ONSIDE

Empezó el Super Rugby en Argentina

- por Darío Gurevich: 21/05/2016 -

La patada inicial tuvo lugar en Vélez Sársfield, donde los Jaguares arrancaron como locales.

Tuculet intenta pasar; Senatore y Matera miran.

Rompamos con el mito: los argentinos somos respetuosos. Si no creen, pregúntenle a Aaron Cruden, apertura de los All Blacks, figura de Chiefs. El neozelandés completó la fila de la delegación visitante que se bajó del ómnibus a 100 metros de uno de los portones de entrada de la cancha de Vélez. El fuera de serie de Aaron caminó, junto a sus compañeros y a los integrantes del staff, con escasa custodia policial, por entremedio de un cordón humano de hinchas, que lo miraban con admiración. Faltaba una hora y diez minutos para pulverizar la historia, para que un equipo argentino jugara el primer partido del Super Rugby en casa.

El clima que se vivió en los alrededores del estadio y dentro del espacio en el que se encontraban las carpas de las marcas que apoyan al rugby argentino fue de fiesta, y también de club. Bueno, en definitiva, los Jaguares son eso: un club nacional que compite en el torneo de clubes del hemisferio sur, el más exigente del mundo. Se observaron, entonces, a niños, adolescentes, adultos y ancianos acercarse a Liniers para disfrutar de una jornada épica. Se vieron a familias enteras divertirse, sea por jugar a lanzar un line y ganar en la altura o por dejar pintarse la cara como un yaguareté. Esa acción, que llevó a cabo la Red Yaguareté en busca de concientizar para conservar la especie, prendió muchísimo, sobre todo en los más chicos.

En la cancha, la buena onda prosiguió. La gente colmó, de a poco, las plateas norte y sur, alta y baja, que fueron los únicos sectores habilitados para cumplir con las comodidades que ofrece el espectáculo. Los Totora le pusieron música a la templada tarde en la previa al juego y durante el entretiempo. La mascota, que aún no tiene nombre, hizo su irrupción por primera vez y arrancó sonrisas de los 18.200 espectadores; y las porristas levantaron suspiros y paralizaron demasiados corazones, al igual que los Jaguares. Porque el equipo, que salió a la cancha tras escucharse el rugido del yaguareté, disputó un partidazo, quizá el mejor de los tres primeros en el Super Rugby. Cometió errores, es cierto. Perdió pelotas en lugares indebidos, dejó agujeros, también lo son. Pero corrigió los actos de indisciplina, jugó de todos lados cada vez que pudo, tiró fantasías -como el sombrero que metió Santiago Cordero-, y remontó parcialmente, con actitud y un altísimo nivel de rugby, un partido chivísimo. Pero ese fenomenal try, que hizo Matías Moroni, no alcanzó frente a Chiefs, uno de los mejores del certamen. Sobre el final, los neozelandeses pegaron la última mano y decretaron el 30-26 a su favor. El público, tímido al principio, exultante durante los últimos diez minutos del match, valoró el juego y la entrega del equipo argentino con aplausos.

“Me llamó la atención la cantidad de gente que vino. El público nos apoyó, incluso cuando nos metieron un try en la última jugada. Esto es reconfortante”, afirmó Leonardo Senatore, tercera línea y uno de los referentes de los Jaguares. “Me voy insatisfecho por el resultado, porque por una desconcentración se nos escapó la victoria. Pero hicimos muchísimas cosas bien. ¿Qué particularidad tuvo este partido respecto a los dos anteriores? Sentimos a la gente y nos influyó en lo anímico, nos generó dar un poquito más en lo físico. Que te griten, que te apoyen desde las tribunas, no tiene precio. En otros años, nos teníamos que ir al exterior para jugar con dinámica e intensidad, en un nivel alto, y ganarnos un lugar en Los Pumas. Hoy, lo podemos hacer en la Argentina gracias a los Jaguares”, completó Jerónimo De la Fuente, uno de los centros.

Mientras se imprimía esta revista, los Jaguares se enfrentaban ante Stormers, también en Vélez. Probablemente, con un marco tan especial como en la jornada histórica del sábado 19 de marzo, que jamás se borrará de las retinas.

Por Darío Gurevich / Foto: Alejandro Del Bosco

Nota publicada en la edición de abril de 2016 de El Gráfico

Por Darío Gurevich: 21/05/2016

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