LAS CRóNICAS DE EL GRáFICO

1934. Ernesto Lazzatti, 18 años

- por Redacción EG: 29/04/2018 -

Borocotó le hace la primera nota a un chico venido de Bahía Blanca, sostén de su madre y 4 hermanos, que apareció como titular en Boca. En el futuro será uno de los más grandes ídolos xeneizes de la historia.

Ernesto Lazzatti (1915-1998)

ERNESTO LAZZATTI PICÓ EN EL TRAMPOLÍN DE LA SUERTE

 

Era del Club Comercio, de Ingeniero White, pueblo cercano a Bahía Blanca. En sus filas también se formaron Troncoso y Romano. Argentino, hijo de padre criollo y madre española, heredó de su abuelo el apellido italiano que luce la zeta y la te por partida doble. De haber vivido el abuelo en los actuales tiempos, sería hincha de Boca a influjo del ambiente, porque en aquel puerto pleno de pescadores lo son todos. También Ernesto, desde niño, soñó con Boca Juniors. Nada más soñó. Si en sus tiempos de insider derecho en las divisiones inferiores del Comercio le hubieran dicho que a los 18 años sería el centre half de Boca, se habría sonreído con la misma ingenuidad con que lo hace ahora, pues aún no está muy convencido de que tal cambio se haya operado en su existencia de futboler.

 

Vino una vez a Buenos Aires. Un señor que viajaba por la línea a la Capital del Sur lo trajo a probarse en Gimnasia y Esgrima. Gustó. Se le ofreció un contrato con 150 pesos mensuales de sueldo. El chico hizo sus cálculos. No le convenía. Con su empleo de 90 pesos cada treinta días y la pensión que recibe su mamá, podían ir tirando. La diferencia de 60 pesos no le alcanzaba a cubrir la necesidad que imponía el cambio. Y retornó a sus pagos para actuar de centre half.

 

- Jugaba yo en la línea delantera en todos los puestos menos en el de winger izquierdo. También lo hacía de half, pero como era muy chico no me ponían en el centro. Crecí de golpe, llegué a la altura que hoy tengo, y pasé en forma casi definitiva a ser eje de la línea media. En toda la temporada de  1933 jugué en ese puesto.

Jugó 14 temporadas en Boca Juniors, donde ganó los torneos de 1934, 1935, 1940, 1943 y 1944. Fue campeón Sudamericano con la selección argentina en 1937.

 

CÓMO LLEGÓ A BOCA

 

Un tío suyo decidió su vida. Escribió a Boca Juniors explicando las condiciones de Ernesto, mencionó aquella prueba en La Plata y ofrecía al club citado la oportunidad de probar al chico siempre que se le pagaran los gastos de traslado. Boca aceptó. Creyó en la carta o se tiró un lance. Y así fue como Lazzatti vino por segunda vez a Buenos Aires. Sus amigos Troncoso y Romano lo esperaron en Constitución para que el chico no se perdiera. Fue un sábado. A la mañana sonrió a los ex compañeros que lo esperaban. A las dos de la tarde se ponía la camiseta con la franja amarilla y hacía su debut en la segunda contra Huracán.

 

- Gusté. No habré hecho nada excepcional, pero gusté. De inmediato volví a mis pagos acompañado de un delegado boquense. Mi mamá tenía que dar el consentimiento porque soy menor. Yo nací el 25 de septiembre de 1915.

 

Los matches se fueron acumulando. El pibe comenzó a comprender el juego de Buenos Aires. Trató de hacerse al ritmo sin salir de sus características de lentitud. Nada de correr a lo loco por la cancha. Buscar colocación, intuir la jugada del adversario. Sereno, cada vez que entró en posesión de la pelota trató de apoyar.

 

Sabía por crónicas llegadas a sus manos, que así había jugado Zumelzú y aquí trató de imitarlo como había tratado de hacerlo desde las filas del Club Comercio. Pero nunca vio jugar al centre half que le sirvió de modelo. Se lo creó a través de lecturas que leyó con tanta avidez que, ahora, le parece haberlo visto…

 

- Me desorienté al principio. Aquí el forward no espera. Allá suele demorarse más con la pelota y facilitar la intervención del half. Aquí hay muchos que ni la paran siquiera. Había que hacerse… y aún no me he hecho.

Se retiró en el club Danubio de Uruguay. Dirigió técnicamente a Boca en 1954 logrando el campeonato de 1954 después de 10 años de sequía.

 

PESO Y ESTATURA

 

Al principio le costaban los 90 minutos de ritmo más acelerado. Influía en ello el cambio y también la circunstancia de haber “pegado un estirón”. Necesitaba fortalecerse. Entre su estatura y su peso, existía una desproporción que aún no se ha zanjado. Mide 1.78 y pesa 65 kilos y medio. Aumentó cerca de tres, pero necesitará algunos más. Tendrá que llegar y hasta pasar los 70 para recién ser un atleta, el tipo que se precisa para el difícil puesto que ocupa. Si no le ocurre ninguna desgracia, llegará a tener el cuerpo que necesita. Ya cuenta con lo principal: la altura.

 

- He tenido mucha suerte. Todos mis compañeros de la primera y de la segunda me han estimulado, como asimismo los dirigentes y el entrenador Mario Fortunato. Si me quejara sería un ingrato. Ni una sola vez me dijo que actué mal, aunque en algunas he reconocido que mi juego fue deficiente. Mi anhelo sería el de llegar a ser un crack de verdad, no tanto por mi propia satisfacción, sino por responder a la confianza que me tienen y por darle a Boca Juniors lo más grande que de mí sea posible, ya que siempre fui hincha boquense aún sin haberlo visto nunca.

 

En Bahía no lo vio jugar, y en el verano último, cuando Boca fue para allá, la gente de sus pagos vio jugar a Lazzatti nada más que 20 minutos porque sufrió un accidente y quedó lesionado de la cabeza. Su afecto nació junto con su amor al fútbol. En cuanto comprendió que ese deporte se adentraba en su espíritu, buscó un club a quien hacerlo depositario de sus simpatías. Y eligió a Boca. Ahora, Boca lo eligió a él.

 

- Sí, me parece mentira. Hace poco ganaba 90 pesos por mes. Ahora 350, más los premios y las perspectivas. Pronto traeré a toda mi familia a Buenos Aires y seguiré viviendo en Temperley, pueblo en donde estoy actualmente con unos tíos. No me gusta el centro, le tengo miedo.

 

 

BUEN HIJO

 

Es el sostén de la familia. La madre viuda y cuatro hermanitos más. Uno de ellos, el mayor, se halla paralítico. El destino ha querido que Ernesto sea quien albergue a todos. Consciente de su misión, le teme al Buenos Aires de las luces de colores. Le huye al centro. Sin embargo, desde un centro reparte juego a sus compañeros y elabora el bienestar de los suyos. En cada quite, en cada pase, reside la posibilidad de un triunfo. Los matches van formando su record, constituyendo su tabla de performances, y también se van convirtiendo en tranquilidad, en recuerdos que hojeará más tarde.

 

Durante muchos años fue, gracias a la invitación de Dante Panzeri, periodista en El Gráfico, y se fue de la revista cuando Panzeri renunció.

 

Tuvo suerte. Lo reconoce y es cierto. Cayó en Boca en el momento más oportuno. No había centre half y, cuando se le subió a primera, no se le exigió nada. De ahí que haya actuado tranquilo. Estaba exento de responsabilidades. Más aún: todos los hinchas se sentían dispuestos a mirarlo con buenos ojos, a tolerarle los defectos, y experimentaba la satisfacción de darle una chance a ese pibe de cada simpática e infantil que no se enoja, que carece de pretensiones, que no habla, que sonríe con benevolencia. En su favor estaba el hecho de haber costado apenas tres mil pesos de prima. No traía sobre sí el lastre que significa un pase costoso. Ni siquiera había producido en tiempos anteriores performances que los aficionados recuerdan y que las exigen cuando el elemento pasa a ser suyo. No podía decirse “allá jugaba y aquí no rinde”. No tiene “allá”; carece de historia, de pasado, es un elemento nuevo, nacido en Boca a la popularidad que ya se insinúa.

 

No es crack. No es un fenómeno. No es aún el centre half que espera Boca. Pero puede ser todo eso. Está en camino de serlo. Tiene la pasta, la intuición del jugador que será en un futuro no lejano.

 

Por Ricardo Lorenzo (1934)

 

Por Redacción EG: 29/04/2018

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