LAS ENTREVISTAS DE EL GRáFICO

Facundo Pieres: “El polo argentino entró en una meseta”

- por Darío Gurevich: 21/04/2016 -

El crack mundial pide a gritos un cambio en la órbita nacional, rememora su “retiro precoz”, revive sus momentos críticos y afirma que está en su mejor etapa. Su debilidad: volver a ganar el Abierto de Palermo.

A los 29 años, posa en su caballeriza, en General Rodríguez. Ahora, afronta la temporada en el extranjero.

Podría haberse callado. Desde una visión egoísta, no le convenía patear el tablero y referirse a los cambios que desea introducir para mejorar el polo argentino. Si total La Dolfina y Ellerstina, la organización de su familia, son abonados hace una década para enfrentarse en las finales de los torneos de la Triple Corona... De hecho, definieron nueve de las últimas 11 ediciones del Campeonato Argentino Abierto, llamado popularmente Abierto de Palermo –el certamen de mayor nivel en el mundo–. Desde una mirada simple, entonces, hasta se perjudicaría. Pero Facundo Pieres, uno de los dos mejores polistas del planeta junto a Adolfo Cambiaso, sale de su zona confortable y encara. Al igual que en su caballeriza, y que adentro de la cancha, busca la excelencia.

“Me surgió la necesidad de hablar sobre este tema. Sentía que nadie decía nada, y todos los polistas sabemos que hacen falta cambios en la Argentina”, anticipa. Oportuno, sin esquivar justificaciones, desarrolla las cinco modificaciones más importantes que realizaría para la temporada alta de este año, que comienza en septiembre.

- “El sistema de hándicaps. Sacaría las comisiones que hay, haría que todos los jugadores de alto hándicap voten, y así, con esos votos, se conocerán los nuevos hándicaps. De esta manera, no habría más corrupción ni quejas”.

- “El sistema de arbitrajes. Debe haber un grupo de 10 o 12 referís que sean los mejores y que solo dirijan en los torneos de alto hándicap. Por ejemplo, en la Argentina, solo podrían dirigir en la Triple Corona. Para eso, tienen que estar mejor pagos; y el sistema debe ser más profesional: según sus actuaciones, los referís salen o se meten en ese grupo de 10 o 12”.

- “El Abierto de Palermo tiene que ser más largo, y las finales de Tortugas y de Hurlingham -los otros dos torneos que conforman la Triple Corona- también deben jugarse en Palermo”.

- “La Triple Corona tiene que ser un mejor evento. Creo que se puede mejorar muchísimo en ese aspecto. Quizá habría que copiar de otros deportes: el fútbol americano, el básquetbol y el tenis. Porque, en estos deportes, se hace un show muy bueno, sea para las personas que van a la cancha o para las que los ven por televisión. En el polo, estamos muy atrasados, en especial en la Argentina”.

- “Las reglas. El polo debe ser más divertido y copado para los espectadores. Conozco a mucha gente que no sigue este deporte porque no lo comprende. Esto no puede pasar. De hecho, cuando se lo entiende, el polo se convierte en una adicción para el público. Por eso, hay que hacerlo más entretenido y popular”.

-¿El polo entró en una meseta en la Argentina?
-Sí, siento eso. Si no se le da una lavada de cara, se lo matará de a poco.

La historia solo se difundió en El Gráfico Polo, hasta ahora. Facundo, quizá, podría haber llevado su vida profesional para otro rubro. El segundo hijo varón de Gonzalo -eximio ex polista- dejó de jugar de repente a los cuatro años.

-Esa es una etapa de mi vida que no recuerdo demasiado. Papá me contó que un primo hermano se dio un golpe fuerte, y yo, al verlo, me traumé un poco.

Se adaptó a la necesidad de Ellerstina, cambió de puesto y jugó de 4 en 2015. Rindió muy bien. "Soy un back ofensivo", afirma.

Como el protagonista conserva imágenes borrosas de aquel momento, su padre detalla lo sucedido: “Lo más increíble es que, de los tres chicos, fue el único que se retiró durante cuatro años. Lo decidió porque un primo hermano suyo, de su misma edad, hijo de Alfonso, se pegó un golpazo delante de él y parecía que se había muerto. Eso le generó un shock tremendo contra los caballos. Facu seguía jugando al polo a pie o en bicicleta, pero no quería subirse a un caballo. Yo jamás le puse presión para que lo hiciera, por si se caía, por si le pasaba algo. Este es un deporte peligroso, y no había que forzarlo. Entonces, la única manera para que volviera a andar era por voluntad propia o al mirar a sus amigos; ni los padres, ni los hermanos, debíamos meternos”.

A 25 años de aquel episodio, se advierte que Facundo ahuyentó a los fantasmas. Lo que no se sabe es cuándo, cómo y por qué lo logró. “A los 8 años, todavía les tenía mucho miedo a los caballos y no me animaba a subirme a uno. Había una yegua que era muy mansa, la Raquelita; no la voy a olvidar… Porque me dio confianza para subirme y, de a poquito, empecé a taquear -explica-. En ese tiempo, había una actividad en Ellerstina que era el polo de Mariano Monteverde, y los chicos jugábamos todos los fines de semana. Al principio, en las primeras prácticas, me costó porque iba despacio en comparación del resto… Hasta que me solté. Me ayudó jugar con chicos más grandes, me vino bien para mejorar”.

-El fenómeno que se ve en la cancha, ¿cuándo empezó a asomar?
-Nunca me puse una meta de tratar de ser el mejor, o llegar a 10 goles. Sí son sueños que cumplí. Cuando conocí qué era jugar el Abierto en 2003, dije: “Mierda, qué lindo sería ganarlo”. Cuando me subieron un gol de hándicap, pensé: “Qué lindo resultaría llegar a 10”. Fueron momentos, ¿no? A partir de los 12 años, supe que tenía cualidades para jugar bien; sobre todo porque me enfrentaba contra chicos de mi edad y sobresalía seguido. Pero, de ahí a ser muy bueno, hay un largo camino. Porque se deben superar tantas etapas en la vida, tantas trabas, que definen si sos realmente bueno o no. Entonces, era muy difícil saberlo. Hasta me podría haber estancado en alguna situación. Es más, afronté momentos delicados.

-¿Cuáles? ¿Podés describirlos?
-Sí… No olvido cuando era un 6 goles. Tenía 16 años, que es una edad muy jodida para muchos chicos. Se entra en un pozo. Lo viví conmigo, con mi hermano Nicolás y lo noté con otra gente también. Los 16 o 17 años resultan un período en el que tenés que jugar bien de verdad y todavía no contás ni con la experiencia ni con la cabeza para alcanzar ese nivel. Como decía, yo tenía 6 goles, y la verdad es que no jugaba bien. Fue en 2002, a un año de debutar en el Abierto de Palermo. Ahí dudaba sobre mí, y creo que papá y mi hermano Gonzalito también. Jugaba con instinto, pero no con inteligencia. Era habilidoso, todo lo que quieras… Pero no definía, no jugaba bien. Creo que fue mi peor año, lejos… Y en 2003 se me dio de jugar por primera vez el Abierto de Palermo con Gonzalito y los Mac Donough; era un equipo nuevo y con muchas ganas. Como el cuarteto funcionaba, empecé a jugar un poco mejor. Eso me ayudó a crecer. Si hubiese seguido en un polo de nivel intermedio, me quedaba ahí. Eso es lo que les sucede a muchos chicos que no tienen la posibilidad de competir en el Abierto. Porque, para mejorar, debés jugar un mejor polo. Si participás de uno más o menos, con caballos más o menos, te estancás ahí y te va a costar subir por más habilidoso y bueno que seas. Desde los 12 hasta los 16 años, sabía que jugaba bien y que tenía mis chances. Pero, a los 16, yo sentía que era malísimo, que no jugaba con la cabeza, que era un mal polista.

-Ese fue un momento doloroso, durísimo. ¿Existió otro?
-Sí… Me pasó lo mismo a los 19 años, cuando me subieron a 10 goles, porque no jugaba al nivel de un 10. Está bien: tuvimos un buen año, llegamos a las tres finales de la Triple Corona, casi la ganamos, y había andado bien… Pero 10 goles eran Adolfo Cambiaso, Bautista, Marcos, Nachi y el Ruso Heguy… Yo competía contra ellos durante el año y había mucha diferencia.

-¿En qué etapa estás de tu carrera?
-A nivel personal, en la mejor; por cómo planteo los partidos, por la confianza que me dio haber ganado la Copa de la Reina y la Copa de Oro el año pasado en Inglaterra, por lo conseguido -también en 2015- en Estados Unidos. Me siento distinto, y antes no me pasaba. Si bien tenía 10 goles, me enfrentaba ante Adolfo Cambiaso u otros jugadores extraordinarios y creía que me faltaba. A partir de 2015, fue diferente. Como decía, me siento distinto y con muchísima más confianza que antes.

-¿Te enoja no haber conquistado ninguno de los últimos nueve torneos de la Triple Corona?
-Sí, me tira para abajo. No lo niego: me molesta bastante haber perdido Palermo los últimos tres años. De todas maneras, sé cómo son las cosas. Entre 2008 y 2010, nosotros ganamos casi todo. Nuestra decisión siempre fue la de jugar en familia. En los últimos cinco años, el equipo tuvo modificaciones y no es lo ideal. Porque lo ideal es mantener una estructura. Siempre fue un sueño jugar cuatro Pieres juntos (Facundo, Gonzalito, Nicolás y Pablo, su primo). Cuando la chance surgió el año pasado, no lo dudamos. Ellerstina es un equipo que busca asentarse y ganar varios años. Iniciar ese camino nos puede llevar un tiempo.

-Ahora, en frío, ¿qué análisis hacés sobre la última derrota ante La Dolfina por 13-12, en el Abierto de Palermo?
-Ellos jugaron mejor los primeros seis chukkers, y después nosotros levantamos un poco el nivel. Nos faltó esa cuota de suerte que ellos tuvieron en la final de Hurlingham. Si nuestra última jugada terminaba en gol y empatábamos, el partido se habría puesto lindo.

-¿Qué te reprochás al respecto?
-Es muy difícil reprocharse cuando el rival juega tan bien. Lo que más me molestó es que nos haya costado seis chukkers empezar a jugar bien.

-Hablemos sobre esta temporada. ¿Cuál es el desafío en el exterior?
-Ganar todo, en especial el US Open que se me escapó el año pasado; y ojalá me vaya bien en España, que vuelvo a ir después de dos años.

En 2015, ganó la final del Abierto del Jockey Club en el país. En 2016, busca destronar a La Dolfina, tricampeón de la Triple Corona.

-¿Con qué se compararía repetir la doble corona en Inglaterra?
-No lo sé; sería espectacular, aunque son torneos muy difíciles en los que hay equipos muy buenos.

-Te llevo imaginariamente para la Argentina. ¿La obsesión es volver a imponerse en el Abierto de Palermo?
-Es lo más lindo que hay para un polista. Como decía, le apunto a ganar todo, y en especial Palermo.

-¿Cómo te gustaría que te recuerden el día de mañana?
-Quiero seguir en buen nivel y ganar más torneos, porque me encantaría ser recordado como uno de los mejores jugadores de la historia. Aunque también creo que es más importante la persona. Me dolería que dijeran: “Qué bueno era, pero qué forro, qué garca que era en lo personal”. Siempre pienso en no hacer cagadas, porque el ambiente es muy chico y nos conocemos todos. Me interesaría ser recordado como un gran jugador y una muy buena persona. Pero, si tuviera que elegir, prefiero ser valorado como mejor persona antes que como mejor jugador.

Por Darío Gurevich / Fotos: Emiliano Lasalvia

Nota publicada en la edición de marzo de 2016 de El Gráfico

Por Darío Gurevich: 21/04/2016

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