ENTREVISTAS

El Toti Iglesias, 100x100: “Argentina es un país para extrañar, no para vivir”

- por Diego Borinsky: 20/03/2017 -

A los 59 años en su oficina, a la que cada vez va menos. Es representante pero está dejando.

1 ¿Quién es José Raúl Iglesias? Un tipo que con pocas condiciones técnicas consiguió mucho en el fútbol. Nunca imaginé que tendría un reconocimiento tan importante como el que noté tras haber dejado, considerando que no fui un gran jugador de fútbol.

2 ¿Qué son “pocas condiciones técnicas”? Yo no me podía gambetear una silla (risas). Era muy oportunista, mi fuerte era la definición. Casi todo pasaba por la intuición, que es algo que no se compra en el almacén. Era un tipo livianito, por lo general el más rápido del equipo, y definía muy bien.

3 ¿Cómo aprendiste a definir? Algo traés en lo genes, o de muy chiquito, y otro tanto lo aprendés. Hubo técnicos en inferiores que me tiraron conceptos fundamentales. ¿Ejemplos? Cuando tenés un mano a mano entrando desde el costado, hay dos puntos en los cuales el arquero está endeble: primer palo arriba y segundo palo abajo. Si te parás adelante del arco, ves clarito esos dos agujeros. Y cuando entraba de frente, apuntaba a la bisectriz que forman los palos y el arquero, por lo general pateaba a un metro de cada pierna y era gol seguro. Eso se practica y se mecaniza.

4 ¿Quién te enseñó eso? Carlos Román, en las inferiores de San Lorenzo. Yo erraba muchísimo ante el arquero, pero entendí que no pasaba por la fuerza, sino por la astucia y pasé a ser muy frío.

5 ¿Cómo se consigue la frialdad? Pasa por no atolondrarse. La mayoría entra al área y se nubla; a mí me pasaba lo contrario, se me despejaba. Adentro del área no hace falta romperle el pecho al arquero, porque estás cerca, hay que tocar a un costado. También me enseñaron a jugar en puntas de pie: hay un segundo en que la pelota cambia de rumbo dentro del área, pega en un defensor o roza en un compañero, y si estás en puntas de pie, salís más rápido y anticipás mejor al defensa.

6 ¿El goleador nace o se hace? Ambas. Vos no vas al almacén y pedís “deme un kilo de goles”, tenés que nacer con el gen, como Bochini gambeteando o Fillol atajando. Yo tenía ese don y después, practicando, lo mecanicé. Se nace y se hace.

7 ¿El goleador debe ser egoísta? Buen egoísta, sí; es decir: no podés patear desde el banderín del corner, ese sería un mal egoísta. Yo les decía a mis compañeros: “Muchachos, dentro del área déjenme decidir a mí, que de esto algo sé. En cualquier caso, vayan a buscar el rebote, no me empiecen a romper las bolas con que se las pase apenas entro al área”. Eso es ser buen egoísta.

8 ¿Pueden jugar juntos dos nueve de área? Si se arma la estructura para que estén bien abastecidos, pueden, ¿por qué no?

9 ¿Qué no le puede faltar a un goleador? El estado de ánimo, la confianza, el creer que siempre te va a llegar la pelota a vos y vas a marcar el gol. El día que perdés la confianza, no hacés un gol ni con el arco vacío.

Con la camiseta de Sarmiento, el club que le salvó la carrera, porque estaba dispuesto a abandonar. Fue campeón y goleador en el ascenso logrado en 1980. Es ídolo en Junín.

10 ¿Y en lo técnico? El goleador tiene que tener la frialdad para que no se le baje la cortina, siempre pensar en buscar los sectores vulnerables del arquero: primer palo arriba, segundo palo abajo, agarrarlo a contrapierna, hay que pensar continuamente. Y lo que el jugador hace en tres tiempos, el goleador debe hacerlo en dos, con un control orientado.

11 Apodo de pibe. Artimito. Me crié a 5 cuadras del Viejo Gasómetro, y a los 6 años, jugaba en el barrio, pateaba contra la pared y transmitía el partido. Ahí decía que era Artime, y gritaba los goles, y después la vida me dio la oportunidad de definir un campeonato, en la B, cuando jugaba en Sarmiento, contra Atlanta dirigido por Luis Artime. Le ganamos 2-0 y al terminar lo fui a saludar y le conté esta historia. Se quería morir, los dos goles los había metido yo (risas).

12 Terminaste siendo parecido a tu ídolo: un 9 con deficiencias técnicas pero tremendo goleador. Tal cual, aunque Artime metió más goles que yo.

13 ¿De qué equipo eras hincha de pibe? De River, me hicieron mis tíos, y por eso mi ídolo era Artime, pero cuando te dedicás a esto, perdés el fanatismo. Hoy, siento muy adentro a Racing.

14 ¿Eras de ir a la cancha de pibe? Perdí a mi papá cuando tenía 11 años, hijo único además, entonces se me complicó. Mi mamá se puso la mochila del trabajo y me dijo: “Si querés jugar al fútbol, jugá, lo único que te pido es que estudies, por si no te da, que termines el colegio”. Es una historia linda esa.

15 ¿Cómo fue crecer sin padre? Te dan un cachetazo tremendo. Por suerte tuve a Carlos Román en San Lorenzo, el padre que no tuve. Me orientó, me obligaba a acostarme temprano, me tenía en caja. Fue el tutor del árbol, el que cuando metía la pata, me cagaba a pedos, y cuando tenía que ir a mi casa para hablar con mi vieja, lo hacía.

16 ¿A qué te referías con “la historia linda”? Nunca tuve que trabajar, y le estoy muy agradecido a mi madre porque ella se ocupó de todo, pero no le podía fallar con el estudio. Hice la primaria y la secundaria y cuando llegué a sexto año, porque estudiaba en una escuela técnica, me subieron a la Tercera y se me complicó, así que dejé, aunque sabía que no le había cumplido a mi madre. Cuando me retiré, a los 34 años, fui a mi colegio, el ENET 26, hablé con el director y le pedí que se fijara en los registros para que pudiera dar las 6 materias que me faltaban.

17 ¿Te recibiste? Di las 6 materias, los vagos se reían, me preguntaban qué hacía ahí, yo era el goleador de Racing que acaba de retirarse. Me dieron el título, fui a la casa de mi madre y le dije: “Acá tenés lo que te prometí” (se le ponen los ojos rojos de emoción). No era algo que me reclamara, sí una asignatura pendiente para mí, quería cumplir con mi palabra.

18 ¿Qué recordás del Viejo Gasómetro? Es mi infancia. Era hacer las 5 cuadras caminando a las 2 de la tarde para jugar a la pelota debajo de la tribuna, con dos portones como arcos: 4 horas dale que dale. En el Gasómetro se veía bien de todos lados. Cuando era chico estaban los focos colgados de un tejido de alambre que cubría el campo, luego hicieron las 4 torres de iluminación. Increíble, ¿no?

19 ¿Quién te puso Toti? El relator Juan Carlos Morales inventó el famoso grito de Toti-gol, cuando jugaba en Huracán, y enseguida siguió en Racing, pero el que me bautizó fue un compañero de la Novena de San Lorenzo, de apellido Herrera, por mi parecido con el Toti Veglio, que en ese momento jugaba en la Primera de San Lorenzo. Mi compañero decía que me parecía físicamente y por eso me puso Toti. Nunca imaginé que se iba a hacer tan popular, incluso hay mucha gente que no sabe cómo me llamo. Cuando hay que llenar algún formulario me preguntan: “¿Cómo era tu nombre?”. Si me dicen “José”, ni me doy vuelta.

En el Palacio Ducó, con la camiseta de Huracán, con la que aún conserva un récord.

20 ¿Lo conociste a Veglio? Sí, sí, cuando en el 76 llegué a Primera, con 18 años, todavía estaba Veglio en el club. “Carlos, no lo tome a mal, a mí me dicen así por usted, si quiere…”, le comenté. Veglio se reía, un fenómeno, me dijo que no me preocupara. Yo no quería que lo tomara como una falta de respeto.

21 ¿En tu debut pediste patear un penal? Fue mi tercer partido, se estaba incendiando la cancha porque San Lorenzo venía mal, año 1976. Perdíamos 1-0 con Unión y faltando 10 minutos el Toscano Rendo me metió. “Hacé lo que puedas”, me dijo. A los dos minutos nos dieron un penal, el arquero era Perico Pérez, gran atajador de penales. Yo era un pibito de 18 años y de caradura fui a pedírselo a Mario Mendoza y Ricardo Maletti, los capos. “¿Te tenés fe?”, me preguntó Maletti. Dije que sí, cacé la pelota, cerré los ojos y metí un bombazo. Lo único que me acuerdo es que la vi picando dentro del arco y que me colgué de la red. Enseguida metimos el 2-1 y ganamos.

22 ¿Cómo llegaste al Barcelona B? Como hijo de español, ya que mi viejo había nacido en Orense, Galicia, no ocupaba plaza de extranjero, en una época donde podían jugar solo dos por club. En el primer equipo estaban Cruyff y Neeskens, holandeses. Yo tenía 20 años, y me lo propuso José María Minguella, el mismo que llevó a Maradona. Se jugó unos boletos como con Valdano, que le salió genial. Total, costaba dos mangos. Se jugó esa ficha.

23 Y no le salió. Yo no estaba preparado. Me llevé a mi novia, Esther, que es mi mujer actual, y me casé en España. La Segunda allá era muy fuerte, y yo no era un tipo fuerte, habré metido 7 u 8 goles en un año y medio.

24 ¿Qué recordás de Cruyff? Cada tanto hacíamos fútbol con ellos, y Cruyff la rompía. También lo veía en los partidos, iba siempre al Camp Nou. Le vi hacer cosas increíbles. Era una gacela: pasaba de 0 a 100 y de 100 a 0 en un segundo, y los defensores seguían de largo como loco. Una tarde, Minguella, que era muy amigo de él, me llevó a su casa, una mansión en Tibidabo, en la montaña. Ellos hablaban y yo escuchaba a un costado. Recuerdo que en el bolsillo de su camisa, Cruyff tenía un paquete de Ducados, los famosos cigarrillos negros. Cruyff hablaba y fumaba uno atrás del otro, creo que en 15 minutos que estuve allí se fumó 5 cigarrillos.

25 En España también jugaste en Huelva y Logroñés. Sí, ambos en Segunda. Con Huelva ascendí, pero fueron apenas 5 partidos porque al final del campeonato se les lesionó un delantero y me permitieron fichar por ellos. Al año siguiente fui al Logroñés.

26 ¿Es muy bravo jugar en el ascenso argentino? Terrible. Yo jugué con Sarmiento y con Huracán y las dos veces fui goleador del campeonato, pero esos años fueron vivir en el infierno. De visitante, valía todo, no era como ahora que enseguida te muestran la tarjetita. El Bomba Cáceres, un central de Nandiyú, te tiraba trompadas y codazos, en los corners apretaba los dientes como los boxeadores porque se venía piña y codazo, bummmm, y había que aguantar. ¿Sabés lo que era ir a Corrientes, Chaco o Santiago? Y la que nos hicieron en la cancha de Chicago…

27 Contá. Con Sarmiento íbamos primeros y Chicago, segundo. En vez de entrar como siempre, nos mandaron con el micro a la otra esquina, a 100 metros del vestuario, por orden de la policía, supuestamente. Bajamos caminando, los 22 juntitos, jugadores y cuerpo técnico, y de golpe aparecieron 300 hinchas de Chicago: armaron un pasillito, nos escupían, tiraban patadas, “si ganan acá los matamos a todos”, nos decían, solo había 2 policías adelante, que ni bola. Todos con la cabeza gacha hasta que le metieron una piña a Luciano Polo, el 3 nuestro, y ahí tuvimos que salir rajando para el vestuario.

28 ¿Cómo siguió? En el vestuario nos habían llenado el piso de vaselina para no poder hacer el calentamiento y tuvimos que entrar fríos. Nos cortaron el agua. El árbitro era Juan Bava… dos penales para Chicago, perdimos 2-0. Después ganamos todo y fuimos campeones. Así nos pasó en varias canchas: te apretaban mal con las hinchadas.

29 ¿Sarmiento te hizo renacer? Sarmiento me devolvió la vida cuando estaba en el fondo del mar. Yo arranqué en San Lorenzo y no pasó nada, fui a España y mal, fui a All Boys y metí un solo gol, un gol a Boca que nos sirvió para salvarnos del descenso, pero un solo gol. Entonces le dije a mi señora: “Tengo 23 años, no me fue bien en casi ningún lugar, pruebo un año más y si no me va bien, me voy a manejar un taxi o a trabajar a una fábrica”. Por eso el de arriba existe: hizo “tiqui” con la varita, campeón con Sarmiento y goleador del campeonato y ya no paré más.

El extraño de bigote, en Rosario Central, con short y camiseta típicos de los años 80, bien ajustadita al cuerpo la camiseta y muy corto el short.

30 ¿Cómo caíste en Sarmiento? Los dirigentes no sabían ni quién era. Yo me entrenaba en los bosques de Palermo con ex compañeros de San Lorenzo, no tenía club. Sarmiento armó un equipo con veteranos: León Espósito, el Hueso Glaría y el Lobo Fischer, que me conocían de mis inicios en San Lorenzo. Le dijeron al presidente: “Llevate a este pibe que anda bien”. Firmé por un sueldo básico a préstamo y me preguntaron cuál era la opción de compra. Me daba vergüenza pedir una cifra. “¿30.000 dólares?”, dije, con timidez. A los 6 meses me llamó el presidente a su casa: “Estos son tus 30.000 dólares, firmame acá, sos jugador de Sarmiento”. Se adelantó, porque ya se hablaba de equipos grandes.

31 ¿En cuánto te vendieron después? A Central en 200.000 dólares, 7 meses después de comprarme por 30.000. Negoción.

32 ¿Vas cada tanto a Junín? Ahora no, pero antes iba mucho, la Ciudad Deportiva tiene mi nombre, me eligieron como uno de los jugadores más importantes en la historia del club. Lo quiero mucho a Sarmiento y estoy pendiente de cómo le va, porque yo estaba en un pantano hundiéndome y me agarró de los pelos y me sacó para siempre.

33 ¿En Sarmiento le diste un empujón a San Lorenzo para que se fuera a la B? Ascendimos y al año siguiente nos salvamos y San Lorenzo bajó. Metí el gol definitorio en La Plata.

34 ¿Cómo se entiende que después de criarte en San Lorenzo fueras a jugar a Huracán? Me recontra putearon los hinchas de San Lorenzo, me mandaban cartas a mi casa, pero lo que la gente no entiende es que uno trabaja de esto. Yo estaba en Estudiantes y tenía un problema: todos los días tenía que ir y volver en auto a La Plata, cuando no existía la autopista. Llegaba a casa a las 4 de la tarde, no sabía si almorzar o merendar, tenía un quilombo grande en mi cabeza, con mi señora y mis hijos chicos acá, entonces le pedí a la gente de Estudiantes: “El primer club que venga, por favor, véndanme”. El primero fue Huracán, que estaba comprometido con el descenso y ni lo dudé. Solo quería salir de ese quilombo.

35 ¿No fue una traición? Para mí, no. Es lo mismo cuando un jugador dice que no le gritaría un gol a su exclub, ¿pero entonces no le estás faltando el respeto al que te está garpando el sueldo? Lo tomé como un laburo, yo me brindaba y me dejaba la vida por la camiseta que tenía puesta.

36 ¿Tuviste problemas en la cancha de San Lorenzo? Ya retirado, en el 2007. Fui con Alan Raúl, mi hijo que es hincha de San Lorenzo. Estaba por salir campeón con Arsenal, me pidió ir, lo llamé a Rafa Savino, el presidente, y me dio estacionamiento y dos plateas. Llegué a la cancha faltando más de una hora, y el del estacionamiento me dice que no hay más lugar. “¿Cómo no hay lugar? Acá tengo lo que me dio el presidente del club”, le decía y le mostraba. “No hay lugar”, repetía. Listo, me la comí y dejé el auto a 15.000 cuadras.

37 Llegaste a tus plateas y estaban ocupadas... Exacto. Y los tipos que ocupaban mis lugares no se querían ir, y en un momento empezaron “eh, vos que sos quemero, andá, tomátelas”, se armó una trifulca, realmente los quería cagar a piñas. Un cuadro insólito: estaba con las plateas que me había dado el presidente del club para disfrutar del título con mi hijo y estos tipos no se iban y nadie los sacaba. Otros se prendieron, porque en grupo son todos guapos y se contagian, y me tuvo que venir a buscar un allegado a la dirigencia para sacarme de ahí abrazado, y terminé en su palco. ¡Qué calentura!

38 ¿Tus otros hijos de qué equipo son? Leonel y Lucas, los otros dos, son fanáticos de Racing; al tercero me lo dio vuelta el tío y se hizo de San Lorenzo.

39 ¿En Huracán no te putearon por tu pasado cuervo? La primera semana estábamos entrenando ante la mirada del grupito de 50 personas que siempre están, y en el medio del silencio retumbó un: “A ver si hacés un gol, cuervo, que te vamos a matar acá, eh…”. Me hice el boludo olímpicamente.

En Barcelona Atletic (filial).

40 Pero después no tuviste problemas… Es que metí goles de entrada. Es más: la gente de Huracán me hizo un cantito: “Preste mucha atención, preste mucha atención, no es Perazzo ni Funes, este es el Toti, el Toti gol”. O algo así.

41 ¿Con Huracán te fuiste a la B? En el desempate contra Italiano, Patricio Sinot no nos dio un penal grande como una casa en el minuto 119. El Turco García iba derecho al gol y Kopriva se le tiró en tijera desde atrás, cayeron los dos rodando y dijo “siga siga”. Lo recontraputeé, me echaron, perdimos por penales y nos fuimos a la B. El martes fui a declarar al Tribunal de Disciplina y los tipos me preguntaron: “¿Usted dijo ladrón hijo de puta chorro sinvergüenza?” (risas), se me caía la cara de vergüenza. “Si este informe es real, le tenemos que dar 12 fechas”. Me disculpé y me dieron 5 como un favor.

42 En el Nacional B la rompiste. Falté a las 5 primeras fechas por la sanción y después jugué los 37 partidos restantes. No falté a uno solo. No me lesioné, ni me expulsaron, nada. Metí 36 goles, récord absoluto en el Nacional B.

43 ¿Solo metías goles fáciles? No tengo ningún gol espectacular, mis goles eran todos feos, de enfrentar al arquero y definir (risas). El 98% de mis goles fueron desde adentro del área.

44 Tampoco tenías grandes condiciones para los festejos: hacías una mortal que te salía muy mal… Ja, ja, ja, es cierto. Eso lo empecé en Huracán, que metía goles todos los sábados. Un día vino Ariel Paolorossi, el que hoy es técnico de los juveniles. Era mi compañero en Huracán, un saltimbanqui. Me dijo: “Mirá, yo no hago un puto gol y vos metés todas las semanas, así que te voy a enseñar a festejarlos”. Fue en 1986, nadie tenía cosas preparadas, entonces empezamos en un arenero, y él me enseñaba. ¡Me daba cada golpe! A los 15 días me vendieron a Racing y me quedé sin profesor, entonces me salía más o menos, caía en cuclillas en vez de parado, me faltaron algunas clases (risas).

45 También usabas un corte de pelo particular, el famoso “cubanito”… Me paraban las madres de los pibes y me decían “mi hijo se quiere cortar el pelo como usted”. Siempre me gustó el pelo largo, de hecho lo sigo usando así, con 59 años. Hay otra más curiosa: fui el primero que jugó con colita. Un día, me até el pelo porque me molestaba para cabecear. Nadie lo hacía, entonces, eh. “Dice el Coco si te animás a usarlo así en el partido”, me comentó el Panadero Díaz. “Si a él no le molesta…”, le contesté. Jugábamos contra River en Mar del Plata. Jugué así, le metí un gol a Pumpido, al siguiente dos goles a Gatti y el Coco me obligaba a jugar con colita. A mi hijo, los compañeros lo cargaban en el cole: decían que era puto (risas). Seguí hasta que no metí más y ahí Basile me dejó sacarme la colita.

46 ¿Quién te pidió para Racing? Basile iba siempre a ver a Huracán en el Nacional B, yo metía goles todos los sábados y el tipo dijo: “Este es el 9 que quiero”. Apenas me llevó a Racing, me dijo: “Tenés prohibido salir del área”. Puso a Medina Bello y a Walter Fernández por los costados y le respondí con 24 goles en un año.

47 ¿Te costó el trato con Destéfano? No tuve problemas. Me citó en Rond Point, al lado de Canal 7, y me dijo: “Vení, nene, te vamos a dar esto, esto y esto, firmá acá”. Y me dio una servilleta. Con Juan no discutías el contrato, era lo que él decía. Firmé la servilleta y me dijo: “Listo, sos jugador de Racing, andá que yo arreglo con la gente de Huracán”.

48 Completá: “Váyase preparando, vaya gritando el gol”... “porque en cualquier momento, aparece el Totigol”. Lo recuerdo y se me eriza la piel (muestra el brazo). Yo venía de meter 36 goles en 37 partidos con Huracán en el Nacional B y me compró Racing. El Gráfico me vistió con una capa de rey tipo Freddy Mercury y una corona. “Racing compró al rey del gol”, era el título. En Racing le habían tirado un adoquín a Avallay, les rompían el auto a los jugadores, mis amigos me decían que estaba loco, pero yo tenía buenas sensaciones, venía con una autoestima altísima. Era una parada brava para mis 29 años, y de entrada jugamos un triangular con Boca y San Lorenzo y los emboqué a los dos…

49 ¿Y ahí nomás nació el cantito? La gente se abrió conmigo, y a los 2 o 3 partidos me hacen ese famoso canto, no creo que haya muchos jugadores en la historia de Racing con cantito propio. Al principio no entendía, “¿Estaré escuchando bien?”, me preguntaba. Me lo cantaban antes de empezar los partidos, para mí era una inyección anímica monstruosa.

En Logroñés.

50 ¿Qué te acordás del 6-0 a Boca jugando para Racing? Que metí 2 goles y erré 3 o 4 debajo del arco, nunca jugué un partido tan fácil, era para 12 a 2.

51 En Racing eras Gardel y te fuiste rápido al Junior… Tenía 31 años, era goleador del campeonato. Un sábado a la mañana vino Enzo Genonni, fenómeno de persona, era intermediario, y me dijo que se había caído a último momento el pase de Franco Navarro a Junior y buscaban un nueve. “Te dan 250.000 dólares por un año y medio, pero tenés hasta el domingo para dar una respuesta, porque si no el lunes salen a buscar a otro”.

52 ¿Cuánto te pagaban en Racing? 50.000 dólares por año. Es decir: me ofrecían ganar el quíntuple. ¡Y a los 31 años! Era mi última gran chance de hacer una plata grande. Estábamos jugando la Supercopa, le había metido un gol al Santos. Lo charlamos con mi mujer y decidimos irnos. Y después me perdí la vuelta olímpica con Racing. Es que Dios me dijo: “¿Querés el dinero? Perdete la gloria”. La noche en que Racing fue campeón en el Mineirao, lo escuchaba por radio en Barranquilla y se me caían las lágrimas... pero no me podía quejar. Al año siguiente, el equipo clasificó para la Libertadores y tardé como cinco minutos en aceptar el regreso a Racing.

53 ¿En Racing te siguen reconociendo? Me han pasado cosas increíbles. Una vez, en el 94, llevaba poco de retirado, fui con un amigo a ver Vélez-Racing en Liniers, el día del gol de Fleita de chilena a Chilavert. Platea sur, tranquilo, a tomar un poco de sol y ver el partido. Subiendo la escalera me reconoce uno, después 4 o 5 me saludan, eh Toti de acá, Toti de allá, unos aplausos y de golpe toda la popular, que explotaba de gente, empezó con el cantito del Toti gol. “Es para vos, boludo”, me decía mi amigo. No entendía nada. “Esto es Racing”, le contesté, una frase que resume todo.

54 ¿Vas seguido al Cilindro? Voy, sí, y aún tengo que sacarme 100 fotos y firmar 100 autógrafos. Mi nieto me dice: “Abuelo, ¿qué hiciste acá? ¡Cómo te quiere la gente!”. Y siempre respondo lo mismo: “Esto es Racing”.

55 ¿Por qué, en una época donde no se cambiaba tanto de equipo, vos pasaste por 15? No había pases grandes en esa época pero yo garantizaba entre 15 y 20 goles por campeonato, entonces venían a buscarme y proponían un dinero que favorecía a todos.

56 Pero es raro que te largaran… Los clubes hacían sus negocios también. Mi máxima estadía fue en Central: un año y nueve meses, y metí 29 goles. Pero después venía San Lorenzo y pum me compraba, venía Estudiantes y pum ponía la plata y me llevaba. Como yo ganaba con el 15% del pase, a mí me convenía.

57 ¿Pero metiste 36 goles en 37 partidos con Huracán y te soltaron así de fácil? Esa vez vino Racing y puso 250.000 dólares sobre la mesa. ¿Sabés lo que eran 250.000 dólares en ese momento? Una fortuna, como 4 millones de dólares de hoy, ¿cómo no me iban a vender?

58 Fuiste respetado en todos los clubes… Seeee, eso lo noté siempre, creo que es la conducta que uno tuvo. Siempre respeté al adversario, del mismo modo que siempre grité los goles, no de modo ofensivo. El gol para mí es la vida, lo más lindo, lo que soñé desde que tenía 5 años. Había un chiste de Caloi en la última página de la revista de Clarín que me quedó muy marcado y por eso lo recorté. Es la representación de mi vida. Había un goleador que acaba de meter un gol, estaba con los brazos levantados, la tribuna se le venía encima, y decía: “Por favor, Dios , detené el tiempo, no quiero que avance nunca más”. Cada vez que metía un gol me acordaba de Caloi. Ese momento de ver 10.000 cabezas que se te vienen encima por una obra tuya es impagable.

59 Se te ve un tipo tranquilo, pero tenés muchas expulsiones por insultar a los árbitros…  Sí, sí (risas), era muy explosivo, me saltaba la térmica y los reputeaba a los árbitros. De 10 expulsiones, 8 habrán sido por putear al juez.

En Valencia.

60 “Triunfaré en Valencia y demostraré que han acertado confiando en mí”… Paaaa, eso declaré. Fui a préstamo por 6 meses; si andaba bien, el Valencia me compraba. Tenía 99 goles en mi carrera, me hacían notas en los diarios con el 99 formado con pelotas… y me volví 6 meses después con 99 goles. Fue el único club de los 15 en que jugué donde no pude meter ni un solo gol. Increíble. Contra el Sevilla, por Copa del Rey, fuimos a los penales, y pensé “Bueno, al menos lo meteré de penal”. Como los pateaba bien, el técnico me puso quinto en la lista y perdimos en el cuarto. Ni así pude (risas).

61 Si la cabeza es fundamental para todo jugador, para el arquero y el goleador, más aún... En Huracán metía tantos goles que hasta me animé a tirar una rabona y casi lo meto. La inversa también cuenta.

62 ¿Qué recordás de tu paso por Talleres de Córdoba? Me llevó Eduardo Luján Manera, después tuve a Saporiti, con los dos se dio una excelente relación. Firmé el contrato y para mí era una boludez en ese momento hacer muchos goles y le propuse al presidente: “Si meto 13 goles, quiero ganar 20.000 dólares más”, no me acuerdo el monto exacto. Era la primera vez que pedía algo sí. Y me quedé en 12, ¡vos podés creer! Nunca firmes por algo porque no se te da nunca. Después, impresionante la gente que mueve Talleres, y me trataron 10 puntos.

63 Tu día más feliz y tu día más triste en el fútbol. Felices hay muchos, me cuesta elegir uno. El más triste, cuando me fui al descenso con Huracán.

64 El mejor y el peor DT que tuviste. Te hago una amalgama con la motivación de Veira-Basile y los conocimientos tácticos de Manera-Cappa. Los peores… no me gusta. Con todo respeto, me llamó la atención Don Pedro Dellacha, excelente tipo pero que no trabajaba nada. Rogelio Domínguez, lo mismo: se sentaba a tomar café en la platea y miraba la práctica. Yo no lo haría nunca.

65 Los mejores amigos del fútbol. Hugo Issa, Fabián García, Miguel Colombatti, Rubén Insúa están un escalón más arriba de muchos muy buenos compañeros que tuve. Desde hace más de 15 años nos juntamos todos los jueves con Fabián García, Leo Madelón, Perazzo, Brandoni, Insúa, Ortega Sánchez. Antes era a jugar a la pelota y comer; ahora a comer y a jugar a las cartas.

66 ¿Te agarraste a piñas con un compañero alguna vez? Con Rubén (Insúa) no me acuerdo por qué carajo nos metimos duro en una práctica y nos agarramos a trompadas y nos separaron. Hoy es uno de mis grandes amigos.

67 ¿Te peleaste mal con algún técnico alguna vez? Con Pedro Marchetta. Me cagó a mentiras para limpiarme de Racing; no le gustaba y no tuvo la valentía de decírmelo en la cara y en un Talleres-Racing, en Córdoba, lo estaba esperando de pechito. Metí un gol al final del primer tiempo y salí disparado como un misil a gritarle el gol, lo reputeé en la cara. Se armó un quilombo de piñas en el túnel y nos expulsaron a los dos.

68 ¿Cómo sobrevivías a las murras de los defensores en tu época? En un clásico con Independiente, con Monzón nos estábamos fajando a lo loco. Era bravo el Negro: en una jugada me metió duro atrás y no dije nada. En esa época, los códigos eran: “Te callás la boca y metés vos también”. Me levantaba, calladito, me sacaba el polvo y al que venía después le metía con todo. Eso hice con Monzón y le partí la boca. Al Negro le salía espuma y en la siguiente me dijo, sacadísimo: “Ahora voy al vestuario, agarro el fierro que tengo en el bolso y te cago a tiros”. Me quedé pensando si me lo decía en serio, al final no fue nada…

69 Teo Gutiérrez lo cumplió… Dicen que sí, no me hubiera gustado estar en ese vestuario.

Su clásico festejo, en Racing. Lo aprendió en Huracán.

70 ¿Quiénes eran los defensores más jodidos? Ruggeri era fuertísimo pero no tenía mala leche; Passarella te iba mal con los codos, Cúper era limpio; Van Tuyne era bravísimo; Daniel Killer te cagaba a patadas; el uruguayo Nelson Gutiérrez, ¡mamita!

71 ¿Cómo te trató el retiro? Es muuuy difícil. El fútbol es tan lindo que, cuando lo dejás, notás que te sacaron el juguete de toda la vida, entonces no sos feliz, te levantás todas las mañanas con un vacío en el pecho. Al principio te comés los 3 asados y 4 huevos fritos que no podías el fin de semana, pero cuando pasa, te levantás y decís: “¿Y ahora qué carajo hago?”. Todos laburan y vos no sabés qué hacer.

72 ¿Qué hiciste vos? Tuve pizzería, parada de diarios, todo aquello en lo que invertían los jugadores de fútbol, lo tuve. Estaba bien económicamente, no pasaba por ahí, sino por llegar a casa y estar amargado, con cara de culo. Estaba triste, porque no tenía más mi juguete. Me costó un par de años hasta que empecé con la representación de jugadores.

73 Primero probaste con la dirección técnica pero no te gustó. Lo ayudé a Bravi en Almirante Brown, dirigí en Tigre y Cipoletti y comprobé que es una profesión altamente tóxica, tenés todo para perder y nada para ganar. Sos el padre de las derrotas; cuando ganan, ganan los jugadores y cuando pierde, pierde el técnico. Cuando ganas, el lunes ya es tarde porque tenés que planificar la semana y cuando perdés, la calentura te dura toda la semana. Horrible.

74 Los medios tampoco ayudan… Los medios te destruyen, porque sos el padre de todos los males. Iba con Cipoletti al interior y me tiraban ladrillos, botellas de agua, me pinchaban con un paraguas desde la platea. Una vez llegué a Tigre, teníamos que ir a jugar a Pergamino y los jugadores corrían despavoridos porque los perseguía la propia hinchada. Ahí me di cuenta de que no podía seguir en esto y tenía que buscar algo que tangencialmente estuviera relacionado con el fútbol pero que no fuera dirigir.

75 ¿Qué pasó con el Badajoz? Hugo Issa me comentó que querían gerenciar un club de España con un grupo inversor acercado por Tinelli. Fui dos semanas a conocer la ciudad, el club, e hice un informe. A los 10 días me confirmaron que lo comprarían y me preguntaron si podía dirigir el equipo. Es jodido el campeonato de Segunda en España, y terminamos en mitad de tabla. Luego, lo vendieron.

76 ¿Diste clases de periodismo? Cuando arranqué con la representación, me sobraba el tiempo y Hernán Ceres me propuso dar unas charlas en el Círculo de Periodistas Deportivos. Tenía facilidad para expresarme, y siempre me gustó mucho leer sobre fútbol, entonces tenía libros sobre los orígenes, sobre táctica y estrategia. Fui a un par de clases y se entusiasmaron los muchachos y me hablaron del Isped de Caseros para dar clases.

77 Muchas anécdotas, me imagino… Los pibes me pedían anécdotas, yo los sacaba corriendo. “En el recreo les cuento”, les decía. En primer año daba historia del fútbol y en segundo, táctica y estrategia, cómo analizar un rival. Lo hice durante 3 años pero me sobrepasó la ola, llegué a tener 7 cursos y una pila de exámenes, entonces tuve que dejar.

78 ¿Cómo ves al periodismo deportivo actual? Mucho más informado y capacitado. También más salvaje, porque el medio se convirtió en un negocio enorme con demasiadas horas al aire.

79 ¿Coincidís con la medida que tomaron los jugadores de la Selección? Entiendo la calentura pero me parece que no era el momento, que lo debieron haber resuelto de otra forma, charlando.

Producción de tapa para El Gráfico del 26 de agosto de 1987 en el inicio de torneo: ¿quién será el campeón?

80 ¿Quién te metió en la representación? Hugo Issa, compañero mío en Estudiantes y uno de los amigos que me dejó el fútbol. Siempre me decía que necesitaba una persona de confianza para trabajar con él, y yo me negaba porque tenía el bichito de ser entrenador, hasta que me volví de Badajoz y le pregunté si todavía necesitaba una persona. Me enseñó el trabajo y arranqué.

81 ¿Con qué empezaste? Tenía que coordinar a todos los jugadores de inferiores. Issa, Simón y Gamarnik se ocupaban de la Primera y yo pasé a ser la cabeza de todo lo de abajo. Así conocí a Gonzalo Rodríguez, a Jonathan Botinelli, a Nereo Champagne y varios más.

82 ¿Cuál era tu función? Iba a la mañana a ver prácticas y partidos de inferiores de distintos clubes, después marcaba en la empresa los que me habían gustado. Llegado el caso, hablaba con el chico, con los padres, y eso me gustó mucho. No tenía que rendir examen ni bancarme a los hinchas que me venían a apretar.

83 ¿Al chico le ofrecían plata? Un viático, botines, y si necesitaba un extra, como un abogado, o llevarlo a un kinesiólogo o médico, también. Se firmaba por dos años. En la empresa me daban autonomía, empecé a llevar jugadores afuera, y comencé a sentirme feliz. Esa sería la definición: otra vez fui feliz con algo tangencial al fútbol, que no era dirigir, pero sí es estar relacionado: hablar con un dirigente, con un jugador, con un padre...

84 ¿Cuándo te abriste de la empresa? En un momento se dividió la empresa y Hugo se fue con Guillermo Marín, y si bien no tenía nada en su contra, tampoco tenía piel con él, así que preferí abrirme e ir despacito por mi camino. Ellos se repartieron los jugadores y algunos dijeron: “Me voy con Toti, que siempre se preocupó por mí”. Y empecé con Gonzalo Rodríguez, Nico Frutos, Caggiano, Champagne…

85 ¿Cuántos jugadores llegaste a tener? Si algo aprendí en este trabajo es que no sirve la cantidad, sino la calidad. Siempre tuve 5 o 6 jugadores pero con atención personalizada. Yo voy a todos lados y estoy cuando me necesitan, no derivo. Al jugador no le gusta que le manden a alguien.

86 ¿Cuáles son las tareas de un representante? Yo tenía una gran ventaja: había sido jugador de fútbol. En esa época, la mayoría de los representantes no había jugado, entonces podía entender qué sentía el jugador en determinado momento.

87 Por ejemplo… Por ejemplo, definir una operación. A los 20 años, Gonzalo Rodríguez tenía al Villarreal y al Inter para elegir. Estábamos reunidos en el Four Season con Gonzalo, la familia y la gente de la empresa, mientras los dos clubes esperaban en hoteles diferentes. Los dos pagaban lo mismo; Issa y Simón eran los representantes, llegado el momento de tomar la decisión, Gonzalo pidió quedarse solo con su familia para pensar, y cuando nos íbamos, dijo: “Toti, vos quedaste acá, a definir conmigo”. Fue una emoción grande.

88 ¿Qué le dijiste? Que era mejor no subir 10 escalones de golpe porque se podía caer, que tenía 20 años, y que si le iba mal en el Inter volvería fracasado a la Argentina; que en el Villarreal le iban a perdonar más cosas y por eso sería más sencillo, mientras que en el Inter, si jugaba dos partidos mal, lo iban a limpiar. Me escuchó, habló con el padre y se decidió por el Villarreal. Hoy lleva 13 años en Europa, es decir que no tomó una mala decisión.

89 Gonzalo confió en que vos no le ibas a dar una opinión pensando en tu plata, sino en el bien de él, eso debe reconfortar... Exacto, me encantó que confiara en mí. Hoy por hoy, Gonzalo es un hijo para mí. Siento que le fui honesto, y por eso me mantuve tantos años a su lado. Volviendo a tu pregunta de las tareas de un representante: aconsejar, pelearle los contratos, ayudarlo con la compra de un departamento, conseguirle ropa deportiva, ese tipo de cosas hace uno...

90 ¿Por qué, en 2012, Gonzalo estaba con un pie en San Lorenzo y se terminó cayendo? El pase estaba totalmente cerrado con San Lorenzo. El Villarreal se había ido a la B, a Gonzalo le quedaba un año, pero el club quería sacarse de encima ese contrato, que era muy alto para la segunda categoría. Me moví y salió lo de San Lorenzo.

En una de sus escasas participaciones como entrenador. Luego cambió por la representación.

91 ¿Cuánto resigna ahí el jugador? El contrato era por un cuarto o un quinto de lo que cobraba en Villarreal. Incluso, para que Gonzalo no perdiera tanto, el Villarreal colaboraba pagando una parte del contrato. Estaba todo OK pero no me mandaban el pase. Acá estaba José María Castro, el yerno del dueño del Villarreal, el que luego fue ayudante de Bianchi, hasta que me llama Fernando Roig, el hijo del dueño: “Toti, no te mandaba el pase porque hubo un cambio de planes. No solo que el club no deberá colaborar con el contrato, sino que vino Fiorentina y paga 10 millones de euros por Borja Valero y Gonzalo. Creo que no lo tengo que pensar mucho, ¿no? Decile a Gonzalo que me disculpe pero él es nuestro y lo vamos a vender a Fiorentina”.

92 En San Lorenzo mucha gente lo tomó a mal… Algunos interpretaron que Gonzalo no quiso venir, pero pasó eso. Si hubiésemos arreglado una semana antes, jugaba en San Lorenzo, pero apareció la Fiorentina y no hubo opción. Se lo expliqué acá mismo a Matías Lammens.

93 ¿Jugará en San Lorenzo? Gonzalo tiene muchas ganas de volver al país, así que si San Lorenzo hace una oferta, es muy probable que juegue en el club. Su contrato con Fiorentina vence en junio de 2017 y no lo renovamos, porque nos ofrecían un dinero menor que antes. Si San Lorenzo no me hace una oferta, estoy obligado a ofrecerlo a otros equipos. Gonzalo es hoy el capitán de Fiorentina, juega 35 partidos por año, está enterísimo.

94 ¿A qué jugadores tenés ahora? A Gonzalo y a Nereo, ya estoy en el final de esta carrera. Me fue bien, quiero estar tranquilo, disfrutar de mis hijos y mis nietos, ya no tengo ganas de viajar. Vivo en un country en Canning, vengo muy poco a la oficina, pero nobleza obliga: voy hasta el final con Gonzalo y Nereo, excelentes tipos que confiaron en mí, así que cuando ellos terminen sus carreras como futbolistas, terminará la mía como representante.

95 ¿Representaste a algún DT? A Insúa, porque era amigo y me pidió el favor. En su apogeo, cuando ganó la Sudamericana con San Lorenzo, yo manejaba a Gonzalo, Botinelli, Matiusso, Nereo y alguno más. Rubén no tenía ni idea de qué jugadores eran míos, y cierta gente decía que me entregaba jugadores, por eso en un momento le dije que cortáramos, era lo más sano.

96 ¿Los representantes son un mal necesario? Indudablemente que sí. Un mal, porque el dirigente y el futbolista piensan que les come una parte del dinero que les corresponde a ellos. ¿Pero quién hace los contactos, quién te ofrece acá o allá? Si no existieran los representantes, habría jugadores que jamás hubieran jugado en Turquía o en otros países.

97 ¿Hay mucho chanta en la representación? Puffff, sobran. A los paracaidistas los olfateo fácil, se compran 100 tarjetas y un celular moderno y creen que ya son los grandes vendedores de jugadores. ¡Hay tanto chanta y paracaidistas que no tiene idea, y que vende humo!

98 ¿Y mucho inescrupuloso? Sí, como en todas las profesiones hay buenos, malos y regulares. Ahora se blanquearon mucho todas las operaciones, eso fue para bien, no solo en la Argentina sino en el mundo.

99 ¿Te robaron jugadores? Ha pasado. Recuerdo a Cabral, el 2 de Racing. Te dejan porque les ofrecen más plata o el botín último modelo. ¿Sabés qué te duele más de todo eso? La decepción como persona. Un contrato más o menos no te cambia el balance ni a la empresa ni a vos, pero cagarte de frío un sábado, llevarle los botines a la loma del orto un miércoles a la noche, y que te dejen por esa pavada, te genera una gran decepción.

100 Cuando te asaltaron dijiste que te ibas a ir del país, pero te quedaste, ¿qué pasó? Dos veces me asaltaron, en la última me cruzaron la camioneta, me llevaron para la zona oeste, incluso a uno de los chorros, que estaba pasado de falopa, se le escaparon dos tiros. Realmente me asusté y declaré que me iba del país, pero la verdad es que no puedo irme, porque acá viven mis hijos y mis nietos. Te lo sintetizo así: “Argentina es un país para extrañar, no para vivir”. Cuando estás afuera, lo extrañás; y cuando estás acá, es insoportable. Acá son todos palos en la rueda, la gente vive estresada, prendés la tele a la mañana y decís “a ver qué quilombo hay hoy”. Insisto: Argentina es un país para extrañar, no para vivir.

Por Diego Borinsky / Fotos: Emiliano Lasalvia y Archivo El Gráfico

Nota publicada en la edición de febrero de 2017 de El Gráfico

Por Diego Borinsky: 20/03/2017

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