LAS ENTREVISTAS DE EL GRáFICO

Juan Manuel Insaurralde, hombre de fe y de confianza

- por Darío Gurevich: 10/05/2016 -

Si no fuera por su madre, no sería ni creyente ni futbolista. El chaqueño valora el esfuerzo de sus padres y se siente un privilegiado por la oportunidad que se le dio en febrero: volver a Boca, club en el que ganó los únicos dos títulos de su carrera. Maduro, a los 31 años, rinde en un equipo que busca reinventarse.

Juan Manuel es creyente. Lleva puesta una remera con la Virgen María, teñida de azul y oro, que le compró su mujer, Lucía, otra persona de fe. Sin fanatismos, profesa la religión cristiana. “Soy un agradecido a Dios. El fútbol me dio más de lo que esperaba”, sintetiza. Su madre, Rosa, resulta la responsable de este hecho. “Ella sí es fanática; parecería que vive en la iglesia y siempre pide por nosotros”, acota. Rosa también influyó en su destino, no solo por haberle dado la vida. Se cruzaba la ciudad de Resistencia en moto para llevarlo, cuando pisaba los ocho años, a entrenarse en Municipales. “Si no fuera por mi mamá, no sería futbolista -afirma-. El club nos quedaba lejos, pero íbamos impulsados por mí. Desde chiquito, tenía más ganas que condiciones. Siempre tuve esa ilusión, esa fe, para progresar y vivir de esto. Le estoy agradecido a mi vieja, y a mi viejo también. Ellos hicieron un esfuerzo grande”. 

Insaurralde ya es un tipo aplomado de 31 años, 13 de ellos como profesional. Hoy, sin histerias, debate con Rosa sobre fútbol. “Ella no entendía nada, pero después de tanto tiempo, la tiene clara. Se mira todos los partidos”, advierte. Quizá todavía no charlaron acerca del presente sinuoso e irregular de Boca. El segundo de sus cuatro hijos regresó en febrero al club tras tres temporadas y media en el extranjero, entre Rusia, Grecia y México. Reforzó a un equipo armado y bicampeón, producto de las conquistas en el torneo local y en la Copa Argentina de 2015. Pero, en apenas un mes, la mano cambió.

“Me tocó llegar en un momento en el que el equipo estaba falto de confianza. Queríamos y no podíamos. Nos costaba sacarnos un rival de encima, dar cinco, seis o diez pases seguidos, y se bajó el rendimiento. El verano nos golpeó. Pero, bueno, Boca es así: te exige siempre. Fijate que acá no tenés partidos amistosos. Siempre hay que ganar. Como decía, anduvimos mal en el verano y eso lo trasladamos al torneo local. No encontrábamos el funcionamiento, y, cuando nos dimos cuenta, era tarde. Lamentablemente, lo echaron al Vasco.  Ahora, Guillermo y su cuerpo técnico están al frente, y debemos dar vuelta la página rápido. Porque, en Boca, no tenés tiempo”, dice. 

-Mientras jugabas, ¿te dabas cuenta de lo flojo que estaban?
-Sí, lo pensé en varios partidos. Estábamos imprecisos, y repito: no dábamos muchos pases seguidos. Entonces, se nos hacía difícil dominar y ser protagonistas, que es lo que Boca te demanda.

-Sin embargo, vos parecías en otra sintonía: te bajaste del avión, te pusiste la camiseta y la defendiste bien. ¿Cuántos te agradecieron por haber regresado?
-No muchos (sonríe). Igual, el cariño de los hinchas me sorprende. Quizá les llama la atención mi forma de ser, mi tranquilidad. Yo estoy más contento que ellos por mi vuelta. Vivo con mucha alegría el día a día, como en mi etapa anterior. No es común que Boca te golpee la puerta dos veces, y menos a alguien que no nació en el club. Por eso, me siento un privilegiado.

Pasado xeneize. Grita su gol ante Godoy Cruz, en el 3-0 en mayo de 2012.

-¿Qué extrañabas de Boca?
-Jugar en la Bombonera, que es especial. Esa sensación no se vive en ningún lado, sea por el campeonato local o por la Copa Libertadores. Creo que no soy el único que lo dijo. Extrañé salir a jugar ahí y vivir esa fiesta.

-¿En busca de qué volviste?
-Desde que me fui en 2012 siempre quise volver. Quiero sumar minutos, jugar todo lo que se pueda y salir campeón otra vez. Porque si no ganás algo en Boca, durás poco. Por eso, deseo conseguir más títulos en estos dos años y medio que tengo de contrato.

Su génesis ya la repasó en detalle en la edición de diciembre de 2009 de El Gráfico. En consecuencia, no nos focalizaremos ni en su historia en su Chaco natal, ni en sus etapas en Chacarita y Newell’s. Su paso anterior por Boca se produjo entre 2010 y 2012. El seis reconoce que esa experiencia lo marcó. Porque no solo significó su primera irrupción en un club tan monstruoso y su trampolín al fútbol europeo. Resultó también sus única conexión con la gloria al consagrarse en el Torneo Apertura 2011 y en la Copa Argentina 2011/12, certamen en el que apenas disputó dos partidos. Aquel tiempo, además de dejarle un subcampeonato en la Copa Libertadores 2012, le regaló amistades. De hecho, pegó tan buena onda con Rolando Schiavi, su ex compañero de zaga central, que se lo llevó a pescar. “Su señora es de Corrientes y, en unas vacaciones, lo pasé a buscar por ahí y nos fuimos a Rzepecki. Es una zona linda de pesca, en la que salen bichos muy grandes. Ese día tuvimos mala suerte: no había mucho pique y no sacamos nada. Me parece que la piedra fue el Flaco -bromea y se ríe-. De todas maneras, la pasamos bien en el río. En el plantel actual, sé que a Meli, Osvaldo, Pablo Pérez y Cubas les gusta pescar. Y a Cubitas lo estoy convenciendo para ir en las vacaciones”. 

Entre mediados de 2012 y 2015, continuó su carrera en el extranjero. Jugó dos años y medio en el Spartak de Moscú, en Rusia (seis meses en 2012, el 2013 completo y la campaña 2014-15); el primer semestre de 2014 en el PAOK, en Grecia; y el segundo de 2015 en Jaguares de Chiapas, en México. “Aprendí mucho en el exterior. Tuve a entrenadores que me enseñaron bastante y sumé experiencia al compartir planteles con jugadores de jerarquía. Esos pasos me hicieron un futbolista más completo”, simplifica.

-¿Cuándo creés que diste el salto de calidad?
-En Rusia, sin dudas. Porque ese fútbol se basa en el control y en el pase fuerte; se juega con la cancha mojada, y los tipos hacen intensos hasta los entrenamientos. Además, compartí el equipo con jugadores de selección. Todo eso me ayudó mucho y me llevó a aprender más.

-¿Qué le agregaste a tu juego gracias a ese estirón?
-El control, la precisión en el pase y la salida limpia por abajo. Antes, todo eso me costaba. Ahora, lo tengo claro.

Al seguirlo de cerca, después de 11 partidos oficiales en un conjunto xeneize que busca reinventarse con urgencia, se nota que no es cuento aquello que acaba de señalar. Chaco demostró que su rigor físico, su fortaleza aérea, su fiereza para marcar y su personalidad no tienen fisuras. Pero mostró también que mejoró notablemente su juego a ras del piso, su control orientado y su pase firme al compañero o al espacio vacío. De hecho, ante Unión en la Bombonera, se observaron más recursos de su renovado repertorio. Se vio su capacidad para pasar al ataque, tras tocar e ir a buscar al hueco que se generaba. Sorprendió su voracidad por permanecer en el área y terminar la jugada en posición de 9. Tan cierto es que Boca necesitaba imponerse en el resultado -que finalmente lo logró por 2 a 1, sobre la hora-, como que Juan Manuel fue al frente por su determinación. Insaurralde enseña un camino sobre cómo se juega en Boca, y más aún con ráfagas de viento en contra.

Presente xeneize. Lleva 11 partidos durante este año y se destaca por su juego aplomado y por su voz de mando.

-¿Qué les pidió Guillermo, en líneas generales, en este breve tiempo de trabajo?
-Que presionemos a los rivales lo más arriba posible. Como decía, hay que ser protagonistas; a eso le apuntamos. El Mellizo ganó muchos títulos con esta camiseta y sabe lo que es Boca.

-Ahora, entre ustedes, los centrales, se pasan más la pelota para visualizar el claro. ¿Eso se los indicó Guillermo o lo decidieron ustedes?
-Guillermo no quiere que nos pasemos tanto la pelota entre nosotros, los centrales. El pide que el equipo toque más adelante, en la zona de los volantes. La idea es ser lo más vertical posible y hacer circular la pelota de tres cuartos de la cancha en adelante para llegar por sorpresa, hacer el dos contra uno, buscar el último pase.

-¿Por qué les cuesta patear al arco?
-Pasa por la confianza, por un tema de la cabeza, que es clave e influye muchísimo. Mis compañeros vienen de ganar dos títulos y estoy seguro de que no se olvidaron de tirar una pared, de sacarse un hombre de encima, de hacer diez pases seguidos, en definitiva, de jugar. El equipo debe recuperar la confianza; y eso se consigue al volver a acostumbrarse a ganar partidos. A medida que los triunfos lleguen, nos vamos a soltar.

-¿Hubo algún aspecto del juego en el que ya progresaron con Guillermo?
-Sí; cómo presionar, el hecho de pasar la línea de la pelota lo más rápido posible cuando retrocedemos, esto de tocar un poquito más… Pero todavía nos falta. Igualmente, se ve la mano del técnico. Porque se hicieron buenos pasajes en algunos partidos. Por ejemplo, estuvimos bien parados en la altura ante Bolívar. Jugamos un buen fútbol en el segundo tiempo y pudimos empatar sobre el final. Nosotros tenemos que recuperar ese fútbol, esa confianza, que a Boca lo llevó a ser campeón de dos torneos hace poco tiempo. Como decía, no creo que mis compañeros se hayan olvidado tan rápido de jugar.

-Jugar bien lleva un período, y sostenerlo ni hablar. ¿Boca, por empezar, tiene que volver a ser un equipo práctico?
-Sí, es cierto. Pero también pasa por lo que decía antes: empezar a ganar dos, tres, cuatro o cinco partidos seguidos. Esto generaría confianza y trabajaríamos más tranquilos, más relajados. Así se haría más fácil la semana y podríamos pensar mejor. 

-¿Cómo se salva el semestre?
-Solo si salís campeón. No hay otra opción, no existe un punto medio en Boca. Si no das la vuelta, no se cumplen los objetivos y se complica. Entonces, o salís campeón o es una mala campaña. Soy un convencido de que estamos a tiempo de todo. Porque el fútbol argentino y el sudamericano están muy parejos. Ojalá nos demos cuenta y juguemos mejor. Nosotros debemos ser un equipo con carácter, personalidad y que salga a buscar en la cancha que sea.

-Pero esperá: no salir campeón no implica redondear una mala temporada. Vos fuiste subcampeón de América en 2012, y eso no se asocia a un fracaso. ¿O no?
-Está claro, no fue ni es un fracaso haber sido segundo en esa Copa Libertadores. Si llegamos a la final, fue por algo. Tuvimos nuestros méritos. Después, no se nos dio. Pero lo importante es que fuimos protagonistas; y, ahora, hay que apuntarle a eso primero.

-¿Ya tenés espalda para ser referente en Boca?
-No, estoy para sumar, para ayudar al que sea. Me siento bien desde mi lugar. Jamás diría que soy un referente en Boca, nunca me pondría ese cartel. Por lo que viví, tengo experiencia. Solo trato de aportar adentro y afuera de la cancha, desde donde me toque.

Chaco y su gigantografía con la indumentaria del Spartak de Moscú. En Rusia, jugó dos años y medio.

-¿Necesitás de Boca para ser campeón?
-Sí (se ríe). Peleé tres años el ascenso en Chacarita y no lo logramos; fui segundo en Newell’s y en el PAOK; y, en Boca, gané los únicos dos títulos de mi carrera. Como decía, sería un sueño conseguir algo más con esta camiseta. El grupo quiere conseguir más títulos. Porque sabemos que si no ganás en Boca, no sirve de nada. Acá, tenés esa presión por estar ahí arriba. Si no, es difícil quedarse.

-En 2009 y 2010, disputaste dos partidos con la Selección local de Maradona. Jugar en buen nivel en Boca, ¿te acercará al seccionado otra vez?
-Soy realista y creo que se me pasó el tren. Por ahí, el entrenador piensa a futuro y tiene a muchos jugadores jóvenes en gran nivel en ligas europeas. Por eso, se me hace difícil competir contra esos futbolistas; y no es porque yo me crea menos, sino porque ya tengo una cierta edad.

Juan Manuel es creyente. El tatuaje religioso que tiene en su brazo derecho lo delata. Se observa una mano en pleno rezo, un rosario, unos ángeles y una cruz. Insaurralde confía en que Boca va a levantar y se va a sostener. No le surge solo por una cuestión de fe. Se basa, sobre todo, en la jerarquía del plantel, más todo lo que refiere al trabajo cotidiano. ¿Qué deben hacer para lograrlo? “Tenemos que despertarnos”. Quizá Rosa también piense lo mismo.

Recuerdos en el funebrero
“Le tengo un gran aprecio a la gente de Chacarita, en especial a la que trabaja en inferiores. Jugué ocho años en el club, y bastante en la Primera. Pasé momentos alegres y tristes; y jamás me voy a olvidar de que viví cuatro años en la pensión, en San Martín. La pensión era linda, y descansábamos y comíamos bien; nos lavaban la ropa y hasta teníamos cocinera. Es más, yo jugaba en la Primera y no me quería ir a vivir solo”, asegura. ¿Qué consejo le dieron allí y le quedó grabado? “Siempre nos hablaban de la conducta, de los cuidados personales, de empezar a ser profesionales. Porque si no se mantiene una línea, no se llega a nada. Más allá de que también influye la suerte en el fútbol, tenían razón. Por eso, lo sigo llevando a cabo para que me vaya lo mejor posible”, concluye.

Por Darío Gurevich / Fotos: Maxi Didari

Nota publicada en la edición de abril de 2016 de El Gráfico

Por Darío Gurevich: 10/05/2016

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