LAS CRóNICAS DE EL GRáFICO

1971. Alí en Argentina

- por Redacción EG: 02/05/2018 -

Visita por primera vez el país Muhammad Alí. Todavía le faltaba escribir sus páginas más gloriosas, pero ya era un estrella mundial. Las 42 horas en que un ángel negro voló sobre Buenos Aires.

UN ÁNGEL NEGRO VOLÓ SOBRE BUENOS AIRES

Silencio, señores… Este hombre volvió a inventar el mundo…

Es cierto que cuando lo rehízo se olvidó de ponerle algunas cosas, como soldados, hambre, fusiles, perros que no tienen por quién mover la cola y dueños blancos de chicos negros. Este hombre que hace un año paseaba por Broadway para ver si la gente le hacía el honor de reconocerlo está –sin embargo- orgulloso de su invento. Ya no grita que es hermoso. Ya no piensa en chicas, en Cadillacs, y en empresarios de cine que puedan contratarlo para sus películas. Ya casi ni recuerda el nombre de aquel sargento de policía que lo hizo boxeador en Louisville. Quizás ni siquiera se mire ya en todos los espejos para ver a un campeón, un profeta, un Adonis. De todos modos sería difícil porque ahora pesa bastante más de 100 kilos y su cara se redondeó demasiado como para poder cumplir con la primera condición… y la tercera.  Pero dice que le basta para ser feliz el hecho de sentirse poeta, vagabundo del mapa, librepensador…

Una de las actividades de Alí en Buenos Aires fue participar del programa del astrólogo Horangel en Canal 9, llamado “Los 12 del signo”.

- La Corte Federal fue justa: me echó hacia la libertad. Si yo no supiera qué quiero concretamente de la vida, en vez hacerme un gran bien me hubiera hecho un profundo mal, pero ahora puedo tener las valijas siempre hechas, viajar sin medida, hablar, decir lo que pienso en todo el mundo… Pude comprobar, por ejemplo, que era cierto lo que me dijiste en Miami el año pasado: la juventud argentina me quiere; pero no quiere por encima al negro que pega trompadas sobre el ring, sino que espera a un joven y humano como ella, desea escuchar las palabras de Alí, quiere tomarlo como símbolo de paz… Por eso le digo a la joven gente de la Argentina que se preocupe por conseguir una buena educación y que siempre trate de ser independiente…

Habla mirando hacia cualquier parte, murmura, deja apenas que las palabras resbalen entre sus labios inmóviles. Pero hay algo de diferente entre esta ausencia y la grosería que le costó tantos disgustos cuando se dirigía a periodistas, senadores y match-makers dando la espalda y a los gritos. Cascius Marcellus Clay, o mejor dicho Muhammad Alí que voló durante cuarenta y dos horas sobre Buenos Aires, parece ahora dispuesto a recibir lecciones.

Sin ir más lejos, hace tres semanas aprendió en Milán que mientras duren sus exhibiciones no debe maltratar a los sparrings locales bajo riesgo de ser aplastado por los espectadores. Y hace quince días le enseñaron en el Albert Hall de Londres que no está autorizado a usar calzoncillos largos multicolores para subir al ring, y que nadie puede tragarse una caída suya si quien le está pegando es un hombrecito de cincuenta y cinco kilos.

Realizó una exhibición muy liviana en cancha de Atlanta frente al argentino Miguel Ángel Páez. El final fue un bochorno por la invasión del ring de desaforados espectadores.

El nuevo Clay, el aplomado, se dedica entonces a ganar cientos de miles de dólares mostrándose media hora sobre un ring, pero sin excesos ni circo…

-No sé exactamente cuánto gano con estas giras. Me figuro que en la opinión de un hombre común debe ser bastante comparado con todo el dinero que perdí en los tres años y medio que pasé obligatoriamente sin boxear es poco, demasiado poco… Pero no importa perder muchos dólares cuando finalmente se consigue ser feliz, estar con la familia, poder seguir luchando para no tener enemigos…

-¿Por qué estás tan pesado?

-Por todo eso…

Tiene tres hijas, dos esposas y una buena amiga que lo espera a la vuelta de todos los viajes en Nueva York. A Somji, su primera mujer, la echó porque usaba cosméticos y minifaldas. A Belinda, la segunda, la eligió por la simple casualidad de ser musulmana. Y tomó a esa tercera –cuyo nombre nadie conoce- “porque es tan inteligente que muchas veces no parece ser mujer…”. Hay, además, una pequeña mujer rubia –no más de tres o cuatro años- que ahora cruza el salón del Alvear Palace, se le acerca y lo mira cómo si estuviera viendo a Papá Noel. La presencia de esa pequeña desconocida le basta para abandonar el papel de orangután melancólico: la busca, la encuentra, la sube a sus faldas, la besa, le arranca un chorro de risa. Este es el mismo Clay que hace un año atrás tomara entre sus manos a un negrito, deteniendo su entrenamiento en el Madison Square Garden, y lograra hacerle decir un verso que hizo llorar a los dos mil presentes. Es el Alí tierno, inesperadamente dulce, espontáneo.

Visitando y eligiendo cuadros en la galería Velázquez de la calle Maipú.

-Yo amo por encima de  todas las cosas a Maryan, a Jamillah y a Ricksewah, porque ellos llevan mi  sangre y mi apellido. Pero es necesario querer a todos los niños del mundo porque todos, negros o blancos, son hijos nuestros. Hay que salvar a las generaciones nuevas. Es necesario no perderlas. Debemos enseñarles que ellos podrán mezclar las razas para que las razas no existan más. Quizás mañana nadie les pregunte a mis hijas si no les molesta ser negras…

Y enseguida vuelve a poner la cara de cuero, desparramándose con insolencia sobre el sillón.

-¿Por qué perdiste con Frazier?
-No perdí yo esa pelea. Fue un error del boxeo… Digamos que a ese cerdo carnicero le presté la corona hasta marzo del año que viene. Entonces nos volveremos a encontrar, yo tendré un buen estado físico, lo esperaré con una sonrisa…

-¿Te enseñó algo aquella pelea con Bonavena?
-Me enseñó a no hacer pronósticos y soy muy feliz por haberlo aprendido… Pero Bonavena, igual que Frazier, es un gran luchador que sabe muy poco de boxeo, que no sabe moverse con encanto sobre el ring, que pelea con las rodillas duras como si estuviera aprendiendo a patinar sobre hielo… Bonavena se detuvo, no sé si tendrá sentido volver a pelar con él. Por ahora me conviene pensar sólo en Frazier…

-¿Volverás a la Argentina?

-Volvería, pero para boxear muy en serio…

-¿Y qué hay de esa pelea con Peralta anunciada en Europa?
-¿Peralta? Sólo una vez, hace mucho tiempo, leí su nombre en un diario… Tampoco a mi manager Angelo Dundee le parece recordarlo…

Desde que le ganara el título máximo a Sonny Liston en tan sólo siete rounds, hasta que le retiraran su licencia por negarse a formar en las filas del ejército, Cassius Clay no había dejado de progresar. Así lo confirmaron todos sus antecedentes –insólitos por lo perfectos-, registrados sin mayor dificultad al ganar en poco tiempo el Campeonato de la Unión Amateur, el Torneo Guantes de Oro y los Juegos Olímpicos de 1960.

Venía de perder su primer pelea frente a Joe Frazier el 8 de marzo de 1971, en el primero de los tres duelos que sostendrían, de los más increíbles de la historia de los pesados.

-Ahora quizás haya perdido un poco como boxeador, aunque gané como persona. No quiero decir que sea mejor ni que me esté acercando a la perfección humana. Sólo digo que hace varios años me echaron de un restaurante donde lucía mi medalla olímpica sólo por ser negro y que ahora esperan a Alí y le rinden honores en todo el mundo. Y no olviden que apenas deje de viajar y me meta en un gimnasio, volveré a ser el mismo gran boxeador de antes…

Silencio, señores… Este hombre volvió a inventar el mundo… Y aunque ahora ya no siente aquel apasionado amor de antes por los micrófonos y los escenarios, volverá a inventarlo cuanta vez lo dejen hablar, cuanta vez lo escuchen…

-…cuanta vez me dejen describir ese universo mío donde los pibes negros y los pibes blancos comen todos los días y sólo dejan de comer para jugar al béisbol…

Después dio un brinco, se fue sin saludar y se metió taconeando en el ascensor vacío. Como de costumbre, iba a vestirse según se lo indicaba una vieja manía: con tres pares de medias y sin ropa interior.

Por CARLOS MARCELO THIERY (1971). 
Fotos J. J. PÉREZ

Por Redacción EG: 02/05/2018

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