LAS CRóNICAS DE EL GRáFICO

2002. GOYCO 100x100

- por Redacción EG: 30/09/2018 -

Las 100 preguntas a una figura histórica de la Selección y verdadero trotamundos del fútbol, el Vasco Sergio Goycoechea repasa una trayectoria bordada por tantos momentos épicos como situaciones extremas.

1 ¿Ma­no a ma­no con un de­lan­te­ro o con un en­tre­vis­ta­do? Con un en­tre­vis­ta­do. El de­lan­te­ro tie­ne la pe­lo­ta y de­ci­de. Aho­ra la pe­lo­ta, que es el mi­cró­fo­no, la tengo yo. Es más fá­cil.

2 ¿Por qué ele­gis­te ser pe­rio­dis­ta en vez de en­tre­na­dor o em­pre­sa­rio? Nun­ca me se­du­jo ser téc­ni­co o em­pre­sa­rio, pre­fe­ría ser pre­pa­ra­dor de ar­que­ros, una pro­fe­sión que acá no es­tá muy de­sa­rro­lla­da. El pe­rio­dis­mo de­por­ti­vo siem­pre me gus­tó. De­ci­dí en­ca­rar­lo se­ria­men­te, es­tu­dié y em­pe­cé con la fi­lo­so­fía de Mer­lo: pa­so a pa­so.

3 ¿Fuis­te buen alum­no? Muy bue­no. La fa­ma me au­men­tó la res­pon­sa­bi­li­dad. Sin pe­car de pe­dan­te, sa­bía que no era uno más. No que­ría que los pi­bes pen­sa­ran que ve­nía a ga­rro­near el tí­tu­lo por mi nom­bre. Au­men­té la exi­gen­cia e hi­ce el cur­so a full en el ins­ti­tu­to de Qui­que Wolff.

4 ¿Por qué tu vie­jo no te que­ría po­ner el día que de­bu­tas­te en el Li­ma Fút­bol Club? Por el “qué di­rán”. Los otros ju­ga­do­res lo con­ven­cie­ron de que yo pa­re­cía buen ar­que­ro, na­die iba a pen­sar que ju­ga­ba por ser el hi­jo del téc­ni­co. De­bu­té con un em­pa­te con­tra Cen­tral Bue­nos Ai­res, a los 15 años, y luego sa­li­mos cam­peo­nes. Li­ma FC tie­ne só­lo dos tí­tu­los: ése de la Li­ga Za­ra­te­ña y uno noc­tur­no.

5 ¿Ex­tra­ñás al­go de tu épo­ca de ju­ga­dor? Aho­ra no, pe­ro al prin­ci­pio fue du­ro. Es­ta pro­fe­sión se acaba a los 30 y pi­co, cuan­do el res­to de la gen­te se con­so­li­da en lo su­yo. Un do­min­go de­jás de ju­gar y el lu­nes se te ter­mi­nó to­do. Pue­den ser­vir los con­se­jos, pe­ro el due­lo es tu­yo, in­trans­fe­ri­ble.

6 ¿Te sen­tías api­cho­na­do en me­dio de aque­llos mons­truos que ga­na­ron to­do con el Ri­ver 86? No, fue muy lin­do. Me to­có ju­gar mu­cho. No en la Li­ber­ta­do­res ni en To­kio, pe­ro sí en el tor­neo lo­cal. Es­ta­ban Alon­so, Ga­lle­go, Al­za­men­di, Rug­ge­ri, Pum­pi­do… De­ma­sia­dos ti­pos con tra­yec­to­ria, co­sa que hoy no se da por­que el mer­ca­do cam­bió. Es im­po­si­ble re­te­ner a las fi­gu­ras.

7 ¿Quién era tu con­se­je­ro? El To­lo Ga­lle­go. Lle­gué so­lo a la gran ciu­dad y me con­tu­vo. Me lle­va­ba y me traía del en­tre­na­mien­to, co­mía en su ca­sa, me ha­bla­ba mu­cho… El To­lo ya era cam­peón del mun­do y esa sen­ci­llez no só­lo me ayu­dó, si­no que me des­lum­bró y me sir­vió de ejem­plo.

8 ¿Cuál fue la char­la téc­ni­ca que más te pe­gó? No por el con­te­ni­do, si­no por la se­gu­ri­dad del en­tre­na­dor. An­tes de ju­gar con Ita­lia, en el Mun­dial 90, Bi­lar­do di­jo: “Si me dan bo­la, es­te par­ti­do es el más fá­cil”. Los te­nía muy es­tu­dia­dos. Fue nues­tro me­jor par­ti­do. No im­por­tó que ellos fue­ran lo­ca­les ni que se tra­ta­ra de una se­mi­fi­nal del mun­do.

9 ¿Por qué fra­ca­sa­mos en el Mun­dial? Por­que es fút­bol. Una ma­la tar­de te de­ja afue­ra. Ar­gen­ti­na no lle­gó al Mun­dial con las in­di­vi­dua­li­da­des en su me­jor momento. Pe­se a que siem­pre fue un blo­que, sin­tió el ba­jo ni­vel de Ve­rón. Y no li­gó na­da. Con un ca­chi­to de suer­te, a Sue­cia le me­tía­mos tres.

Baño de gloria junto a los próceres del River 86: Gallego, Ruggieri y Francescoli.

10 ¿Es­tá bien que le ha­yan re­no­va­do a Biel­sa? Si ana­li­za­mos to­do el ci­clo, es­tá bien. Pe­ro me sor­pren­dió, acá so­mos re­sul­ta­dis­tas. Biel­sa es un ti­po in­te­li­gen­te y sa­brá ca­pi­ta­li­zar la ex­pe­rien­cia de los pri­me­ros cua­tro años. Uno de nues­tros de­fec­tos en la Se­lec­ción es ne­gar el va­lor de lo que hi­zo el en­tre­na­dor an­te­rior, siem­pre em­pe­za­mos de ce­ro. Con su con­ti­nui­dad zafamos de ese pe­ca­do.

11 ¿Nos es­tá ma­tan­do el sín­dro­me post Ma­ra­do­na, co­mo le pa­só a Bra­sil des­pués de Pe­lé? No me pa­re­ce de­ter­mi­nan­te. Con Die­go per­di­mos un ju­ga­do­ra­zo que nos mar­ca­ba di­fe­ren­cia con otras se­lec­cio­nes de si­mi­lar po­ten­cial. Pe­ro no creo que su au­sen­cia in­ci­da hoy en el pla­no psi­co­ló­gi­co.

12 ¿Qué es más di­fí­cil: un Mun­dial o una eli­mi­na­to­ria? Es­ta eli­mi­na­to­ria es más fá­cil que el Mun­dial, no la que ju­ga­mos no­so­tros pa­ra USA 94, cuan­do una ma­la no­che ca­si nos de­ja afue­ra hasta del re­pe­cha­je. Aho­ra la ju­gás en dos años y hay ca­si cin­co pla­zas pa­ra re­par­tir en­tre nue­ve, por­que a Ve­ne­zue­la siem­pre se le ga­na. Por me­nos di­fe­ren­cia, pe­ro se le ga­na. En 18 par­ti­dos te­nés re­van­cha.

13 ¿Quién te hi­zo hin­cha de In­de­pen­dien­te? Mi vie­jo. Me hi­zo so­cio no bien na­cí y me lle­vó a la can­cha por pri­me­ra vez. Un par­ti­do que le ga­na­mos 2-1 a Cha­ca­ri­ta, en el 68 o 69. To­da­vía no exis­tía la tri­bu­na Cor­de­ro al­ta.

14 ¿Bo­chi­ni era tu ído­lo? Ad­mi­ré al Bo­cha, pe­ro mi ído­lo fue el Pa­to Fi­llol.

15 ¿Có­mo fue tu pri­mer con­tac­to con el Pa­to? De ven­ta­ni­lla a ven­ta­ni­lla. En el 80 ju­gué el pre­li­mi­nar de un Ar­gen­ti­na-Po­lo­nia con el Ju­ve­nil. Ese día pi­sé el Mo­nu­men­tal por pri­me­ra vez y me guar­dé de re­cuer­do el pas­ti­to que me que­dó en los bo­ti­nes… Me iba con mi vie­jo por la Pa­na­me­ri­ca­na y nos pa­só al la­do el mi­cro de la Se­lec­ción. El Pa­to iba en la ven­ta­ni­lla y me sa­lu­dó. Lle­gué a Li­ma con el pe­cho in­fla­do… Al tiem­po fui a Ri­ver y me re­ga­ló los pri­me­ros guan­tes que usé en la Se­lec­ción.

16 ¿Qué tal tu eta­pa en De­fen­so­res Uni­dos? Se me dio to­do rá­pi­do. Ju­gué 3 me­ses en la Pri­me­ra de Li­ma y me con­tra­tó De­fe pa­ra la C. Ojo: año 80, cuan­do la C era la ter­ce­ra ca­te­go­ría –no exis­tía la B Na­cio­nal– y se co­bra­ba un suel­do que hoy se­ría al­go así co­mo 1.000 pe­sos. No cual­quie­ra era pro­fe­sio­nal a los 16 años. De­jé de de­pen­der de mis vie­jos y co­men­cé a en­tre­narme a un rit­mo pro­fe­sio­nal.

17 ¿En la C te ima­gi­na­bas ju­gan­do un Mun­dial? No, ni si­quie­ra lo ima­gi­na­ba en el 86, ya en Ri­ver. Cuan­do Ar­gen­ti­na sa­lió cam­peón en Mé­xi­co sa­lí a fes­te­jar por Lima. En una es­qui­na me pa­ró un vecino: “En el 90 va­mos a sa­lir de nue­vo por­que vas a ata­jar vos”. Me le reí en la ca­ra. No sa­li­mos cam­peo­nes, pe­ro en­tré en el pue­blo en au­to­bom­ba...

18 ¿Cuán­do em­pe­zó la cá­ba­la de ori­nar an­tes de las de­fi­ni­cio­nes por pe­na­les? En Ita­lia 90, con­tra Yu­gos­la­via, y por ne­ce­si­dad. Re­gla­men­ta­ria­men­te, nin­gún ju­ga­dor pue­de aban­do­nar la can­cha en­tre el fi­nal del par­ti­do y la de­fi­ni­ción. Ese día ha­cía un ca­lor bár­ba­ro y ha­bía to­ma­do mu­cho lí­qui­do. Te­nía unas ga­nas bár­ba­ras de mear y no po­día ir al ves­tua­rio; así que ellos me ta­pa­ron, me aga­ché e hi­ce ahí. Des­pués se­guí el ri­to du­ran­te el ci­clo de Ba­si­le.

19 ¿La ha­cías solo en la Se­lec­ción o tam­bién en los clu­bes? Tam­bién, so­bre to­do en Olim­pia.

20 ¿Nun­ca te to­có el an­ti­do­ping y te que­das­te tres ho­ras por ha­ber he­cho pis an­tes de la de­fi­ni­ción? No. Jus­to sa­lí sor­tea­do con­tra Yu­gos­la­via, pe­ro za­fé rá­pi­do.

Inolvidable. Atandole el penal a Serena. Argentina elimina a Italia del Mundial 90.

21 ¿Cuán­tos pe­na­les ata­jas­te? No sé. Pe­ro con la Se­lec­ción ga­né las 5 de­fi­ni­cio­nes que ju­gué: dos en Ita­lia 90, dos en la Co­pa Amé­ri­ca y con­tra Di­na­mar­ca por la Ar­te­mio Fran­chi. Y con los clu­bes per­dí una so­la: en Ce­rro Por­te­ño, con­tra Bar­ce­lo­na de Ecua­dor. Ata­jé cuatro, pe­ro des­via­mos cinco.

22 ¿Eras de ha­blar­les a los pa­tea­do­res? Nun­ca. Me saqué una so­la vez, en un Olim­pia-Co­lo Co­lo. Pa­ra ellos ata­ja­ba Ra­mí­rez, otro ca­po pa­ra los pe­na­les. No me acuer­do el nom­bre del ti­po (Hisis), pe­ro an­tes de em­pe­zar me di­jo: “Vos en Ita­lia ata­jas­te pe­na­les de cu­lo”. Arran­ca­mos y Ra­mí­rez ata­ja el pri­me­ro. Ti­ran ellos y gol. Ti­ra­mos no­so­tros y otra vez ata­ja Ra­mí­rez. Vie­ne el ti­po és­te, pa­tea mor­di­do, me ro­za la pier­na y en­tra. Se fue pa­ra el me­dio ca­gán­do­se de ri­sa y yo ex­plo­ta­ba de ca­len­tu­ra. Pe­ro me­ti­mos los tres que fal­ta­ban y yo ata­jé el ter­ce­ro, el cuar­to y el quin­to. ¡Pa­ra qué! Sa­lí dis­pa­ra­do pa­ra gri­tár­se­lo en la ca­ra. Y cuan­do lle­go me ex­tien­de la ma­no y me di­ce: “La ver­dad, sos un fe­nó­me­no”. Me ca­gó. No lo pu­de gas­tar. 

23 ¿Quién es el me­jor ar­que­ro del mun­do? Al­gu­nos son bue­nos en el ma­no a ma­no, otros en el jue­go aé­reo… Os­car Cór­do­ba es muy com­ple­to, igual que Oli­ver Kahn. Iker Ca­si­llas pin­ta lin­do. Es pi­be, ata­ja en un ar­co que pe­sa 700 ki­los y ya ju­gó un Mun­dial. En el Real es­tá ha­cien­do la ex­pe­rien­cia ba­jo fue­go. Igual que Sa­ja, el me­jor de los de acá.

24 Tu pa­pe­lón más gran­de co­mo ju­ga­dor. Sien­do su­plen­te de Ri­ver, sa­lí del ban­co pa­ra fes­te­jar un gol de la Li­ber­ta­do­res 86, pi­sé una va­lla y me es­guin­cé. Por suer­te no tu­ve que en­trar...

25 ¿Y el gol más ton­to que te co­mis­te? Podría ser aquel de Bus­tos, con­tra Pla­ten­se. Pe­ro el más bo­lu­do me lo hi­cie­ron en Ciu­dad Juá­rez, Mé­xi­co, ju­gan­do un amis­to­so con Ri­ver. Es una zo­na de­sér­ti­ca, de cés­ped muy ra­lo, y las lí­neas eran zan­ji­tas. Me pa­tea­ron un ti­ri­to, me aga­ché pa­ra em­bol­sar­la, pi­có en la zan­ji­ta del área chi­ca y me pa­só por arri­ba. Si me pa­sa­ba acá, me te­nía que ma­tar.

26 ¿Sos me­dio Ma­ria­na Nan­nis pa­ra com­prar ro­pa? Noooo... me la com­pra mi se­ño­ra. Me gus­ta ves­tir bien, pe­ro no uso mar­cas ca­rí­si­mas.

27 ¿En las con­cen­tra­cio­nes eras de los tran­quis o de los qui­lom­be­ros? De los jo­do­nes. La más pe­sa­da que hi­ce ca­si ter­mi­na en des­gra­cia. Fue a Ga­lín­dez, el ma­sa­jis­ta de Ri­ver. Era mie­do­so con las ar­mas y yo te­nía una pis­to­la que usa­ba pa­ra ti­rar en el cam­po. Una no­che me ase­gu­ré de que es­ta­ba des­car­ga­da y lo em­pe­cé a jo­der, sa­bien­do que el Ta­no Gu­tié­rrez es­ta­ba es­con­di­do con otra de ce­bi­ta. Cuan­do le apun­té, el Ta­no ti­ró con el su­yo, acom­pa­ñan­do mi mo­vi­mien­to con su so­ni­do. Ga­lín­dez pen­só que le ha­bía ti­ra­do en se­rio. Se pu­so blan­co del ca­ga­zo, ca­yó des­plo­ma­do, le su­bió la pre­sión y tu­vo que aten­der­lo el doc­tor Pa­la­di­no. 

Con Maradona compartió una época dorada de la Selección, con la que ganó cinco títulos.

28 ¿Bi­lar­do te obli­gó a en­tre­nar el día de tu ca­sa­mien­to? Sí. Te­nía fe­cha en el Ci­vil pa­ra el jue­ves 14 de di­ciem­bre de 1989, así que le avi­sé en el en­tre­na­mien­to del miér­co­les. “No hay pro­ble­ma, Goy­co. Ca­sa­te al me­dio­día y a las cua­tro te es­pe­ro en la can­cha au­xi­liar de Vé­lez”. Y bué…

29 ¿Có­mo ca­li­fi­cás tu eta­pa en Olim­pia? Es­pec­ta­cu­lar. Le aga­rré el gus­to a vi­vir en Asun­ción y eso se re­fle­jó en la can­cha. Fui­mos sub­cam­peo­nes de la Con­me­bol, an­du­vi­mos bien en la Su­per­co­pa y muy cer­ca del tí­tu­lo lo­cal. De­jé mu­chos ami­gos, voy se­gui­do a vi­si­tar­los.

30 ¿Por qué te bau­ti­za­ron Ram­bo? Me lo pu­so un dia­rio cuan­do es­ta­ba en Ce­rro Por­te­ño, aque­lla no­che que ata­je 4 pe­na­les pe­ro erra­mos 5.

31 ¿Có­mo fue tu ni­ñez en Li­ma? Her­mo­sa. No ha­bía los pro­ble­mas de in­se­gu­ri­dad de hoy. Cre­cí en un pue­blo de puer­tas abier­tas, de can­chi­tas en ca­da es­qui­na. Y con una li­ber­tad de movimiento que hoy no pue­do dar­les a mis hi­jos.

32 ¿Tu pi­be es fut­bo­le­ro? Le en­can­ta, pe­ro no sé si se­rá fut­bo­lis­ta. Jue­ga pa­ra di­ver­tir­se en el Cen­tro Ga­li­cia, cer­ca de ca­sa. Es­tá bue­no pa­ra que se de­sa­rro­lle con el de­por­te y co­noz­ca a otros chi­cos, más allá de sus com­pa­ñe­ros de es­cue­la.

33 A pro­pó­si­to, ¿es cier­to que en la es­cue­la te la pa­sa­bas di­bu­jan­do ar­cos y tri­bu­nas en los cua­der­nos? Sí. Ar­cos, tri­bu­nas con gen­te, car­te­les de pu­bli­ci­dad, ju­ga­das. Al­gu­nas ma­te­rias no me gus­ta­ban y se me da­ba por di­bu­jar en cla­se.

34 ¿Por qué no an­du­vo bien el Ju­ve­nil que fue a Aus­tra­lia? Con ju­ga­do­res co­mo Bu­rruchaga, Mar­ti­no, el Tur­co Gar­cía... Era­mos gran­des in­di­vi­dua­li­da­des, pe­ro no le en­con­tra­mos la vuel­ta co­mo equi­po. Un vie­jo mis­te­rio del fút­bol.

35 ¿Cuán­tas ve­ces te hi­cie­ron la pre­gun­ta “Goy­co, cuál es el se­cre­to pa­ra ata­jar pe­na­les”? Mi­llo­nes y en mu­chos idio­mas. Cuan­do es­ta­ba en ac­ti­vi­dad, de­cía que lo iba a con­tes­tar des­pués del re­ti­ro. Pe­ro no hay se­cre­to. Es una con­jun­ción inex­pli­ca­ble de lo aní­mi­co, lo psi­co­ló­gi­co y lo téc­ni­co. Necesitás una gran sa­li­da de pier­nas porque es una ju­ga­da que no per­mi­te ca­mi­nar el ar­co, hay que dar un pa­so y vo­lar. Lue­go jue­gan la per­so­na­li­dad, la frial­dad, la in­tui­ción... Sa­ber que el pa­tea­dor car­ga con la res­pon­sa­bi­li­dad. Y que vas a ata­jar los pe­na­les que va­yan a 60 cen­tí­me­tros de los pa­los. En­tre el pa­lo y los 59 cen­tí­me­tros, ol­vi­da­te.

36 ¿Hay al­gún tu­rro que te di­ce “vos ata­jas­te to­dos, me­nos el de Breh­me”? No con ma­la le­che, pe­ro sí con pe­na. Has­ta yo me asom­bro de la re­la­ción con la gen­te, es al­go es­pe­cial. En una de­fi­ni­ción por pe­na­les, don­de las pul­sa­cio­nes es­tán a mil, me me­tí en el co­ra­zón de los hin­chas co­mo una da­ga. La gen­te to­da­vía me agra­de­ce las ata­ja­das y me di­ce que en el 90 fui­mos cam­peo­nes. Men­ti­ra: sa­li­mos se­gun­dos.

37 ¿Te cos­tó ab­sor­ber aque­lla fa­ma? Sí… Me cos­tó y me cam­bió la vi­da. Na­die es­tá pre­pa­ra­do pa­ra la fa­ma, sen­ci­lla­men­te por­que na­die es fa­mo­so an­tes de ser­lo. No me de­se­qui­li­bró co­mo per­so­na, pe­ro me mo­vi­li­zó co­sas in­ter­na­men­te.

38 ¿Tu me­jor ata­ja­da? Una do­ble con­tra Cha­ca­ri­ta, a Gia­che­llo, en el 85. Le ta­pé aba­jo, me ca­be­ceó el re­bo­te al otro án­gu­lo, vo­lé de pa­lo a pa­lo y la sa­qué.

39 ¿A quién cul­pás por la cam­pa­ña de di­fa­ma­ción del 88, cuan­do se frus­tró el pa­se de Ri­ver a San Lo­ren­zo y lle­gó a de­cir­se que te­nías si­da? No hu­bo un cul­pa­ble. Tu­ve un gra­do ar­trí­ti­co in­fec­cio­so, un des­pren­di­mien­to ex­ter­no cla­vi­cu­lar iz­quier­do. En el afán de re­ser­var el diag­nós­ti­co, por­que po­día pen­sar­se que si tenía ar­tri­tis ya no ser­vía más, los mé­di­cos no lo de­cían. Se creó un man­to de du­da y ahí fer­men­ta­ron los ru­mo­res. To­do se potenció con un tí­tu­lo de El Grá­fi­co: “La ex­tra­ña en­fer­me­dad de Goy­co­chea”. Que era ex­tra­ña, por­que na­die lo ex­pli­ca­ba bien. En­ton­ces sa­lió lo del si­da y un mon­tón de co­sas… El error fue no de­cir la ver­dad con to­das las le­tras. Cuan­do te­nés una in­fec­ción así no te de­jan ni co­rrer. Si te gol­peás la cabeza, la in­fec­ción pue­de ir ahí. 

La facha de siempre, la sencillez inalterable. Foto: FERNANDO VENEGAS

40 ¿Qué en­se­ñan­za te de­jó esa ex­pe­rien­cia? Una si­tua­ción así te mar­ca a to­do ni­vel. Pa­re­cen fra­ses he­chas, pe­ro te das cuen­ta quién es­ta­ba cer­ca por­que te que­ría y quién por conveniencia. To­mé con­cien­cia de que in­te­gra­ba un me­dio car­ni­ce­ro. A po­cos les in­te­re­só có­mo que­da­ba pa­ra­do Goy­co­chea, pen­sa­ban en la trans­fe­ren­cia. Un año y pi­co des­pués tu­ve la re­van­cha en el Mun­dial. Menos mal, si no an­dá a sa­ber cuán­to tiem­po hubiera cargado con la cruz.

41 ¿Es cier­to que tu vie­ja te lla­mó llo­ran­do pa­ra pe­dir­te que le di­je­ras la ver­dad? Sí. Ahí me que­bré, ce­rré todo y me fui a Li­ma. Sin que­rer ser dis­cri­mi­na­to­rio, en esa épo­ca to­dos te­nía­mos la ca­be­za muy ce­rra­da y de­cir si­da era de­cir dro­ga­dic­to u ho­mo­se­xual. Fui y le ex­pli­qué to­do.

42 Cuan­do el pa­se se ca­yó, ¿San­ti­lli te fle­tó a Co­lom­bia pa­ra no arries­gar­se? San­ti­lli no tu­vo na­da que ver. Me­not­ti ha­bía traí­do a Co­miz­zo y fue muy sin­ce­ro: lo que­ría pa­ra ti­tu­lar y yo ne­ce­si­ta­ba una pre­tem­po­ra­da pa­ra po­ner­me a to­no y pe­lear­le el pues­to. Por eso acep­té la ofer­ta de Mi­llo­na­rios.

43 ¿Por qué ter­mi­nó abrup­ta­men­te tu ca­rre­ra en Co­lom­bia? Ma­ta­ron a un juez de lí­nea por las apues­tas clan­des­ti­nas. Ju­ga­ron In­de­pen­dien­te de Me­de­llín con Amé­ri­ca de Ca­li. Pa­re­ce que le­van­tó mal la ban­de­ri­ta pa­ra In­de­pen­dien­te y a la se­ma­na si­guien­te le to­có ju­gar en Me­de­llín. A la sa­li­da del ho­tel se le cru­zó una ca­mio­ne­ta 4x4 y lo fu­si­la­ron. Ob­via­men­te, se sus­pen­dió el cam­peo­na­to y no vol­ví más. Fue a fi­nes del 89 y te­nía que pre­sen­tar­me en la Se­lec­ción.

44 ¿Qué sen­tis­te cuan­do tu­vis­te que en­trar por Pumpido an­te Unión So­vié­ti­ca? Na­da, no tu­ve tiem­po. En­tré más ner­vio­so al par­ti­do si­guien­te. Tu­ve tres días pa­ra pen­sar en la res­pon­sa­bi­li­dad.

45 ¿El par­ti­do con Bra­sil fue el que más te ca­ga­ron a pe­lo­ta­zos? El pri­mer ma­no a ma­no fue a los 10 se­gun­dos... Hu­bo un Ne­well’s-Ri­ver, en el 86, que fue peor. Sa­qué co­mo una do­ce­na de ma­no a ma­no. Aun­que per­di­mos 1-0 fue mi me­jor par­ti­do. Aquel de Bra­sil tu­vo tras­cen­den­cia in­ter­na­cio­nal, pe­ro si com­pu­tás só­lo las si­tua­cio­nes, a ése Ne­well’s-Ri­ver no hay con qué dar­le. 

46 ¿Qué te di­ce la fe­cha 28 de fe­bre­ro de 1998? Ju­gué mi úl­ti­mo par­ti­do: Unión 2-Ne­well’s 3, por el Aper­tu­ra.

47 ¿Sa­bías que era el úl­ti­mo? No. Ata­jé por­que lo ha­bían echa­do a Na­cho Gon­zá­lez. Y des­pués to­mé la de­ci­sión.

48 ¿No me­re­cías re­ti­rar­te de otro mo­do? Tal vez, pe­ro la vi­da te en­se­ña que hay co­sas que son úni­cas e irre­pe­ti­bles. No po­dés po­ner a prue­ba tu es­truc­tu­ra psi­co­ló­gi­ca por al­go in­mo­di­fi­ca­ble. ¿Pa­ra qué me voy a dar má­qui­na con el pe­nal de Breh­me si ya no lo pue­do ata­jar? Claro que me hu­bie­ra gus­ta­do re­ti­rar­me en la can­cha. O con un par­ti­do ho­me­na­je. Pero cuan­do di­je chau es­ta­ba con­ven­ci­dí­si­mo. El pa­que­te ve­nía así y le hi­ce el nu­do.

49 ¿Có­mo fue ser el “ma­ri­do” de Na­cho Gon­zá­lez en Ro­sa­rio? Bár­ba­ro. Ni un sí, ni un no. Vi­vía­mos en un ho­tel, ya que nues­tras fa­mi­lias se que­da­ron en Bue­nos Ai­res por el co­le­gio de los chi­cos. Es­tá­ba­mos las 24 ho­ras jun­tos, nos ma­tá­ba­mos en­tre­nan­do y luego de­ci­día el téc­ni­co de Ne­well’s.

50 ¿Fue un error ir a Vé­lez con Chi­la­vert y Ca­va­lle­ro? Sí. Me la ju­gué por­que de­cían que Chi­la es­ta­ba ven­di­do, pe­ro se que­dó y soné. En Vé­lez co­men­cé a re­ti­rar­me. Que­dé co­mo ter­cer ar­que­ro y me en­frié. Per­dí el trai­ning de la com­pe­ten­cia y de las pre­sio­nes. Di­fe­ren­te hu­bie­ra si­do si era su­plen­te, por­que hu­bie­ra man­te­ni­do la ilu­sión de ju­gar.

51 ¿Tu­vis­te al­gún cho­que con Chi­la? No. El sa­bía que yo no era com­pe­ten­cia. No co­rrían los egoís­mos, es­ta­ba to­do cla­ro. Es más, ha­cía­mos du­pla en el te­nis-fút­bol y les pa­sá­ba­mos el tra­po a to­dos.

Con el Cholo, con la Copa América de 1993.

52 Nom­brá tres mons­truos que fue­ron com­pa­ñe­ros tu­yos y tres que en­fren­tas­te. A Ma­ra­do­na lo ano­to pa­ra los dos la­dos, fui su com­pa­ñe­ro y lo en­fren­té. A fa­vor su­mo a Fran­ces­co­li y al To­lo Ga­lle­go. Y como ri­va­les a Li­ne­ker y Pe­lé.

53 ¿¡Ju­gas­te con­tra Pe­lé!? Sí, para el cum­ple 50 del Ne­gro. Me in­vi­ta­ron pa­ra in­te­grar el Res­to del Mun­do que en­fren­tó a una se­lec­ción de Bra­sil. Fue en oc­tu­bre del 90, en Mi­lán. Pe­lé me pa­teó un ti­ro y se lo ata­jé. Lás­ti­ma que no ten­go ni una fo­to.

54 ¿Qué re­cor­dás del re­pe­cha­je con Aus­tra­lia? Que nun­ca ju­gué un par­ti­do tan ten­sio­na­do co­mo la re­van­cha en Bue­nos Ai­res. La pren­sa di­jo que cla­si­fi­ca­mos en­tran­do por la ven­ta­na, así que ima­gi­na­te si que­dá­ba­mos afue­ra. Sen­tí más pre­sión ese día que en la fi­nal del mun­do.

55 ¿Te que­das­te con los guan­tes del 90? Ten­go los de la fi­nal, jus­to los que no ata­ja­ron el pe­nal… Los de Yu­gos­la­via se los ti­ré a la gen­te. Y los que usé con­tra Ita­lia se los re­ga­lé a Adrián Paen­za. An­tes del par­ti­do me di­jo: “Va­mos a em­pa­tar, va­mos ir a pe­na­les, vas a ata­jar dos y me vas a re­ga­lar los guan­tes.” ¿Có­mo no se los iba a re­ga­lar si acer­tó to­do? El asun­to es que me que­dé con los guan­tes que no ata­ja­ron nin­gún pe­nal.

56 ¿Qué le di­rías al ar­bi­tro Co­de­sal si te lo vol­vie­ras a cru­zar? Na­da. ¿Qué le voy a de­cir: te equi­vo­cas­te, ju­gas­te in­fluen­cia­do, sos un de­sas­tre, te ba­ja­ron lí­nea? Ya no sir­ve.

57 ¿Hu­bo gen­te que lu­cró con tu fa­ma en el 90? Uff… Hi­cie­ron pós­ters, mu­ñe­qui­tos, re­me­ras, de to­do. Pe­ro yo que­dé afue­ra, no vi un man­go, sal­vo un arre­glo pa­ra sa­car una lí­nea de guan­tes.

58 Ahora que pasó el tiempo, ¿a San­fi­lip­po no ten­drías que ha­ber­le pues­to una ma­no en el pro­gra­ma de Neus­tadt? No, al con­tra­rio. Ac­tué co­mo me lo in­di­có mi edu­ca­ción. No le hi­ce na­da y mi­rá lo fa­mo­so que se hi­zo…

¿Quien dijo que los entrenamientos de la selección eran livianitos? Contra barro y marea, Goyco protagonizó un ciclo memorable

59 ¿Le guar­dás ren­cor a Ba­si­le por­que no te pu­so en USA 94? No. Me mo­les­tó el tra­ta­mien­to que le dio a la de­ci­sión, no la de­ci­sión en sí. Yo po­día llo­rar o pa­ta­lear, pe­ro si él me de­cía que lo veía me­jor a Is­las, lis­to, a otra co­sa. No me gus­tó en­te­rar­me un día an­tes, en el re­co­no­ci­mien­to a la can­cha. In­tuía que él no se ani­ma­ba a de­cir­me­lo, tal vez por la tra­yec­to­ria que yo te­nía en la Se­lec­ción. Si lo hu­bie­ra di­cho una se­ma­na an­tes, no pa­sa­ba na­da. Pe­ro hoy es­tá to­do bien. Me pue­do jun­tar a to­mar un ca­fé co­mo si na­da.

60 ¿Y có­mo que­dó tu re­la­ción con Is­las? Nun­ca tu­ve re­la­ción con Is­las. No fui su ami­go, pe­ro tam­po­co su ene­mi­go. Só­lo com­pa­ñe­ros de tra­ba­jo pe­lean­do por un pues­to. En Ja­pón, cuan­do el Co­co lo ci­tó por pri­me­ra vez, reu­ni­mos al plan­tel pa­ra de­cir­les que nos íba­mos a rom­per el cu­lo por ju­gar, pe­ro que que­ría­mos evi­tar el con­ven­ti­llo den­tro del gru­po. Que to­dos tu­vie­ran li­ber­tad pa­ra char­lar con cual­quie­ra de los dos, que el otro no iba a pen­sar que es­ta­ban cons­pi­ran­do con­tra él. Lo hi­ci­mos en be­ne­fi­cio de la ca­mi­se­ta de la Se­lec­ción. Sa­bía­mos que se iba a ar­mar una ola me­diá­ti­ca y que­ría­mos evi­tar el pu­te­río ba­ra­to.

61 ¿Qué ves­tua­rio fue peor: el 0-1 con Ca­me­rún o el 0-5 con Co­lom­bia? Es­ta es bra­va… Los días que pa­sa­mos en­tre Ca­me­rún y Ru­sia fue­ron los peo­res que re­cuer­do en una con­cen­tra­ción. Pe­ro me pe­gó más lo de Co­lom­bia por­que fui ti­tu­lar. A eso le su­mo la pu­ña­la­da de la gen­te gri­tan­do “ole” ca­da vez que la to­ca­ban los co­lom­bia­nos. Del 0-5 has­ta el re­pe­cha­je pa­sa­ron 40 días. Du­ran­te 40 no­ches nos des­per­ta­mos pen­san­do en el re­pe­cha­je. El Mun­dial, en cambio, no te de­ja pen­sar.

62 ¿Nun­ca te arre­pen­tis­te de ha­ber he­cho la pu­bli­ci­dad de Te­le­fó­ni­ca don­de de­cías “mu­cha gen­te se que­da­ría sin pa­la­bras si yo hi­cie­ra es­to” y te me­tías un gol en con­tra? No, pe­ro me dio bron­ca la ca­sua­li­dad. La gra­bé seis me­ses an­tes y sa­lió al ai­re una se­ma­na an­tes de que me co­mie­ra el gol zon­zo de Bus­tos. Y vis­te có­mo es el hin­cha: “En vez de en­tre­narse, ha­ce pu­bli­ci­da­des”. Al con­tra­rio, es­toy or­gu­llo­so de ha­ber si­do la ca­ra de un mon­tón de fir­mas. Es un aval a la ima­gen de­por­ti­va y per­so­nal que su­pe cons­truir.

63 ¿En 1999 de­jas­te tu tra­ba­jo de en­tre­na­dor de ar­que­ros en Co­le­gia­les por­que te apre­tó un ba­rra bra­va? A ver… Te­nía bue­na on­da con el Ta­no Pas­si­ni, me que­da­ba cer­ca y me ofre­cí a dar­le una ma­no dos ve­ces por se­ma­na. Un miér­co­les es­ta­ba vien­do Flan­dria-Co­le­gia­les y uno me gri­tó al­go de le­jos. “Si te­nés al­go que de­cir, ve­ní acá y de­cí­me­lo en la ca­ra”, le con­tes­té. Al otro día me es­ta­ba es­pe­ran­do en el club con tres ti­pos; un ca­gón. No me pe­ga­ron, só­lo dis­cu­ti­mos, pe­ro en­tré en el ves­tua­rio y le di­je al Ta­no: “Gra­cias por to­do, me voy a to­mar ma­te con mi se­ño­ra”.

64 ¿La fa­ma pe­sa o la fa­ma pa­sa? Pe­sa, pa­sa y a veces te con­fun­de. Si no la asi­mi­lás, pe­sa. Lle­gás a creer que el mun­do es eso frí­vo­lo que te to­ca vi­vir. Des­pués pa­sa. Só­lo per­du­ran las ex­cep­cio­nes.

65 ¿Qué te de­jó el pa­so por el In­ter de Por­to Ale­gre? An­du­ve bár­ba­ro, fui ca­pi­tán y dis­fru­té mu­cho. Lás­ti­ma que hu­bo un cam­bio de téc­ni­co a fin de con­tra­to. Tra­jo su ban­da y me tu­ve que ir, pe­se a que el pre­si­den­te que­ría re­no­var­me. Me de­cían “el pe­ga pe­nal­tis”, ven­dían vin­chas con mi ima­gen y esa le­yen­da. En In­ter no me to­có nin­gu­na de­fi­ni­ción, pero le ata­jé uno a Ro­ma­rio en el Ma­ra­ca­ná.

66 ¿Ju­gar en Man­di­yú fue un error? Sí, otra ma­ca­na. No me in­te­rio­ri­cé so­bre el pro­yec­to, que fue el pri­mer em­pren­di­mien­to pri­va­do, aquel de Ro­ber­to Cruz. Me so­bre­lle­vó el sen­ti­mien­to de que­dar­me cer­ca de la Se­lec­ción. En de­ter­mi­na­dos ni­ve­les de pro­fe­sio­na­lis­mo no po­dés es­tar en la puer­ta de un ho­tel es­pe­ran­do una au­to­ri­za­ción pa­ra en­trar; ver su­frir a tus com­pa­ñe­ros por­que no les en­tre­gan un va­le que ne­ce­si­tan pa­ra co­mer o te­ner que re­gar­te el área an­tes del en­tre­namiento por­que na­die se en­car­ga. Man­di­yú era un es­cri­to­rio. No ha­bía club ni es­truc­tu­ra. Y en­ci­ma le al­qui­lé la ca­sa al peor ti­po de Co­rrien­tes, un sin­ver­güen­za de pri­me­ra ca­te­go­ría que me hi­zo pa­sar uno de los mo­men­tos más in­gra­tos de mi vi­da.

67 ¿Qué pa­só? El club de­bía pa­gar el al­qui­ler. Co­mo se atra­só, le di­je que me ha­cía car­go de la deu­da, aun­que no me co­rres­pon­día. Pa­ra eso de­bía co­brar el an­ti­ci­po de mi con­tra­to con el In­ter. Sa­lí en ca­mio­ne­ta ha­cia Bue­nos Ai­res y me pa­ró la po­li­cía. El gua­cho me ha­bía me­ti­do un em­bar­go con­tra la ca­mio­ne­ta. Es­ta­ba re­la­cio­na­do con la po­lí­ti­ca y qui­so ga­nar cha­pa con­mi­go. Pasé una ver­güen­za bár­ba­ra en Cu­ru­zú Cua­tiá, al en­trar en la co­mi­sa­ría. Co­mo el club era un de­sas­tre, ni si­quie­ra pe­dían re­ci­bo de lo que pa­ga­ban, así que puse has­ta la gui­ta que ya le ha­bían pa­ga­do. La jo­da me sa­lió 54.000 dó­la­res. Recuperé la ca­mio­ne­ta em­bar­ga­da tres me­ses des­pués. Y no es­ta­ba en la co­mi­sa­ría, ¿eh? La te­nía el ti­po ése en la ca­sa.

Goyco periodista. Foto: FERNANDO VENEGAS.

68 ¿Te de­cían mu­chas co­sas los ri­va­les des­pués de la pu­bli­ci­dad de cal­zon­ci­llos Eye­lit? ¿Sabés que no? En el mo­men­to fue osa­do. Ya era osa­do que la hi­cie­ra un ju­ga­dor. Ca­si na­die ha­cía grá­fi­ca.

69 ¿Se­guís te­nien­do un ca­mión Dod­ge de gue­rra? Sí. Año 62, ame­ri­ca­no. Lo com­pré en Arre­ci­fes ha­ce cua­tro años. Lo pu­se a pun­to y lo uso los fi­nes de se­ma­na, aun­que aho­ra en­tré en la du­da por­que gas­ta 30 li­tros ca­da 100 ki­ló­me­tros. Lo lle­vo a Ne­co­chea pa­ra las va­ca­cio­nes. Me gus­ta ma­ne­jarlo por la ru­ta. Es mi hobby.

70 Un ami­go que te de­jo el fút­bol. Pa­blo Poz­zut­to, que aho­ra es­tá en Ma­la­sia. Ju­ga­mos jun­tos en Man­di­yú, soy pa­dri­no de su hi­ja y nues­tras fa­mi­lias se lle­van fe­nó­me­no.

71 ¿Tu asig­na­tu­ra pen­dien­te? Re­ti­rar­me ju­gan­do.

72 La can­cha más jo­di­da en la que ju­gas­te. La de Vic­to­ria­no Are­nas. ¡Qué me vie­nen con la Bom­bo­ne­ra o el Ma­ra­ca­ná! Ahí fui con De­fen­so­res, en la C. Caí­mos pa­ra ju­gar un par­ti­do cla­ve, en el 81. Ellos te­nían que ga­nar por­que si no des­cen­dían. Yo era co­no­ci­do, ya es­ta­ba en el Ju­ve­nil. Lle­ga­mos tem­pra­no y se me dio por to­mar sol a un cos­ta­do. En un mo­men­to se me nu­bló, abrí los ojos y eran dos mo­nos: “Mi­rá que Vic­to­ria­no hoy tie­ne que ga­nar, ¿eh?”. Ga­na­ron por­que fue­ron me­jo­res, pe­ro si no hu­bie­ra te­ni­do que me­ter­la yo de cabeza…

73 ¿La pe­lo­ta no se man­cha? Ma­ra­do­na tie­ne ra­zón. La pe­lo­ta es pu­rí­si­ma, in­ma­cu­la­da.

74 ¿Te­nés pa­sión por otro de­por­te? No, pe­ro me en­gan­cho con los gran­des acon­te­ci­mien­tos: Los Pu­mas, el bás­quet. Pa­sión por ver, no por ju­gar.

75 ¿Cuál se­ría tu pri­me­ra me­di­da si fue­ras pre­si­den­te de la AFA? Man­ten­dría los tor­neos cor­tos, pe­ro eli­mi­na­ría los pro­me­dios, más allá de que con Ri­ver nos sal­va­mos gra­cias a eso en el 83, cuan­do ter­mi­na­mos an­teúl­ti­mos.

76 ¿Te­nés asu­mi­do que aun­que ga­nas­te va­rios tí­tu­los en Ri­ver y 5 con la Se­lec­ción, la his­to­ria te mi­ni­mi­za co­mo un ata­ja­pe­na­les? Soy un agra­de­ci­do, los pe­na­les son par­te del jue­go. Me enor­gu­llez­co cuan­do me di­cen que le pu­sie­ron al hijo Ser­gio Ja­vier por mí, que se que­bra­ron una pa­ta fes­te­jan­do el úl­ti­mo pe­nal con Ita­lia… No to­dos los que le die­ron co­sas a la Se­lec­ción tie­nen el re­co­no­ci­mien­to que yo dis­fru­to a dia­rio.

77 Tu­vis­te una épo­ca en que las mu­je­res se te ti­ra­ban en­ci­ma. ¿Hu­bo al­gún aco­so des­me­di­do que se pue­da con­tar? Un día sa­lí con mi se­ño­ra del pro­gra­ma de Su­sa­na Gi­mé­nez y nos em­pe­zó a se­guir un au­to. En un mo­men­to pa­ra­mos y se ba­ja­ron dos chi­cas. Les fir­mé, sa­ca­mos fo­tos y les di un be­so. To­do bien has­ta que una la mi­ra a mi se­ño­ra y le di­ce: “Y vos lo po­drías de­jar un po­qui­to so­lo, ¿no?”. Mi mu­jer casi le sal­ta a la yu­gu­lar.

78 ¿Có­mo ma­ne­jó el gru­po lo del do­ping de Ma­ra­do­na en USA 94? Fue­ron ho­ras du­rí­si­mas, in­ma­ne­ja­bles. Al ma­za­zo aní­mi­co se le su­mó la pér­di­da fut­bo­lís­ti­ca irre­pa­ra­ble. Ba­si­le ha­bía si­do cla­ri­to: “Voy a ar­mar el equi­po al­re­de­dor de Ma­ra­do­na”. Que no era el del 86, ob­vio, pe­ro que se­guía sien­do un as de es­pa­das. Y Co­co le en­con­tró la vuel­ta per­fec­to. Nun­ca me voy a ol­vi­dar cómo llo­ra­ba Die­go en su pie­za. Es­tá­ba­mos co­mo en un ve­la­to­rio. Con­tra Bul­ga­ria ju­ga­mos con la ca­be­za en otro la­do. Fui­mos de Bos­ton a Da­llas con un pan­ta­lón cor­to y dos re­me­ri­tas por­que creía­mos que vol­vía­mos, que sa­lía­mos pri­me­ros o se­gun­dos y ju­gá­ba­mos en Bos­ton. Na­die pen­só que la de­rro­ta nos iba a de­jar ter­ce­ros pa­ra te­ner que ir a San Fran­cis­co. Con Ru­ma­nia le­van­tó el áni­mo, pe­ro no fui­mos lo que éra­mos. Es­tá­ba­mos no­caut pa­ra­dos.

79 ¿Cuál es el me­jor ju­ga­dor del mun­do? Zi­da­ne, aun­que le falta más con­ti­nui­dad. Ri­val­do se le pa­re­ce en dos co­sas: ca­li­dad y dis­con­ti­nui­dad.

80 ¿Cuán­tas ve­ces te aga­rras­te a trom­pa­das con un com­pa­ñe­ro? Nin­gu­na. Dis­cu­tí con varios, pe­ro nun­ca me fui a las ma­nos.

81 ¿Qué cam­bia­rías del re­gla­men­to del fút­bol? Pon­dría la po­si­ción ade­lan­ta­da a par­tir de los dos me­tros, bien ale­vo­so, con lo cual cam­bia­ría tác­ti­ca­men­te to­do. E in­cor­po­ra­ría el apo­yo de la te­le­vi­sión pa­ra las de­ci­sio­nes cla­ve del ár­bi­tro.

82 ¿La ciu­dad que más te im­pac­tó? Je­ru­sa­lén. Para un católico es muy pero muy fuerte.

83 ¿Llo­ras­te mu­chas ve­ces por el fút­bol? Dos. Des­pués del 0-5 con Co­lom­bia y lue­go de de­bu­tar en el Mun­dial 90, aun­que esa vez fue una mez­cla de sen­ti­mien­tos: ale­gría por lo mío e im­po­ten­cia por la frac­tu­ra de Pum­pi­do.

84 ¿Te arre­pen­tis­te de ha­ber acep­ta­do una in­vi­ta­ción de Me­li­na, la hi­ja de Ya­brán, des­pués del Mun­dial 90? No. Fui con Juan Des­té­fa­no acep­tan­do una in­vi­ta­ción pa­ra co­mer un asa­do. Me re­ga­la­ron una me­da­lla que aún con­ser­vo y co­no­cí a la fa­mi­lia de esa chi­ca que me ad­mi­ra­ba. Al tiem­po, cuan­do leí una no­ta de Ya­brán, me en­te­ré bien de dón­de ha­bía es­ta­do. De­cía que uno de sus te­so­ros per­so­na­les era la ca­mi­se­ta que yo le ha­bía re­ga­la­do. Lue­go de su muer­te me vi­nie­ron a bus­car los me­dios. Que­rían que mos­tra­ra la me­da­lla pa­ra fo­to­gra­fiar­la –pun­tual­men­te la re­vis­ta No­ti­cias– y me ne­gué por­que era una cues­tión ama­ri­llis­ta que no te­nía na­da que ver con na­da.

85 ¿Cuál fue la in­vi­ta­ción más exó­ti­ca que re­ci­bis­te lue­go de Ita­lia 90? Exó­ti­ca nin­gu­na, pe­ro me arre­pen­tí de no acep­tar una pa­ra ir a San Se­bas­tián y co­no­cer el pue­bli­to de mis bi­sa­bue­los. No me dio el tiem­po.

86 Un gol­pe du­ro fue­ra del fút­bol. La muer­te de mi abue­la. Pa­só cuan­do es­ta­ba en Olim­pia y no pu­de ve­nir. No era una abue­la de dos do­min­gos, si­no que vi­vió en ca­sa y fue mi se­gun­da ma­dre du­ran­te mis pri­me­ros 17 años, en Li­ma. Aún no lo asumí.

87 ¿Qué téc­ni­co re­cor­dás con más apre­cio y qué téc­ni­co re­cor­dás con más odio? Ten­go un gran ca­ri­ño por Ro­ber­to Per­fu­mo, lo tu­ve en Ra­cing y Olim­pia. Gran ti­po, muy preo­cu­pa­do por el cos­ta­do hu­ma­no del ju­ga­dor. Con Gri­guol me que­dó al­go atra­gan­ta­do. Lle­gó a Ri­ver en la tem­po­ra­da 87/88 y di­jo que to­dos arran­cá­ba­mos de ce­ro. Pum­pi­do se le­sio­nó an­tes de em­pe­zar el tor­neo y yo ju­gué bien co­mo 17 fe­chas. Cuan­do Nery se me­jo­ró, lo pu­so a él. No me gus­tó y se lo plan­teé. Arran­can­do to­dos de ce­ro, yo ha­bía apro­ve­cha­do la opor­tu­ni­dad. Y él no res­pe­tó su pro­pia pa­la­bra.

1990. Goycochea en lo más alto del mundo, se abraza con Monzón. Se le suman Olarticoechea, Batista, Simón, Balbo, Sensini y todo un país.

88 La prin­ci­pal en­se­ñan­za que te de­jó tu vie­jo. To­do. Me mos­tró la es­ca­la de va­lo­res con he­chos, no con di­chos. Y tam­bién des­ta­co sus ac­ti­tu­des cuan­do le to­có ser el pa­pá de un fa­mo­so.

89 Un téc­ni­co ac­tual con el que te iden­ti­fi­cás. Ma­nuel Pe­lle­gri­ni. No tie­ne sa­na­ta con la pren­sa. Res­pe­ta a los ju­ga­do­res. Ba­ja un men­sa­je sen­ci­llo. Me gus­ta su pro­pues­ta de fút­bol. Biel­sa tam­bién me lle­na. Si fue­ra DT tra­ta­ría de pa­re­cer­me a ellos.

90 El tra­ba­jo más ra­ro que hi­cis­te. No hi­ce otra co­sa que ju­gar al fút­bol y tra­ba­jar en los me­dios.

91 ¿Creés en la psi­co­lo­gía apli­ca­da al fút­bol? Sí. El atle­ta de al­ta com­pe­ten­cia ne­ce­si­ta asis­ten­cia. A los 17/18 años se to­pa con res­pon­sa­bi­li­da­des muy gran­des. Ne­ce­si­ta al­go más que con­di­cio­nes na­tu­ra­les pa­ra ab­sor­ber sil­bi­dos, aplau­sos, la pre­sión de la pren­sa, lo que genera la popularidad.

92 ¿Có­mo que­dó tu re­la­ción con Rug­ge­ri? Es­toy dis­tan­cia­do. Tu­vi­mos un pro­ble­ma, am­bos sa­be­mos bien qué pa­só y pun­to. Ten­go la con­cien­cia muy tran­qui­la. Se hi­zo un prés­ta­mo con­tra una pro­pie­dad y se que­da­ron con la pro­pie­dad por­que el ne­go­cio de mi sue­gro sa­lió mal, así que de ami­guis­mo no hay na­da. (N. de la R.: Rug­ge­ri le pres­tó un di­ne­ro al sue­gro de Goy­co, que pu­so un cam­po co­mo ga­ran­tía). Es­toy tran­qui­lo con mi con­cien­cia, pue­do mi­rarlo a la ca­ra y sen­tar­me pú­bli­ca­men­te con él pa­ra ha­blar de lo que quie­ra.

93 ¿Una ma­la per­so­na pue­de ser un gran fut­bo­lis­ta? Sí. Co­noz­co ejem­plos, aun­que no los voy a de­cir. Al­gu­nos, co­mo Fran­ces­co­li, son fe­nó­me­nos en to­dos los pla­nos. Ser bue­na per­so­na no te ayu­da a ser gran ju­ga­dor, pe­ro te sir­ve pa­ra co­se­char afue­ra de la can­cha.

94 Sos de la cla­se que fue a Mal­vi­nas, ¿qué mar­ca te de­jó eso? Co­noz­co un chi­co de Li­ma que se sal­vó en el hun­di­mien­to del Ge­ne­ral Bel­gra­no. Lo vi­ví muy mal, pe­se a que me sal­vé del ser­vi­cio mi­li­tar por nú­me­ro ba­jo. Te­mía que pue­die­ran lla­mar­me si se pro­lon­ga­ba el con­flic­to. So­mos una ge­ne­ra­ción muy mar­ca­da. Por ese con­flic­to y por la ado­les­cen­cia vi­vi­da du­ran­te la dic­ta­du­ra.

95 Lo me­jor de tu pa­so por Ra­cing. Me dio la opor­tu­ni­dad de es­tar en el país des­pués del Mun­dial 90 dis­fru­tan­do del ca­ri­ño de la gen­te.

96 ¿Y lo peor? La par­te eco­nó­mi­ca. Te­nía varias ofer­tas y arre­glé por me­nos de lo que po­día.

97 ¿Có­mo que­das­te con Pas­sa­re­lla des­pués del 94? Qué te puedo decir… Cuan­do sal­go, des­pués de co­mer­me el gol con Pla­ten­se, di­ce que me ve in­se­gu­ro, que me sa­ca pa­ra pro­te­ger­me. “Mi úni­ca pro­tec­ción es el ar­co”, le di­je. Pe­ro con­tra Man­di­yú ata­jó So­de­ro. Ga­na­mos 5-3 y él tu­vo la ma­la suer­te de equi­vo­car­se en dos go­les. En­ton­ces me pu­so con Cen­tral, un par­ti­do jo­di­do que em­pa­ta­mos en Arro­yi­to y nos de­jó en la puer­ta del tí­tu­lo.

98 ¿No le da­ba con­fian­za a nin­gu­no? Me pa­re­ce que se la ju­gó con­mi­go por­que si me ha­cían los go­les, me los ha­cían a mí. Y si se los ha­cían a So­de­ro, era co­mo que se los ha­cían a Pas­sa­re­lla. Si un día era in­se­gu­ro, sie­te días des­pués no po­día me­jo­rar tan­to... La se­gun­da vez que me col­gó no me dio ex­pli­ca­cio­nes. Y no me pu­so nun­ca más.

99 Di­rec­ta o in­di­rec­ta­men­te, ¿tu­vo que ver con la de­ci­sión que lue­go to­mó Ba­si­le en el Mun­dial? Incidió. Me col­gó en fe­bre­ro del 94, muy so­bre el pu­cho. No di­go que fue a pro­pó­si­to, pe­ro me ma­tó.

100 ¿A quién sal­va­rías pri­me­ro de un nau­fra­gio: San­fi­lip­po, Pas­sa­re­lla o Is­las? Je, qué pre­gun­ti­ta… Es una es­ca­la jo­di­da. Pri­me­ro Is­las. Y si da el tiem­po, Pas­sa­re­lla y San­fi­lip­po.

POR ELIAS PERUGINO (2002)

Por Redacción EG: 30/09/2018

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