Fútbol

1967. Agustín Cejas, el inmortal

“Distante, solitario, impasible… es el águila solitaria, el hombre misterioso, el último defensor” (V. Nabokov). Las palabras del ruso le van como anillo al dedo al eterno Agustín Mario Cejas.

Cejas atajando en Racing ganó el torneo local de 1966, la Libertadores y la Intercontinental de 1967, además conquistó el Torneo Paulista con el Santos de Brasil y terminó su carrera en el plantel de River Campeón Nacional 1981.

En su autobiografía titulada HABLA MEMORIA, el célebre escritor ruso Vladimir Navokov describía el oficio de arquero, puesto que ocupó cuando iba a la Universidad en Inglaterra: 

En Rusia y en los países latinos, ese intrépido arte ha estado rodeado siempre de un aura de singular luminosidad.

Distante, solitario, impasible, el portero famoso es perseguido por las calles por niños en éxtasis.

Está a la misma altura que el torero y el as de la aviación en lo que se refiere a la emocionada adulación que suscita.

Su jersey, su gorra de visera, sus rodilleras, los guantes que asoman por el bolsillo trasero de sus pantalones cortos, le colocan en un lugar aparte del resto del equipo. Es el águila solitaria, el hombre misterioso, el último defensor.

Los fotógrafos, doblando reverentemente una rodilla, le sacan instantáneas cuando se lanza espectacularmente en plancha hacia un extremo de la meta para desviar con la punta de los dedos un disparo raso y veloz como un rayo, y el estadio entero ruge de aprobación mientras él permanece unos instantes tendido en el mismo lugar que ha caído, intacta aún su portería.