¡HABLA MEMORIA!

10 grandes objetivos para el 2016

- por Redacción EG: 16/03/2016 -

La Selección de fútbol intentará cortar su racha sin títulos; los Juegos Olímpicos pondrán a prueba el trabajo de la última década; Los Pumas y el vóley buscarán continuar su evolución; Ginóbili abandonará el básquet; Del Potro retornará al tenis...

Ser campeones después de 23 años
No es fácil ganar un título con la Selección. A diferencia de los clubes, que juegan dos, tres, a veces cuatro campeonatos por temporada, las chances con la celeste y blanca son espaciadas: un Mundial (lo ganamos dos veces desde 1930) cada cuatro años y una Copa América también cada cuatro. Muy poquito. Sin embargo, incluso considerando ese dato, los 23 años que acumula la Argentina sin campeonatos parecen demasiado. Especialmente, porque ha estado muy cerca desde entonces: perdió las finales de los Mundiales 1990 y 2014; de las Copas

América 2004, 2007 y 2015; de la Copa Confederaciones 2005; y hasta de la poco relevante Copa Rey Fahd 95. Por eso, es una buena noticia que se juegue una Copa América especial en junio de 2016, con motivo del centenario de la competencia. Será en Estados Unidos y, allí, Messi (foto) y compañía tendrán una buena chance de cortar la racha negra. Habrá 16 selecciones en la pelea, y los principales rivales serán los de siempre: Brasil, Uruguay y Colombia, con el agregado de Chile (eufórico tras el título de 2015) y Estados Unidos (fortalecido por la localía).

Que se acaben los papelones de la AFA
Lamentablemente, es el objetivo más difícil de cumplir en apenas un año. Pero es nuestra obligación, como amantes del deporte y como parte de la sociedad, desearlo: queremos un fútbol más sano. Es mentira que antes todo era ético, respetuoso y ordenado: en la historia del fútbol argentino sobran violencia, corrupción y mentiras. Ya en 1920, El Gráfico se quejaba de esos males. Pero, hoy, la oscuridad lo invadió todo: barrabravas que son extorsionadores de hinchas y futbolistas; y en el peor de los casos, asesinos. Futbolistas cada vez más millonarios, aunque sean del montón, despreocupados por la realidad social y enceguecidos en la falsa burbuja del éxito pasajero. Dirigentes que fingen amateurismo y se llenan los bolsillos. Representantes que se llevan parte del botín sin esfuerzo, entrenadores que piden plata a sus dirigidos para permitirles jugar, periodistas amigos del poder, hinchas que quieren matar a los rivales… Y todo ayudado por una entidad, la Asociación del Fútbol Argentino, incapaz de ordenarse, de colaborar, de eliminar al menos los sucesos más terribles: las muertes dentro y fuera de las canchas. En 2016 no podrá solucionarse todo. Ojalá, al menos, se empiece por algo.

Igualdad de género
Que el deporte es un reflejo de la sociedad ya se ha dicho muchas veces, y suele ser cierto. Por lo tanto, en una sociedad como la nuestra, todavía dominada por el machismo, es tristemente lógico que las atletas mujeres sean minimizadas. ¿Cuántos deportistas hombres sos capaz de nombrar? Probablemente, más de cien, si incluimos futbolistas. ¿Y cuántas mujeres? Algunas Leonas, tal vez Paula Pareto (foto), con suerte Jennifer Dahlgren. Esto no sucede porque las mujeres sean peores deportivamente que los hombres, sino porque el deporte femenino sigue siendo visto como un espectáculo “de segunda”. Por eso, será obligación de todos, incluidos los periodistas, prestarles atención y apoyo a mujeres cuyos nombres son desconocidos pero que han hecho tantos méritos como algunos hombres que sí son populares. No solo habrá que alentar a Las Leonas o a Pareto (muy merecido lo tienen), sino también a Las Panteras, Dahlgren, Rocío Comba, Virginia Bardach, Cecilia Biagioli, Etel y Sofía Sánchez, Las Gigantes, María Garro, Mariana Díaz, Mara Colombo, Paula Ormaechea, Nadia Podoroska, Giselle Soler, Paula Wegscheider… ¡Vamos las chicas!

Mejorar en los Juegos Olímpicos
Es inevitable, en un año olímpico, que uno de los objetivos sea realizar una buena actuación en el principal evento deportivo. La gran pregunta es… ¿qué sería una “buena actuación”? Existe una respuesta rápida e injusta: ganar 3 medallas de oro. La Argentina no lo consigue desde 1948 y sería una marca histórica. ¿Por qué ese objetivo es injusto? Porque las medallas no necesariamente reflejan la realidad deportiva de un país. Por ejemplo, si las selecciones de fútbol, básquet y vóley ganaran el oro, pero el resto consiguiera pésimos resultados, ¿sería un éxito? Claro que no. Para certificar la evolución del deporte nacional se valora, mucho más que una medalla en fútbol, la mejoría en los deportes con menor poder económico. Que en atletismo, por ejemplo, hubiera 5 argentinos entre los 20 mejores de su especialidad, sería una demostración mucho más válida. Sumar alguna medalla en deportes no tradicionales, como la del taekwondista Sebastián Crismanich en Londres 2012 (foto), sería un gran motivo para festejar. Así que, para saber si se cumplió o no el objetivo, habrá que hacer, una vez terminados los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro, un largo y complejo análisis.

Que continúe la fiesta de Los Pumas
En la Argentina, pocos deportes han logrado una evolución tan evidente como el rugby. Desde las derrotas continuas a principios de la década de 1990 (se consiguió solo un triunfo en Mundiales entre 1987 y 1995) hasta este presente, han sobrado muestras de éxito internacional: cuartos de final en el Mundial 99, 9° puesto en 2003, 3° en 2007, cuartos de final en 2011 y 4° lugar en 2015. Además, Los Pumas comenzaron a jugar el Rugby Championship (ex Tres Naciones) contra Nueva Zelanda, Australia y Sudáfrica a partir de 2012. Y desde este mes, se suma una nueva posibilidad de crecer: un combinado argentino, los Jaguares, competirá en el Super Rugby ante quince equipos de Nueva Zelanda, Sudáfrica y Japón. La meta será aprovechar este gran momento del rugby nacional para fomentar su práctica en los clubes y seguir aumentando su popularidad. Si Los Pumas consiguen instalarse entre los ocho mejores del planeta de manera continua, todo repercutirá positivamente: más jugadores, más público en las canchas, más sponsors, más apoyo estatal. Ojalá que, en 2016, el crecimiento no se detenga.

Seguir en la elite del atletismo
En la última década, el atletismo argentino ha dado un paso hacia adelante. Aparecieron, uno a uno, nombres que pudieron competir en el primer nivel de su especialidad, hasta formar una pequeña legión: Mariano Mastromarino (maratón, oro en los Panamericanos 2015), Germán Lauro (lanzamiento de bala, 6° en Londres 2012), Jennifer Dahlgren (martillo, 7ª en los Panamericanos 2015), Germán Chiaraviglio (salto con garrocha, plata en los Panamericanos 2015), Juan Manuel Cano (marcha, 22° en Londres 2012), Rocío Comba (disco, 26ª en Londres 2012), Fede rico Bruno (1500 metros, 6° en los Panamericanos 2015) y Braian Toledo (jabalina, 4° en los Panamericanos 2015, foto). El gran objetivo no estará centrado en ellos, porque la mayoría transita la parte final de su carrera: Mastromarino tiene 33 años; Lauro y Dahlgren, 31; Chiaraviglio, Cano y Comba, 28. El gran logro será que sigan surgiendo atletas de primer nivel y que la Argentina disfrute, como en los últimos años, de tener representantes en cada una de las principales competencias. ¿Cómo se puede lograr? Con apoyo del Estado, claro (ver último recuadro).

El definitivo retorno de Delpo
¡Levante la mano el que recuerda el último torneo que jugó Del Potro! Casi nadie, como es lógico, tiene presente que su último partido fue contra el canadiense Vasek Pospisil en el Masters 1000 de Miami, allá por marzo de 2015. Su imagen en una cancha se nos va nublando, y con su ausencia también se nubló el panorama del tenis argentino. Aunque se alcanzó una meritoria semifinal en la Copa Davis, no pasó desapercibido que en 2015, por primera vez desde 1997, no se consiguieron títulos. El gran objetivo será volver a ver a la torre de Tandil sano y feliz en un court. A los 27 años, ya ha perdido más tiempo que el recuperable, y sus esperanzas de llegar a ser el primer argentino N° 1 del ranking se fueron diluyendo hasta este presente que tiene más relación con la paciencia que con los Grand Slams. Y que con él sigan firmes Leo Mayer, Diego Schwartzman y Federico Delbonis. Y que peguen el salto Guido Pella, Facundo Argüello y Pedro Cachín. Y que renazca el tenis femenino, enterrado en un pozo generado por multitud de causas. Que la Argentina levante este break point en contra que atraviesa y el 2016 sea un año con triunfos y, claro, con Del Potro.

Que el voley no deje de crecer
El voley ha sido un deporte de rachas en la Argentina. Inexistente a nivel internacional hasta la década del 80, vivió una revolución impulsada por el coreano Young Wan Sohn que tuvo sus picos en los terceros puestos del Mundial 82 y los Juegos Olímpicos 88. La siguiente explosión tuvo que ver con la popularidad: el equipo liderado por Marcos Milinkovic y Javier Weber llenó estadios en distintas provincias entre 1995 y 2000. Ese año se logró un 4° puesto en los juegos de Sydney. Luego apareció la irregularidad, muchas veces por situaciones estrictamente deportivas, y otras veces por disparates dirigenciales. La asunción de Julio Velasco en 2014 generó mucha expectativa y buenos resultados: 5° puesto en la Copa Mundial 2015, medalla de oro en los Panamericanos de Toronto y clasificación para los juegos de Río. Este año, el objetivo no será solamente que los varones brillen en los Juegos Olímpicos, sino también que se comience a valorar el gran trabajo que está realizando la Selección femenina. Las Panteras se han clasificado a los juegos por primera vez y en los últimos años han conseguido insertarse en la elite internacional.

Que Ginóbili se retire a lo grande
Los préceres del deporte argentino son pocos. Maradona, Messi, Vilas y Fangio, seguro. De Vicenzo, Monzón, Sabatini y Luciana Aymar, casi sin discusión. Di Stéfano, Hugo Porta, Alberto Zorrilla y Hugo Conte entrarían un escaloncito debajo en el reconocimiento popular. Muy bien: entre esos nombres merece estar Emanuel Ginóbili. ¿Entre los últimos? No, no: entre los primeros. Al lado de Maradona y de Vilas. Por eso, San Antonio es para los amantes del básquet lo que Napoli fue para los del fútbol. Y por eso es un objetivo nacional que, en esta temporada, a los Spurs les vaya bien. Porque no es una más, sino la última de Ginóbili en su carrera. A los 38 años, Manu dejará un enorme hueco. Aquellos que piensan que el cierre ideal sería con un nuevo anillo de la NBA (el quinto) se equivocan: el final perfecto sería animándose a la osadía de ponerse la celeste y blanca en los Juegos Olímpicos. Es difícil, su cuerpo dice basta, y seguramente llegará con más de 90 intensos partidos oficiales. Pero es Ginóbili, capaz de todo: hasta de codearse con Messi y Fangio en la cima del deporte argentino. Sea como sea, el gran objetivo es que Manu tenga un hermoso final de carrera. Se lo merece.

Mantener el apoyo del estado
Tras los Juegos Panamericanos de Mar del Plata 1995, el gobierno nacional había abandonado al deporte. No se trató de un error, sino de una política de Estado: lo que no generara “ganancia”, como las escuelas públicas, los hospitales o el fomento de la actividad física fue ignorado durante el segundo mandato de Carlos Menem y las presidencias de Fernando De la Rúa y Eduardo Duhalde. Con transparencia o sin ella, de modo correcto o fallido, por demagogia o convicción, lo indiscutible es que durante los gobiernos de Néstor Kirchner y de Cristina Fernández, el Estado apoyó al deporte amateur (y al profesional) a través de distintos programas. El más importante fue el Ente Nacional de Alto Rendimiento Deportivo (ENARD), que otorga becas a atletas que antes tenían que subsistir gracias a sponsors o entrenarse cuando su trabajo pago se los permitía. Judo, natación, atletismo, bádminton, waterpolo (foto)… Actualmente, son más de 1500 los atletas que reciben apoyo económico. Ante las opiniones positivas que ha generado este cambio en el ambiente deportivo, será fundamental que el nuevo gobierno no destruya lo (mucho o poco) que se ha construido en los últimos años.

Por Martín Estévez / Fotos: Alejandro Del Bosco, Archivo El Gráfico y AFP

Nota publicada en la edición de febrero de 2016 de El Gráfico

Por Redacción EG: 16/03/2016

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