi vida y que mi fa­mi­lia siem­pre ten­ga sa­lud.

94 – ¿El al­co­hol es una lu­cha de to­dos los días o lo gam­be­teas­te del todo? –Gra­cias a Dios, ya lo su­pe­ré. No se me cru­za por la ca­be­za to­mar­me un va­so de vi­no.

95– ¿Te pa­ga­ron bien por apa­re­cer en la pu­bli­ci­dad de Di­recTV? –Sí. Igual só­lo me que­da­ron cin­cuen­ta cen­ta­vos.

96 – ¿Y quién fue el que me­jor ac­tuó? –Yo, sin du­das. Estuve fenómeno. Los peo­res fue­ron Or­tiz y Fi­llol, un de­sas­tre, je. Pe­ro nos ca­ga­mos de ri­sa.

97– ¿No te vis­te me­dio ri­dí­cu­lo bai­lan­do con esas re­me­ras vie­jas? –¿Ri­dí­cu­lo con tres lu­cas en el bol­si­llo?

98–¿Te arre­pen­tís de al­go en tu vi­da? –De na­da. Yo ten­go un di­cho que mantengo en cualquier circunstancia: “El que se arre­pien­te en la vi­da, pier­de”. Lo he­cho, he­cho es­tá. Y más a los 48 años que ten­go hoy.

99 – Cuan­do lle­gues al cie­lo y te en­cuen­tres con el Bar­bu­do, ¿qué te va a decir? –Nooo, ol­vi­da­te. Me sa­ca­ a pa­ta­das en el cu­lo. ¿Qué que­rés? Con las co­sas que hi­ce en la tie­rra...

100 – ¿Te que­da al­gu­na cuen­ta pen­dien­te? –Sí, és­ta. Pa­guen el sán­gu­che y los ca­fés que no ten­go un man­go.

DIEGO BORINSKY y TOMÁS OHANIAN (2002)

 

Por Redacción EG: 09/10/2018

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