LAS ENTREVISTAS DE EL GRáFICO

Agustín Rossi: “en la cancha, hay que poner cara de malo”

- por Darío Gurevich: 06/06/2017 -

La intimidad del joven de 21 años que se adueñó del arco de Boca en un pestañear. Cómo es y cómo piensa, la PlayStation como fuente de conocimiento, las bases de su juego sostenidas en el básquetbol y el fútbol de campo, sus etapas en Chacarita y en la Sub 20, el salto de tres categorías, y su prometedor comienzo en un club monstruoso.

Se incorporó a Boca en febrero y se adueñó del arco xeneize en marzo. Tiene contrato por cuatro años.

EL ESCENARIO de la producción es la Bombonerita, la casa del básquetbol xeneize. Agustín se prende a tirar de tres con una pelota de fútbol. Rápido, calienta la mano y, sin importar que el elemento vital sea inadecuado, encesta con la naturalidad de los que saben. Rossi –que, a los 21 años y en un pestañear, se transformó en el arquero de Boca– admite que jugó al básquetbol.

“A los 11 o 12 años, empecé en 3 de Febrero, un club de barrio que está en San Martín. Hice un año de mini en 2007, volví en 2011 y seguí hasta 2013. Se había armado un lindo grupo de chicos; mis amigos más cercanos son del básquet. Cuando nos juntamos a comer, también viene nuestro entrenador de aquel momento. Yo era pivote, y el básquet me ayudó para el fútbol: cómo salir a cortar los centros y cómo atrapar una pelota aérea, porque sé lo que es el roce abajo del aro; explicar cómo cambiar las marcas si el rival hace cortinas, el agarre de la pelota y los desvíos”, afirma.

El adulto que nació en Villa del Parque y que se crió en Villa Maipú, en San Martín, impone presencia. No solo por sus 1,94 de alto, por su espalda ancha, por sus manos mayúsculas, sino también por su fuerte personalidad y por su mirada intensa y penetrante. Duro de sensibilizar, no es de mostrarse caído ante ojos ajenos. Tampoco, se torna el torbellino que aparenta ser en la cancha, conclusión ágil y errónea a la que se desemboca por advertir sus movimientos y sus gestos, por observar cómo habla y cómo grita a fin de contribuir con el orden del equipo. “Siempre fui tranquilo. Jamás me peleé en un partido, tampoco afuera de la cancha. Pero, bueno, se hace difícil que mis compañeros me escuchen con el griterío de la gente y, de alguna manera, me tengo que comunicar. Es un poco de lo que pide mi puesto”, asegura.

Sus padres –Horacio y Nimia–, su novia –Sabrina– y su tía –Mabel– completan la pintura de los afectos que no le pueden faltar. La lista de los objetos materiales la encabeza la PlayStation. “No estoy las 24 horas. Pero, cada vez que tengo un tiempito libre, juego un rato. Siempre me gustaron los videojuegos. Tuve Family Game, Sega, Play 1, 2, 3 y, ahora, 4”, aporta.

-¿La Play contribuye para interpretar cuestiones tácticas?
-Sí; analizás un partido desde arriba y se ven muchas cosas.

-¿Te elegís a Boca?
-Ahora, sí.

-¿Cómo manejás a Rossi en el arco?
-El arquero se maneja solo (se ríe). Con ese tema, no hay que discutir.

-¿Hacés que juegue con los pies?
-Sí, para salir desde el fondo; se la doy para que se la pase a un compañero. Si empezás la jugada con un pelotazo por arriba, te tratan de cagón en la Play. Eso no me gusta.

-¿Cómo juega tu Boca en la Play?
-Parecido a lo que proponemos acá, en la realidad: salida limpia desde el fondo y ataque por las bandas.

“SE NECESITA CORAJE o valor para convertirse en lo que realmente eres”.La leyenda, escrita en inglés, habita en su brazo derecho. También, saltan a la vista sobre esa extremidad el rosario, el 18-11-2014 (fecha en la que ascendió a la B Nacional en Chacarita), los nombres de sus padres y el de su hermana (Romina), la pelota y el guante. “Todo me lo tatué al mismo tiempo, después de haber ascendido en Chacarita. Creo que uno tiene que hacer valer todo lo que le pasó en la vida para llegar donde está. La frase viene por ese lado; está escrita en inglés porque me parecía más lindo. Las imágenes de la pelota y del guante son por la buena elección que hice, por haberme inclinado por el arco al momento de decidir”, expresa.

Sus padres son un bastión. No solo lo educaron y lo alimentaron, también lo contuvieron y lo acompañaron. “Desde los cuatro años, juego al fútbol; y, cada vez que giro la cabeza, ellos están. El esfuerzo que hicieron, cuando yo era chico, me quedó. Trabajaron mucho para que no me faltara nada: ni una pelota, ni un par de botines, ni el bolsito para irme a entrenar. Es cierto que estábamos ajustados de plata, pero nunca dejaron de lado lo que me hacía bien. Me enseñaron que hay que ser humilde, siempre. Uno debe saber por lo que pasó y tiene que mantener la calma en la vida”, asevera.

Su buen juego aéreo se explica a través de su etapa como pivote en un parquet con aros de fondo. Su sólido desenvolvimiento con los pies responde a su ciclo como jugador de campo. Agustín, que vio la luz el 21 de agosto de 1995 en Capital Federal, reconoce que tuvo una infancia copada. Cuando era un pibe, pateaba en la calle. “Muchas cosas para hacer no tenía en el barrio”, agrega. A los cuatro años, arrancó en la escuela de Daniel Leani, hombre que lo llevó a Chacarita cuando tenía seis. En el Tricolor, flotó por el mediocampo: se movió de 5, de 8 y de enganche; también, se plantó de 9. Haber sido grandote lo favoreció; su fuerza también, en especial para levantar la pelota y patear de media distancia. Pero, a los 12 años, la cortó. Pegó el estirón de golpe, y los dolores en sus rodillas a raíz del cartílago de crecimiento fueron insoportables.

“Ahí intenté probar en el arco, pero el entrenador de Chacarita me dijo que no, que era importante para el equipo en el medio. Entonces, me fui a jugar al básquet y a una escuelita de fútbol, donde atajé. Después, pedí el pase en Chaca porque no me daban la posibilidad de atajar. Yo no me veía en el mediocampo, sí en el arco por decisión propia. Al final, me probaron de arquero y quedé. Desde que agarré el arco, nunca quise salirme del puesto”, explica.

Su paso del fútbol amateur al profesional duró un suspiro: completó el año de Quinta, disputó un partido en Cuarta, realizó su estreno en Primera y firmó contrato. Todo tuvo un sabor dulce, excepto su debut: el Funebrero perdió ante Instituto por 3-1, allá por el 2 de abril de 2014, y pulverizó la ilusión de progresar en aquella edición de la Copa Argentina.

-¿Qué es Chacarita en tu vida?
-Es mi segunda casa. Jugué poco en la Primera (20 partidos). La situación económica del club llevó a que me tuviera que ir rápido. Soy un agradecido; desde chiquito, Chacarita me dio todo: amigos, compañeros, buenos entrenadores… Hasta me guardo consejos. Es importante para mí.

-Más allá de una inmensa alegría, ¿qué te dejó el ascenso de la B Metropolitana a la B Nacional en 2014?
-Fue único. Ahí entendí que nunca hay que bajar los brazos. A la octava fecha del campeonato, el puntero, Estudiantes de Buenos Aires, nos sacaba 11 puntos de ventaja. Después, logramos estar 13 partidos sin perder. Pero, bueno, hasta los 25 minutos del segundo tiempo contra Villa Dálmine, no ascendíamos. Después, llegó el gol del Piojo Manso y se dio un momento muy lindo.

-¿Qué moraleja sacaste de tu etapa en la Selección Sub 20?
-No hace falta atajar en Boca o en River para tener una posibilidad. Yo era el único chico del ascenso en esa Sub 20 y sentía orgullo. Salimos campeones en el Sudamericano 2015, en Uruguay. De hecho, el último partido se lo ganamos a Uruguay en un Estadio Centenario lleno.  

-Conversemos un poco más sobre vos. ¿Qué es lo más bravo que afrontaste en la vida?
-Hay cosas que no repetiría, que quisiera que no volvieran a ocurrir. En Estudiantes, perdí mi lugar por problemas personales que se trasladaron a mi trabajo. Fue una situación complicada para mí y para mi familia. Por supuesto que aprendí de ese momento. Pero prefiero dejarlo ahí, porque ya pasó. Después, en Defensa y Justicia, tuve un buen semestre en 2016. Ahora, lo tengo acá, en Boca.

No tiene un referente en el arco. "Cuando era chico, miraba poco fútbol".

-Hablemos sobre fútbol, entonces. ¿Qué mejoraste en tu juego en Estudiantes y en Defensa y Justicia?
-En cuestiones técnicas. Me sentía cómodo con la pelota en los pies, pero Gabriel Milito, Nelson Vivas y Ariel Holan me dieron confianza para utilizar ese recurso. Sobre todo en Defensa, la idea era salir jugando constantemente. Eso me ayudó bastante a simplificar el juego.

-¿Qué te aconsejó Mariano Andújar?
-“Tenés que estar preparado para cuando te llegué la posibilidad”, me repetía. No se equivocó. Mariano atajó muchos años en Europa y aprendió a simplificar jugadas. Por ejemplo, allá, en un mano a mano, hay jugadores de nivel mundial que esperan hasta el último segundo para definir. Y él está preparado para eso.

-En tres años, saltaste de la B Metropolitana al arco de Boca. Al margen del trabajo realizado y de tu capacidad, ¿sentís que te tocaron con la varita mágica?
-No sé si con la varita mágica… Crezco día tras día y tomé las cosas que me pasaron. Hay que estar preparado para la oportunidad. Porque, capaz, te sorprende y te va mal. Por eso, si estás preparado para la chance que sea, te la rebuscás para salir adelante. Por suerte, mi vida se dio así, y por eso estoy acá.

-¿Tu recorrido futbolístico puede inspirar a otros jugadores?
-Sí, hoy en día, con un poco de suerte, puede pasar.

-¿Tenés la personalidad justa para ser el arquero de Boca?
-Creo que sí. Desde mis comienzos en Chacarita, atajo con la misma seriedad. Al mantenerla, las cosas se me dieron como quise.

-¿Qué actividades ya no podés desarrollar con facilidad en tu vida privada?
-Mi vida privada es la misma de siempre. Quizás, si salgo a comer con mi novia o con mis amigos, hay alguien que me reconoce. Pero no pasa nada. Si uno mantiene una vida tranquila, no se expone a nada.

-¿Te cambió el mapa adentro de la cancha o no?
-No, eso no; sí la exposición que tiene el arco de Boca. No es lo mismo un error en el arco de Defensa y Justicia que en el de Boca. Pasó contra Talleres: hubo un pelotazo que terminó en gol y se habló durante casi toda la semana del tema. Yo trato de no darle importancia a lo que se dice, porque no ayuda. Es más, te perjudica.

-En tus primeros cuatro partidos oficiales en el club, motivaste para que no se discutiera más sobre quién debe ser el arquero de Boca. ¿Te sorprendiste de vos mismo al lograr esto?
-Por lo que mis papás y mi representante me cuentan, y por lo poco que veo y escucho lo que se dice, los comentarios son buenos. Pero no me tomó por sorpresa. La oportunidad me llegó en un buen momento. Desde que empecé a atajar en Primera a los 18 años, mantengo la misma cara en la cancha. Si el rival te ve bajoneado, lo incentivás para atacar más. Por eso, se debe conservar una imagen, sea en el campo de juego o afuera.

-¿Cuál es esa cara?
-Es cara de serio.

Mide 1.94 y pesa 94 kilos. Tiene grandes reflejos, voz de mando, fortaleza en el juego Aéreo y juega con los dos pies.

-¿Sos también de poner cara de malo?
-Es que, en la cancha, hay que poner cara de malo; un poco, por lo menos. La concentración te lleva a eso. Quizás un insulto o un llamado de atención para un compañero te mantiene atento, con la cabeza en el partido, para no perder esa concentración.  

-Más allá de darles las gracias, ¿qué se les dice a Ricardo Centurión y a Darío Benedetto?
-No lo sé… Son jugadores que hacen alguna jugada que nadie espera y, además, tienen gol. Lo importante es que ellos sigan haciendo lo que saben.

-¿Centurión y Benedetto le aportan el valor diferencial al equipo?
-Somos un grupo, un equipo… Desde los delanteros hasta el arquero. Nosotros intentamos mantener un funcionamiento acorde a lo que nos favorece, como nos pide el técnico.

-¿Te genera nervios saber que, por la voracidad ofensiva del equipo, es probable que te lleguen mano a mano más de una vez por partido?
-No; debo estar preparado para esa situación. Nosotros atacamos mucho y sabemos que los rivales o no nos atacan nunca o van a tener algunas chances claras. Pero repito: hay que estar preparado para eso.

-Guillermo Barros Schelotto te monitoreaba cuando dirigía a Lanús. Incluso, intentó incorporarte en aquel tiempo. Es el responsable de darte onda verde en Boca. ¿Cómo lo definís?
-Es un entrenador que sabe. Los años de experiencia como jugador los refleja muy bien en el puesto que ocupa. Nosotros tratamos de mantener la idea de juego que él propone, y creo que es la correcta para los jugadores que tenemos y para la institución que es Boca. Porque el desequilibrio, quizás, lo generamos por los costados; contar con jugadores como Pavón y Centurión por las bandas hace que las cosas sean mucho más fáciles.

-¿Qué incorporaste en este corto período en Boca?
-El hecho de entender los momentos en los que se puede arriesgar y en los que no; supe que si viene una pelota complicada, se debe resolver fácil porque un error acá se paga. Y si nos convierten por esa falla, es una pena y se hace difícil revertir la situación. Porque el fútbol de hoy es más que nada un sistema defensivo. No solo se trata de atacar. Por eso, no es tan sencillo dar vuelta un resultado.

-Para sostenerse en el arco de Boca, ¿se precisa tener tantas condiciones como personalidad?
-Sí; cualquiera que ataja en Boca o en una Primera tiene condiciones y, también, personalidad, en especial en este puesto. El arquero ordena al equipo desde atrás, y, si no ayuda, perjudica al grupo y a sí mismo. Porque, en definitiva, los goles se los meten al arquero.    

-¿Qué fichas te ponés en Boca?
-Por empezar, deseo mantener mi lugar, que es importante. Me siento un privilegiado. Por otro lado, quiero ganar títulos acá: el torneo local, la Copa Libertadores… Serían únicos. Me encantaría competir en el Mundial de Clubes y, además, atajar en la Selección Mayor.

LA PRODUCCION termina en la Bombonerita. Agustín no llega a 50 partidos en Primera, pero se banca el arco de Boca. Sus condiciones y su personalidad maquillan la inexperiencia. Sin embargo, él se abstrae del dato y prueba de tres con una pelota de básquetbol. Sin calentar la mano, la mete con facilidad: una, dos, tres veces. La planilla se torna perfecta. Rossi mira y sonríe. Sus manos están llenas de vida y, tal vez, llenas de magia.

La amistad con Augusto Batalla
LOS ARQUEROS de Boca y de River se llevan de primera. Ambos compartieron plantel en la Selección Sub 20. Incluso, gozaron el título en el Sudamericano de Uruguay 2015 y padecieron la eliminación en primera ronda en el Mundial de Nueva Zelanda 2015. “En el seleccionado, se generó una amistad importante, una linda relación. Nos hablamos o nos cruzamos mensajes casi siempre antes de los partidos. De todas maneras, no nos vemos seguido, por los horarios de cada uno. Hemos quedado en juntarnos a comer con nuestras familias, que se conocen. Augusto y su familia son humildes, buena gente”, cuenta Rossi.

Por Darío Gurevich / Fotos: Emiliano Lasalvia

Nota publicada en la edición de Mayo de 2017 de El Gráfico

Por Darío Gurevich: 06/06/2017

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