CONFIESO QUE HE APRENDIDO

Luis Bonini, en primera persona

- por Darío Gurevich: 28/01/2016 -
En TVN, canal público de Chile en el que es comentarista. Disertó, además, en Conexión Fútbol, seminario que se hizo en noviembre en Buenos Aires.

Eximio preparador físico, secundó a tres fuera de serie: León Najnudel, Carlos Griguol y Marcelo Bielsa. Dejó una huella en Ferro, en las selecciones de Argentina y Chile, y en el Athletic de Bilbao.

ESTUDIABA CIENCIAS ECONOMICAS en la Universidad del Sur. “¿Voy a estar toda mi vida en una oficina?”, me pregunté un día mientras repasaba contabilidad de costos, materia importante de la carrera. Entonces, dejé economía. Mi viejo me quería matar. Como estaba relacionado al básquetbol por jugarlo y al rugby por mis amigos, decidí inscribirme para realizar el examen de ingreso en el profesorado de Educación Física, en Buenos Aires. Sobre 400, entramos 90. Es un recuerdo imborrable.

TUVE A ALBERTO FINGER como docente de básquetbol en el segundo año del profesorado y supe que trabajaría como profe. Entendí que había un mundo detrás de la competencia. Tal es así que arranqué de la mano de Alberto en Ateneo de la Juventud a trabajar gratis, como nos iniciábamos en los 70. Daba clases de natación y entrenaba a los Juveniles y Cadetes. Me contrataron al año.

TRABAJAR EN ATENEO era como hacer el cuarto año del profesorado, porque convivías con gente que enseñaba constantemente. Finger estaba en básquetbol, Gallardo, en vóley, y García, que entrenó a Luis Alberto Nicolao, en natación. Ellos resultaban monstruos que permitían especializarse sin recurrir a los libros. Porque se veía en la práctica lo que estos tipos escribían en los libros. Esa es la verdad del aprendizaje.  

EL SENTIDO AMATEUR del deporte. Eso es la mayor enseñanza que me llevé de Ateneo. En los 70, era un club de elite y, sin embargo, todos los deportes eran amateurs, y podíamos competir. Después, ese sentido lo prolongué con León Najnudel, Carlos Timoteo Griguol, el Zurdo López, Marcelo Bielsa y Miguelito Russo. Si se pierde, el deporte sería muy aburrido, muy triste.

OPTE POR FERRO. El club lo contrató a León Najnudel para armar un proyecto en básquetbol, y me dijo si quería ir a trabajar junto a él. Ateneo tenía problemas económicos y estaba dejando de ser un club casi independiente para transformarse en uno de la curia. Podía ir a Obras Sanitarias o a Ferro. Opté por aprender.

Con bigote, junto a su gran amigo, León Najnudel, al que acompañó en el básquetbol de Ferro y al que ayudó en la creación de la Liga Nacional.

LEON NAJNUDEL era un monstruo, un libro abierto del básquetbol y de la vida. Empezamos con una relación profesional y terminamos con una amistad. ¿Qué le aporté a él? Mis conocimientos en cuanto a mi formación pedagógica, a mi metodología para entrenar. Fueron casi cinco años maravillosos de trabajo junto a León.

ME MARCO cómo Léon agrupaba gente. Vivía sobre la calle Thames, casi esquina Corrientes. Ahí había un bar, El Greco, que era nuestra oficina. Todos nuestros problemas los atendíamos ahí. Una vuelta nos juntamos con un par de técnicos para discutir sobre la Liga Nacional de Básquetbol y su organización; y el gallego nos echó porque hacíamos ruido. Entonces, León se enojó y nos fuimos al bar de enfrente: El Dandy. Ahí, se crearon las bases para la Liga Nacional. Aquel bar fue realmente la oficina de León… Como El Dandy no tenía lugar en el interior, nos juntábamos en una mesa, sobre la calle Thames, que era multitudinaria.

LEON TENIA UNA PASION... En esa mesa del Dandy, decidimos ir a ver al Coronel Rodríguez, que era interventor de la Federación de Básquetbol y de la CGT. “Vamos a explicarle la Liga al Coronel; lo tenemos que convencer”, me dijo. Entonces, agarramos un pizarrón que teníamos en la casa de León, lo pusimos en el techo de su Renault 12 azul, y nos fuimos por Corrientes hasta el bajo, y desde ahí hasta la CGT. Llegamos sin audiencia, bajamos el pizarrón y nos anunciamos en la portería: “Avísenle al Coronel que están León Najnudel y Luis Bonini; queremos hablar con él”. Nos recibió, y León puso el pizarrón y le explicó cómo sería la Liga. El Coronel no entendió nada, pero recuerdo la pasión que León tenía al expresarse.

LA AMISTAD que León te daba resultaba tan grande, tan potente, que podías hacer cualquier cosa por él, y viceversa. Esto es lo que desarrolló en mí el sentido de la amistad. León era un tipo cercano, cálido, que estaba en las buenas y, sobre todo, en las malas.

LA LIGA NACIONAL fue el cambio cualitativo más grande que el deporte argentino tuvo. Ahora, se puede agregar lo que sucede con el rugby. Por eso, la Argentina debe ponerse los pantalones largos en cuanto a la organización en algún momento. Cuando los argentinos nos organizamos competitivamente, somos potentes. Esto es todo lo contrario a lo que pasa en el fútbol.

Charla con Griguol sobre cómo potenciar a Oeste, club al que llevaron a la cúspide futbolística en los años 80.

CARLOS TIMOTEO GRIGUOL fue como mi hermano mayor. Apareció en una etapa de transición en mi vida, muy bohemia y de mucha noche. Me ordenó y, profesionalmente, me dejó crecer muchísimo. Siempre se mantuvo a favor de la innovación. En los 80, Ferro resultó el primer equipo del país que empezó a hacerles las mediciones antropométricas y fisiológicas a sus jugadores. Lo grande de Ferro es que lo mantuvo durante seis años. Desde lo científico, era inédito. Esto, como así también el desarrollo de la fuerza en el fútbol, Timoteo lo avalaba.

EL MEJOR GRIGUOL resultó el de los 80. Fue fenomenal cómo el Viejo evolucionaba y hacía evolucionar al equipo. El Ferro de aquella época era maravilloso; te presionaba en toda la cancha. Si no se hubiera minimizado al equipo del 81 y del 82, a la Selección Argentina le habría ido un poquito mejor en el Mundial de España. Porque se encontró con Bélgica que hacía un juego parecido al de Ferro. A veces, despreciamos lo que tenemos en casa debido a que, justamente, es de casa.

TIMOTEO pagó el precio por la lucha que había en el periodismo entre los que estaban a favor de Menotti o de Bilardo. Griguol era poco valorado, y me dio mucha bronca cuando lo comenzaron a considerar recién a los 65 años, mientras dirigía a Gimnasia y Esgrima La Plata.

MARCELO BIELSA es mucho más inteligente que loco. Resulta cristalino y hace como siente. Por eso, se lo apodó el Loco. Cuando trabajó en las inferiores de Newell’s, no había materiales y les exigía a los jugadores que llevaran un palo de escoba para utilizarlo como estaca. Porque el club no tenía ni una. Por ese tipo de cuestiones, le pusieron el mote. Ahora, Marcelo es brillante, vive para desarrollar el fútbol; un técnico obsesivo por atacar. Entiende que el fútbol se trata de dañar al rival en ofensiva y, para eso, trabaja mucho la coordinación defensiva porque, si no, sería un tarado. Conocí cómo trabajan casi todos los entrenadores del mundo desde cerca. No sé si Bielsa es el mejor, pero está entre los cinco mejores por su capacidad para desarrollarse y reinventarse de manera permanente. Jamás repetirá lo que ya hizo. Todos los años evoluciona y se cuestiona, lo que le da la posibilidad de crecer.

LA HONESTIDAD INTELECTUAL es lo que más me sorprende de Marcelo. Es un tipo que no esconde nada. ¿Qué pretendo de un compañero de viaje? Que sea honesto consigo mismo, conmigo, y con el grupo. Eso lo valoro.

En la Selección, durante el ciclo de Bielsa, con el que trabajó 21 años, le da una mano a Diego Simeone.

EN LA SELECCION ARGENTINA, intenté continuar la herencia que Maradona dejó. O sea: que los jugadores entendieran que lo único importante es la Selección, que tuvieran desesperación por integrarla. Me preocupé, entonces, por alimentar esa llama. Porque viví la época en la que los jugadores no querían ir al seleccionado. Es más, estuve paradito en la tribuna de la cancha de Boca, cuando Perú eliminó a Argentina para el Mundial 70.

LA HERIDA DEL MUNDIAL 2002 sigue abierta, no cicatrizó. Estoy seguro de que a Marcelo le pasa lo mismo. Me da mucha bronca la crítica desmedida que se hizo, pero eso es muy del ambiente del fútbol. Se analiza solo para matar al de turno. Ese equipo jugó las Eliminatorias de manera fantástica. Yo deseo salir campeón cada vez que compito, pero ojo: quiero saber cómo voy a lograrlo. Está bien: nos eliminaron en la primera ronda en Corea-Japón, pero hace mucho que no veo jugar a una Selección Argentina como aquella. Los futboleros de buena leche recordarán partidos bárbaros de ese equipo, como ante Italia en Roma, como tantos otros. Por eso, no nos tocó en el Mundial; mala suerte.

LA MEDALLA OLIMPICA, la corona y el ramo de flores son maravillosos. Pero, sin falsa modestia, lo que más valoro de esos Juegos Olímpicos de Atenas 2004 es el grupo. Nadie se olvidará de lo que vivimos en la Villa Olímpica. Si me dieran a elegir, preferiría volver a disputar los Juegos Olímpicos antes que un Mundial, por lo que se respira en lo deportivo.

CUANDO BIELSA me dijo que iba a renunciar en la Selección, me pidió que lo acompañara a la reunión con Julio Grondona y me preguntó mi opinión. “Sobre decisiones personales de mi compañero, no opino. Yo acompaño. Solo debemos tener muy claro a qué le decimos que no”, le respondí. Porque nosotros dejamos de trabajar en España para asumir en la Selección. Entonces, ¿qué le quise decir? Está bien, renunciemos. Pero sepamos que le decimos que no a la Selección Argentina.

EL DESAFIO ES CREAR un equipo de alta competencia, siempre. En Ferro, obviamente, era mucho más difícil que en Argentina desde los elementos. Porque, en la Selección, teníamos a jugadores fantásticos: Ayala, Sorin, Pochettino, Almeyda, Simeone, Verón, Aimar, Gallardo, Ortega, Batistuta, Crespo… Por eso, le doy tanto valor al Ferro de los 80.

Nació el 24 de febrero de 1948, en Punta Alta, provincia de Buenos Aires; y está radicado en Chile.

EL CHILE CAMPEON DE AMERICA heredó el protagonismo respecto del nuestro. No se metió atrás, no jugó al error del contrario, atacó siempre, e intentó ganar por sus cualidades técnicas y tácticas. De todos modos, esta herencia viene de la mano de los jugadores, que muchos estuvieron en nuestro proceso y otros no. 

ME DAN GANAS DE LLORAR, cuando me hablan de Bilbao. Ir al Athletic fue como si hubiera vuelto a Ferro, porque regresé al sentimiento amateur. En Bilbao, solo juegan los nacidos en el País Vasco; y ese sentido de pertenencia hace competitivo al equipo. Allí sí que juegan por un sentimiento, al margen de que ganan mucho dinero, como lógicamente ocurre en el fútbol.

NO SE CUANDO se vio al mejor Bonini. A mayor cantidad de experiencias, sos más eficiente y cometés menos errores. En la época que pasé del básquetbol al fútbol, que son dos mundos diferentes, me encontré con un monstruo como Adolfo Mogilevsky, una leyenda de la preparación física, mientras almorzábamos con Griguol. “Te voy a dar un consejo: equivocate por más y no por menos”, me dijo el profe. Esa opinión me marcó. De hecho, la afiné con los años y, en ese tiempo, ya supe qué significaba eso de equivocarse por más. Porque, ahí, ya podía darles una cantidad de elementos a los jugadores que antes no estaba capacitado para ofrecérselos.

SI MARCELO ME LLAMARA para que volviéramos a trabajar juntos… Mirá, aprendí que, en el fútbol, no hay que decir nunca. “El fútbol te lleva donde quiere y no adonde querés ir”, me comentaba el profe uruguayo Esteban Gesto, que es un crack. Entonces, si a uno le gusta el fútbol, tiene que estar preparado para cualquier aventura.

Por Darío Gurevich / Fotos: Alejandro Del Bosco y Archivo El Gráfico

Nota publicada en la edición de diciembre de 2015 de El Gráfico

Por Darío Gurevich: 28/01/2016

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